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III. Las necesidades y los valores de la juventud

Posted by fielcristiano en diciembre 27, 2009

III. Las necesidades y los valores de la juventud

Después de haber examinado brevemente la condición de la juventud puertorriqueña e hispana, pasemos a explorar las necesidades y los valores de nuestra juventud. En esta sección dependemos principalmente de dos manuales de Merton P. Strommen. El primero se titula Five Cries of Youth (Los cinco clamores de la juventud). Esta impresionante obra compila y analiza los resultados de varios estudios sociológicos sobre la juventud estadounidense.5 El segundo manual, escrito por Strommen y su esposa Irene, se titula Five Cries of Parents (Los cinco clamores de los padres).6 Este manual detalla las implicaciones de los estudios publicados en el primer manual para el ministerio con familias.

A. La juventud necesita desarrollar una imagen adecuada de sí misma

Como indicamos en al capítulo anterior, podemos afirmar que el propósito principal de la adolescencia es formar la identidad de la persona.7 Un elemento vital en el desarrollo de la identidad es la auto-estima; el «sentirse bien con o positivo hacia uno mismo». Cuando un joven tiene una auto-estima baja, tiende a manifestar conducta enajenante y auto-destructiva. Por el contrario, cuando una joven tiene una auto-estima saludable, encuentra que la vida tiene propósito y ve el futuro con esperanza.8

Los sentimientos de poca valía hacen que la gente se torne violenta consigo misma. Cuando la baja auto-estima se une a la auto-crítica severa y a la falta de confianza en sí misma, la persona tiende a manifestar problemas fisicos y emocionales. Por ejemplo, puede desarrollar desórdenes en la piel, enfermedades físicas, o estados psicológicos debilitantes. La baja auto-estima también aumenta la tendencia a caer en el uso de substancias controladas, el suicidio, y la conducta auto-destructiva.

Aquellas personas que se critican severamente a sí mismas usualmente piensan que las demás las juzgan de la misma manera. Por eso se sienten incómodas en situaciones de grupo y se protegen cuidadosamente para que el grupo no las vea en forma negativa. En su deseo de escapar de la crítica negativa, la persona que sufre de baja auto-estima trata de evitar las relaciones humanas profundas o duraderas. Esto le causa problemas en las relaciones en el salón de clases, la relación con Dios, las relaciones de familia y las relaciones con el sexo opuesto.

¿Qué puede hacer la iglesia para ayudar a la juventud a desarrollar una imagen adecuada de sí misma? En primer lugar, debe ofrecerle una comunidad de apoyo. Las buenas relaciones con las amistades, los maestros y los padres fortalecen los sentimientos de auto-estima, y ayudan a la gente joven a afirmar su valor y su significado. Segundo, debe mostrarle el amor de Dios encarnado en la vida de la iglesia. Las personas jóvenes con baja auto-estima tienen a pensar que Dios es un ser vengativo y controlador (si viven en situaciones de violencia doméstica, piensan que Dios es tan violento y desalmado como sus propios padres). Por eso, la iglesia debe ayudarles a establecer una buena relación con Dios, demostrarles que Dios les ama, y convencerles de que son miembros importantes de la familia de Dios. Cuando ese mensaje le «amanece» a una persona que siente que no vale nada, es una verdadera «buena noticia». Este cambio de percepción conduce a una nueva forma de ver la vida, a emerger de las cavernas de la soledad, y a re-establecer contacto con uno mismo, con otros y con Dios.

Algunas de las actividades específicas que podemos hacer para combatir la baja auto-estima son las siguientes:

•     Celebrar actividades que permitan hacer y cultivar amistades.

•     Proveer un marco hermenéutico—es decir, interpretativo—que ayude a la juventud a encontrarle sentido a la vida.

•     Exhortar a la juventud a participar de las actividades de la sociedad de jóvenes, organismo que debe servir como grupo de apoyo para todos.

•     Proveer ayuda a quienes la necesiten, sea que la hayan pedido o no.

•     Ayudarles a comprender que necesitan de Dios.

Al mismo tiempo, debemos tratar de evitar las siguientes actitudes y actividades.

•     Recalcar las obligaciones impuestas a la juventud y las expectativas de los adultos.

•     La religión orientada hacia únicamente al cumplimiento de reglas.

•     Tratar de proveer aliento falso, estímulo vacío y apoyo vacuo sin conocer en verdad a los jóvenes. Es necesario que la sociedad de jóvenes sea un verdadero grupo de apoyo.

•     Las actividades competitivas, ya sean físicas o intelectuales. Una persona que sufre de baja auto-estima no necesita «perder» una competencia frente a sus amistades.

B. La juventud necesita una vida familiar estable

Muchos adolescentes se sienten como si fueran huérfanos. A pesar de vivir con sus familiares, se sienten abandonados por la vida. La mayor parte de estos jóvenes proviene de hogares que manifiestan cuatro características principales: el nivel de tensión entre la familia es muy alto; las relaciones entre padres e hijos son muy pobres; hay poca unidad familiar; y no se preocupan por el bienestar de los demás.

Podemos señalar que hay tres factores que contribuyen al deterioro de y la tensión en la familia: el divorcio y la separación; los problemas familiares; y los ausencia de una imagen paternal positiva. Primero, los estudios sociológicos de la juventud estadounidense demuestran que hay un marcado contraste entre los niños de hogares divorciados y los de hogares «intactos». Aquellos que provienen de hogares divorciados muestran menos popularidad; mayor pesimismo; notas más bajas en lectura, matemáticas y en conducta; y una mayor tendencia a repetir un grado en su vida escolar. También se encontró que los varones que se crían solos con su madre tienden a cometer más actos violentos contra éstas. Los varones tienden a reaccionar con violencia mientras que las niñas en la misma situación tienden a ayudar a sus madres. Ahora bien, con esto no queremos decir que una familia debe mantenerse unida cuando impera la violencia verbal y física. Las peleas y las discusiones constantes entre el padre y la madre pueden causarle al joven un mayor sentido de dificultad familiar que un divorcio.

Segundo, los jóvenes que se sienten «huérfanos» emocionalmente casi siempre están tratando de sobrevivir problemas familiares severos. Entre las dificultades familiares que enfrentan podemos señalar las enfermedades prolongadas de algún miembro de la familia, el desempleo, accidentes incapacitantes, y la muerte de uno de los padres.

Tercero, estas personas jóvenes carecen de una imagen paterna positiva. En ocasiones no tienen relación alguna con sus padres, pues éstos les han abandonado después de un divorcio o de una separación. En otras ocasiones, la relación que existe es enfermiza. Estos padres no dialogan con sus hijos, sino que sencillamente les dan órdenes. Tampoco confían en sus hijos. Esta desconfianza se demuestra cuando se les recrimina constantemente, se rechazan sus amistades sin justificación, se les espía, o se les impone una visión inflexible de la religión.

Como es de esperar, las personas jóvenes que se sienten huérfanas emocionalmente son más propensas a pensar en y a intentar cometer suicidio. Existe una correlación positiva entre el suicidio juvenil, la falta de prácticas religiosas en el hogar, y el divorcio de los padres. La mayor parte de los adolescentes que intentan suicidarse sufren de las siguientes condiciones:

•     Enfermedad mental

•     Abuso de substancias controladas

•     Desórdenes de conducta

•     Alienación social

•     Influencia negativa de la familia

•     Tensión causada por eventos dolorosos en la vida (como el abuso sexual o la pérdida de un padre).

Las mujeres adolescentes tratan de suicidarse entre cinco y ocho veces más que los varones de su edad. Se estima que 18% de las adolescentes de una generación dada tratarán de quitarse la vida. Estas jóvenes generalmente emplean métodos no-violentos tales como las pastillas soporíferas o el envenenamiento por inhalar monóxido de carbono. Por su parte, aunque sólo 10% de los varones adolescentes tratan de suicidarse, un muchacho tiene cuatro veces más posibilidades de llegar a quitarse la vida. Esto se debe a que los varones usan métodos mucho más violentos, tales como las armas de fuego y la horca.9 El suicidio de un familiar, un amigo o un compañero de clases puede motivar a otros jóvenes a tratar de quitarse la vida. Este nuevo fenómeno, llamado suicidio «por grupos» (en inglés «suicide by clusters») recalca la importancia de la intervención pastoral en estas situaciones.

¿Qué puede hacer la iglesia para prevenir el suicidio juvenil? A continuación presentamos seis características del joven suicida y las intervenciones pastorales correspondientes:

1.     Anuncio de la intención de suicidarse: Por regla general los jóvenes suicidas dan pistas sobre sus intenciones de quitarse la vida a sus amigos y familiares. La tarea pastoral es escuchar y prestar atención a los comentarios casuales y a las preocupaciones profundas de la juventud.

2.     Dolor insufrible: Estos jóvenes dicen sentir un gran «dolor» existencial. La tarea pastoral es dialogar con la juventud, llegar a ser su amigo, y cultivar un ambiente de confianza mutua. El dolor del cual la persona está tratando de escapar se reduce cuando le exhortamos a hablar sobre sus problemas. Encontrar alguien dispuesto a escuchar puede ser terapéutico.

3.     Falta de esperanza: Dado que la emoción básica que siente la persona suicida es la desesperanza, la tarea pastoral es darle una «transfusión» de esperanza. Este hecho recalca la necesidad de establecer contactos positivos y conversaciones que inspiren esperanza.

4.     Buscar una solución a través del suicidio: Para comprender la motivación hacia el suicidio es necesario descubrir el problema que la persona está tratando de solucionar. Una vez descubierto el problema la tarea pastoral es evaluar la solución que la persona desea y, de no ser posible alcanzarla, demostrarle que hay otras opciones disponibles.

5.     Limitación de las opciones: Por regla general, el universo de soluciones posibles al problema se siguen limitando en la mente de la persona suicida hasta que solo quedan dos: una solución «mágica» al problema o el suicidio. La tarea pastoral es crear conciencia en la persona con tendencias suicidas de las otras posibles soluciones al problema.

6.     Ambivalencia: Una persona suicida desea vivir y desea morir al mismo tiempo. La tarea pastoral es mantenerse en contacto con la persona para reforzar su deseo de vivir.10

La tarea básica de la iglesia no es resolverle los problemas a la gente sino proveerle aquello que necesitan para poder asumir responsabilidad por sus propias situaciones. La iglesia puede proveer perspectiva, información sobre dinámicas familiares, opciones viables, un ambiente de apoyo, y una manera para responder en forma selectiva a las opciones viables.

Las personas adultas que trabajan con la juventud deben recalcar la importancia de la «familia alterna» que compone la comunidad cristiana. La gente joven que no tiene una familia natural adecuada necesita que la iglesia le provea compañerismo, comunicación profunda, seguridad, y modelos con los cuales identificarse. La iglesia de Jesucristo tiene una historia, una tradición, un pueblo, un estilo de vida que puede convertirse de facto en la única «familia» que muchos jóvenes van a tener.

C. La juventud necesita de un ambiente social positivo

Los adultos rara vez comprendemos el impacto que tienen los problemas sociales en la niñez y en la juventud. Sin embargo, como indicamos cuando describimos el perfil del delincuente puertorriqueño, el ambiente social es determinante para el desarrollo de la personalidad.

En sus estudios, Strommen descubrió los 10 problemas sociales que más le preocupan a la juventud estadounidense:11

1.     El abuso de drogas y alcohol

2.     La calidad del ambiente

3.     Los embarazos juveniles

4.     La educación

5.     El SIDA

6.     Los deambulantes («homeless»)

7.     El control de las armas de fuego

8.     El abuso infantil

9.     El suicidio y la depresión

10.     La violencia juvenil

Estos problemas pueden ser una fuente de tensión para la juventud. Sin embargo, esa tensión puede ser contrarrestada si se involucran en programas de acción social dirigidos a mitigar o resolver estas situaciones. Por ejemplo, aquellas personas jóvenes que participan de grupos que cuidan el ambiente pueden manejar más adecuadamente su preocupación por la calidad ambiental. Del mismo modo, quienes se trabajan como voluntarias en programas para alimentar a deambulantes, pueden lidiar mejor con ese problema social.

Por lo tanto, la congregación que desee aliviar las preocupaciones sociales de la juventud debe desarrollar programas de asistencia y educación a la comunidad. Nuestros jóvenes necesitan que la Iglesia diga «estamos preocupados por el bienestar de los demás» con algo más que palabras.12

D. La juventud necesita una vida espiritual rica y activa

Los estudios analizados por Strommen demuestran que las personas jóvenes más felices y mejor adaptadas son las que se identifican con un Dios personal. Las cuatro características principales de los jóvenes que afirman mantener una relación personal con Dios son las siguientes:

1.     Participan activamente en una congregación. También apartan tiempo regularmente para tener devociones personales.

2.     Oran por los demás, especialmente por personas que necesitan la ayuda de Dios.

3.     Buscan la dirección de Dios al decidir si algo es bueno o malo.

4.     Reflejan un profundo interés en recibir la ayuda que la congregación pueda proveer.

Con esto no queremos decir que para ser feliz basta con visitar el templo. Estar involucrado en la vida de la iglesia implica el formar parte de una comunidad de fe (asistencia, apoyo financiero, membresía en la sociedad de jóvenes); tomar en serio las creencias básicas de la congregación (en Dios y en Jesucristo); y mostrarse positivo ante lo que la congregación pueda ofrecer (vida congregacional, actividades juveniles, y un ambiente de familia).

IV. Conclusión

En esta presentación hemos tratado de resumir la situación social y las necesidades de la juventud actual. A pesar de que todas las personas jóvenes enfrentan grandes problemas y desafíos, queda claro que la juventud cristiana puede lidiar con estas situaciones en forma más adecuada. Quienes se definen a sí mismos como creyentes comprometidos tienen herramientas que les permiten construir una vida mejor. Aquellas personas jóvenes que no participan de la vida de la iglesia carecen de las herramientas para enfrentarse al futuro.

Esta diferencia tan marcada entre la juventud cristiana y la que no participa de la vida de la iglesia nos indica que es necesario diversificar nuestros ministerios con la juventud. La juventud no-cristiana necesita establecer una relación personal con Dios que le permita desarrollar su auto-estima, enfrentar sus problemas familiares y encontrar en la iglesia una comunidad que le acepte y que le ame. En unión a esto, la juventud cristiana necesita madurar en la fe y participar de las oportunidades ministeriales que la iglesia pueda proveer. Queda claro que debemos tratar de desarrollar estrategias ministeriales que nos permitan alcanzar ambas poblaciones. Ese será el tema del próximo capítulo.

[1]

 

 


5 Strommen, op. cit.

6 Merton P. Strommen y A. Irene Strommen, Five Cries of Parents: Help for Families on Troublesome Issues (New York: Harper San Francisco, 1993).

7 Esta tesis ha sido elaborada por Erik H. Erikson. Para una introducción sencilla a las ideas de este autor véase su libro The Life Cycle Completed (New York: WW Norton & Co., 1982).

8 En esta sección dependemos del estudio de Strommen, op. cit., pp. 17–56, passim.

9 Mueller, op. cit, p. 295.

10 En esta sección seguimos a Strommen, op. cit., pp. 59–125, passim.

11 Ibid, p. 82.

12 Ibid, pp. 89–90.

[1]Jiménez, Pablo A.: Introducción a Los Ministerios Juveniles. Decatur, GA : Libros AETH, 1997, S. 39

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