PREDICAS PARA JOVENES

Una Web Del Ministerio Un Toquede Su Gloria UTG

Archive for the ‘FAMILIA CRISTIANA’ Category

En La Cruz UTG Band

Posted by fielcristiano en septiembre 19, 2014

Te invitamos a que escuches nuestra nueva canción esperamos les guste y puedan compartirla con sus amigos Dios les continué bendiciendo

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La Misericordia de Dios Leii Esquivel Entrevista Daniela Benjumea Devocionales UTG

Posted by fielcristiano en agosto 12, 2014

Esperamos sea de bendición

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Devocional UTG Luis Jimenez

Posted by fielcristiano en febrero 17, 2014

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UTG Devocional Jaime Mendoza Diciembre 23

Posted by fielcristiano en diciembre 23, 2013

Tiempo Con Dios es Un espacio en la web donde podrás tener a diario unos minutos para escuchar la palabra de Dios y aprender un poco mas sobre ella, Hoy nuestro Hermano Jaime mendoza Comparte algo Especial de parte de Dios para Ti.

 

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El amor protector de una Madre

Posted by fielcristiano en julio 25, 2009

El amor protector de una Madre

Tema: “El amor protector de una Madre”

Texto: 1 Reyes 3:26

“Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo”.

shutterstock_4761988Era un episodio tenso que pondría a prueba la sabiduría de Salomón, dos mujeres habían tenido hijo cada una, con tres días de diferencia, una de ellas no tuvo cuidado y durmiendo con el bebe se acostó sobre el y lo mato (v.19), esta rápidamente cambio su hijo muerto por el hijo vivo de la otra mujer. Al despertar en la mañana la mujer de quien era el hijo que estaba vivo se dio cuenta que el niño muerto no era su hijo, cosa que la otra mujer responsable de la muerte no quiso aceptar, por ello fueron llevadas delante de Salomón para que fungiera como juez de esta disputa.

Salomón escucho la defensa de la verdadera madre, pero la impostora no daba su brazo a torcer y peleaba por la potestad del niño vivo el cual no era su hijo. Salomón lleno de sabiduría mando a traer una espada (v. 24) y para solucionar dicho problema mando a que partiesen el niño en dos para dar una parte a cada madre (v.25).

Es allí, en esos momentos de peligro para un hijo en donde una verdadera madre se deja ver. Es que la verdad es que una madre tiene un amor único para nosotros los hijos, ellas están dispuestas a todo por amor a nosotros, cosa que muchas veces no vemos y si lo vemos no le damos importancia.

Cada uno de nosotros tenemos una madre la cual Dios nos ha querido dar, algunos hemos tenido la bendición de tenerla a nuestro lado, quizá otros no han tenido ese privilegio, pero igual, Dios cubre ese vacío con su amor eterno hacia nosotros.

El episodio que acá se estaba dando era propicio para ver hasta donde una madre permitiría que su hijo sufriera un percance. Me llama la atención el versículo 26, mas que todo la parte que dice: “sus entrañas se le conmovieron por su hijo”.

Esa mujer no pudo resistir el hecho de pensar que su hijo podía morir, prefirió dejar que la otra mujer impostora tomara potestad de su hijo, antes de verlo muerto, fue ahí en donde Salomón descubrió a la verdadera madre, el amor por su hijo la delato.

Definitivamente una madre no puede ver sufrir a su hijo y quedarse como que si nada, ver a un hijo sufrir es como sufrir por si misma y es porque Dios ha dotado a las madres con un amor que se asemeja a su amor por nosotros, claro esta que el amor de Dios sobrepasa todo entendimiento, pero personalmente pienso que el amor de una madre es el que mas se asemeja al amor que Dios tiene por nosotros.

Una madre esta dispuesta a quitarse el bocado de la boca por dárselo a su hijo, una madre esta dispuesta a cubrir a su hijo del frío aun cuando ella se este muriendo de frío, una madre esta dispuesta a correr kilómetros completos para llevar a su hijo a un hospital.

Recuerdo cuando yo tenia 7 años, ese día estábamos todos los niños de la cuadra jugando de noche, yo era el mas pequeño de entre ellos, habían algunos que me doblaban la edad, mis dos hermanos mayores jugaban también, eras aproximadamente unos 20 niños jugado en la noche, corriendo por toda la cuadra, el famoso juego de mi tiempo de niñez llamado en mi país con el nombre de: “guilio”.

Recuerdo que por ser el mas pequeño en ese entonces me seguían a mi para atraparme, yo corría rápido, pero en esa ocasión me pare sobre una pequeña piedra, me deslice y caí con mi frente sobre el filo de la acera de una casa. El golpe me dolió, al levantarme note que sentía mojada mi frente, al tocarme con mi mano y luego vérmela ví como había mucha sangre y comencé a llorar a gritos, recuerdo que mi mama salio a ver porque lloraba y cuando me vio sangrando de mi frente me tomo y a como pudo salio corriendo conmigo hacia el hospital que estaba al otro lado de mi ciudad, no teníamos vehiculo en ese entonces, solo recuerdo que me tomo en sus brazos y sin importar nada salio corriendo mientras me decía que todo iba a estar bien. Sinceramente me sentí seguro con sus palabras. Ese día me dieron 7 puntadas en mi frente que nunca voy a olvidar y que todavía se me notan. Nunca olvidare ese detalle que mi mama tuvo conmigo que no le importo tomarme en sus brazos, correr y atravesarse toda la ciudad para llevarme al hospital.

Así son las mamas, tan especiales, todos tenemos algo que contar de nuestras madres, lastimosamente muchos de nosotros no nos damos cuenta que unos de los mandamientos con promesa es el hecho de honrar a nuestra madre (Efesios 6: 2, 3).

Amados hermanos, si bien es cierto hay un día específico para celebrar a nuestras madres, pero nosotros como hijos de Dios obedientes a su Palabra tenemos que honrar a nuestro padre y madre cada día de su existencia, puesto que de esta manera nuestros días se alargaran y estaremos haciendo la voluntad de Dios.

Las madres son un regalo de Dios, amémoslas, comprendámoslas, valorémoslas, bendigámoslas y sobre todo aprendamos a disfrutar de su amor incomparable.

Autor: Enrique Monterroza

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El Amor de una Madre

Posted by fielcristiano en julio 25, 2009

El Amor de una Madre

Tema: “El Amor de una Madre”

Texto: Isaías 49: 15

FAN2013196Introducción:
El amor de una madre es incomparable, solo lo supera el amor que Dios tiene por cada uno de nosotros. Una madre es el ejemplo que mas se asemeja al amor que Dios tiene por nosotros, pero aunque su amor se muy grande hacia su hijo, no logra llegar al nivel del amor incomparable de Dios hacia sus hijos.

Pero Dios ha sido tan lindo en depositar sobre una madre un amor que permite que haga hasta lo imposible por un hijo y eso es algo que tenemos que valorar en estos días.

I. Ejemplos Bíblicos del Amor de una Madre.

a) El amor de Agar por su hijo. (Génesis 21: 16)

b) El amor que tuvo por el la madre de Moisés. (Éxodo 2:3)

c) El amor que tuvo la madre de Samuel por el. (1 Samuel 2:19)

d) El amor de la madre en el tiempo de Salomón. (1 Reyes 3:26)

e) El amor de la madre cananea. (San Mateo 15: 22)

f) El valor que tuvo la madre de Jesús para poder soportar los padecimientos de su hijo. (San Juan 19: 25)

Ante esto, ¿Qué actitud deberíamos tener hacia una madre?

II. Deberes de los hijos.

a) Honrar a nuestra madre. (Éxodo 20: 12)

b) Temer en actitud de respeto a nuestra madre. (Levíticos 19: 3)

c) No deshonrarla. (Deuteronomio 27: 16)

d) No menospreciar la enseñanza de nuestra madre. (Proverbios 30: 17)

e) Obedecerle. (Efesios 6:1)

Conclusión:
Sin duda la madre es un regalo de Dios, su amor hacia nosotros es muy grande por lo cual debemos honrarla no solo en un día especial, sino cada día de su existencia, para que de esta manera podamos agradar a Dios.

Autor: Enrique Monterroza

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Obediencia es igual a Amor

Posted by fielcristiano en julio 25, 2009

Obediencia es igual a Amor


OBEDIENCIA ES IGUAL A AMOR

FAN2013195Demostramos que amamos a Dios cuando le obedecemos. Esta es una acción que Dios toma en cuenta de cada uno de los que le servimos.
Podemos tratar de hacer muchas cosas por nuestra cuenta, pero si estamos en desobediencia a lo que él dice, todo será en vano.

A veces las personas toman decisiones sin consultar a Dios; o lo consultan después que ya tiene la decisión tomada. Pero tenemos que ser sensibles a la voz y los mandamientos decretados por él para que podamos recibir sus hermosas bendiciones en nuestras vidas.

En diversas ocasiones queremos que nuestros deseos predominen y nos olvidamos de que el Señor tiene dominio, autoridad y poder. Él sabe lo que hay más allá. Hay cosas que nosotros no podemos ver, pero el sabe lo que hay detrás de la pared.

No te muevas ni a diestra ni a siniestra sin estar seguro de lo que Dios quiere para tu vida. Cuando esperamos en el Señor, hay un tiempo perfecto e ideal en el que podemos confiar que él obrará.

Cuando amamos somos fieles y desarrollamos el fruto de la paciencia. Y cuando la paciencia se va desarrollando en nuestras vidas, a su vez, estamos cultivando nuevos frutos que nos servirán grandemente en la vida.

Aunque sientas desesperación e impaciencia. Aunque no entiendas mucho de lo que está aconteciendo en tu vida, confía en él, porque él sabe más que nosotros. Él nos guarda, nos cuida, nos protege, pero sobre todo nos ama.

Dios te Bendiga y Sigue Caminando en el Propósito del Señor. Noé caminó con Dios y todo le fue bien. Enoc caminó con Dios y le fue tan bien que fue traspuesto. Dice Dios en Su Palabra: “El que me ama, mi palabra guardará”.

Autora: Brendaliz Avilés

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Un Padre Tierno – Dia del Padre

Posted by fielcristiano en julio 25, 2009

Un Padre Tierno – Dia del Padre

Tema: “Un Padre tierno”

Texto: Salmos 103:13

“Con quienes lo honran, Dios es tan tierno como un padre con sus hijos”.
(Biblia Lenguaje Sencillo)

FAN2013168Vivimos en una cultura machista, en donde un hombre rara vez demuestra su afecto por el temor a ser criticado por ser tierno. Pero lo que no podemos negar es que un padre que ama a su hijo sea como sea, siempre será tierno.

Y es que nosotros los padres al ver la hermosura de nuestros hijos, la sencillez y el amor con la que nos abrazan no podemos ocultar nuestro afecto, aun cuando la cultura no dice otra cosa.

Un padre es alguien que te ama, sin que tu te lo merezcas, un padre es alguien que esta dispuesto a todo por su hijo sin importar las consecuencias, y es que un padre no puede ver sufrir a su hijo, antes preferiría sufrir el en su lugar.

La mayoría de nosotros los hijos, no nos damos cuenta que nuestro padre terrenal nos ha amado al punto de sacrificar muchas cosas por amor a nosotros, y sinceramente te lo digo, NO lo alcanzamos a entender hasta que somos padres.

Este mes mi hijo cumplirá un año, pero no puedo explicarte con palabras lo que para mi significa, el amor que siento hacia el, jamás lo había experimentado y es porque el amor de un padre a su hijo es único. Mi hijo no ha hecho nada como para que yo lo ame tanto y eso es lo lindo de ser padre, que Dios ha depositado en tu vida una ternura y un amor incomparable a cualquier otro y que esta dispuesto a todo por ver feliz a su hijo.

Así es el amor de Dios como Padre de nosotros, su ternura es tan grande que aun cuando no hemos hecho nada para merecernos tanto amor, el nos lo da, ¿Sabes porque? Porque el te deseaba, porque el esperaba tu nacimiento, porque tu estabas en sus planes y por ello El te ama con un amor indescriptible y difícil de asimilar para la mente humana.

Dios es un Padre tierno, que quiere cuidar de ti, que quiere lo mejor para ti y que estuvo dispuesto a dar a su único hijo por amor a ti y a mi, así es el amor de un Padre, así es la ternura de un Padre que aun cuando éramos pecadores el quiso redimirte, volverte a comprar para ahora ser tu Padre Eterno.

El amor de Dios y su ternura es incomparable, pero que lindo saber que la misma Palabra de Dios, la Biblia reconoce en este versículo que un padre terrenal también tiene un amor y una ternura por su hijo, casi comparable a la del Padre Celestial.

Si la misma Biblia compara este amor, es porque Dios sabía y sabe que el amor de un padre sobrepasa limites. Si tú me preguntaras ¿Qué estaría dispuesto a hacer por mi hijo Uziel?, yo no pensaría mucho en responderte: TODO.

Así es el amor de un padre, pero la pregunta seria:

¿Estamos nosotros honrando ese amor?, ¿Qué tan agradecidos somos al amor derramado por tu padre?, ¿Somos concientes de que Dios doto a nuestros padres con un amor único para nosotros?

Es momento de reconocer que nos equivocamos al pensar que nuestro padre no nos amaba o que no éramos su preferidos, si bien es cierto que en momento determinado puedes interpretar esas cosas, no debes dudar de que tu padre te ama con un amor único, con el que estaría dispuesto hasta morir por ti, eso ni lo dudes.

En estos días en donde se reconoce la labor de un padre y en donde se reconoce su amor hacia sus hijos debemos de reconocerlo nosotros también como hijo el esfuerzo que han hecho por que nosotros podamos ser felices y no limitarnos a una fecha o mes especifico, sino que debemos vivir cada día reconociendo su labor y honrándolo como tal, pues esto es un mandamiento que Dios nos ha dejado a nosotros los hijos.

Efesios 6: 2

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa.

Autor: Enrique Monterroza

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La familia cristiana 2

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

La familia cristiana 2

Introducción

La mayoría de los cuentos de hadas, príncipes y princesas, que tanto suelen gustar a las niñas, que me lo digan a mí que he tenido que contarles cuentos a dos de ellas, terminan con las palabras: “vivieron felices y comieron perdices”. Es decir, después de los momentos de tensión en los que el héroe rescata a la princesa viene el anticlímax, la maravillosa boda en el castillo de ensueño, y ahí acaba la historia. Pero en la vida real no es así, el beso a la novia, las campanas y el arroz no marcan el final de la historia, sino el principio. El principio de una aventura por mares inexplorados y a veces tormentosos, lo que explica que tantas naves matrimoniales acaben naufragando.

Precisamente para evitarlo, la Biblia nos ofrece unas directrices, unos valores que respetar, unas estrategias. El domingo pasado estudiamos el versículo 18 del capítulo 3 de Colosenses, nos centramos en las instrucciones a la mujer. Dentro de ellas nos limitamos a profundizar en el sentido de la palabra sujeción y a responder a la pregunta de por qué esa sujeción es conveniente en el Señor. La clave, vimos, está en el revolucionario concepto de importancia, grandeza, primacía, que se declara en el Nuevo Testamento para todas las personas, sean hombres o mujeres, donde lo valorado es la humildad, el servicio, el amor desinteresado, donde, dijimos, la ética que se valora es, frente a la del ladrón: “lo tuyo es mío y lo quiero para mi beneficio” o la del escriba y el fariseo: “lo mío es mío y quiero mantenerlo en mi poder”, es la del buen samaritano: “lo mío es tuyo y lo voy a utilizar para restaurar y sanar tu vida”.

Ahora nos toca hablar de los esposos, y esta vez al hacerlo veremos con más detenimiento algunos aspectos de la epístola a los Efesios que amplían y enriquecen el pensamiento expresado en Colosenses. Veamos, para empezar, lo que le dice Pablo en Colosenses al nuevo varón resucitado con Cristo, a aquel, recordemos, que ha hecho morir la vida antigua con sus pasiones desordenadas y se ha revestido de la nueva, puesta su mirada en las cosas de arriba, si eres uno de ellos esto es para ti:

Análisis del pasaje

Colosenses 3:19

19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

¡Qué palabras tan sorprendentes! ¿Por qué digo esto? ¿No es increíble que sea necesario decirle a un marido que ame a su mujer? ¡Pero si se enamoró de esa chica y la convirtió en su esposa, pero si ha jurado voluntariamente amarla hasta que la muerte los separe! ¿No es asombroso que haya que recordarle a los maridos que no sean ásperos con sus mujeres? Pero si hasta ayer eran sus novias, aquellas por las que se desvivían y hasta llegaban a hacer un montón de tonterías (cantar bajo la lluvia bajo una ventana, enviar flores, escribir poemas, tener mil detalles de ternura) ¿Cómo es posible que haya que recordarle a un hombre que ame y no sea áspero con su mujer?

No sólo es posible, sino que Dios, que nos conoce bien, sabe que es necesario. ¡Qué humillación que Dios tenga que hablarnos en estos términos! Pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que lo merecemos. Somos pecadores, y nuestro impulso primordial es a amarnos, sobre todo, a nosotros mismos, y no sólo eso, sino también a tratar de forma desconsiderada al físicamente más débil o al que voluntariamente o por fuerza, está sometido a nosotros. Sencillamente, es así de triste. Pero hermanos, eso forma parte del viejo hombre que está muriendo poco a poco, el Espíritu nos capacita para amar, y además para amar de una forma muy especial. Veamos el versículo con más atención, ya que el griego tiene muchas palabras para amor y la palabra que se utiliza aquí es, como muchos ya sabéis, muy especial.

Debemos amar a nuestras esposas con un amor que es ἀγάπη, esta es la gran diferencia con el mundo, por supuesto que hay muchos hombres que aman a sus esposas, faltaría más, y también que dejan de amarlas, pero el amor ἀγάπη es especial, entre otras cosas porque no tiene fin. Ágape, o el verbo correspondiente es un término que ya se utilizaba anteriormente, pero al que el Nuevo Testamento le dio un sabor característico. ¿Cómo? Utilizándolo para describir el amor de Dios por los hombres, un amor que no se basa en la excelencia del objeto de ese amor, ni siquiera en la complacencia que uno siente, sino que es un ejercicio deliberado de la voluntad que viene sin otra causa, que la propia naturaleza de la persona que ejerce ese amor. En el caso de Dios, su naturaleza santa y llena de misericordia y gracia, en el caso de sus redimidos, la nueva naturaleza que tenemos en Cristo, de la que nos hemos revestido y que apunta hacia el carácter de nuestro Señor. A nuestra nueva naturaleza debe corresponder un nuevo tipo de amor, un amor que nace precisamente de esa nueva naturaleza y no de ninguna propiedad inherente al objeto amado, un amor, pues, que es absolutamente desinteresado, y que no depende de las emociones ni de ninguna cualidad en el objeto amado, sino de la propia naturaleza de la persona que ama. Dejar de amar a nuestras esposas con este amor, sería tanto como decir que no tenemos ya más el nuevo hombre, nacido del Espíritu, a imagen del carácter de Cristo. Es por lo tanto un amor que siempre perdura.

¿Os dais cuenta del impacto enorme que habría en la sociedad humana si los hombres amasen así, siguiendo el modelo de Dios? No pueden, porque no han nacido de nuevo, pero nosotros podemos, porque tenemos el Espíritu, y a nosotros, esposos, el Señor nos demanda ese tipo de amor.

Como dije al principio, la idea de este tipo de amor se amplía en el pasaje paralelo de Efesios 5:25-33, que también vamos a leer en esta mañana. Pablo empieza estableciendo y ampliando el principio general que leímos en Colosenses:

Efesios 5:25

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

O sea, Cristo es el modelo de nuestro amor, debemos amar como él amó, ¿y cómo amó? Fijaos, bien porque nos lo dice claramente. El amor sólo puede conocerse por las acciones que provoca, y no consiste, como hacen algunos, en repetir mucho: “te quiero, te quiero”, cuando se quiere en realidad conseguir algo de la esposa, ya me entendéis. No, el amor se ve en esto: y se entregó a si mismo por ella. En eso consistió su amor, ese es nuestro modelo. Luego Pablo, que cada vez que habla de la obra de Cristo se entusiasma, y hace un paréntesis para describirnos la maravillosa obra de Cristo por su iglesia, nos dice:

Efesios 5:26-27

26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

¿Qué nos quiere decir Pablo con esto? Entendemos lo que hizo Cristo, pero que tiene que ver esto con nosotros ¿Debemos lavar y planchar a nuestras esposas hasta que estén sin mancha ni arruga? Evidentemente hay aspectos del plan redentor de Cristo respecto a su iglesia que son únicos y que nosotros no podemos imitar, Cristo santifica a su iglesia, la purifica y la lava mediante la palabra de Dios y el Espíritu Santo, para presentársela a sí mismo algún día santa en la gloria. Nosotros no somos llamados a hacer esto con nuestras esposas, que sólo Dios en Cristo puede hacer con su iglesia.

¿Entonces que nos quiere aportar Pablo al contarnos estas cosas? La idea que aquí se enfatiza es que Cristo obró en beneficio de su iglesia, simplemente eso, obrar en beneficio de su esposa la iglesia, para gozarse embelleciéndola. Fijaos bien, esto es muy bonito, se nota que Cristo ama de verdad a la iglesia, porque al entregarse por ella, sabe que la está embelleciendo, mejorando, haciendo más feliz, más gozosa, en definitiva más gloriosa, y luego se la presenta a sí mismo, ve el fruto de su entrega, y se llena también él de gozo, como sólo sucede cuando se ama a alguien, te alegras con su bien.

Así debería ser con nosotros y nuestras esposas. Y esto vale para las grandes cosas de la vida, y también para las pequeñas. La acompaño a mirar tiendas, y aunque me aburro como una ostra, me gozo en verla tan feliz… esto es difícil, ¿eh? Pero en esto y muchas otras cosas consiste nuestra entrega cotidiana. En el párrafo siguiente Pablo nos animará a seguir ese camino y aprovechará para introducir otra ilustración:

Efesios 5:28-30

28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

Debemos amar a nuestras mujeres como a nuestro propio cuerpo, sustentándolo, cuidándolo. La primera de estas palabras: “sustentar”, se utilizaba para el cuidado de los niños. Esto me extrañó al principio, me fui a pasear el viernes bajo la lluvia para meditar, pero al pensarlo bien, al pensar como mimo a Dani, como dirijo sus pasos, le enseño, me gozo con cada detalle en el que le veo crecer, me di cuenta de que esto es una maravilla, así es Cristo con la iglesia y así deberíamos ser con nuestras esposas, alguna vez fueron “la niña de nuestros ojos” ¿verdad? Deberían seguir siéndolo siempre. La segunda palabra: “cuidar”, literalmente quiere decir calentar y mantenerlo calentito, se utilizaba para lo que hacen las aves cubriendo a los polluelos con sus plumas, y metafóricamente se utilizaba para el acto de cuidar con ternura. Qué bonito, me estoy metiendo en un lío, menos mal que Diana no está aquí, porque esto es lo quiere Dios de nosotros hacia nuestras esposas, y es lo que hace Cristo con su iglesia, que también es su cuerpo. Protegerle y sostenerle como a un hijo querido y cuidarla con ternura, como a su niña bonita. ¿No es hermoso todo esto?

Pero lo que viene a continuación es muy importante y también curioso y sorprendente. Porque, veamos, quizá podías pensar que Pablo estaba escribiendo del deber de los maridos de amar a sus esposas y de la relación matrimonial en general y de repente se le ocurrió, ¡zas, qué bonito! ¡Voy a compararlo al amor de Cristo por su iglesia! Me viene de perlas porque en ese caso también hay amor por un lado y sujeción a la cabeza por otro. Es el ejemplo perfecto. Pero nada de eso, todo esto es mucho más profundo:

Efesios 5:31-32

31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Es decir, Pablo de repente nos lleva hasta Génesis 2:24 y nos revela algo increíble, un misterio grande, Moisés que escribió el Pentateuco por inspiración divina no tuvo ni idea de esto, pero el matrimonio fue diseñado por Dios desde el principio para ser una parábola, una ilustración de la relación entre Cristo y la iglesia. Al principio, cuando Dios estaba planeando cómo habría de ser el matrimonio, lo planeó con este propósito grandioso, sería una bella ilustración terrena de la relación que algún día habría entre el Hijo de Dios y su iglesia. Esto estuvo escondido de nuestro conocimiento durante muchas generaciones, pero es el gran misterio que Pablo revela ahora, y es sorprendente.

Por eso cuando Pablo quiere enseñarles a los cristianos de Éfeso acerca del matrimonio no se pone a buscar una analogía que le ayude y de repente piensa en Cristo y la iglesia, no, es mucho más profundo, lo que Pablo ve es que cuando Dios diseñó el matrimonio original ya tenía a Cristo y a la iglesia en mente. Esto es importantísimo para nosotros, ya que uno de los grandes propósitos de Dios para el matrimonio es precisamente ilustrar temporalmente la relación que habrá entre Cristo y su pueblo redimido por toda la eternidad.

¿Os habéis dado cuenta de las consecuencias de esto? Si esto es así, la orden que da aquí Pablo de amar a los esposos y de someterse a las esposas, no es algo accidental o culturalmente determinado, sino que es parte de la esencia del matrimonio, parte del plan original de Dios para un matrimonio, perfecto, sin pecado, armonioso. El matrimonio basado en el amor sacrificado y desinteresado del esposo, y en la sumisión libre y gozosa de la esposa, hunde sus raíces en los propósitos eternos de Dios en la creación, y no es algo determinado por las modas pasajeras de la cultura[1], como lamentablemente se oye hasta entre algunas iglesias que a este paso dejarán pronto de serlo.

Pero volvamos, para terminar el análisis bíblico, al texto de Colosenses 3:19. Vemos que lo contrario de la actitud de amor que debe tener el esposo, es ser áspero con su mujer. Se trata de una palabra cuya raíz significa cortar o pinchar, y que se suele traducir también como amargo. Es decir, no seáis ásperos o amargos con ellas.

Hemos visto hasta ahora cosas muy bonitas que tenemos que hacer los esposos, que ilustran el amor de Cristo por su iglesia, por eso pensar en un marido cristiano que es áspero o amargo con su esposa, es un insulto a Dios, es desvirtuar el propósito del matrimonio. ¿Os imagináis que Cristo fuese áspero o amargo con nosotros? A veces lo temo, por mi pecado, pero siempre descubro que él es severo con el pecado, que le disgusta profundamente, pero que es tierno, y paciente y misericordioso conmigo. No me extraña que diga la Palabra que debemos tratar bien a nuestras esposas para que nuestras oraciones no tengan estorbo. ¿Cómo vamos a tener comunión con Dios ofendiéndole de esa manera, recibiendo por un lado, ternura, paciencia y amor de parte de Dios, y soltando por el otro aspereza, amargura y enojo contra nuestra esposa? Cuando tengamos la tentación de tratar a nuestras esposas desconsideradamente, paremos y pensemos, ¿las trataremos con rudeza y al mismo tiempo esperaremos ser tratados con paciencia y cuidados por parte de nuestro Señor? Yo sé que todos lo hemos hecho alguna vez, ¡Pero qué jamás vuelva a ser así!

Lo triste es que sabemos amar, hay hombres que cuidan de sus mascotas, las aman, las cuidan, hasta les hablan, tanto que llegan a ser verdaderos esclavos de ellas. Otros se apasionan por sus trabajos, o por un hobby, y se dedican a ellos día y noche, los sirven, los cuidan, los aman, llegan a esclavizarse a sus proyectos e ilusiones, pero luego no saben amar a sus esposas, esto puede ser así en quien no haya recibido el amor de Dios, pero en nosotros, ni un minuto más.

Porque nuestra relación con nuestras esposas debe hablar alto y claro de lo que Cristo ha hecho por nosotros, hablemos bien de Cristo con nuestras vidas. Que nuestra forma de tratar a nuestras esposas diga cosas hermosas acerca de Cristo, que hable bien de nuestro Dios, que muestre hasta qué punto nos ha amado, se ha sacrificado, nos soporta y nos recibe con misericordia cada día, se goza en tener comunión con nosotros, nos enriquece con su contacto, nos hace crecer… ¿Qué mejor testimonio que este? ¡Qué testimonio tan poderoso, un hombre y una mujer nuevos poniendo en práctica la ética del reino a través de una relación de sumisión y amor que ilustra la relación eterna que habrá entre Cristo y su pueblo!

No cambiéis esto por ninguna moda pasajera, por ninguna filosofía humana, ni por la tiranía machista que ve a la mujer como un objeto, que la degrada mediante la violencia y la pornografía: un mundo donde la mujer no tiene sentimientos, ni espiritualidad, ni necesidad de ternura, sino que es sólo un instrumento sin alma de placer egoísta para el hombre. Ni lo cambiéis tampoco vosotras por el feminismo, que justifica al machismo apuntándose a la misma filosofía feroz en la que sólo tiene dignidad el que tiene poder, sólo se realiza el que se sirve de los demás, sólo es valioso el que es servido, mientras que el humilde, el que sirve, el que se sacrifica por otro, no puede triunfar, no se codeará con los poderosos, ni tendrá acceso a la riqueza, ni a la influencia. Ese es el mundo cínico despiadado en que hombres y mujeres se utilizan y se usan los unos a los otros que hay a nuestro alrededor, ¿y es eso lo que queremos?

Conclusión

Termino. Si, como  decíamos el domingo pasado citando una obra teatral, el infierno es aquel lugar donde cada uno sólo se preocupa por si mismo y se interesa por sí mismo, sin prestar atención a nadie más, el reino de Dios es aquel lugar donde la felicidad propia consiste en buscar la felicidad del prójimo. En Génesis 29, se cuenta como Jacob vio a Raquel, la hija de Labán y la quiso por esposa. El padre hizo un trato con él y él aceptó trabajar durante siete años para obtenerla. Y nos dice la Escritura:

Génesis 29:20

20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba.

Si los esposos tuviéramos este tipo de amor por nuestras esposas habría un avivamiento espiritual en la iglesia tan impresionante, la diferencia entre la iglesia y el mundo en temas como el divorcio, el adulterio o la violencia de género, se haría tan llamativamente evidente, que la gente correría a averiguar acerca de nosotros y a través de nosotros acerca de Cristo y de su amor por la iglesia, y el testimonio evangelístico de esta congregación y de cualquier otra sería más eficaz que un millón de campañas y reparto de folletos.

Mirad a vuestras esposas, son bellas, son tiernas, no son perfectas, pero sólo están esperando un esposo capaz de amarlas y entregarse por ellas como Cristo lo hizo por su iglesia, para devolver multiplicado todo el amor y la atención que podáis darles. Siempre me ha maravillado la capacidad para amar que tienen las mujeres, no necesitan que Dios les diga que amen, ya lo hacen naturalmente. Nosotros somos mucho peores que Cristo, pero nuestras mujeres son mucho mejores amando que lo es la iglesia. Sólo que la iglesia no tiene dudas en reconocer a Cristo como su Señor, nuestras mujeres a nosotros sí, ¿por qué será? Yo te lo diré, porque no las hemos amado y entregado primero por ellas, como hizo Cristo con la iglesia. ¿Quieres ser el Señor de tu casa? Ya sabemos el camino, seamos como Cristo, hablemos con nuestra vida bien de nuestro Dios. Oremos.

Versículo de despedida:

Efesios 5:1-2

1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.


.
[1] Husbands and Wives as Analogues of Christ and the Church. Págs. 175 y 176. George W. Knight III. Cap. 8 en Recovering Biblical Manhood and Womanhood. Editado por John Piper y Wayne Grudem. Crossway Books. Wheaton, Illinois. 1991.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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La familia cristiana 1

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

La familia cristiana 1

Introducción

Algunos de los problemas más importantes que enfrenta nuestra sociedad a día de hoy, tienen que ver directamente con la dificultad que tenemos, como seres caídos, para relacionarnos con otras personas: violencia de género, acoso profesional, abusos sexuales, niños perseguidos por sus compañeros de clase y podríamos seguir poniendo ejemplos. Como decía el teólogo Francis Schaeffer[1] “la caída ha alienado al hombre no sólo de Dios, sino también de sí mismo y de las demás personas”. Es significativo que la primera reacción de Adán y Eva tras la caída, fuera exculparse a si mismos y buscar a otro para señalarle como culpable. En definitiva, somos pecadores que no sabemos vivir en comunidad, que cuando intentamos relacionarnos con los demás, más allá de las relaciones superficiales de cortesía, si nuestro contacto es suficientemente prolongado, nuestro pecado hace que choquemos, que nos enfrentemos, que nos acusemos, que sintamos celos, envidia, o ira, que nos hagamos daño y nos cueste soportarnos.

En profundo contraste con esta situación, de cuya realidad puede dar fe el contenido de cualquier telediario o página de sucesos (esposos que matan a sus esposas, hijos que huyen de su casa, padres y madres que maltratan a sus hijos) en el texto que hemos leído esta mañana, Pablo describe el nuevo comportamiento que debe caracterizar a ese nuevo hombre que ha muerto al pecado para resucitar espiritualmente y vivir en comunión con Cristo, y lo describe como algo radicalmente distinto.

La vida del hombre nuevo debe ser, lógicamente, una vida nueva caracterizada por una capacidad renovada para relacionarse con el prójimo. Una relación con el prójimo que el apóstol describe primero de forma negativa como una forma de comportarse que renuncia a la fornicación, la impureza, las pasiones desordenadas, los malos deseos, la avaricia y se despoja también de la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas y la mentira. Me temo que no absolutamente, sino el apóstol no tendría necesidad de exhortar a los Colosenses a que se despojaran de estas cosas, pero sí en potencia, en capacidad de cambio, como comportamientos que pertenecen al viejo yo, que por lo tanto ya no deben representar el patrón normal de nuestra vida y que deben ir muriendo inexorable y definitivamente conforme el cristiano madura y crece en santidad de vida.

En cambio, en forma positiva, la vida del nuevo hombre debe estar caracterizada por una entrañable misericordia, por la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, por el soportar y perdonar al prójimo siguiendo el modelo del perdón que hemos recibido de Cristo, y sobre todo, por el amor, la paz y el agradecimiento. Por desgracia también, si este fuera el comportamiento constante de cada uno de nosotros, tampoco tendría el apóstol necesidad de exhortarnos al mismo.

Sin embargo, es verdad que esta es nuestra nueva capacidad en Cristo, esta es la nueva vida para la que hemos nacido del Espíritu y no constituye un ideal inalcanzable, sino que el Señor nos lo demanda en nuestra vida diaria, y nos lo demanda porque nos ha dado, por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros, la capacidad de verlo realizado en nuestras vidas.

Ahora bien, en ningún lugar se hace más evidente la dificultad y el reto que supone poner en práctica los principios de la nueva vida, que ese hombre y mujer nuevos tienen en Cristo, que en el seno de la familia. La vida familiar es la gran piedra de toque. El contexto en el que se pone de relieve, a veces para vergüenza nuestra, el grado de nuestra madurez en Cristo. El lugar donde las virtudes de la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia y nuestra capacidad de soportar y perdonar, se ponen a prueba diariamente. Sencillamente por eso, es muy apropiado que el Espíritu Santo, tras inspirar a Pablo el pasaje hasta el versículo 17 del capítulo 3, pase a hablar de lo que la entradilla de algunas de nuestras Biblias definen como los “deberes sociales de la nueva vida”. Deberes de las esposas, los maridos, los hijos, los padres, y también de los siervos y los amos. Es decir, las relaciones personales más importantes que se daban en el contexto de la vida del hogar en el siglo I.

Me gustaría que hoy nos centráramos en el mandamiento que dirige el apóstol al primero de estos sujetos: las esposas. Lo siento señoras, no es culpa mía, el apóstol empieza por ahí. Pero, Dios mediante, el día 15 nos centraremos en exclusiva en los deberes de los esposos, y más tarde de los padres, y siempre con nuestra mente puesta en una idea: que en ningún lugar se debe hacer más evidente nuestra nueva vida en Cristo, nuestra nueva capacidad para relacionarnos con el prójimo, que en el seno de nuestra propia familia. La práctica de la nueva vida, debe empezar en casa. El señorío de Cristo sobre nuestra vida, debe encontrar antes que en ningún sitio, expresión práctica en los quehaceres y experiencias propias de la rutina del día a día en el seno del hogar. Veamos lo que a las casadas el Señor a través de Pablo y una advertencia, a ti marido u hombre joven todavía no casado, no tienes permiso para dormir. Entender bien esto es importante también para ti. Empecemos.

Análisis del pasaje

El apóstol, como hemos dicho, empieza con una palabra dirigida a las esposas:

Colosenses 3:18

18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.

Toma ya. Aquí tenemos una idea que hoy es, desde luego, totalmente contracultural. Y el caso es que no es una idea mencionada una única vez y de pasada, sino que es un mandamiento reiteradamente expuesto en las Escrituras, entre otros pasajes también en Efesios, donde el propio Pablo amplía su pensamiento añadiendo otras observaciones:

Efesios 5:22-24

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Estas son palabras que hoy en día son mal recibidas, y no ya sólo por las personas del mundo, sino también por muchos en el mundo evangélico y que objetan seriamente a este mandamiento del apóstol. ¿Por qué? Las objeciones a esta enseñanza se pueden resumir a grandes rasgos en las siguientes posturas[2]: muchos objetan que estas palabras no le fueron inspiradas a Pablo por el Espíritu Santo, sino que representan sus propios prejuicios machistas judíos sobre el tema. Los que esto dicen se transforman a si mismo en jueces de la Palabra de Dios, jueces con capacidad de decidir lo que es inspirado y lo que no, según sus propios gustos, las modas de los tiempos o prejuicios personales. Creo que no es necesario advertir, el abismo teológico al que conduce tal postura.

Otros dicen que la visión de Pablo está distorsionada porque se basaría en Génesis 2, que enseñaría la desigualdad entre los sexos, un texto interpolado que en realidad sería una glosa rabínica, mientras que el texto divinamente inspirado sería Génesis 1, que enseñaría la total igualdad de los sexos. Aparte de que no existe esta diferencia entre Génesis 1 y 2, evidentemente, esta teoría se basa en la presuposición de que el Pentateuco, y específicamente el libro de Génesis, es un conglomerado de textos de diversos autores, unos inspirados y otros no, cuya procedencia resulta que sólo los críticos liberales modernos sería capaz de establecer, un camino que, una vez más, nos lleva a quedarnos en manos de los caprichos del teólogo de turno para que nos diga si un versículo en concreto de la Escritura es inspirado o no.

Pero la crítica más frecuente es la de los que dicen que esta enseñanza de Pablo es algo puramente cultural y transitorio, y por tanto no tiene aplicación para nuestra cultura hoy. Es curioso que a ninguno de los que dicen esto se le ocurre decir que el versículo 19 es cultural y que, por tanto, los maridos no tienen obligación de amar a sus mujeres o de no ser ásperos con ellas. Desde luego, es absurdo hacer una división tan arbitraria de un texto que en origen ni siquiera estaba dividido en versículos. El quid del asunto, el problema para los que no se sienten cómodos con este texto, está en que Pablo dice que, el que las casadas estén sujetas a sus maridos es algo que conviene en el Señor. Cualquiera que haya vivido durante un tiempo en otra cultura, como yo mismo en la brasileña, y más si es muy diferente a la nuestra, sabe perfectamente que hay cosas que convienen a una cultura, y son extremamente inconvenientes en otra. En Brasil, al menos en el Ceará, todo el mundo se toca mucho, una dependiente de una tienda te cogerá del brazo para llevarte a la sección correspondiente, o se dirigirá a ti utilizando expresiones cariñosas que aquí reservamos para marido o mujer. Aquí sería extremamente inconveniente que una dependienta del Corte Inglés se dirigiera a ti como “amorcito”. ¿No es cierto? El problema es que Pablo no dice que la sumisión de la esposa a su marido sea culturalmente conveniente, sino que es conveniente, apropiada, en el Señor. Es el Señor, nuestro rey y nuestro soberano, el que determina lo que es conveniente en este aspecto o no. Y esto vale tanto en positivo como en negativo. Por ejemplo, hay algunas cosas de la vida cotidiana de nuestra sociedad que están culturalmente aceptadas, e incluso se consideran convenientes, pero cuando reflexionamos acerca de ellas en el Señor, nos damos cuenta de que no son apropiadas para un cristiano[3].

Pues bien, lo apropiado para el Señor, lo que conviene para mostrar en el contexto de la familia esta nueva vida en Cristo a la que el creyente está llamado, es que la esposa se someta en el contexto de la familia al liderazgo de su marido. Esto es así, ¿Pero qué quiere decir esto exactamente? Veamos: La palabra sujetas (ὑποτάσσεσθε), que se aplica a las casadas, es un término compuesto que viene del mundo militar, donde los soldados estaban (ὑπο) bajo (τάσσω) ordenar, es decir, bajo las ordenes de su oficial. Es el término que se utiliza en Lucas para describir a Jesús en sujeción a José y María, también el que emplea Pablo para decir que debemos someternos a los mandamientos de la ley de Dios, o el que se utiliza para indicarnos que debemos someternos en la sociedad a las autoridades y a los gobernantes establecidos por Dios.

¿Qué se deduce de esto? Sencillamente que, en el seno de la familia, la esposa, siendo igual en Cristo que su marido, teniendo la misma importancia, la misma dignidad y el mismo valor que el hombre, tiene sin embargo el mandamiento a seguir el liderazgo espiritual de su esposo. Es decir, es una sumisión funcional, como la que hay en la vida civil o en el ejército, no una inferioridad en dignidad o en valor.

¿Cómo se realiza esta sumisión funcional? Esta pregunta es importante porque es necesario destacar que hay una diferencia entre la palabra dirigida a las esposas, estad sujetas, y la dirigida a los hijos y a los siervos obedeced en todo. No es solamente que la palabra sea diferente, como luego veremos, es que, sin entrar en detalles técnicos, la voz del verbo en el caso de la palabra dirigida a las casadas, sugiere una sumisión libre, voluntaria, mientras que la forma verbal de la palabra dirigida a los hijos y a los siervos, es una imposición, un auténtico mandato. Este dato es muy importante, y los esposos harían bien en estar atentos también a lo que voy a decir, porque la esposa es llamada a un acto libre en amor. Pablo ya nos había dicho en la epístola a los Gálatas que:

Gálatas 3:28

28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

En Cristo Jesús todos somos iguales y todos somos libres, pero la libertad ejercida en el Espíritu, se manifiesta en autodisciplina y amor por el prójimo. Cuando la esposa está en plena posesión de su libertad y puede afirmar su completa igualdad con su marido, entonces puede someterse gozosamente a él, de forma voluntaria, como un acto de amor, amor por su marido, pero sobre todo amor al Señor, que es el que solicita este comportamiento humilde en la esposa. Si la igualdad o la libertad están ausentes, como sucede en el mundo del Islam, la sumisión no tiene ningún significado ni valor moral. La sumisión sin libertad, por lo tanto sin voluntariedad, se convierte en un acto forzado carente de belleza y de amor, y se transformaría en la negación del evangelio y del amor matrimonial. Esto quiere decir que las esposas tienen el mandamiento del Señor de ser sumisas a sus maridos, pero un marido imponiendo, forzando la sumisión de su esposa, es un acto que no tiene sentido, hace perder a la conducta de la esposa cualquier tipo de valor, es una negación del amor matrimonial.

Renunciar a nuestros derechos es el privilegio de la libertad y una expresión de amor. Lo que se os pide a vosotras, esposas, tiene aspectos en común con lo que Pablo hace cuando recomienda a los cristianos que limiten o se abstengan de realizar comportamientos lícitos por amor a otros cristianos cuya conciencia resultaría afectada. Cuando penséis en lo que significa la sumisión para vosotras es bueno que recordéis la voluntaria autolimitación de Cristo, que toma forma de siervo, por amor, para venir a entregarse, a humillarse, dice Filipenses, por nosotros. Si el acto de Cristo hubiera sido forzado, no tendría ninguna significación ni valor moral para nosotros. ¿Verdad? Pues igualmente, la sumisión de las esposas a sus maridos, debe ser un acto libre y voluntario, realizado en amor, con el propósito de agradar a Dios, y teniendo en vista el funcionamiento armonioso y el buen orden de la estructura familiar.

Cuando pensamos en la contraparte de este mandamiento, la dirigida a los esposos para que amen a sus mujeres, inmediatamente nos viene a la mente que Pablo en Efesios lo equipara al amor sacrificial que Cristo tiene por su iglesia. Pero si el mandamiento a los esposos tiene como modelo el comportamiento de Cristo, es importante darnos cuenta de que, aunque de forma menos explicita, lo mismo ocurre en el caso de las mujeres.

El comportamiento de Jesús enseña a las esposas lo que significa comportarse según un modelo, no de auto afirmación, sino de auto entrega. Ver a Cristo, en amor, ciñéndose para lavar los pies a sus discípulos es un modelo para el liderazgo masculino, pero no lo es menos para la libre sumisión de las esposas. Los que ven este pasaje de Colosenses con los ojos críticos de la cultura moderna, piensan que es un texto destinado a perpetuar las relaciones patriarcales de dominio y opresión, que tanta violencia y abusos han producido, pero los que leemos este pasaje con los ojos del Espíritu, comprendemos que estas palabras, como también las que se dirige al hombre a continuación, son el resultado natural de la ética del reino de Dios, una ética que Jesús expresó con estas palabras:

Mateo 20:26b-28

26 …el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

La sumisión cristiana significa percibir las necesidades y preocupaciones de otro como más importantes que las de uno mismo, y ese es en definitiva el Espíritu que movió a Cristo a ser sumiso a la voluntad del Padre, ocuparse más de nosotros que de sí mismo.

Hay un ejemplo en la Escritura que creo que captura perfectamente el espíritu que está implícito en la sumisión de las esposas a sus maridos dentro del matrimonio cristiano y es la sumisión del buen samaritano a las necesidades ese extranjero, indefenso y medio muerto que se encuentra tirado al borde del camino[4]. Pensemos en la parábola del buen samaritano, si tuviéramos que resumir en una frase el espíritu que mueve a cada uno de los protagonistas podríamos decir algo como esto: los ladrones actuaron bajo el siguiente principio: “lo que es tuyo es mío y voy a cogerlo de ti”. El sacerdote y el levita, que pasaron de largo, actuaron bajo este principio: “lo que es mío es mío, y voy a mantenerlo en mi poder”. Pero el buen samaritano actuó según un principio muy diferente: “lo que es mío es tuyo, y voy a utilizarlo para suplir tus necesidades”.

Esto es, en definitiva, lo que significa la sumisión para la esposa cristiana, este es el misterio del reino que el mundo no entiende, porque sólo se puede entender con la capacidad que da el Espíritu: Un acto libre de amor que busca la armonía y el bienestar en el hogar, un despojarse voluntariamente para hacer lo que conviene en el Señor, lo que cumple y satisface la voluntad de Dios, porque es amor sacrificial. Un testimonio al marido, a los hijos y a la sociedad, de que es posible encontrar la realización plena de la personalidad, no en la búsqueda egoísta del interés propio, sino en el servicio y el amor desinteresados al prójimo.

Conclusión

En definitiva, hermanas, pues hoy me dirijo especialmente a vosotras. Este no es un texto, como os quieren hacer creer, destinado a aplicar una presión en las mujeres para que se sometan por la fuerza a una cultura de violencia y de abuso contra la mujer. Sino una exhortación a poner en práctica en vuestra diaria, como casadas, los principios de la nueva vida en Cristo, que nos llama a la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia y el amor, que se expresan por medio de la entrega a los demás, de la renuncia voluntaria a vosotras mismas, a imagen del Señor. Poniéndoos en situación de servir a los demás como Cristo os sirvió a vosotras, voluntaria y libremente.

El mundo ve la posición de la esposa en el matrimonio cristiano como si las casadas pasaran a convertirse en súbditas y tuviesen que prestar homenaje al hombre sentado en el trono del hogar. Seguro que hay maridos que piensan que es así, pero esto sencillamente es falso. Pero es que, además, la visión alternativa del matrimonio que tiene el mundo tiene como único fundamento la búsqueda del interés propio. La mayoría de los matrimonios hoy se construyen consciente o inconscientemente sobre el cimiento de la siguiente declaración: “Mis necesidades vienen en primer lugar”, y cuando ambos piensan esto, lo que generalmente ocurre es que ninguno de los dos ve sus necesidades satisfechas, y por eso no es extraño que se estén batiendo todas las plusmarcas de divorcios. El mundo tiene miedo al concepto de sumisión porque no puede entender a Cristo ni tiene la mente de Cristo, así que lo que las esposas y esposos del mundo acaban haciendo, aún sin darse cuenta, es comprometerse firmemente en la búsqueda de la felicidad propia. Y cuando dos personas pecadoras, y por lo tanto egoístas, se comprometen mutuamente a buscar cada uno la felicidad propia, el desastre es casi inevitable.

Pero los cristianos tenemos un orden de valores diferente, subversivo. Estamos comprometidos con un orden nuevo, el del reino de Dios, un orden en el que el primero es el que sirve a los demás, y el más grande es el que se entrega como siervo a las necesidades del otro, un orden basado en el amor, en que cada uno mira no por sí, sino por lo del otro.

Hay una adaptación del cuento clásico de Pinocho en el que esta marioneta de madera, centrada en si misma y en sus necesidades, se le da una nariz que crece con la mentira, para curarla de su egoísmo y llevarla al arrepentimiento. Pero cuando esto falla, se le permite hacer un viaje por el infierno, con el objetivo de ver si esto consigue conmover a Pinocho y llevarle a la virtud. Allí tiene oportunidad de conocer a una bailarina de ballet y a un carpintero, tan centrados la una en el baile y el otro en su trabajo, que nada de lo que hace o dice Pinocho consigue llamar la atención de ellos. Y dice el autor: “Fue en ese momento en el que Pinocho pudo ver, como en un fogonazo, que en el infierno todos son dejados a sí mismos, para hacer solamente aquello que desean hacer y no fijarse en nadie más que en ellos mismos”[5]. Me parece una buena descripción del infierno, poética, pero buena. Un mundo en el que las personas sólo se preocupan por sí mismas, sólo están centradas en si mismas y sólo se pueden fijar en si mismas. Un auténtico infierno. A veces nuestro mundo se parece a esta descripción.  Que jamás sea así en nuestros matrimonios. Oremos.

Lectura de despedida:

Gálatas 5:13

13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

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[1] Schaeffer, F. True Spirituality. Wheaton, Ill.: Tyndale, 1973. Citado por MacArthur, J. Colossians. Chicago: Moody Press 1996, c1992.

[2] MacArthur, J. (1996, c1992). Colossians. Chicago: Moody Press.

[3] Garland, David E. NIV Application Commentary. Colossians. Pág. 244. Zondervan. Grand Rapids, 1998.

[4] Supra. Garland, David E. NIV Application Commentary. Colossians. Pág. 265.

[5] Burtchaell, J. Philemons Problem, citado en: Supra. Garland, David E. NIV Application Commentary. Colossians. Pág. 263.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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