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JUDAS- EL PROBLEMA

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

Introducción

El 5 de septiembre del año 2000 la iglesia católica hacia una declaración oficial firmada por el prefecto para la doctrina de la fe, el actual Papa que entonces era solamente cardenal, y confirmada por el Papa Juan Pablo II, titulada, como es habitual en este tipo de documentos, con las primeras palabras del documento en latín, “Dominus Iesus”.

Las reacciones ante ese documento no se hicieron esperar, algunos consideraron que era un texto que era manifiestamente inoportuno porque, defendiendo determinadas nociones católicas, perjudicaba el ecumenismo resucitando viejos contiendas. Ahora bien, lo más curioso de la polémica suscitada con ese documento, no era que la iglesia católica defendiese sus creencias, cosa bastante de esperar, sino más bien el tenor de las críticas que suscitó por su contenido entre muchos que se autodefinían como teólogos y teólogas cristianos.

Les preocupaba para empezar que las relaciones del cristianismo con otras religiones no se hiciesen partiendo de que se estaba en una situación de paridad, es decir de igual a igual, en cuanto a los contenidos doctrinales. Es decir, que el teólogo cristiano debía reconocer que la revelación bíblica no era más verdadera que cualquier otra revelación.

Pero lo que sobre todo resultaba, cito literalmente, “especialmente preocupante” a estos teólogos eran los aspectos de la declaración relacionados con la salvación. En efecto, el documento de respuesta de estos teólogos y teólogas cristianos, clamaba indignado: “¿Cómo puede decirse que los no cristianos se encuentran “en situación gravemente deficitaria” (n. 22) en relación con la salvación?” A lo que se añadía, y vuelvo a citar literalmente: “Algunas expresiones de la Declaración nos parecen, cuando menos, discutibles desde el punto de vista doctrinal y ciertamente ofensivas para las personas creyentes de otras religiones. Así, por ejemplo, cuando afirma que “a las oraciones y ritos (no cristianos)… no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica”. Es decir, según estos teólogos era una ofensa y algo doctrinalmente discutible, decir que las religiones no cristianas no tienen origen divino y no son eficaces para la salvación.

Además añadían: “Dominus Iesus afirma solemnemente que “Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad” (n. 22) Nosotros preguntamos críticamente: ¿sólo es posible la salvación cuando la verdad es conocida y poseída? ¿No asegura la salvación la búsqueda de la verdad?. Creemos que hubiera sido más acertado en este punto que la Declaración llamara a seguir los dictámenes de la propia conciencia.” Es decir la revelación bíblica de Jesucristo, el único camino al Padre, según sus propias palabras, la revelación de la luz y la verdad, cuyo conocimiento nos hace libres, no es según estos teólogos que se llaman a sí mismos cristianos, necesaria para la salvación, sino tan sólo que se esté buscando la verdad y se actúe en conciencia. Esa conciencia que según Romanos está entenebrecida por el pecado y es incapaz de vislumbrar a Dios. El documento de estos teólogos termina afirmando que lo importante para la salvación es ser coherente entre lo que uno hace y, cito literalmente, “las creencias, aunque no sean cristianas”.

Resumiendo hermanos, la Biblia no es más verdad que el Islam o el culto Shiva o a Buda, la salvación no es por la cruz de Cristo, sino por buscar tu verdad y ser coherente con lo que crees y es una ofensa y un presunto error doctrinal acercarse a un no cristiano como si sus oraciones o sus ritos no fuesen de origen divino o no fuesen suficientes para la salvación.

¿Qué teólogos son estos? ¿Cómo puede considerarse cristiano alguien que no cree verdaderamente en la verdad del evangelio de Cristo, alguien que piensa que en realidad da igual lo que crees, con tal de que seas sincero en tus creencias? ¿Alguien que, como consecuencia lógica, puede creer en el diálogo interreligioso, pero jamás en el evangelismo tal y como se presenta en la Biblia y como nos ordena Jesucristo? ¿Tal persona puede ser verdaderamente cristiana? Supongo que todos nosotros diríamos sin dudarlo que NO, tales personas, con tales opiniones destructivas jamás serían aceptadas como miembros de esta iglesia, ni jamás podrían tener comunión con nosotros como en el seno de una organización cristiana. Porque son falsos maestros, gente que promueve herejías.

Y después que decimos esto, y de que nos alegramos de estar a salvo de tan graves errores, y nos preguntamos casi en tono de mofa de dónde habrán salido tales presuntos teólogos cristianos, y nos alegramos de ser cristianos evangélicos, fieles a la Palabra de Dios, libres de tales peligros, cerramos los ojos y continuamos nuestra siesta. Ignorando que quienes firman esas palabras, junto con otros 75 teólogos y teólogas presuntamente cristianos de todo el mundo son el máximo responsable de la Sociedad Bíblica española, la institución responsable de las nuevas traducciones de nuestra amada Reina-Valera, y el del Consejo Evangélico de Madrid, el órgano que aglutina a los evangélicos de esta comunidad, ambos pastores bautistas.

Hermanos, este domingo y el próximo, Dios mediante, vamos a examinar lo esencial de una epístola que es sin duda de las menos leídas de todo el Nuevo Testamento, es una pequeña carta a la que no solemos prestar atención pero que contiene, como no podía ser de otra forma, un mensaje relevante para todos los tiempos, desde luego también para la actualidad, y que por tanto haremos bien en tomarnos muy en serio. Me refiero a la epístola de Judas, una pequeña arenga, breve y apasionada, de una persona que sentía de manera muy personal los problemas de la iglesia, y que tenía auténtico celo por alertar y aconsejar a los creyentes, para que estuviesen preparados para defender su fe. Algo que nos hace mucha falta hoy en día.

Porque hermanos, no podemos ser ingenuos, no podemos cerrar los ojos y actuar como si no estuviese pasando nada, como si los autores bíblicos que advierten y nos previenen acerca de los falsos maestros fueran unos exagerados, y los pastores que se los toman en serio, fanáticos que desean realizar una caza de brujas. No, eso es lo que los enemigos de la iglesia quieren que creáis, la verdad es mucho más sencilla, y es que en estos 2000 años de historia de la iglesia, no ha habido un solo momento en que la misma no estuviese en peligro, y por lo tanto no estuviese necesitada de que los auténticos creyentes, velasen por la pureza de su fe, y la fidelidad de su iglesia local a las enseñanzas del evangelio.

Por eso leamos ahora lo que el Espíritu Santo quiso dejar a la iglesia universal para instruirnos a este respecto hasta el retorno de nuestro Señor Jesucristo, y hagámoslo con temor reverente y fe, sabiendo que Dios no nos ha dejado estas advertencias en vano.

Análisis del texto

No vamos a realizar un examen exhaustivo de todos los detalles de la epístola, pero queremos dedicar al menos dos de los últimos domingos de este año, a prepararnos para los retos del que viene, dejando que Judas, hermano de Jacobo, un hermano en la carne del Señor, aunque el modestamente se presente como siervo de Jesucristo, nos exhorte a mantenernos fieles como iglesia ante los peligros que nos amenazan. Veamos lo que Judas tiene que decirnos porque abre su epístola de una forma absolutamente fantástica:

Judas 1-2

1 Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo:2 Misericordia y paz y amor os sean multiplicados.

Fijaos bien en la descripción que hace de los destinatarios: llamados, santificados y guardados en Jesucristo. Son tres verbos que declaran lo que Dios ha hecho con nosotros y nos dejan con una tremenda sensación de seguridad. Pero por si fuera poco, la oración de Judas es además que la misericordia, la paz y el amor nos sean multiplicados. ¿Qué más se puede pedir? Es el principio perfecto. Pero no se conforma con esto. No sólo abre la epístola transmitiéndonos confianza, sino que también la cierra de igual modo:

Judas 24-25

24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.

Fijaos en que nuestro Salvador no es un salvador cualquiera, sino uno que tiene, entre otras cosas, majestad, imperio y potencia, ahora y para siempre, es decir, un salvador que reina de forma todopoderosa por la eternidad en el universo. Si estuvieras al borde de un precipicio sujeto con las puntas de los dedos para no caer al vacío y necesitases un salvador, ¿podrías concebir a alguien con mayores garantías? Es el Salvador perfecto, pero es que además se nos ha asegurado de él que es poderoso para guardarme sin caída, y presentarme sin mancha delante de él y todo ello con gran alegría. ¡Qué alguien intente mejorar esto!

Sin embargo, este principio y este cierre, contrastan fuertemente con lo que Judas quiere decirnos, lejos de sentirnos seguros y confiados, Judas nos dice:

Judas 3

3 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.

En otras palabras, la promesa de victoria que tenemos en Cristo no significa que podemos confiarnos, soltar las armas y sentarnos a descansar, al contrario, la promesa de victoria cuenta con que lucharemos con valor. Judas es un general que nos promete la victoria, pero no para que nos vayamos a nuestra casa, sino para luchemos ardientemente.

La primera frase del versículo 3 es difícil de traducir, no está claro si Judas tenía deseos de escribir una carta amable acerca de la salvación, pero, se vio impulsado por la necesidad a escribir una carta muy diferente, o si como traduce nuestra Reina Valera, precisamente era este deseo el que le impulsó a escribir la carta. Lo que está claro es una cosa, Judas es un hombre apasionado, y eso lo habréis notado a lo largo de la epístola, las expresiones que utiliza, los adjetivos con los que define a los adversarios de la iglesia, los ejemplos que usa, todo ayuda a poner de relieve que en efecto, le ha sido necesario escribir la carta porque ha visto la gran importancia de exhortarnos en estos temas.

¿Y concretamente a qué nos exhorta? A que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Es decir a que luchemos, a que luchemos ardientemente, con la misma pasión que él está sintiendo, ¿quiénes? No los pastores solamente, sino precisamente todos los verdaderos creyentes, todos los llamados, santificados y guardados en Cristo. Esto no es una responsabilidad de los líderes, todos debemos sentir esta pasión y luchar con ardor, y el objeto de nuestra lucha es nada más y nada menos que la fe que ha sido una vez dada a los santos.

Y esto nos extraña, porque hemos dicho que nuestra posición en Cristo es asegurada enfáticamente tanto al principio como al final de la carta, ¿cómo entonces tenemos que luchar por ella? ¿Qué quiere decir el autor? A lo largo de la epístola de Judas, la palabra fe se utiliza para referirse no a nuestra fe subjetiva en Jesucristo, sino a la fe objetiva como conjunto de creencias que definen lo que es un cristiano. Es decir, no “fe” como nuestro sentimiento de confianza en la persona de Cristo, sino fe como conjunto de verdades que creemos y que hacen de nosotros auténticos cristianos.

Desde luego, es importante dejar claro que ser cristiano es principalmente tener una relación personal con Cristo, pero saber esto no debe llevarnos a olvidar que esta relación personal implica sostener toda una serie de verdades sobre él, sobre, sobre su obra, y también sobre el hombre, sobre la iglesia, sobre su misión en el mundo, etc. que son esenciales para podernos definir como verdaderos cristianos. Cuando estas verdades se pierden o se distorsionan el resultado no es solamente tener unas cuantas ideas equivocadas, sino que nos hace depositar nuestra confianza sobre un cimiento inadecuado, poniendo en peligro nuestra propia salvación.

Por ejemplo, pensemos en alguien que tiene una visión doctrinal distorsionada acerca de la pecaminosidad humana, de  nuestra capacidad o incapacidad para obedecer la ley de Dios. Pues según la idea que tenga de la capacidad humana, así depositará su fe para su salvación sólo en Cristo, o pondrá también su confianza en lo que pueda hacer por si mismo. Podríamos poner muchos otros ejemplos, pero este es suficiente si comprendemos que la vida interior de fe, no se puede separar de una serie de creencias doctrinales sobre el contenido de esa fe. Cuando las doctrinas esenciales están distorsionadas, también se distorsiona nuestra vida espiritual, nuestro corazón, nuestras emociones. Así que hay un cuerpo de doctrinas, en este sentido una “fe”, que nos define como cristianos.

Pues bien, de esa “fe”, Judas nos dice algo muy importante, trascendental, y es el hecho de que nos ha sido una vez dada a los santos. El sentido de griego está muy claro, es una sola palabra que significa de una vez por todas o una vez para siempre. Es decir, somos depositarios de un tesoro que nos ha sido entregado de una vez por todas, al que no tenemos derecho de añadir ni de quitar absolutamente nada, y por el que debemos contender ardientemente, para que de la misma forma que nosotros lo hemos recibido con pureza e integridad, así lo puedan recibir del mismo modo las generaciones que vengan después de nosotros.

Esto implica que el canon está cerrado, que la revelación, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo está finalizada, que todo lo que verdaderamente necesitamos para, como le decía Pablo a Timoteo, hacernos perfectos, enteramente preparados para toda buena obra, está en el depósito de la fe. A partir de ahora, cualquier declaración que pretenda ser verdad respecto a las creencias cristianas, debe medirse conforme a lo que nos ha sido entregado, como decía Pablo:

Gálatas 1:9

9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Hermanos, con excesiva facilidad damos por hecho que tenemos la Biblia, y que nuestros pastores y maestros nos instruyen fielmente en la Palabra de Verdad, pero si hoy tenemos algo llamado ortodoxia, si existen iglesias evangélicas fieles a la Biblia, sólo es porque otros antes que nosotros no se conformaron, sino que lucharon ardientemente, a veces entregando sus vidas. Pienso en los que murieron a manos de la inquisición aquí en España, los que huyeron por toda Europa pasando penalidades y dejándonos nuestra amada Reina Valera, o esos creyentes ingleses que sufrieron la tortura de ser quemados vivos por defender, por ejemplo, que el cuerpo de Cristo no está literalmente en un trozo de pan o en un vaso de vino, sino en el cielo sentado a la diestra de Dios. ¿Fueron unos locos? No, previeron las consecuencias destructivas para la verdadera que tenía y tiene la doctrina católica de la misa y dieron su vida por defender la verdad. Si todos se hubiesen callado, si nadie hubiese salido en defensa de la verdad bíblica, ¿qué habría sido de la iglesia, qué habría sido de nosotros?

Entonces hermanos, estamos llamados a luchar, el objeto de nuestra lucha es el depósito de verdades recibidas que constituye nuestra fe, un depósito entregado una vez para siempre, pero aún queda una última cosa en esta mañana por saber, aunque por supuesto está en mente de todos, ¿quiénes son los que están poniendo en peligro la fe dada una vez a los santos? Pues bien, esto es lo que nos dice Judas que estaba ocurriendo en el siglo I.

Judas 4

4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

Los que ponen en peligro la fe no son los gobernantes, ni los judíos, ni los sacerdotes paganos, son algunos hombres que han entrado encubiertamente. ¿Entrado dónde? En la iglesia, obviamente. El enemigo, es un enemigo interior.

¿Es esta una característica exclusiva del siglo I? El propio Judas es muy consciente de que en el resto de la Escritura nos advierte de este tipo de peligro:

Judas 17-19

17 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.

¿Cuáles son esas palabras de los apóstoles de las que debemos tener memoria? Repasemos solamente algunas:

1 Timoteo 4:1

1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

2 Pedro 2:1

1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

Hechos de los Apóstoles 20:29-30

29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

El propio Jesucristo ya nos había advertido:

Mateo 7:15

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Así que el quid de todo el asunto es este: la Escritura nos advierte una y otra vez acerca de que los peores enemigos de la iglesia están dentro de la misma, que suelen definirse a sí mismo como cristianos, son lobos disfrazados con piel de oveja, y los cristianos incautos no los ven venir, sino que los tienen incluso por maestros y pastores. ¿Y qué diremos nosotros? ¡Bah, exageraciones! ¿Creéis que el Espíritu Santo dejo escritas esta amonestaciones y muchas otras para que las veamos como una curiosidad que no nos afecta, o para que nos las tomemos en serio y estemos alerta?

Alerta ante aquellos que le quitan el oprobio el evangelio, que lo hacen reconciliable con el mundo, que lo hacen parecer más tolerante, que retuercen la Escritura para quitarle aquellas cosas que escandalizan a los que no creen, o que no concuerdan con las modas de la sociedad, o que no encajan en la moral sexual del momento, y así hacer la vida de los creyentes más cómoda entre nuestra sociedad y con las propias demandas de nuestra carne. No os extrañe que se hagan populares, que aparezcan como hace unos meses en los dominicales de los periódicos, son pastores y ahora pastoras importantes, como la que ha predicado en la conmemoración oficial del día de la reforma en Madrid, presidentes de denominaciones, profesores de seminario, líderes destacados de instituciones cristianas, pero su interés no es la defensa de la fe, sino el poder, la influencia y la popularidad.

Conclusión

Hace poco uno abogaba en una carta abierta a su hija en Internet por las relaciones prematrimoniales; otro, el portavoz de medios de comunicación del Consejo Evangélico defendía las relaciones homosexuales, otro profesor de ética en un seminario, afirmaba que Pablo era un machista. ¿Asuntos de importancia menor? En absoluto, cuestiones que nos van a apartando de la Escritura, van minando nuestra confianza en la Biblia y hacen que la iglesia se parezca cada vez más al mundo. Lleva 2000 años ocurriendo, la fe una vez dada a los santos está en peligro. A Pablo, a Pedro, a Judas, esto le importaba muchísimo. La pregunta es ¿te importa a ti? Judas nos habla con un lenguaje tremendamente apasionado, altamente emotivo. ¿Despierta esto tus pasiones, tu celo por el Señor, te entristece y te indigna al punto de desear contender ardientemente por la fe que te han pasado tus mayores? Más vale que sea así por el bien del futuro de la iglesia.

Porque hablar hoy en día de defensa de la doctrina, hablar de dogmas, hablar de herejías, es muy impopular. Básicamente por dos razones: La primera porque nos trae a la mente imágenes de intolerancia, de disputas académicas, de divisiones. Nadie quiere las disputas, y a todos nos gusta ser amigos de todo el mundo, pero el punto de Judas es este: el deposito de verdades que nos ha llegado a través de los apóstoles y que nos ha sido dado una vez para siempre es innegociable, hay que defenderlo ardientemente. No importa que te disgusten las disputas, debemos evitar las disputas necias, pero hay cosas por la que hay que contender.

La segunda razón por la que hablar de doctrina no es popular, es porque muchos de los que asisten a las iglesias evangélicas no están enraizados en ningún credo. Hoy la tendencia en muchas iglesias es a promover una creencia lo más superficial posible, e incluso a crear iglesias interdenominacionales, donde las cuestiones doctrinales queden en segundo plano, donde lo que importa sea tener una relación con Jesús. Esto suena muy bonito, pero muchos creyentes no tienen un sentido de la historia, no saben de dónde vienen, no conocen lo que le ha costado a la iglesia la defensa de la fe, desconocen el altísimo precio de sangre sobre el que está construido, por ejemplo, que nosotros podamos hoy bautizar solamente a personas adultas que verdaderamente han creído en Cristo. O que podamos partir el pan y dar el vino en la santa cena, obedeciendo el mandato del Señor de repartir ambas cosas, o que podamos dirigirnos a Dios a través de Cristo sin necesidad de mediadores humanos. Esto ha costado toneladas de sufrimiento, miles de hermanos que contendieron en el pasado por la fe dada una vez a los santos. Que sintieron y compartieron la misma pasión por la defensa de la verdad que Judas.

Hermanos, termino, la verdad de Cristo nos hace libres, si apreciamos el poder de la Palabra de Dios y las bendiciones que nos trae a nuestra vida, seremos apasionados en defensa de la verdad, jamás toleraremos a los falsos maestros que entran encubiertamente destruyendo la fe. No nos dará igual que sucedan estas cosas, sino que el corazón se nos llenará de la misma indignación santa que a Judas. No seremos tan espiritualmente miopes como para pensar que no ocurre nada, que nadie amenaza el tesoro de la fe, que los falsos maestros, los habrá, si la Biblia dice que los hay, pero desde luego no están entre esa gente tan simpática, tolerante y sensible que forma las iglesias evangélicas, sino que deben estar en alguna secta diabólica. Abramos los ojos. Utilicemos nuestra mente. Desconfiemos con razón de los que quieren adaptar la iglesia al mundo, de los quieren eliminar cualquier motivo de ofensa al mundo, de los que se avergüenzan del evangelio, aferrémonos a la Escritura, y preparémonos para defenderla con ardor  y soportar las consecuencias. Veremos cómo dice Judas que debemos hacerlo, si Dios quiere, el domingo que viene.

Oremos.

Versículo de despedida:

2 Pedro 3:17-18

17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

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© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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