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La Biblia: Su tema y propósito

Posted by fielcristiano en abril 6, 2009

A. JESUCRISTO COMO TEMA.

Nuestro Señor Jesucristo es el supremo tema de la Biblia. Leyendo la Escritura, sin embargo, las perfecciones de Cristo en Su Persona y Su obra se hallan presentadas en diversos aspectos.

1. Jesucristo Como Creador.

Los primeros capítulos del Génesis describen la creación del mundo como llevada a cabo por Dios, utilizando la palabra Elohim, la cual incluye a Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Sólo cuando se llega al Nuevo Testamento es cuando queda revelado claramente que todas las cosas fueron hechas por Cristo (Jn. 1:3). De acuerdo con Colosenses 1: 16-17: «Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.» Esto no quiere decir que Dios Padre y Dios Espíritu Santo no tuviesen parte en la creación, pero se da a Cristo el lugar principal como autor de la creación del universo. De acuerdo con esto, las perfecciones del universo reflejan la obra de Sus manos.

2. Jesucristo como el supremo gobernante del mundo.

Puesto que El es el Creador, Jesucristo ocupa también el lugar de supremo gobernante del Universo. Puesto que la Escritura atribuye la completa soberanía al Dios Padre, está claro que es Su propósito el que Cristo debería gobernar el mundo (Sal. 2:8-9). Es propósito de Dios que toda lengua tenga que confesar que Cristo es el Señor y que toda rodilla se inclinará ante, El (Is. 45:23; Ro. 14:11; Fil. 2:9-11). La historia del hombre, aunque registra su rebelión contra Dios (Sal. 2:1-2), revela que Cristo está esperando el día en que su completa soberanía queda expresada sobre la totalidad del mundo (Sal. 110:1). El día llegará en que Cristo será el Señor de todas las cosas; será juzgado el pecado y la soberanía de Jesucristo revelada (Ap. 19:15-16).

En el cumplimiento de su propósito Dios ha permitido que los gobernantes terrenales hayan ocupado sus tronos. Grandes naciones e imperios se han levantado y han caído, tales como Egipto, Asiria, Babilonia, el imperio Medopersa, Grecia y Roma; pero el reino final será el reino procedente de los cielos, sobre el cual Cristo ha de reinar (Dn. 7:13-14).

No solamente es Cristo el Rey que gobernará todas las naciones, sino que gobernará en el trono de. David como el Hijo de David, y especialmente será el Rey de Israel (Lc. 1:31-33). Esto, en particular, se hará evidente cuando El vuelva y reine sobre la totalidad del mundo, incluyendo el Reino de Israel.

Su soberanía está también expresada en su relación con la iglesia, de la cual El es la cabeza (Ef. 1: 22-23). Como supremo. gobernador del mundo, de Israel y de la Iglesia (Ef. 1:20-21), Cristo es el Juez Supremo de todos los hombres (Jn. 5:27; cf. Is. 9:6-7; Sal. 72:1-2, 8, 11).

3. Jesucristo como el Verbo Encarnado.

En el Nuevo testamento especialmente, Jesucristo se revela como el Verbo Encarnado, La personificación física de lo que es el propio Dios, y una revelación de la naturaleza y el ser de Dios. En Cristo quedan revelados todos los atributos que pertenecen a Dios, especialmente su sabiduría, poder, santidad y amor. Mediante Jesucristo, los hombres pueden conocer a Dios en una forma más precisa y detallada que en cualquier otra forma de la revelación divina. Jesucristo es el Verbo (Jn. 1:1). De acuerdo con lo que se dice en Hebreos 1:3, Cristo, «siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados, por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas». Es un propósito fundamental de Dios revelarse a sí mismo a sus criaturas, mediante Jesucristo.

4. Jesucristo como Salvador.

En el drama de la historia, comenzando con la creación del hombre, la caída y el fin con los nuevos cielos y la nueva tierra, la obra de Jesucristo como Salvador es un tema prominente de la Escritura. Cristo es la simiente prometida que conquistará a Satanás (Gn. 3:15). En el Antiguo Testamento, Cristo aparece descrito como el siervo de Jehová, quien echará sobre sí los pecados de la totalidad del mundo (Is. 53:4-6; cf. Jn. 1:29). Como sacrificio por el pecado, El tiene que morir sobre la cruz y sufrir el juicio del pecado de todo el mundo (1 Co. 15:3-4; 2 Co. 5: 19-21; 1 P. 1:1849; 1 Jn. 2:2; Ap. 1:5). Como Salvador, El no solamente es el sacrificio por el pecado, sino también nuestro Sumo Sacerdote (He. 7:25-27).

Uno de los propósitos centrales de Dios, como se revela en la Escritura, es el de proveer la salvación mediante Jesucristo para una raza que está perdida. De acuerdo con esto, desde el Génesis hasta, el Apocalipsis, Jesucristo es presentado en forma suprema, como el único Salvador (Hch. 4:12).

B. LA HISTORIA DEL HOMBRE EN LA BIBLIA

Aunque la Biblia está fundamentalmente producida y diseñada para la glorificación de Dios, también registra la historia del hombre, en estrecha relación con tal propósito. La narrativa en la creación, en los primeros capítulos del Génesis culmina en la creación de Adán y Eva. La Escritura, considerada como un todo, contiene un plan de Dios y un propósito para la raza humana.

Conforme van mostrándose los posteriores capítulos, los soberanos designios de Dios están majestuosamente manifestados en la historia de la raza. Los inmediatos descendientes de Adán y Eva son borrados de la faz de la tierra en el Diluvio, acaecido en tiempos de Noé. En Génesis 10 se relata que los descendientes de Noé forman las tres importantes divisiones de la raza humana. Después, los descendientes de Noé también fallaron y fueron juzgados en la Torre de Babel, y Dios eligió a Abraham para llevar a cabo su propósito de revelarse a sí mismo mediante el pueblo de Israel. Comenzando en Génesis 12, el tema dominante de la Biblia es la aparición y la historia de la nación de Israel. La mayor parte del Antiguo Testamento se ocupa de esta pequeña nación, en relación con la masa de los gentiles que existen respecto a ella. En los propósitos de Dios esto culmina en el Nuevo Testamento con la llegada de Jesucristo, quien de forma suprema cumplió la promesa dada originalmente a Abraham de que mediante su simiente todas las naciones del mundo serían bendecidas.

En el Nuevo Testamento emerge otra importante división de la Humanidad, esto es, la iglesia como el cuerpo de Cristo, comprendiendo tanto a judíos como a gentiles, quienes creen en Jesucristo como su Salvador.

De esta forma, el Nuevo Testamento se ocupa, en especial mediante los Hechos y las Epístolas, de los procedimientos de Dios con la Iglesia. El libro del Apocalipsis es el gran clímax de todo el contexto. La sucesión de los grandes imperios -comenzando con Egipto y Asiria y continuando con Babilonia, el imperio Medopersa, Grecia y Roma- tiene como culminación el Reino que viene de los cielos en la segunda venida de Cristo. Los judíos y los gentiles, igualmente, se encuentran en el reino milenario con Israel que ve las profecías cumplidas poseyendo la tierra bajo su Rey el Mesías, y las naciones del mundo gozando también de las bendiciones del reino milenial.

Mientras que el tema de la Escritura se centra en Jesucristo y relata la historia del mundo para el propósito de Dios y su glorificación, las acciones más importantes de Dios pueden, de acuerdo con ella, ser vistas en la demostración de su soberanía en relación con las naciones, su confianza y fe en relación con Israel y su gracia con respecto a la iglesia. La consumación de todo ello se encuentra en los nuevos cielos y la nueva tierra, y la nueva Jerusalén. Y así la historia retrocede y empieza la Eternidad.

C. EL PROPOSITO DE LA BIBLIA

De acuerdo con la Palabra de Dios escrita, un propósito supremo se revela en todo lo que Dios ha hecho o hará, desde el comienzo de la creación hasta la más lejana eternidad. Este supremo propósito es la manifestación de la gloria de Dios. Para este propósito fueron creados los ángeles, fue diseñado el universo material que es como un reflejo de su gloria, y el hombre creado a la imagen y semejanza de Dios. En la inescrutable sabiduría de Dios, incluso el pecado fue permitido y provista la redención como una perspectiva hacia la realización de tal supremo propósito.

El que Dios manifieste su gloria está de acuerdo con sus infinitas perfecciones. Cuando el hombre intenta glorificarse a sí mismo es siempre una cuestión discutible, dada su imperfección. Para Dios, el manifestar su gloria es expresar y revelar la verdad, que tiene una infinita capacidad de bendición para la criatura. Puesto que Dios es infinito en su ser y absoluto en su perfección, El merece la gloria infinita, y sería una injusticia de infinitas proporciones si se le escatimara la completa expresión de tal honor y gloria que son totalmente suyas. Al manifestar su gloria, Dios no está buscándose a sí mismo, sino más bien expresando su gloria para el beneficio de la creación, obra suya. La revelación de Dios a sus criaturas les ha proporcionado un objeto valiosísimo para el amor y la devoción, ha proporcionado asimismo materia para la fe, y la paz de la mente, y ha dado al hombre la seguridad de la salvación en el tiempo y en la eternidad. Cuanto más comprenda el hombre la gloria de Dios, mayor será la bendición que enriquezca su existencia y que se proporcione a sí mismo.

Puesto que la Biblia es el mensaje de Dios hacia el hombre, su propósito supremo es que Él pueda ser glorificado.

La Biblia refiere:

1. Que «todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean potestades, sean poderes; todo fue creado por medio de él y para él» (para su gloria -Col. 1:16). Ángeles y hombres, el universo material y toda criatura, todo ha sido creado para su gloria. «Los cielos declaran la gloria de Dios» (Sal. 19:1).

2. La nación de Israel es para la gloria de Dios (Is. 43:7, 21, 25; 60:1, 3, 21; Jer. 13:11).

3. Que la Salvación es para la gloria de Dios (Ro. 9:23), ya que será una manifestación de la gracia de Dios (Ef. 2:7) y es ahora una manifestación de la sabiduría de Dios (Ef. 3:10).

4. Que todo servicio tiene que ser para la gloria de Dios (Mt. 5:16; Jn. 15:8; 1 Co. 10:31; 1 P. 2:12; 4:11, 14). La Biblia, en sí misma, es el instrumento de Dios mediante el cual El prepara al hombre de Dios para toda buena obra (2 Ti. 3: 16-17).

5. Que la nueva pasión del cristiano es que Dios pueda ser glorificado (Ro. 5:2).

6. Incluso la muerte del creyente se dice que es para este fin (Jn. 21:19; Fil. 1:20).

7. El que sea salvo está destinado a compartir la gloria de Cristo (Jn. 17:22; Col. 3:4).

Tomada como un todo, la Biblia difiere en su tema y propósito de cualquier otro libro existente en el mundo. Se alza como algo glorioso, reflejando el lugar del hombre en la vida y su oportunidad de salvación, el supremo carácter y la obra de Jesucristo como Salvador, y proporciona, en detalle, las infinitas glorias que pertenecen al propio Dios. Es el único libro que revela la criatura de parte de su Creador, el plan mediante el cual el hombre, con todas sus imperfecciones, puede ser reconciliado en una eterna coexistencia filial con el eterno Dios.

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