PREDICAS PARA JOVENES

Una Web Del Ministerio Un Toquede Su Gloria UTG

Archive for the ‘PREDICAS’ Category

UTG DEVOCIONAL Jaime Mendoza

Posted by fielcristiano en febrero 3, 2014

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DEVOCIONAL SEMANAL UTG LEIDY Y JAIME

Posted by fielcristiano en enero 27, 2014

Desde Cordoba Colombia te traemos una palabra de Dios para tu Vida
Nuestros hermanos leidy esquivel y jaime mendoza traen una palabra que impactara tu vida Dios te bendiga Suscribete Y Comparte y dale me gusta

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Un Tiempo Con Dios Devocional UTG Carlos Arteaga

Posted by fielcristiano en enero 7, 2014

Hoy es un Nuevo día para disfrutar un tiempo con Dios
desde Un Toque de Su Gloria te traemos esta palabra de parte de Dios para ti
nuestro Lider invitado Carlos Arteaga Trae esta palabra que creemos sera de bendición.
no olvides suscribirte a nuestro canal y mirar los otros devocionales

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UTG Devocional Jaime Mendoza Diciembre 23

Posted by fielcristiano en diciembre 23, 2013

Tiempo Con Dios es Un espacio en la web donde podrás tener a diario unos minutos para escuchar la palabra de Dios y aprender un poco mas sobre ella, Hoy nuestro Hermano Jaime mendoza Comparte algo Especial de parte de Dios para Ti.

 

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Un Tiempo Con Dios 02/12/2013 devocional

Posted by fielcristiano en diciembre 2, 2013

Tiempo Con Dios es in espacio en la web donde podrás tener a diario unos minutos para escuchar la palabra de Dios y aprender un poco mas sobre ella, Hoy nuestro Hermano Jaime Mendoza Comparte algo Especial de parte de dios para Ti

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El amor en la iglesia

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

El amor en la iglesia

Introducción

Se cuenta de una iglesia en Inglaterra, que tenía la misma costumbre que nosotros de no pasar la ofrenda durante el culto, sino colocar una cajita donde el que quisiera pudiera acercarse discretamente a depositar su donativo. En esa iglesia, en vez de tener un buzón de sugerencias, como tenemos nosotros detrás de esa puerta, olvidado por todo el mundo, lo que hacían era aprovechar la caja de las ofrendas para que los que quisieran pudiesen depositar también allí sus sugerencias. Un domingo, el pastor encontró en la caja una sugerencia para un sermón, de uno de los hermanos que estaba preocupado acerca de cómo sería la vida en el cielo. Siguió su consejo y como resultado el domingo siguiente el sermón se titulaba: “El reconocimiento de los amigos en el cielo”.

Pues bien, al siguiente domingo de nuevo encontró una nota en la caja de las ofrendas, aunque esta vez de otra persona, la nota decía: “Distinguido señor: le agradecería mucho si tuviera la bondad de predicar a su congregación sobre el tema “El reconocimiento de los amigos en la tierra”, puesto que hace seis meses que asisto al culto en esta iglesia y nadie me ha prestado atención todavía”.

Esta anécdota refleja una experiencia que, por desgracia, no es poco frecuente en muchas iglesias, y es posible nos haya ocurrido a nosotros, y no nos hayamos dado cuenta simplemente porque nadie nos ha dejado una nota en la caja de las ofrendas. Cuando esto pasa, puede ser síntoma de que está ocurriendo algo muy grave en esa congregación. Y digo “puede” porque, vaya, a la iglesia debemos venir pensando en dar y no tanto en recibir, pero si no se recibe nunca, si nunca te llega el amor de los hermanos, algo raro pasa. Por supuesto, cualquier iglesia sana, procura que las personas que llegan, sean creyentes de otras iglesias o simples visitantes, tengan una acogida afectuosa y se sientan bienvenidos en el culto del domingo. Esto es sano. Sin embargo, si nos contentásemos con esto, estaríamos contentándonos con bien poco. No es suficiente con una fachada de afecto, por caluroso y sincero que pueda resultar.

El pasaje que examinamos en esta mañana pone el listón de lo que debe ser la vida dentro de la comunidad cristiana más alto, muchísimo más alto, casi diría sobrenaturalmente alto. Y, sin embargo, lejos de desanimarnos, esto nos debería mover a prestar muchísima atención a las palabras de Jesús, entre otras cosas porque se trata nada más y nada menos que de su discurso de despedida. La enseñanza que él reservó para el momento más solemne e importante de su vida, justo antes de dirigirse a la cruz. Y tiene lógica que precisamente, en ese momento trascendental, reservara gran parte de su tiempo para hablarnos hasta en veinte ocasiones, del amor que debíamos tener los unos por los otros. Veamos que nos tiene que decir Jesús:

Análisis del pasaje

Como decíamos, se trata del gran discurso final de despedida de Jesús. Un momento de especial emoción y ternura que se ve claramente en el inicio del versículo 33:

Juan 13:33

33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.

Hijitos, dice Jesús. Este es el único lugar de los evangelios en que encontramos esta palabra. Jesús habla con muchísima ternura, como un padre que despidiéndose con pena de sus hijitos amados, porque sabe que le echarán de menos, ya que se dirige a un lugar al que, por ahora, no pueden acompañarle. Y esta ternura excepcional, despierta nuestra atención. ¿Qué quiere decirnos con tanto cariño?

Juan 13:34

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Notemos aquí algo que debe llamar nuestra atención: en primer lugar, la posición de las palabras mandamiento nuevo en la frase original es enfática, es decir, no están colocadas en el orden que sería normal en la estructura gramatical de una oración griega, que debe empezar por el verbo, sino desplazadas al principio, para que resulte evidente que se trata de algo muy importante. ¡Atención mandamiento nuevo es lo que os doy! Así que doble atención. Además, la palabra que se traduce mandamiento se utilizaba para las órdenes que daba un Rey. ¡Triple atención! No se trata de un sabio consejo o de una recomendación, sino de una auténtica orden por parte de Jesús. Es necesario pues entender bien qué desea de nosotros Jesús.

Empecemos por fijarnos en una palabra. Se nos dice que es un mandamiento nuevo. Sin embargo, sabemos que en Levítico se nos dice:

Levítico 19:18

18 No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo…

¿Dónde está la novedad? Quizá podemos pensar que la novedad está en el carácter inclusivo del mandamiento de amar que nos da Cristo, ya que sabemos que se hacía una interpretación restrictiva del concepto de prójimo, para limitarlo a los judíos, y algunos incluso lo limitaban a los miembros de su grupo, como los esenios. No era una interpretación descabellada, ya que Levítico está hablando, como acabamos de leer, de los hijos de Israel. Pero Cristo había ampliado esta aplicación, y nos pide amar incluso a nuestros enemigos. ¿Puede ser esta entonces la novedad de la que nos habla Cristo?

Siendo este tipo de amor incluyente muy importante para un cristiano, si examinamos un poco más el texto veremos que Cristo no está hablando de eso. De hecho, Juan empieza el relato de este último discurso de Jesús a sus discípulos de una forma curiosa. Si prestamos un poco de atención, notaremos que Juan hace especial énfasis en el hecho de que Judas no se encontraba ya entre ellos. Para ello es bueno leer seguidos los versículos 30 y 31, sin la pausa artificial a la que nos induce el editor de la mayoría de las versiones de nuestras Biblias. Leamos pues:

Juan 13:30-31

30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche. 31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús:…

Salió, hubo salido. Tal insistencia en el hecho de la ausencia de Judas, difícilmente puede ser casual. Estamos ante una clara insinuación de que el discurso que se va a desarrollar a continuación, tiene como destinatarios tan sólo a los discípulos, lo que se ve confirmado por el tenor del resto del discurso de Jesús hasta el capítulo 17. En este momento solemne el Señor está hablando de algo especial, que es el amor entre los miembros de la iglesia, pero que no es nuevo, ya que Israel tenía ese mandamiento.

¿Dónde está pues la novedad? Obviamente está en el elemento que Cristo destaca al ilustrar brevemente sus propias palabras:

Juan 13:34b

34…como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Es decir, lo realmente novedoso del mandamiento es el modelo que se toma para su aplicación práctica, es ese como yo os he amado. ¿Cómo nos ha amado Cristo? Normalmente tenemos una respuesta rápida a esto: hasta la muerte, con sacrificio de sí mismo. Es verdad, esto nos habla de la extensión del amor de Cristo. Y esta extensión, obviamente, contiene algo diferente a lo que había establecido el libro de Levítico. El amor que se pedía por el prójimo en el Antiguo Testamento tenía como objetivo, pero también como techo, el ser capaces de amar a los demás con la misma intensidad con la que uno se ama a sí mismo.

Pero cuando se trata aquí del mandamiento de amarnos los unos a los otros, la aspiración es muy superior, porque se trata de amar a los demás cristianos en mayor medida que a nosotros mismos, con sacrificio de nosotros mismos. Y esto es muy fuerte, es el mayor tipo de amor que se puede concebir. Jesús lo sabe, y por eso lo repite y lo deja muy claro:

Juan 15:12-13

12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Ya sabemos dónde está el énfasis del mandamiento. Esta claro que para Jesús el amor que debe de existir entre los miembros de la comunidad cristiana no es un interés superficial, un sentimiento de afecto, o un amor difuso que no se muestra en nada sólido, sino que es nada más y nada menos que un voluntario sacrificio de ti mismo, de tu bienestar, de tus privilegios, con el propósito de servir y favorecer, con humildad, a los demás miembros de la iglesia, a imagen de Cristo. No es sólo un “qué majos sois, que os vaya muy bien, que Dios te bendiga”. Sino un “qué puedo hacer, cómo puedo servirte, qué necesitas, voy a buscar activamente la salud material y espiritual de mis hermanos en Cristo”. Es entregar nuestra vida.

Pero hay más, como decía, esta es quizá la respuesta rápida. Nos habla de hasta dónde debe llegar nuestra entrega, pero no lo es todo, hermanos. En Cristo vemos no sólo cuán alto está el listón, sino también la actitud con la que el propio Cristo afrontó ese desafío. Y eso es algo muy distinto, y de una importancia esencial. Lo primero nos habla del sacrificio de nuestra vida, pero lo segundo nos habla de nuestra actitud al entregarla. Y si no recuerda lo que dice Pablo:

1 Corintios 13:3

3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

Aquí tenemos una entrega que llega hasta el sacrificio de todos los bienes y aún de la propia vida, y sin embargo, falta el amor. ¿Cómo es posible? Parece incluso contradictorio con las palabras de Jesús acerca de que el mayor amor concebible es el de aquel que entrega la vida por otro. Pero esto es cierto, sin dejar de ser cierto lo que dice el Espíritu a través de Pablo. Porque en un lugar se nos habla de la extensión, y en otro de la actitud. Lo que le falta al sacrificio de 1 Corintios 13:3 es la actitud interna que refiere Pablo a continuación y que conocéis bien, y que podría describir el carácter de Cristo mientras entregaba su vida por nosotros:

1 Corintios 13:4-7

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Esta actitud, unida a la extensión del sacrificio de Cristo por su iglesia, es lo que espera el Señor que ocurra entre nosotros en la congregación. Amor extremo en extensión, y extremo en actitud. Esto es impresionante. Vivir en una comunidad de amor así, sería vivir el cielo en la tierra. No sé tú, pero yo lo quiero. Es un mandamiento, vale, pero es tan fantástico, que se transforma en algo ilusionante, algo por lo que vale la pena luchar.

Lo lamento si esto es como una losa sobre ti, porque a mí esto me recuerda aquello de que sus mandamientos no son gravosos. No quiere decir que no me parezca difícil, pero es una meta tan grande, tan hermosa, que uno desea probar qué se siente al cruzarla. De hecho, es tan maravillosa que, nos dice el evangelio, que allí donde se pone en práctica, no cabe duda de que se está ante auténticos discípulos de Cristo, y yo creo que estas son las palabras que más deberíamos desear poder escuchar en esta vida: que uno es un discípulo de Cristo.

Juan 13:35

35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Este es el sello del cristiano, en esto se hace evidente que uno está en una auténtica iglesia cristiana. La amistad amistad,  la cortesía, incluso el afecto, están bien para los miembros de un club de golf. Pero en la iglesia debe haber auténtica preocupación, servicio desinteresado, cuidado de las necesidades, sacrificio de uno mismo en beneficio del otro, y esto aderezado y servido con paciencia, con un soportarnos los unos a los otros en nuestros defectos, con humildad, con alegría sincera al ver que el hermano es bendecido, en fin, con una búsqueda del carácter de Cristo. No es coincidencia que esta enseñanza la pronunciase el Señor, justo después de que él, el rey del universo, se hubiese ceñido una toalla y hubiese lavado humildemente los pies a sus discípulos.

Así que incluso si eres rey de algún rincón del universo, de alguna galaxia lejana y por modestia no nos habías dicho nada, y más aún si eres como yo, sólo un pobre pecador rescatado del borde del infierno, pues más razón para que en la iglesia tengamos los unos con los otros esa actitud del que se despojó a sí mismo para tomar forma de siervo y venir a dar su vida por nosotros.

¡Qué increíble! Dios vino humilde a servirnos hasta la muerte, ¿y no haremos nosotros, que no somos nada, lo mismo por nuestros hermanos? Pero no lo hagáis porque os sentís en deuda con Dios, porque entonces no tendréis energías para dar este amor por los hermanos ni por diez minutos, así de malos somos. Pero mirad a los versículos 31 y 32:

Juan 13:31-32

31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará.

¿Cómo? O sea, ahora que uno del círculo íntimo de sus propios discípulos, que ha convivido tres años con él, está en ese momento poseído por Satanás y lo va a traicionar, y se dirige a entregarlo a las autoridades judías. Ahora que se avecina la prisión, el escarnio, la tortura, y la muerte mediante el método de ejecución reservado para los criminales más viles, la crucifixión, ¿ahora es glorificado el Hijo del hombre? Nada parece haber más lejano a una glorificación en términos humanos. La antitesis de la gloria. Pero sí, increíble pero cierto: ahora Jesús es glorificado, y no solamente Jesús, sino a través de él también Dios, que le va a glorificar con él en el cielo y encima nos dice que no tardará en hacerlo.

¿Os dais cuenta? El momento del sacrificio por amor a nosotros, el momento de la obediencia al mandamiento, es el momento de la gloria para Jesús, y es el momento en que Dios Padre es glorificado en Cristo, y es el camino que conduce a que Jesús sea recibido en triunfo y glorificado en el cielo.

¡Puedes gozarte porque este básicamente el mismo guión que tenemos que seguir nosotros! ¿El mandamiento nuevo que tenemos de parte de Cristo es difícil? Pues sí, lo es, pero es fantástico y es glorioso. Viene envuelto, rodeado, por sus promesas. Cada vez que obedecemos el mandamiento de amar, ha llegado la hora de nuestra gloria ¿Por qué? Porque estaremos dando la gloria a Dios, porque demostraremos que no hay nada mejor que hacer su voluntad, que no hay mayor tesoro para nosotros que el propio Dios, y gracias a eso algún día, en realidad también casi enseguida, recibiremos, como dice la Palabra, la corona incorruptible de gloria, la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman.

O sea que por esforzarnos en construir dentro de la iglesia, en esta hermandad, en esta familia, un anticipo de la vida en el reino de Dios, un anticipo del cielo, resulta que no sólo glorificamos a Dios, sino que lo disfrutamos nosotros en comunión fraternal, y además recibimos recompensa en gloria celestial. Esto es estupendo. Por algo dice el Señor que ponerse su yugo, equivale a descansar en él.

Así que nada de caras largas por tener que soportar a los hermanos pesados, y amarlos, ya sé que a veces es difícil, pero es tanto más el gozo que se nos promete, que leer estos textos me hace desear ponerme manos a la obra, y además hacerlo de forma mucho más consciente y gozosa que lo he hecho hasta ahora. Y espero que a ti te ocurra lo mismo.

Conclusión

De verdad que lo espero, lo espero de todo corazón, y en este punto no tengo más remedio, porque sino no sería fiel a la Palabra, que introducir una nota de gravedad. Espero que te entusiasme la idea de ponerte manos a la obra a intentar amar más y más como Cristo nos amó por una razón muy sencilla. Hemos leído que si haces así en esto conocerán todos que uno está ante un verdadero discípulo de Cristo. Todos, también tú mismo.

1 Juan 3:14, 20-21

14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

Así que nuestro entusiasmo por ponernos manos a la obra a amar, es también un testimonio poderoso acerca de nuestra propia salvación. Y he querido calificar esto como una nota de gravedad, porque es algo serio, pero no diré que es una nota de tristeza, al contrario. Es un gozo examinar tu corazón y ver que hay un amor sobrenatural a los hermanos. Es un gozo comprobar que has pasado de muerte a vida.

Ya termino. Un teólogo de la iglesia antigua, Tertuliano, que nació hacia el año 160, escribió sobre la opinión que tenían los paganos acerca de los cristianos de su tiempo, y cuenta que decían asombrados: “Ved cómo se aman los unos a los otros,… incluso están dispuestos a morir los unos por los otros”[1]

Infelizmente, tan sólo unos doscientos años después, otro cristiano ilustre, Crisóstomo, que nació en el 347, declaraba: “incluso ahora, no hay nada que sea de tanto tropiezo para los paganos como el hecho de que no hay amor. [...] Nosotros, nosotros mismos somos la causa de que permanezcan en el error. Ellos hace tiempo que condenaron sus propias doctrinas y de igual manera admiran las nuestras, pero encuentran un obstáculo en nuestro modo de vida.[2]

Y Spurgeon, el famoso predicador del siglo XIX, comentó en una ocasión: “Me han dicho que hay cristianos que no se aman entre sí, me apenaría mucho si fuese verdad, pero más bien lo dudo, porque sospecho que aquellos que no se aman entre sí no son (verdaderos) cristianos”.

Oremos.

Versículo de despedida:

1 Juan 3:16

16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

.


[1] Tertuliano. Apología. 39.

[2] Crisóstomo. Homilías sobre el evangelio de Juan. 72.5


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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La familia cristiana 2

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

La familia cristiana 2

Introducción

La mayoría de los cuentos de hadas, príncipes y princesas, que tanto suelen gustar a las niñas, que me lo digan a mí que he tenido que contarles cuentos a dos de ellas, terminan con las palabras: “vivieron felices y comieron perdices”. Es decir, después de los momentos de tensión en los que el héroe rescata a la princesa viene el anticlímax, la maravillosa boda en el castillo de ensueño, y ahí acaba la historia. Pero en la vida real no es así, el beso a la novia, las campanas y el arroz no marcan el final de la historia, sino el principio. El principio de una aventura por mares inexplorados y a veces tormentosos, lo que explica que tantas naves matrimoniales acaben naufragando.

Precisamente para evitarlo, la Biblia nos ofrece unas directrices, unos valores que respetar, unas estrategias. El domingo pasado estudiamos el versículo 18 del capítulo 3 de Colosenses, nos centramos en las instrucciones a la mujer. Dentro de ellas nos limitamos a profundizar en el sentido de la palabra sujeción y a responder a la pregunta de por qué esa sujeción es conveniente en el Señor. La clave, vimos, está en el revolucionario concepto de importancia, grandeza, primacía, que se declara en el Nuevo Testamento para todas las personas, sean hombres o mujeres, donde lo valorado es la humildad, el servicio, el amor desinteresado, donde, dijimos, la ética que se valora es, frente a la del ladrón: “lo tuyo es mío y lo quiero para mi beneficio” o la del escriba y el fariseo: “lo mío es mío y quiero mantenerlo en mi poder”, es la del buen samaritano: “lo mío es tuyo y lo voy a utilizar para restaurar y sanar tu vida”.

Ahora nos toca hablar de los esposos, y esta vez al hacerlo veremos con más detenimiento algunos aspectos de la epístola a los Efesios que amplían y enriquecen el pensamiento expresado en Colosenses. Veamos, para empezar, lo que le dice Pablo en Colosenses al nuevo varón resucitado con Cristo, a aquel, recordemos, que ha hecho morir la vida antigua con sus pasiones desordenadas y se ha revestido de la nueva, puesta su mirada en las cosas de arriba, si eres uno de ellos esto es para ti:

Análisis del pasaje

Colosenses 3:19

19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

¡Qué palabras tan sorprendentes! ¿Por qué digo esto? ¿No es increíble que sea necesario decirle a un marido que ame a su mujer? ¡Pero si se enamoró de esa chica y la convirtió en su esposa, pero si ha jurado voluntariamente amarla hasta que la muerte los separe! ¿No es asombroso que haya que recordarle a los maridos que no sean ásperos con sus mujeres? Pero si hasta ayer eran sus novias, aquellas por las que se desvivían y hasta llegaban a hacer un montón de tonterías (cantar bajo la lluvia bajo una ventana, enviar flores, escribir poemas, tener mil detalles de ternura) ¿Cómo es posible que haya que recordarle a un hombre que ame y no sea áspero con su mujer?

No sólo es posible, sino que Dios, que nos conoce bien, sabe que es necesario. ¡Qué humillación que Dios tenga que hablarnos en estos términos! Pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que lo merecemos. Somos pecadores, y nuestro impulso primordial es a amarnos, sobre todo, a nosotros mismos, y no sólo eso, sino también a tratar de forma desconsiderada al físicamente más débil o al que voluntariamente o por fuerza, está sometido a nosotros. Sencillamente, es así de triste. Pero hermanos, eso forma parte del viejo hombre que está muriendo poco a poco, el Espíritu nos capacita para amar, y además para amar de una forma muy especial. Veamos el versículo con más atención, ya que el griego tiene muchas palabras para amor y la palabra que se utiliza aquí es, como muchos ya sabéis, muy especial.

Debemos amar a nuestras esposas con un amor que es ἀγάπη, esta es la gran diferencia con el mundo, por supuesto que hay muchos hombres que aman a sus esposas, faltaría más, y también que dejan de amarlas, pero el amor ἀγάπη es especial, entre otras cosas porque no tiene fin. Ágape, o el verbo correspondiente es un término que ya se utilizaba anteriormente, pero al que el Nuevo Testamento le dio un sabor característico. ¿Cómo? Utilizándolo para describir el amor de Dios por los hombres, un amor que no se basa en la excelencia del objeto de ese amor, ni siquiera en la complacencia que uno siente, sino que es un ejercicio deliberado de la voluntad que viene sin otra causa, que la propia naturaleza de la persona que ejerce ese amor. En el caso de Dios, su naturaleza santa y llena de misericordia y gracia, en el caso de sus redimidos, la nueva naturaleza que tenemos en Cristo, de la que nos hemos revestido y que apunta hacia el carácter de nuestro Señor. A nuestra nueva naturaleza debe corresponder un nuevo tipo de amor, un amor que nace precisamente de esa nueva naturaleza y no de ninguna propiedad inherente al objeto amado, un amor, pues, que es absolutamente desinteresado, y que no depende de las emociones ni de ninguna cualidad en el objeto amado, sino de la propia naturaleza de la persona que ama. Dejar de amar a nuestras esposas con este amor, sería tanto como decir que no tenemos ya más el nuevo hombre, nacido del Espíritu, a imagen del carácter de Cristo. Es por lo tanto un amor que siempre perdura.

¿Os dais cuenta del impacto enorme que habría en la sociedad humana si los hombres amasen así, siguiendo el modelo de Dios? No pueden, porque no han nacido de nuevo, pero nosotros podemos, porque tenemos el Espíritu, y a nosotros, esposos, el Señor nos demanda ese tipo de amor.

Como dije al principio, la idea de este tipo de amor se amplía en el pasaje paralelo de Efesios 5:25-33, que también vamos a leer en esta mañana. Pablo empieza estableciendo y ampliando el principio general que leímos en Colosenses:

Efesios 5:25

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

O sea, Cristo es el modelo de nuestro amor, debemos amar como él amó, ¿y cómo amó? Fijaos, bien porque nos lo dice claramente. El amor sólo puede conocerse por las acciones que provoca, y no consiste, como hacen algunos, en repetir mucho: “te quiero, te quiero”, cuando se quiere en realidad conseguir algo de la esposa, ya me entendéis. No, el amor se ve en esto: y se entregó a si mismo por ella. En eso consistió su amor, ese es nuestro modelo. Luego Pablo, que cada vez que habla de la obra de Cristo se entusiasma, y hace un paréntesis para describirnos la maravillosa obra de Cristo por su iglesia, nos dice:

Efesios 5:26-27

26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

¿Qué nos quiere decir Pablo con esto? Entendemos lo que hizo Cristo, pero que tiene que ver esto con nosotros ¿Debemos lavar y planchar a nuestras esposas hasta que estén sin mancha ni arruga? Evidentemente hay aspectos del plan redentor de Cristo respecto a su iglesia que son únicos y que nosotros no podemos imitar, Cristo santifica a su iglesia, la purifica y la lava mediante la palabra de Dios y el Espíritu Santo, para presentársela a sí mismo algún día santa en la gloria. Nosotros no somos llamados a hacer esto con nuestras esposas, que sólo Dios en Cristo puede hacer con su iglesia.

¿Entonces que nos quiere aportar Pablo al contarnos estas cosas? La idea que aquí se enfatiza es que Cristo obró en beneficio de su iglesia, simplemente eso, obrar en beneficio de su esposa la iglesia, para gozarse embelleciéndola. Fijaos bien, esto es muy bonito, se nota que Cristo ama de verdad a la iglesia, porque al entregarse por ella, sabe que la está embelleciendo, mejorando, haciendo más feliz, más gozosa, en definitiva más gloriosa, y luego se la presenta a sí mismo, ve el fruto de su entrega, y se llena también él de gozo, como sólo sucede cuando se ama a alguien, te alegras con su bien.

Así debería ser con nosotros y nuestras esposas. Y esto vale para las grandes cosas de la vida, y también para las pequeñas. La acompaño a mirar tiendas, y aunque me aburro como una ostra, me gozo en verla tan feliz… esto es difícil, ¿eh? Pero en esto y muchas otras cosas consiste nuestra entrega cotidiana. En el párrafo siguiente Pablo nos animará a seguir ese camino y aprovechará para introducir otra ilustración:

Efesios 5:28-30

28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.

Debemos amar a nuestras mujeres como a nuestro propio cuerpo, sustentándolo, cuidándolo. La primera de estas palabras: “sustentar”, se utilizaba para el cuidado de los niños. Esto me extrañó al principio, me fui a pasear el viernes bajo la lluvia para meditar, pero al pensarlo bien, al pensar como mimo a Dani, como dirijo sus pasos, le enseño, me gozo con cada detalle en el que le veo crecer, me di cuenta de que esto es una maravilla, así es Cristo con la iglesia y así deberíamos ser con nuestras esposas, alguna vez fueron “la niña de nuestros ojos” ¿verdad? Deberían seguir siéndolo siempre. La segunda palabra: “cuidar”, literalmente quiere decir calentar y mantenerlo calentito, se utilizaba para lo que hacen las aves cubriendo a los polluelos con sus plumas, y metafóricamente se utilizaba para el acto de cuidar con ternura. Qué bonito, me estoy metiendo en un lío, menos mal que Diana no está aquí, porque esto es lo quiere Dios de nosotros hacia nuestras esposas, y es lo que hace Cristo con su iglesia, que también es su cuerpo. Protegerle y sostenerle como a un hijo querido y cuidarla con ternura, como a su niña bonita. ¿No es hermoso todo esto?

Pero lo que viene a continuación es muy importante y también curioso y sorprendente. Porque, veamos, quizá podías pensar que Pablo estaba escribiendo del deber de los maridos de amar a sus esposas y de la relación matrimonial en general y de repente se le ocurrió, ¡zas, qué bonito! ¡Voy a compararlo al amor de Cristo por su iglesia! Me viene de perlas porque en ese caso también hay amor por un lado y sujeción a la cabeza por otro. Es el ejemplo perfecto. Pero nada de eso, todo esto es mucho más profundo:

Efesios 5:31-32

31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Es decir, Pablo de repente nos lleva hasta Génesis 2:24 y nos revela algo increíble, un misterio grande, Moisés que escribió el Pentateuco por inspiración divina no tuvo ni idea de esto, pero el matrimonio fue diseñado por Dios desde el principio para ser una parábola, una ilustración de la relación entre Cristo y la iglesia. Al principio, cuando Dios estaba planeando cómo habría de ser el matrimonio, lo planeó con este propósito grandioso, sería una bella ilustración terrena de la relación que algún día habría entre el Hijo de Dios y su iglesia. Esto estuvo escondido de nuestro conocimiento durante muchas generaciones, pero es el gran misterio que Pablo revela ahora, y es sorprendente.

Por eso cuando Pablo quiere enseñarles a los cristianos de Éfeso acerca del matrimonio no se pone a buscar una analogía que le ayude y de repente piensa en Cristo y la iglesia, no, es mucho más profundo, lo que Pablo ve es que cuando Dios diseñó el matrimonio original ya tenía a Cristo y a la iglesia en mente. Esto es importantísimo para nosotros, ya que uno de los grandes propósitos de Dios para el matrimonio es precisamente ilustrar temporalmente la relación que habrá entre Cristo y su pueblo redimido por toda la eternidad.

¿Os habéis dado cuenta de las consecuencias de esto? Si esto es así, la orden que da aquí Pablo de amar a los esposos y de someterse a las esposas, no es algo accidental o culturalmente determinado, sino que es parte de la esencia del matrimonio, parte del plan original de Dios para un matrimonio, perfecto, sin pecado, armonioso. El matrimonio basado en el amor sacrificado y desinteresado del esposo, y en la sumisión libre y gozosa de la esposa, hunde sus raíces en los propósitos eternos de Dios en la creación, y no es algo determinado por las modas pasajeras de la cultura[1], como lamentablemente se oye hasta entre algunas iglesias que a este paso dejarán pronto de serlo.

Pero volvamos, para terminar el análisis bíblico, al texto de Colosenses 3:19. Vemos que lo contrario de la actitud de amor que debe tener el esposo, es ser áspero con su mujer. Se trata de una palabra cuya raíz significa cortar o pinchar, y que se suele traducir también como amargo. Es decir, no seáis ásperos o amargos con ellas.

Hemos visto hasta ahora cosas muy bonitas que tenemos que hacer los esposos, que ilustran el amor de Cristo por su iglesia, por eso pensar en un marido cristiano que es áspero o amargo con su esposa, es un insulto a Dios, es desvirtuar el propósito del matrimonio. ¿Os imagináis que Cristo fuese áspero o amargo con nosotros? A veces lo temo, por mi pecado, pero siempre descubro que él es severo con el pecado, que le disgusta profundamente, pero que es tierno, y paciente y misericordioso conmigo. No me extraña que diga la Palabra que debemos tratar bien a nuestras esposas para que nuestras oraciones no tengan estorbo. ¿Cómo vamos a tener comunión con Dios ofendiéndole de esa manera, recibiendo por un lado, ternura, paciencia y amor de parte de Dios, y soltando por el otro aspereza, amargura y enojo contra nuestra esposa? Cuando tengamos la tentación de tratar a nuestras esposas desconsideradamente, paremos y pensemos, ¿las trataremos con rudeza y al mismo tiempo esperaremos ser tratados con paciencia y cuidados por parte de nuestro Señor? Yo sé que todos lo hemos hecho alguna vez, ¡Pero qué jamás vuelva a ser así!

Lo triste es que sabemos amar, hay hombres que cuidan de sus mascotas, las aman, las cuidan, hasta les hablan, tanto que llegan a ser verdaderos esclavos de ellas. Otros se apasionan por sus trabajos, o por un hobby, y se dedican a ellos día y noche, los sirven, los cuidan, los aman, llegan a esclavizarse a sus proyectos e ilusiones, pero luego no saben amar a sus esposas, esto puede ser así en quien no haya recibido el amor de Dios, pero en nosotros, ni un minuto más.

Porque nuestra relación con nuestras esposas debe hablar alto y claro de lo que Cristo ha hecho por nosotros, hablemos bien de Cristo con nuestras vidas. Que nuestra forma de tratar a nuestras esposas diga cosas hermosas acerca de Cristo, que hable bien de nuestro Dios, que muestre hasta qué punto nos ha amado, se ha sacrificado, nos soporta y nos recibe con misericordia cada día, se goza en tener comunión con nosotros, nos enriquece con su contacto, nos hace crecer… ¿Qué mejor testimonio que este? ¡Qué testimonio tan poderoso, un hombre y una mujer nuevos poniendo en práctica la ética del reino a través de una relación de sumisión y amor que ilustra la relación eterna que habrá entre Cristo y su pueblo!

No cambiéis esto por ninguna moda pasajera, por ninguna filosofía humana, ni por la tiranía machista que ve a la mujer como un objeto, que la degrada mediante la violencia y la pornografía: un mundo donde la mujer no tiene sentimientos, ni espiritualidad, ni necesidad de ternura, sino que es sólo un instrumento sin alma de placer egoísta para el hombre. Ni lo cambiéis tampoco vosotras por el feminismo, que justifica al machismo apuntándose a la misma filosofía feroz en la que sólo tiene dignidad el que tiene poder, sólo se realiza el que se sirve de los demás, sólo es valioso el que es servido, mientras que el humilde, el que sirve, el que se sacrifica por otro, no puede triunfar, no se codeará con los poderosos, ni tendrá acceso a la riqueza, ni a la influencia. Ese es el mundo cínico despiadado en que hombres y mujeres se utilizan y se usan los unos a los otros que hay a nuestro alrededor, ¿y es eso lo que queremos?

Conclusión

Termino. Si, como  decíamos el domingo pasado citando una obra teatral, el infierno es aquel lugar donde cada uno sólo se preocupa por si mismo y se interesa por sí mismo, sin prestar atención a nadie más, el reino de Dios es aquel lugar donde la felicidad propia consiste en buscar la felicidad del prójimo. En Génesis 29, se cuenta como Jacob vio a Raquel, la hija de Labán y la quiso por esposa. El padre hizo un trato con él y él aceptó trabajar durante siete años para obtenerla. Y nos dice la Escritura:

Génesis 29:20

20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba.

Si los esposos tuviéramos este tipo de amor por nuestras esposas habría un avivamiento espiritual en la iglesia tan impresionante, la diferencia entre la iglesia y el mundo en temas como el divorcio, el adulterio o la violencia de género, se haría tan llamativamente evidente, que la gente correría a averiguar acerca de nosotros y a través de nosotros acerca de Cristo y de su amor por la iglesia, y el testimonio evangelístico de esta congregación y de cualquier otra sería más eficaz que un millón de campañas y reparto de folletos.

Mirad a vuestras esposas, son bellas, son tiernas, no son perfectas, pero sólo están esperando un esposo capaz de amarlas y entregarse por ellas como Cristo lo hizo por su iglesia, para devolver multiplicado todo el amor y la atención que podáis darles. Siempre me ha maravillado la capacidad para amar que tienen las mujeres, no necesitan que Dios les diga que amen, ya lo hacen naturalmente. Nosotros somos mucho peores que Cristo, pero nuestras mujeres son mucho mejores amando que lo es la iglesia. Sólo que la iglesia no tiene dudas en reconocer a Cristo como su Señor, nuestras mujeres a nosotros sí, ¿por qué será? Yo te lo diré, porque no las hemos amado y entregado primero por ellas, como hizo Cristo con la iglesia. ¿Quieres ser el Señor de tu casa? Ya sabemos el camino, seamos como Cristo, hablemos con nuestra vida bien de nuestro Dios. Oremos.

Versículo de despedida:

Efesios 5:1-2

1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.


.
[1] Husbands and Wives as Analogues of Christ and the Church. Págs. 175 y 176. George W. Knight III. Cap. 8 en Recovering Biblical Manhood and Womanhood. Editado por John Piper y Wayne Grudem. Crossway Books. Wheaton, Illinois. 1991.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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La familia cristiana 1

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

La familia cristiana 1

Introducción

Algunos de los problemas más importantes que enfrenta nuestra sociedad a día de hoy, tienen que ver directamente con la dificultad que tenemos, como seres caídos, para relacionarnos con otras personas: violencia de género, acoso profesional, abusos sexuales, niños perseguidos por sus compañeros de clase y podríamos seguir poniendo ejemplos. Como decía el teólogo Francis Schaeffer[1] “la caída ha alienado al hombre no sólo de Dios, sino también de sí mismo y de las demás personas”. Es significativo que la primera reacción de Adán y Eva tras la caída, fuera exculparse a si mismos y buscar a otro para señalarle como culpable. En definitiva, somos pecadores que no sabemos vivir en comunidad, que cuando intentamos relacionarnos con los demás, más allá de las relaciones superficiales de cortesía, si nuestro contacto es suficientemente prolongado, nuestro pecado hace que choquemos, que nos enfrentemos, que nos acusemos, que sintamos celos, envidia, o ira, que nos hagamos daño y nos cueste soportarnos.

En profundo contraste con esta situación, de cuya realidad puede dar fe el contenido de cualquier telediario o página de sucesos (esposos que matan a sus esposas, hijos que huyen de su casa, padres y madres que maltratan a sus hijos) en el texto que hemos leído esta mañana, Pablo describe el nuevo comportamiento que debe caracterizar a ese nuevo hombre que ha muerto al pecado para resucitar espiritualmente y vivir en comunión con Cristo, y lo describe como algo radicalmente distinto.

La vida del hombre nuevo debe ser, lógicamente, una vida nueva caracterizada por una capacidad renovada para relacionarse con el prójimo. Una relación con el prójimo que el apóstol describe primero de forma negativa como una forma de comportarse que renuncia a la fornicación, la impureza, las pasiones desordenadas, los malos deseos, la avaricia y se despoja también de la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas y la mentira. Me temo que no absolutamente, sino el apóstol no tendría necesidad de exhortar a los Colosenses a que se despojaran de estas cosas, pero sí en potencia, en capacidad de cambio, como comportamientos que pertenecen al viejo yo, que por lo tanto ya no deben representar el patrón normal de nuestra vida y que deben ir muriendo inexorable y definitivamente conforme el cristiano madura y crece en santidad de vida.

En cambio, en forma positiva, la vida del nuevo hombre debe estar caracterizada por una entrañable misericordia, por la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, por el soportar y perdonar al prójimo siguiendo el modelo del perdón que hemos recibido de Cristo, y sobre todo, por el amor, la paz y el agradecimiento. Por desgracia también, si este fuera el comportamiento constante de cada uno de nosotros, tampoco tendría el apóstol necesidad de exhortarnos al mismo.

Sin embargo, es verdad que esta es nuestra nueva capacidad en Cristo, esta es la nueva vida para la que hemos nacido del Espíritu y no constituye un ideal inalcanzable, sino que el Señor nos lo demanda en nuestra vida diaria, y nos lo demanda porque nos ha dado, por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros, la capacidad de verlo realizado en nuestras vidas.

Ahora bien, en ningún lugar se hace más evidente la dificultad y el reto que supone poner en práctica los principios de la nueva vida, que ese hombre y mujer nuevos tienen en Cristo, que en el seno de la familia. La vida familiar es la gran piedra de toque. El contexto en el que se pone de relieve, a veces para vergüenza nuestra, el grado de nuestra madurez en Cristo. El lugar donde las virtudes de la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia y nuestra capacidad de soportar y perdonar, se ponen a prueba diariamente. Sencillamente por eso, es muy apropiado que el Espíritu Santo, tras inspirar a Pablo el pasaje hasta el versículo 17 del capítulo 3, pase a hablar de lo que la entradilla de algunas de nuestras Biblias definen como los “deberes sociales de la nueva vida”. Deberes de las esposas, los maridos, los hijos, los padres, y también de los siervos y los amos. Es decir, las relaciones personales más importantes que se daban en el contexto de la vida del hogar en el siglo I.

Me gustaría que hoy nos centráramos en el mandamiento que dirige el apóstol al primero de estos sujetos: las esposas. Lo siento señoras, no es culpa mía, el apóstol empieza por ahí. Pero, Dios mediante, el día 15 nos centraremos en exclusiva en los deberes de los esposos, y más tarde de los padres, y siempre con nuestra mente puesta en una idea: que en ningún lugar se debe hacer más evidente nuestra nueva vida en Cristo, nuestra nueva capacidad para relacionarnos con el prójimo, que en el seno de nuestra propia familia. La práctica de la nueva vida, debe empezar en casa. El señorío de Cristo sobre nuestra vida, debe encontrar antes que en ningún sitio, expresión práctica en los quehaceres y experiencias propias de la rutina del día a día en el seno del hogar. Veamos lo que a las casadas el Señor a través de Pablo y una advertencia, a ti marido u hombre joven todavía no casado, no tienes permiso para dormir. Entender bien esto es importante también para ti. Empecemos.

Análisis del pasaje

El apóstol, como hemos dicho, empieza con una palabra dirigida a las esposas:

Colosenses 3:18

18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.

Toma ya. Aquí tenemos una idea que hoy es, desde luego, totalmente contracultural. Y el caso es que no es una idea mencionada una única vez y de pasada, sino que es un mandamiento reiteradamente expuesto en las Escrituras, entre otros pasajes también en Efesios, donde el propio Pablo amplía su pensamiento añadiendo otras observaciones:

Efesios 5:22-24

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Estas son palabras que hoy en día son mal recibidas, y no ya sólo por las personas del mundo, sino también por muchos en el mundo evangélico y que objetan seriamente a este mandamiento del apóstol. ¿Por qué? Las objeciones a esta enseñanza se pueden resumir a grandes rasgos en las siguientes posturas[2]: muchos objetan que estas palabras no le fueron inspiradas a Pablo por el Espíritu Santo, sino que representan sus propios prejuicios machistas judíos sobre el tema. Los que esto dicen se transforman a si mismo en jueces de la Palabra de Dios, jueces con capacidad de decidir lo que es inspirado y lo que no, según sus propios gustos, las modas de los tiempos o prejuicios personales. Creo que no es necesario advertir, el abismo teológico al que conduce tal postura.

Otros dicen que la visión de Pablo está distorsionada porque se basaría en Génesis 2, que enseñaría la desigualdad entre los sexos, un texto interpolado que en realidad sería una glosa rabínica, mientras que el texto divinamente inspirado sería Génesis 1, que enseñaría la total igualdad de los sexos. Aparte de que no existe esta diferencia entre Génesis 1 y 2, evidentemente, esta teoría se basa en la presuposición de que el Pentateuco, y específicamente el libro de Génesis, es un conglomerado de textos de diversos autores, unos inspirados y otros no, cuya procedencia resulta que sólo los críticos liberales modernos sería capaz de establecer, un camino que, una vez más, nos lleva a quedarnos en manos de los caprichos del teólogo de turno para que nos diga si un versículo en concreto de la Escritura es inspirado o no.

Pero la crítica más frecuente es la de los que dicen que esta enseñanza de Pablo es algo puramente cultural y transitorio, y por tanto no tiene aplicación para nuestra cultura hoy. Es curioso que a ninguno de los que dicen esto se le ocurre decir que el versículo 19 es cultural y que, por tanto, los maridos no tienen obligación de amar a sus mujeres o de no ser ásperos con ellas. Desde luego, es absurdo hacer una división tan arbitraria de un texto que en origen ni siquiera estaba dividido en versículos. El quid del asunto, el problema para los que no se sienten cómodos con este texto, está en que Pablo dice que, el que las casadas estén sujetas a sus maridos es algo que conviene en el Señor. Cualquiera que haya vivido durante un tiempo en otra cultura, como yo mismo en la brasileña, y más si es muy diferente a la nuestra, sabe perfectamente que hay cosas que convienen a una cultura, y son extremamente inconvenientes en otra. En Brasil, al menos en el Ceará, todo el mundo se toca mucho, una dependiente de una tienda te cogerá del brazo para llevarte a la sección correspondiente, o se dirigirá a ti utilizando expresiones cariñosas que aquí reservamos para marido o mujer. Aquí sería extremamente inconveniente que una dependienta del Corte Inglés se dirigiera a ti como “amorcito”. ¿No es cierto? El problema es que Pablo no dice que la sumisión de la esposa a su marido sea culturalmente conveniente, sino que es conveniente, apropiada, en el Señor. Es el Señor, nuestro rey y nuestro soberano, el que determina lo que es conveniente en este aspecto o no. Y esto vale tanto en positivo como en negativo. Por ejemplo, hay algunas cosas de la vida cotidiana de nuestra sociedad que están culturalmente aceptadas, e incluso se consideran convenientes, pero cuando reflexionamos acerca de ellas en el Señor, nos damos cuenta de que no son apropiadas para un cristiano[3].

Pues bien, lo apropiado para el Señor, lo que conviene para mostrar en el contexto de la familia esta nueva vida en Cristo a la que el creyente está llamado, es que la esposa se someta en el contexto de la familia al liderazgo de su marido. Esto es así, ¿Pero qué quiere decir esto exactamente? Veamos: La palabra sujetas (ὑποτάσσεσθε), que se aplica a las casadas, es un término compuesto que viene del mundo militar, donde los soldados estaban (ὑπο) bajo (τάσσω) ordenar, es decir, bajo las ordenes de su oficial. Es el término que se utiliza en Lucas para describir a Jesús en sujeción a José y María, también el que emplea Pablo para decir que debemos someternos a los mandamientos de la ley de Dios, o el que se utiliza para indicarnos que debemos someternos en la sociedad a las autoridades y a los gobernantes establecidos por Dios.

¿Qué se deduce de esto? Sencillamente que, en el seno de la familia, la esposa, siendo igual en Cristo que su marido, teniendo la misma importancia, la misma dignidad y el mismo valor que el hombre, tiene sin embargo el mandamiento a seguir el liderazgo espiritual de su esposo. Es decir, es una sumisión funcional, como la que hay en la vida civil o en el ejército, no una inferioridad en dignidad o en valor.

¿Cómo se realiza esta sumisión funcional? Esta pregunta es importante porque es necesario destacar que hay una diferencia entre la palabra dirigida a las esposas, estad sujetas, y la dirigida a los hijos y a los siervos obedeced en todo. No es solamente que la palabra sea diferente, como luego veremos, es que, sin entrar en detalles técnicos, la voz del verbo en el caso de la palabra dirigida a las casadas, sugiere una sumisión libre, voluntaria, mientras que la forma verbal de la palabra dirigida a los hijos y a los siervos, es una imposición, un auténtico mandato. Este dato es muy importante, y los esposos harían bien en estar atentos también a lo que voy a decir, porque la esposa es llamada a un acto libre en amor. Pablo ya nos había dicho en la epístola a los Gálatas que:

Gálatas 3:28

28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

En Cristo Jesús todos somos iguales y todos somos libres, pero la libertad ejercida en el Espíritu, se manifiesta en autodisciplina y amor por el prójimo. Cuando la esposa está en plena posesión de su libertad y puede afirmar su completa igualdad con su marido, entonces puede someterse gozosamente a él, de forma voluntaria, como un acto de amor, amor por su marido, pero sobre todo amor al Señor, que es el que solicita este comportamiento humilde en la esposa. Si la igualdad o la libertad están ausentes, como sucede en el mundo del Islam, la sumisión no tiene ningún significado ni valor moral. La sumisión sin libertad, por lo tanto sin voluntariedad, se convierte en un acto forzado carente de belleza y de amor, y se transformaría en la negación del evangelio y del amor matrimonial. Esto quiere decir que las esposas tienen el mandamiento del Señor de ser sumisas a sus maridos, pero un marido imponiendo, forzando la sumisión de su esposa, es un acto que no tiene sentido, hace perder a la conducta de la esposa cualquier tipo de valor, es una negación del amor matrimonial.

Renunciar a nuestros derechos es el privilegio de la libertad y una expresión de amor. Lo que se os pide a vosotras, esposas, tiene aspectos en común con lo que Pablo hace cuando recomienda a los cristianos que limiten o se abstengan de realizar comportamientos lícitos por amor a otros cristianos cuya conciencia resultaría afectada. Cuando penséis en lo que significa la sumisión para vosotras es bueno que recordéis la voluntaria autolimitación de Cristo, que toma forma de siervo, por amor, para venir a entregarse, a humillarse, dice Filipenses, por nosotros. Si el acto de Cristo hubiera sido forzado, no tendría ninguna significación ni valor moral para nosotros. ¿Verdad? Pues igualmente, la sumisión de las esposas a sus maridos, debe ser un acto libre y voluntario, realizado en amor, con el propósito de agradar a Dios, y teniendo en vista el funcionamiento armonioso y el buen orden de la estructura familiar.

Cuando pensamos en la contraparte de este mandamiento, la dirigida a los esposos para que amen a sus mujeres, inmediatamente nos viene a la mente que Pablo en Efesios lo equipara al amor sacrificial que Cristo tiene por su iglesia. Pero si el mandamiento a los esposos tiene como modelo el comportamiento de Cristo, es importante darnos cuenta de que, aunque de forma menos explicita, lo mismo ocurre en el caso de las mujeres.

El comportamiento de Jesús enseña a las esposas lo que significa comportarse según un modelo, no de auto afirmación, sino de auto entrega. Ver a Cristo, en amor, ciñéndose para lavar los pies a sus discípulos es un modelo para el liderazgo masculino, pero no lo es menos para la libre sumisión de las esposas. Los que ven este pasaje de Colosenses con los ojos críticos de la cultura moderna, piensan que es un texto destinado a perpetuar las relaciones patriarcales de dominio y opresión, que tanta violencia y abusos han producido, pero los que leemos este pasaje con los ojos del Espíritu, comprendemos que estas palabras, como también las que se dirige al hombre a continuación, son el resultado natural de la ética del reino de Dios, una ética que Jesús expresó con estas palabras:

Mateo 20:26b-28

26 …el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

La sumisión cristiana significa percibir las necesidades y preocupaciones de otro como más importantes que las de uno mismo, y ese es en definitiva el Espíritu que movió a Cristo a ser sumiso a la voluntad del Padre, ocuparse más de nosotros que de sí mismo.

Hay un ejemplo en la Escritura que creo que captura perfectamente el espíritu que está implícito en la sumisión de las esposas a sus maridos dentro del matrimonio cristiano y es la sumisión del buen samaritano a las necesidades ese extranjero, indefenso y medio muerto que se encuentra tirado al borde del camino[4]. Pensemos en la parábola del buen samaritano, si tuviéramos que resumir en una frase el espíritu que mueve a cada uno de los protagonistas podríamos decir algo como esto: los ladrones actuaron bajo el siguiente principio: “lo que es tuyo es mío y voy a cogerlo de ti”. El sacerdote y el levita, que pasaron de largo, actuaron bajo este principio: “lo que es mío es mío, y voy a mantenerlo en mi poder”. Pero el buen samaritano actuó según un principio muy diferente: “lo que es mío es tuyo, y voy a utilizarlo para suplir tus necesidades”.

Esto es, en definitiva, lo que significa la sumisión para la esposa cristiana, este es el misterio del reino que el mundo no entiende, porque sólo se puede entender con la capacidad que da el Espíritu: Un acto libre de amor que busca la armonía y el bienestar en el hogar, un despojarse voluntariamente para hacer lo que conviene en el Señor, lo que cumple y satisface la voluntad de Dios, porque es amor sacrificial. Un testimonio al marido, a los hijos y a la sociedad, de que es posible encontrar la realización plena de la personalidad, no en la búsqueda egoísta del interés propio, sino en el servicio y el amor desinteresados al prójimo.

Conclusión

En definitiva, hermanas, pues hoy me dirijo especialmente a vosotras. Este no es un texto, como os quieren hacer creer, destinado a aplicar una presión en las mujeres para que se sometan por la fuerza a una cultura de violencia y de abuso contra la mujer. Sino una exhortación a poner en práctica en vuestra diaria, como casadas, los principios de la nueva vida en Cristo, que nos llama a la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia y el amor, que se expresan por medio de la entrega a los demás, de la renuncia voluntaria a vosotras mismas, a imagen del Señor. Poniéndoos en situación de servir a los demás como Cristo os sirvió a vosotras, voluntaria y libremente.

El mundo ve la posición de la esposa en el matrimonio cristiano como si las casadas pasaran a convertirse en súbditas y tuviesen que prestar homenaje al hombre sentado en el trono del hogar. Seguro que hay maridos que piensan que es así, pero esto sencillamente es falso. Pero es que, además, la visión alternativa del matrimonio que tiene el mundo tiene como único fundamento la búsqueda del interés propio. La mayoría de los matrimonios hoy se construyen consciente o inconscientemente sobre el cimiento de la siguiente declaración: “Mis necesidades vienen en primer lugar”, y cuando ambos piensan esto, lo que generalmente ocurre es que ninguno de los dos ve sus necesidades satisfechas, y por eso no es extraño que se estén batiendo todas las plusmarcas de divorcios. El mundo tiene miedo al concepto de sumisión porque no puede entender a Cristo ni tiene la mente de Cristo, así que lo que las esposas y esposos del mundo acaban haciendo, aún sin darse cuenta, es comprometerse firmemente en la búsqueda de la felicidad propia. Y cuando dos personas pecadoras, y por lo tanto egoístas, se comprometen mutuamente a buscar cada uno la felicidad propia, el desastre es casi inevitable.

Pero los cristianos tenemos un orden de valores diferente, subversivo. Estamos comprometidos con un orden nuevo, el del reino de Dios, un orden en el que el primero es el que sirve a los demás, y el más grande es el que se entrega como siervo a las necesidades del otro, un orden basado en el amor, en que cada uno mira no por sí, sino por lo del otro.

Hay una adaptación del cuento clásico de Pinocho en el que esta marioneta de madera, centrada en si misma y en sus necesidades, se le da una nariz que crece con la mentira, para curarla de su egoísmo y llevarla al arrepentimiento. Pero cuando esto falla, se le permite hacer un viaje por el infierno, con el objetivo de ver si esto consigue conmover a Pinocho y llevarle a la virtud. Allí tiene oportunidad de conocer a una bailarina de ballet y a un carpintero, tan centrados la una en el baile y el otro en su trabajo, que nada de lo que hace o dice Pinocho consigue llamar la atención de ellos. Y dice el autor: “Fue en ese momento en el que Pinocho pudo ver, como en un fogonazo, que en el infierno todos son dejados a sí mismos, para hacer solamente aquello que desean hacer y no fijarse en nadie más que en ellos mismos”[5]. Me parece una buena descripción del infierno, poética, pero buena. Un mundo en el que las personas sólo se preocupan por sí mismas, sólo están centradas en si mismas y sólo se pueden fijar en si mismas. Un auténtico infierno. A veces nuestro mundo se parece a esta descripción.  Que jamás sea así en nuestros matrimonios. Oremos.

Lectura de despedida:

Gálatas 5:13

13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

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[1] Schaeffer, F. True Spirituality. Wheaton, Ill.: Tyndale, 1973. Citado por MacArthur, J. Colossians. Chicago: Moody Press 1996, c1992.

[2] MacArthur, J. (1996, c1992). Colossians. Chicago: Moody Press.

[3] Garland, David E. NIV Application Commentary. Colossians. Pág. 244. Zondervan. Grand Rapids, 1998.

[4] Supra. Garland, David E. NIV Application Commentary. Colossians. Pág. 265.

[5] Burtchaell, J. Philemons Problem, citado en: Supra. Garland, David E. NIV Application Commentary. Colossians. Pág. 263.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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JUDAS- LA SOLUCION

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

Introducción

El domingo pasado iniciamos un breve estudio de la epístola de Judas. En la primera parte de nuestro examen, ni mucho menos exhaustivo, de esta pequeña epístola, vimos como Judas era un hombre sinceramente preocupado por el bienestar de los creyentes. Tan preocupado como para escribir una carta llena de pasión, de energía, en la que describe con los términos más duros a los falsos maestros que introducidos subrepticiamente en la iglesia están pervirtiendo el verdadero evangelio.

En la primera parte de nuestro estudio vimos como Judas nos exhortaba a todos a contender ardientemente por la fe, no por nuestra fe subjetiva, sino por la revelación entregada una vez para siempre, por los apóstoles y profetas de Dios, y que está contenida en la Escritura. Este contender ardientemente es la antitesis de la indiferencia, del desinterés, del “preocúpense otros”, es un llamamiento de parte de Dios a tomarnos muy en serio este tema.

Análisis del pasaje

Pues bien, si estás comprendiendo que este llamamiento es para ti, hoy vamos a estudiar cómo hacerlo real y para ello nos vamos a trasladar al final de la epístola. En medio, dejaremos toda la descripción del castigo que vendrá sobre los falsos maestros y los que los sigan, para ir directamente hasta la parte en que Judas nos da sus instrucciones. Son dos secciones que abren de la misma manera: Pero vosotros, amados. Se trata de los versículos 17 al 19 y 20 al 23.

Fijaos en algo interesante: esta forma de iniciar ambas secciones nos marca un fuerte contraste entre lo que son, dicen, hacen y el destino que les espera a los falsos maestros, del que nos ha hablado antes, y sus discípulos, y lo que son, deben decir, hacer y la esperanza que tienen los verdaderos discípulos de Cristo. Empezando, con la primera sección:

Judas 17-19

17 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.

¡Tened memoria, tened memoria! Al terminar la carta, el primer consejo de Judas, consiste en insistir en que seamos conscientes de la realidad de la presencia de estas personas entre nosotros. ¿Por qué es necesario enfatizar tanto este hecho? ¿No lo ha dicho ya al principio de la carta? Y sin embargo Judas siente la necesidad de apelar una vez más al abundante testimonio apostólico que ya repasamos el domingo pasado. ¿Será que por alguna razón somos especialmente propensos a olvidar esta realidad?

Fijaos en una cosa, por un lado, todos sabemos que existen burladores, a poco que demos testimonio de nuestra fe saldrán a nuestro paso con frecuencia. Hoy en día la calle, el trabajo, aún la familia está llena de gente que considera todo lo que tenga que ver con la Biblia sencillamente como un cuento chino, gente que considerará nuestra fe en Dios no sólo como una excentricidad, sino como una evidencia de nuestra ingenuidad y de nuestra ignorancia, y muchos de ellos no perderán la ocasión de burlarse de nuestra fe.

Pero lo que no esperamos de verdad, pensadlo, no lo esperamos, y por eso Judas y los apóstoles necesitan recordárnoslo con insistencia, es que vayamos a encontrar burladores dentro de la mismísima iglesia. Gente que haga mofa de nuestra creencia en el relato bíblico de la creación o el diluvio, o que nos considere supersticiosos o tontos por creer en la realidad de los milagros, o estrechos por no abandonar la moralidad bíblica y adaptarla a la del mundo moderno, y así muchas otras cosas. Eso ya nos sorprende más, no nos lo esperamos, y por eso cuando vemos a estos maestros ayudándonos a comprender la Escritura de una forma que no resulte ofensiva para la mentalidad del mundo, echándonos una mano a la hora de destruir viejas formas de interpretar la Escritura, mostrándonos los errores y las limitaciones de la Biblia a la hora de practicar sus enseñanzas en una sociedad moderna, adaptando la Biblia al mundo, corremos el peligro de decir: “¡vaya, qué interesante! Yo sufriendo oprobio y menosprecio por defender mi fe, y resulta que se puede ser cristiano y ser moderno, tolerante, no tener prejuicios de superioridad con respecto a otras religiones y que así no me llamen fundamentalista, aceptar las teorías científicas para el origen del universo y la vida que vayan proponiendo los evolucionistas ateos y así no parecer ignorante, adaptar el orden la iglesia a las demandas del feminismo y no ser tildado de machista, abandonar la creencia en que los milagros descritos en la Biblia ocurrieron de verdad en la historia, y tener el respeto intelectual de los teólogos progresistas, e incluso descubrir que en realidad la Biblia no condena la homosexualidad, y así obtener el respeto de gays y lesbianas, y aparecer ya como el colmo de lo bueno, inteligente, abierto y sensible. Sólo podría mejorarlo aún más, y es si yo mismo salgo del armario, entonces seré ya la repera, habré alcanzado el nirvana de la modernidad, el olimpo de lo políticamente correcto, seguro que hasta me saca en su dominical algún periódico. Lástima que nunca hayan ido por ahí mis tendencias, que si no se iban a enterar de lo que es salir del armario con estilo…

Y todo esto se lo debemos a estas maravillosas personas, que me han descubierto que se puede ser cristiano y ser absolutamente guay y en la onda al mismo tiempo. ¿No es fantástico?… No, tened memoria, tened memoria, son burladores, también los hay dentro, que convierten en libertinaje la gracia nuestro de Dios, es decir, toman la bondad de Dios como pretexto para una vida de pecado. Niegan la autoridad de nuestro señor Jesucristo, puesto que desprecian las Escrituras. No andan según los mandamientos de Dios, sino según sus malvados deseos. Traen divisiones a la iglesia, al introducir doctrinas extrañas: Son sensuales, puesto que siguen las pasiones de su carne, y no tienen al Espíritu de Dios, por más que se proclamen cristianos. Y ante esta gente, gente como la del artículo que me envió Alberto el pasado lunes, publicado en una revista evangélica, gente que dice que es una desgracia que un pastor se arrepienta de haber cometido adulterio homosexual, porque así avergüenza y reprime a los jóvenes de su iglesia que les gustaría practicar la homosexualidad tranquilamente, ante este tipo de gente yo hago mío lo que decía el apóstol Pablo:

Filipenses 3:18

18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo;

Así que estemos atentos, y no nos sorprendamos si nos encontramos dentro de la iglesia con los enemigos más mortalmente peligrosos de los creyentes, más capaces de desactivarnos, de sumergirnos en la duda y de llevar nuestro comportamiento de vuelta al mundo, en contra de la fe dada una vez a los santos. La enseñanza clara del Nuevo testamento es que nuestra fe será continuamente atacada desde dentro, no seáis tan ingenuos que creáis a todo aquel que os ofrece un acomodo entre el mundo y la fe cristiana, solamente porque es pastor, teólogo o se llama cristiano. ¡Cuidado! Si escucháis todas las opiniones de las iglesias de Madrid a día de hoy y no encontráis a los lobos no es porque no los haya, sino porque no estáis pensando con discernimiento bíblico.

Así que la primera medida que hay que tomar es ser precavidos, y entramos en la segunda sección, que a su vez se divide en dos partes, la de las medidas que debemos tomar respecto a nosotros mismos, y las que debemos tomar respecto a los falsos maestros y sus seguidores:

Judas 20-23

20 Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.22 A algunos que dudan, convencedlos.23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.

Para empezar, respecto a nosotros mismos, si queremos contender ardientemente por la fe dada una vez a los santos, a parte de estar prevenidos, debemos hacer cuatro cosas:

La primera, v.20: Edificarnos sobre nuestra santísima fe. Ya hemos visto que en esta epístola la palabra fe es casi un sinónimo del contenido doctrinal del evangelio, así que antes de entrar en batalla, debemos estar bien informados y convencidos de las verdades de nuestra fe. Debemos asegurarnos de nuestro crecimiento personal, estudiando las Escrituras en privado y asistiendo a los cultos de la iglesia en los que la Palabra es enseñada y explicada.

Por desgracia vivimos en una sociedad en la que hay poco énfasis por la verdad. A la gente le interesa más si algo funciona o no, y la verdad ha pasado a ser algo relativo, algo que depende de la conveniencia personal, de la cultura, de la época. “Respeta mi verdad y que yo respeto la tuya” parece ser el lema de esta época, pero para los cristianos solamente hay una verdad y esta nos ha sido revelada en la Escritura mediante el Espíritu Santo. Un síntoma de los tiempos que nos ha tocado vivir es que incluso decir que sólo hay una verdad, resulta ofensivo para muchas personas, pero nosotros, en lugar de dejarnos contagiar por este espíritu, debemos recuperar el sentido de la naturaleza diabólica de la mentira y de la falsa enseñanza, y con ayuda de la Biblia trazar límites precisos entre la verdad y el error. ¿Cómo lo haremos sino conocemos la Escritura? No sólo nos perjudicaremos a nosotros mismos, perjudicaremos a los que nos rodean por no saber darles una orientación clara acerca de lo que es verdad, y muchos de nosotros, como padres, vamos a contraer una responsabilidad aún mayor por no poder guiar a nuestros hijos.

¡Sed estudiantes diligentes de la Biblia, asistid fielmente a las reuniones en que se estudia la Palabra, cada una es una oportunidad de crecimiento que no se va a recuperar, pensad también en vuestros hijos y traedles a la escuela dominical, quizá sea uno de los mejores legados que les vayáis a dejar!

La segunda cosa que debemos hacer para estar protegidos y preparados, viene también en el v.20: orad en el Espíritu Santo. Las exhortaciones a que oremos, sin cesar, en toda ocasión, son numerosas en la Palabra y las conocéis bien. Respecto a la necesidad de orar solamente me gustaría llamaros la atención sobre dos cosas.

La primera tiene que ver con el verbo que se utiliza al principio del versículo: edificándoos. Judas utiliza aquí una imagen, la de la construcción de un edificio, que está sacada de la idea de la iglesia como nuevo templo de Dios. Tanto en el estudio, como en la oración, Judas desea que nos embarquemos en una experiencia comunitaria. A lo largo de toda la historia de la salvación, Dios siempre ha trabajado  en un pueblo y mediante un pueblo: el pueblo de Dios. Aunque la salvación sea una experiencia individual y el estudio de la Palabra o la oración también puedan serlo, siempre serán experiencias incompletas mientras no se experimenten también en el seno del cuerpo de Cristo. Esto significa que la experiencia de la oración comunitaria es parte de la edificación del cuerpo de Cristo y una experiencia necesaria para nuestra fortaleza espiritual.

Podemos sugerir días u horas más convenientes para el culto de oración, pero desentendernos de esta reunión semanal es un error que perjudica nuestra vida espiritual. Podemos hacerlo, pero inevitablemente pagaremos un precio por ello. ¿Vale la pena pagarlo? Creo sinceramente que muchos de vosotros, pensando en la cantidad de trabajo que tenéis, en los niños, en la necesidad de descanso, pensáis que sí, que el posible beneficio de la reunión de oración no compensa en términos del sacrificio que hay que hacer por asistir a ella. No creo que aquel a quien llamamos Señor sea de la misma opinión. El pueblo de Dios necesita orar unido, que corazón lata al unísono, sintiendo lo mismo y pidiendo a Dios por las mismas cosas. Si crees que, conforme a su promesa, Dios está presente de una forma especial allí donde dos o tres personas se reúnen en su nombre, entonces no puede darte lo mismo orar solo, que juntarte al resto de los hermanos en el culto de oración, para rogar poderosamente al Señor por un tema.

Lo segundo que quiero decir respecto a la oración es que esta oración en el Espíritu Santo no es una especie de oración carismática especial. Orar en el Espíritu Santo es orar siendo guiado, influenciado, convencido y movido por el Espíritu de Dios. Es dejar que el Espíritu Santo te dé entendimiento de su voluntad, es vivir en santidad y comunión con el Señor para que el Espíritu de Dios controle tus deseos y motivaciones y ponga peso en tu corazón por determinadas cosas. Toda auténtica oración es oración en el Espíritu Santo, y lo que por desgracia hacemos a veces es hablarnos a nosotros mismos, porque estamos pensando sólo en satisfacer los deseos de nuestra carne, porque no hemos buscado la voluntad de Dios, o porque directamente estamos dando la espalda a Dios con nuestro comportamiento.

No creo que alguien que está creciendo en su santísima fe, en estudio de la palabra, en obediencia de vida, en confesión de pecado, que tenga su mente moldeada por el contacto con lo divino y se junte con el pueblo de Dios para compartir sus cargas y escuchar las necesidades y súplicas de otros santos, después pueda orar de otra forma que no sea en el Espíritu Santo. En cambio si mantenemos nuestra mente influenciada mayormente por el mundo, andamos desordenadamente y nos mantenemos aislados, ¿cómo estaremos siendo guiados por el Espíritu de Dios en el momento de la oración?

Pasamos al tercer punto al que Judas nos exhorta para mantenernos personalmente preparados para la lucha contra los falsos maestros, y es el que más nos sorprende: conservaos en el amor de Dios.  ¿Pero no era Dios el que nos guardaba en él, según dice el prólogo y el epílogo de la carta? Es cierto, Dios nos guarda en Él, pero tampoco debemos olvidar que nos dice:

Santiago 4:4

4 …¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Y no creo que haya una forma más sencilla de desenmascarar la enseñanza de los falsos maestros, que observar que indefectiblemente nos llaman a la amistad con el mundo. Así que la mejor forma de conservarnos en el ámbito del amor de Dios es sencillamente alejarse de la corriente del mundo y obedecer a Dios, guardar los mandamientos de su Palabra:

Juan 15:9-10

9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Respecto a las medidas personales, en cuarto y último lugar, somos llamados a esperar la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. Esta es también una excelente forma de protegernos frente a los falsos maestros: poner nuestra fe más allá del horizonte, aguardar la venida de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Por qué? Porque no hay mejor incentivo para una vida de santidad que esta expectación gozosa de la venida del Señor. Fijaos en algo muy significativo, cuando Pedro trata en su segunda epístola el tema de los falsos maestros, una epístola cuyo capítulo 2 reproduce casi exactamente el contenido de Judas, al hablar de estas cosas también añade:

2 Pedro 3:3-4,10-18

3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Resumiendo: Memoria de lo dicho por los apóstoles, estudio de la Palabra, oración en el Espíritu y expectación ante la venida del Señor, las cuatro claves que nos protegen del enemigo y nos preparan para contender ardientemente por la fe.

¿Y una vez que estamos preparados? ¿Cuál debe ser nuestra actitud respecto a los falsos maestros y sus seguidores? O lo que es lo mismo, ¿qué podemos hacer cuando vemos que un hermano deja de asistir al culto para empezar a frecuentar una iglesia donde se le enseña a no tomarse muy en serio la Palabra de Dios? ¿Qué hacemos cuando constatamos que un hermano, influenciado por las enseñanzas orales o escritas de un falso maestro, se está desviando de la fe, está empezando a acomodar la palabra al mundo? ¿Y qué hacemos cuando detectamos en nuestro seno, a alguien que está enseñando doctrinas que se apartan del depósito una vez dado por los apóstoles a la iglesia?

Judas distingue a estas personas en tres grupos y nos recomienda tres tratamientos. En principio, excepto el primer grupo, los que dudan, no parece sencillo determinar quien es quien, pero si nos fijamos en lo que nos recomienda el autor, tendremos una idea de a quién se refiere. El primer caso está claro:

Judas 22

22 A algunos que dudan, convencedlos.

Cuando veamos a un hermano dudar, tambalearse, influenciado por enseñanzas falsas, no debemos rechazarle sino utilizar nuestro propio estudio y conocimiento de la Palabra de Dios para mostrarle el camino correcto. Fijaos que esta es de nuevo una experiencia del cuerpo, una responsabilidad de todos, así que todos debemos estar preparados para defender nuestra fe.

Judas 23a

23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego;…

Si los primeros dudaban, por el contexto se diría que estos ya están tan influenciados por las falsas doctrinas que se requiere una acción más drástica. Hay momentos en la vida de la iglesia en que está en juego la salvación de las almas y no podemos detenernos en consideraciones de cortesía. Es necesario que prohibamos como iglesia la comunión con determinadas personas o instituciones, que utilicemos con humildad pero con determinación la autoridad pastoral para demandar un cambio de comportamiento o un alejamiento de determinadas influencias. Finalmente la iglesia no puede obligar a nadie a hacer lo que no quiere, pero al menos llega un momento en que ya no basta con razonar, es necesario incluso apartar de la comunión a alguien, para producir la vergüenza que lleva al arrepentimiento. En último lugar:

Judas 23b

23 … y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.

Lutero opinaba que este tercer grupo se refería directamente a los falsos maestros, él opinaba que el tened misericordia se refería únicamente a la compasión que uno siente hacia los que están perdidos para siempre. Muchos opinan que no, que siempre está abierta la puerta para la misericordia, para el perdón y la reconciliación. Me gustaría pensar esto, y es difícil discernir cuando una persona está tan endurecida que puede ser calificada como un falso maestro, pero el tenor de la epístola de Judas parece dar la razón más bien a Lutero, en el sentido de que poca esperanza para estos personajes que están desviando a los cristianos, debilitándoles y arrastrando hacia el error a muchos otros.

En cualquier cosa, es bueno notar que cualquiera que sea nuestra compasión, debe ser ejercida con temor, no pensando que somos tan fuertes como para ser inmunes a su nefasta influencia. La imagen que nos da Judas de ellos es horrible, muy gráfica: cuando habla de ropa utiliza la palabra que usaba para la ropa interior, en cuanto a contaminada por su carne, me temo que la referencia es sencillamente a la ropa interior manchada de excrementos. Así que de nuevo vemos aquí al Judas del que hablábamos la semana pasada, el que quiere transmitirnos en este caso todo su horror mediante palabras e imágenes muy fuertes. Sin medias tintas, digamos que de los falsos maestros debemos sentir directamente ¡asco!  ¿Qué te sugiere eso? ¿Tontearemos con ellos? ¿Les prestaremos atención? ¿Les invitaremos a casa? ¿O a pasar a nuestra mente? La imagen que nos sugiere Judas es de aborrecimiento total. Normalmente la natural cortesía, nuestra educación que nos invita a tratar bien a todo el mundo, puede llevarnos a comportarnos con falsos maestros como si lo que están haciendo no fuera tan grave. Pero cuando detectamos a alguien del que tenemos constancia que está torciendo las Escrituras, pensemos en el domingo pasado, alguien que nos dice que no debemos evangelizar, o que las religiones paganas tienen origen divino y pueden salvar, o lo que hemos visto hoy, alguien que afirma que la homosexualidad es un don de Dios que necesita ser disfrutado, no puede haber medias tintas, ¡es el momento de contender ardientemente por la fe dada una vez a los santos!

Conclusión

Termino hermanos, no seamos ingenuos, tengamos memoria, tengamos más temor de ofender a Dios que de ofender a los hombres, y tengamos pasión, pasión por la verdad de Dios. Luchemos por la fe. Se lo debemos a los que dudan, a los que están siendo tentados ahora mismo por el error, se lo debemos a nuestros hijos y a los que vendrán a la Alameda en el futuro, sobre todo, se lo debemos al Señor, a su gloria. A él sea la gloria por todos los siglos en la iglesia.

Oremos.

Lectura de despedida:

Colosenses 2:6-7

6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.

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© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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JUDAS- EL PROBLEMA

Posted by fielcristiano en julio 8, 2009

Introducción

El 5 de septiembre del año 2000 la iglesia católica hacia una declaración oficial firmada por el prefecto para la doctrina de la fe, el actual Papa que entonces era solamente cardenal, y confirmada por el Papa Juan Pablo II, titulada, como es habitual en este tipo de documentos, con las primeras palabras del documento en latín, “Dominus Iesus”.

Las reacciones ante ese documento no se hicieron esperar, algunos consideraron que era un texto que era manifiestamente inoportuno porque, defendiendo determinadas nociones católicas, perjudicaba el ecumenismo resucitando viejos contiendas. Ahora bien, lo más curioso de la polémica suscitada con ese documento, no era que la iglesia católica defendiese sus creencias, cosa bastante de esperar, sino más bien el tenor de las críticas que suscitó por su contenido entre muchos que se autodefinían como teólogos y teólogas cristianos.

Les preocupaba para empezar que las relaciones del cristianismo con otras religiones no se hiciesen partiendo de que se estaba en una situación de paridad, es decir de igual a igual, en cuanto a los contenidos doctrinales. Es decir, que el teólogo cristiano debía reconocer que la revelación bíblica no era más verdadera que cualquier otra revelación.

Pero lo que sobre todo resultaba, cito literalmente, “especialmente preocupante” a estos teólogos eran los aspectos de la declaración relacionados con la salvación. En efecto, el documento de respuesta de estos teólogos y teólogas cristianos, clamaba indignado: “¿Cómo puede decirse que los no cristianos se encuentran “en situación gravemente deficitaria” (n. 22) en relación con la salvación?” A lo que se añadía, y vuelvo a citar literalmente: “Algunas expresiones de la Declaración nos parecen, cuando menos, discutibles desde el punto de vista doctrinal y ciertamente ofensivas para las personas creyentes de otras religiones. Así, por ejemplo, cuando afirma que “a las oraciones y ritos (no cristianos)… no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica”. Es decir, según estos teólogos era una ofensa y algo doctrinalmente discutible, decir que las religiones no cristianas no tienen origen divino y no son eficaces para la salvación.

Además añadían: “Dominus Iesus afirma solemnemente que “Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la verdad. La salvación se encuentra en la verdad” (n. 22) Nosotros preguntamos críticamente: ¿sólo es posible la salvación cuando la verdad es conocida y poseída? ¿No asegura la salvación la búsqueda de la verdad?. Creemos que hubiera sido más acertado en este punto que la Declaración llamara a seguir los dictámenes de la propia conciencia.” Es decir la revelación bíblica de Jesucristo, el único camino al Padre, según sus propias palabras, la revelación de la luz y la verdad, cuyo conocimiento nos hace libres, no es según estos teólogos que se llaman a sí mismos cristianos, necesaria para la salvación, sino tan sólo que se esté buscando la verdad y se actúe en conciencia. Esa conciencia que según Romanos está entenebrecida por el pecado y es incapaz de vislumbrar a Dios. El documento de estos teólogos termina afirmando que lo importante para la salvación es ser coherente entre lo que uno hace y, cito literalmente, “las creencias, aunque no sean cristianas”.

Resumiendo hermanos, la Biblia no es más verdad que el Islam o el culto Shiva o a Buda, la salvación no es por la cruz de Cristo, sino por buscar tu verdad y ser coherente con lo que crees y es una ofensa y un presunto error doctrinal acercarse a un no cristiano como si sus oraciones o sus ritos no fuesen de origen divino o no fuesen suficientes para la salvación.

¿Qué teólogos son estos? ¿Cómo puede considerarse cristiano alguien que no cree verdaderamente en la verdad del evangelio de Cristo, alguien que piensa que en realidad da igual lo que crees, con tal de que seas sincero en tus creencias? ¿Alguien que, como consecuencia lógica, puede creer en el diálogo interreligioso, pero jamás en el evangelismo tal y como se presenta en la Biblia y como nos ordena Jesucristo? ¿Tal persona puede ser verdaderamente cristiana? Supongo que todos nosotros diríamos sin dudarlo que NO, tales personas, con tales opiniones destructivas jamás serían aceptadas como miembros de esta iglesia, ni jamás podrían tener comunión con nosotros como en el seno de una organización cristiana. Porque son falsos maestros, gente que promueve herejías.

Y después que decimos esto, y de que nos alegramos de estar a salvo de tan graves errores, y nos preguntamos casi en tono de mofa de dónde habrán salido tales presuntos teólogos cristianos, y nos alegramos de ser cristianos evangélicos, fieles a la Palabra de Dios, libres de tales peligros, cerramos los ojos y continuamos nuestra siesta. Ignorando que quienes firman esas palabras, junto con otros 75 teólogos y teólogas presuntamente cristianos de todo el mundo son el máximo responsable de la Sociedad Bíblica española, la institución responsable de las nuevas traducciones de nuestra amada Reina-Valera, y el del Consejo Evangélico de Madrid, el órgano que aglutina a los evangélicos de esta comunidad, ambos pastores bautistas.

Hermanos, este domingo y el próximo, Dios mediante, vamos a examinar lo esencial de una epístola que es sin duda de las menos leídas de todo el Nuevo Testamento, es una pequeña carta a la que no solemos prestar atención pero que contiene, como no podía ser de otra forma, un mensaje relevante para todos los tiempos, desde luego también para la actualidad, y que por tanto haremos bien en tomarnos muy en serio. Me refiero a la epístola de Judas, una pequeña arenga, breve y apasionada, de una persona que sentía de manera muy personal los problemas de la iglesia, y que tenía auténtico celo por alertar y aconsejar a los creyentes, para que estuviesen preparados para defender su fe. Algo que nos hace mucha falta hoy en día.

Porque hermanos, no podemos ser ingenuos, no podemos cerrar los ojos y actuar como si no estuviese pasando nada, como si los autores bíblicos que advierten y nos previenen acerca de los falsos maestros fueran unos exagerados, y los pastores que se los toman en serio, fanáticos que desean realizar una caza de brujas. No, eso es lo que los enemigos de la iglesia quieren que creáis, la verdad es mucho más sencilla, y es que en estos 2000 años de historia de la iglesia, no ha habido un solo momento en que la misma no estuviese en peligro, y por lo tanto no estuviese necesitada de que los auténticos creyentes, velasen por la pureza de su fe, y la fidelidad de su iglesia local a las enseñanzas del evangelio.

Por eso leamos ahora lo que el Espíritu Santo quiso dejar a la iglesia universal para instruirnos a este respecto hasta el retorno de nuestro Señor Jesucristo, y hagámoslo con temor reverente y fe, sabiendo que Dios no nos ha dejado estas advertencias en vano.

Análisis del texto

No vamos a realizar un examen exhaustivo de todos los detalles de la epístola, pero queremos dedicar al menos dos de los últimos domingos de este año, a prepararnos para los retos del que viene, dejando que Judas, hermano de Jacobo, un hermano en la carne del Señor, aunque el modestamente se presente como siervo de Jesucristo, nos exhorte a mantenernos fieles como iglesia ante los peligros que nos amenazan. Veamos lo que Judas tiene que decirnos porque abre su epístola de una forma absolutamente fantástica:

Judas 1-2

1 Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo:2 Misericordia y paz y amor os sean multiplicados.

Fijaos bien en la descripción que hace de los destinatarios: llamados, santificados y guardados en Jesucristo. Son tres verbos que declaran lo que Dios ha hecho con nosotros y nos dejan con una tremenda sensación de seguridad. Pero por si fuera poco, la oración de Judas es además que la misericordia, la paz y el amor nos sean multiplicados. ¿Qué más se puede pedir? Es el principio perfecto. Pero no se conforma con esto. No sólo abre la epístola transmitiéndonos confianza, sino que también la cierra de igual modo:

Judas 24-25

24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.

Fijaos en que nuestro Salvador no es un salvador cualquiera, sino uno que tiene, entre otras cosas, majestad, imperio y potencia, ahora y para siempre, es decir, un salvador que reina de forma todopoderosa por la eternidad en el universo. Si estuvieras al borde de un precipicio sujeto con las puntas de los dedos para no caer al vacío y necesitases un salvador, ¿podrías concebir a alguien con mayores garantías? Es el Salvador perfecto, pero es que además se nos ha asegurado de él que es poderoso para guardarme sin caída, y presentarme sin mancha delante de él y todo ello con gran alegría. ¡Qué alguien intente mejorar esto!

Sin embargo, este principio y este cierre, contrastan fuertemente con lo que Judas quiere decirnos, lejos de sentirnos seguros y confiados, Judas nos dice:

Judas 3

3 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.

En otras palabras, la promesa de victoria que tenemos en Cristo no significa que podemos confiarnos, soltar las armas y sentarnos a descansar, al contrario, la promesa de victoria cuenta con que lucharemos con valor. Judas es un general que nos promete la victoria, pero no para que nos vayamos a nuestra casa, sino para luchemos ardientemente.

La primera frase del versículo 3 es difícil de traducir, no está claro si Judas tenía deseos de escribir una carta amable acerca de la salvación, pero, se vio impulsado por la necesidad a escribir una carta muy diferente, o si como traduce nuestra Reina Valera, precisamente era este deseo el que le impulsó a escribir la carta. Lo que está claro es una cosa, Judas es un hombre apasionado, y eso lo habréis notado a lo largo de la epístola, las expresiones que utiliza, los adjetivos con los que define a los adversarios de la iglesia, los ejemplos que usa, todo ayuda a poner de relieve que en efecto, le ha sido necesario escribir la carta porque ha visto la gran importancia de exhortarnos en estos temas.

¿Y concretamente a qué nos exhorta? A que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Es decir a que luchemos, a que luchemos ardientemente, con la misma pasión que él está sintiendo, ¿quiénes? No los pastores solamente, sino precisamente todos los verdaderos creyentes, todos los llamados, santificados y guardados en Cristo. Esto no es una responsabilidad de los líderes, todos debemos sentir esta pasión y luchar con ardor, y el objeto de nuestra lucha es nada más y nada menos que la fe que ha sido una vez dada a los santos.

Y esto nos extraña, porque hemos dicho que nuestra posición en Cristo es asegurada enfáticamente tanto al principio como al final de la carta, ¿cómo entonces tenemos que luchar por ella? ¿Qué quiere decir el autor? A lo largo de la epístola de Judas, la palabra fe se utiliza para referirse no a nuestra fe subjetiva en Jesucristo, sino a la fe objetiva como conjunto de creencias que definen lo que es un cristiano. Es decir, no “fe” como nuestro sentimiento de confianza en la persona de Cristo, sino fe como conjunto de verdades que creemos y que hacen de nosotros auténticos cristianos.

Desde luego, es importante dejar claro que ser cristiano es principalmente tener una relación personal con Cristo, pero saber esto no debe llevarnos a olvidar que esta relación personal implica sostener toda una serie de verdades sobre él, sobre, sobre su obra, y también sobre el hombre, sobre la iglesia, sobre su misión en el mundo, etc. que son esenciales para podernos definir como verdaderos cristianos. Cuando estas verdades se pierden o se distorsionan el resultado no es solamente tener unas cuantas ideas equivocadas, sino que nos hace depositar nuestra confianza sobre un cimiento inadecuado, poniendo en peligro nuestra propia salvación.

Por ejemplo, pensemos en alguien que tiene una visión doctrinal distorsionada acerca de la pecaminosidad humana, de  nuestra capacidad o incapacidad para obedecer la ley de Dios. Pues según la idea que tenga de la capacidad humana, así depositará su fe para su salvación sólo en Cristo, o pondrá también su confianza en lo que pueda hacer por si mismo. Podríamos poner muchos otros ejemplos, pero este es suficiente si comprendemos que la vida interior de fe, no se puede separar de una serie de creencias doctrinales sobre el contenido de esa fe. Cuando las doctrinas esenciales están distorsionadas, también se distorsiona nuestra vida espiritual, nuestro corazón, nuestras emociones. Así que hay un cuerpo de doctrinas, en este sentido una “fe”, que nos define como cristianos.

Pues bien, de esa “fe”, Judas nos dice algo muy importante, trascendental, y es el hecho de que nos ha sido una vez dada a los santos. El sentido de griego está muy claro, es una sola palabra que significa de una vez por todas o una vez para siempre. Es decir, somos depositarios de un tesoro que nos ha sido entregado de una vez por todas, al que no tenemos derecho de añadir ni de quitar absolutamente nada, y por el que debemos contender ardientemente, para que de la misma forma que nosotros lo hemos recibido con pureza e integridad, así lo puedan recibir del mismo modo las generaciones que vengan después de nosotros.

Esto implica que el canon está cerrado, que la revelación, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo está finalizada, que todo lo que verdaderamente necesitamos para, como le decía Pablo a Timoteo, hacernos perfectos, enteramente preparados para toda buena obra, está en el depósito de la fe. A partir de ahora, cualquier declaración que pretenda ser verdad respecto a las creencias cristianas, debe medirse conforme a lo que nos ha sido entregado, como decía Pablo:

Gálatas 1:9

9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Hermanos, con excesiva facilidad damos por hecho que tenemos la Biblia, y que nuestros pastores y maestros nos instruyen fielmente en la Palabra de Verdad, pero si hoy tenemos algo llamado ortodoxia, si existen iglesias evangélicas fieles a la Biblia, sólo es porque otros antes que nosotros no se conformaron, sino que lucharon ardientemente, a veces entregando sus vidas. Pienso en los que murieron a manos de la inquisición aquí en España, los que huyeron por toda Europa pasando penalidades y dejándonos nuestra amada Reina Valera, o esos creyentes ingleses que sufrieron la tortura de ser quemados vivos por defender, por ejemplo, que el cuerpo de Cristo no está literalmente en un trozo de pan o en un vaso de vino, sino en el cielo sentado a la diestra de Dios. ¿Fueron unos locos? No, previeron las consecuencias destructivas para la verdadera que tenía y tiene la doctrina católica de la misa y dieron su vida por defender la verdad. Si todos se hubiesen callado, si nadie hubiese salido en defensa de la verdad bíblica, ¿qué habría sido de la iglesia, qué habría sido de nosotros?

Entonces hermanos, estamos llamados a luchar, el objeto de nuestra lucha es el depósito de verdades recibidas que constituye nuestra fe, un depósito entregado una vez para siempre, pero aún queda una última cosa en esta mañana por saber, aunque por supuesto está en mente de todos, ¿quiénes son los que están poniendo en peligro la fe dada una vez a los santos? Pues bien, esto es lo que nos dice Judas que estaba ocurriendo en el siglo I.

Judas 4

4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

Los que ponen en peligro la fe no son los gobernantes, ni los judíos, ni los sacerdotes paganos, son algunos hombres que han entrado encubiertamente. ¿Entrado dónde? En la iglesia, obviamente. El enemigo, es un enemigo interior.

¿Es esta una característica exclusiva del siglo I? El propio Judas es muy consciente de que en el resto de la Escritura nos advierte de este tipo de peligro:

Judas 17-19

17 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.

¿Cuáles son esas palabras de los apóstoles de las que debemos tener memoria? Repasemos solamente algunas:

1 Timoteo 4:1

1 Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

2 Pedro 2:1

1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.

Hechos de los Apóstoles 20:29-30

29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

El propio Jesucristo ya nos había advertido:

Mateo 7:15

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Así que el quid de todo el asunto es este: la Escritura nos advierte una y otra vez acerca de que los peores enemigos de la iglesia están dentro de la misma, que suelen definirse a sí mismo como cristianos, son lobos disfrazados con piel de oveja, y los cristianos incautos no los ven venir, sino que los tienen incluso por maestros y pastores. ¿Y qué diremos nosotros? ¡Bah, exageraciones! ¿Creéis que el Espíritu Santo dejo escritas esta amonestaciones y muchas otras para que las veamos como una curiosidad que no nos afecta, o para que nos las tomemos en serio y estemos alerta?

Alerta ante aquellos que le quitan el oprobio el evangelio, que lo hacen reconciliable con el mundo, que lo hacen parecer más tolerante, que retuercen la Escritura para quitarle aquellas cosas que escandalizan a los que no creen, o que no concuerdan con las modas de la sociedad, o que no encajan en la moral sexual del momento, y así hacer la vida de los creyentes más cómoda entre nuestra sociedad y con las propias demandas de nuestra carne. No os extrañe que se hagan populares, que aparezcan como hace unos meses en los dominicales de los periódicos, son pastores y ahora pastoras importantes, como la que ha predicado en la conmemoración oficial del día de la reforma en Madrid, presidentes de denominaciones, profesores de seminario, líderes destacados de instituciones cristianas, pero su interés no es la defensa de la fe, sino el poder, la influencia y la popularidad.

Conclusión

Hace poco uno abogaba en una carta abierta a su hija en Internet por las relaciones prematrimoniales; otro, el portavoz de medios de comunicación del Consejo Evangélico defendía las relaciones homosexuales, otro profesor de ética en un seminario, afirmaba que Pablo era un machista. ¿Asuntos de importancia menor? En absoluto, cuestiones que nos van a apartando de la Escritura, van minando nuestra confianza en la Biblia y hacen que la iglesia se parezca cada vez más al mundo. Lleva 2000 años ocurriendo, la fe una vez dada a los santos está en peligro. A Pablo, a Pedro, a Judas, esto le importaba muchísimo. La pregunta es ¿te importa a ti? Judas nos habla con un lenguaje tremendamente apasionado, altamente emotivo. ¿Despierta esto tus pasiones, tu celo por el Señor, te entristece y te indigna al punto de desear contender ardientemente por la fe que te han pasado tus mayores? Más vale que sea así por el bien del futuro de la iglesia.

Porque hablar hoy en día de defensa de la doctrina, hablar de dogmas, hablar de herejías, es muy impopular. Básicamente por dos razones: La primera porque nos trae a la mente imágenes de intolerancia, de disputas académicas, de divisiones. Nadie quiere las disputas, y a todos nos gusta ser amigos de todo el mundo, pero el punto de Judas es este: el deposito de verdades que nos ha llegado a través de los apóstoles y que nos ha sido dado una vez para siempre es innegociable, hay que defenderlo ardientemente. No importa que te disgusten las disputas, debemos evitar las disputas necias, pero hay cosas por la que hay que contender.

La segunda razón por la que hablar de doctrina no es popular, es porque muchos de los que asisten a las iglesias evangélicas no están enraizados en ningún credo. Hoy la tendencia en muchas iglesias es a promover una creencia lo más superficial posible, e incluso a crear iglesias interdenominacionales, donde las cuestiones doctrinales queden en segundo plano, donde lo que importa sea tener una relación con Jesús. Esto suena muy bonito, pero muchos creyentes no tienen un sentido de la historia, no saben de dónde vienen, no conocen lo que le ha costado a la iglesia la defensa de la fe, desconocen el altísimo precio de sangre sobre el que está construido, por ejemplo, que nosotros podamos hoy bautizar solamente a personas adultas que verdaderamente han creído en Cristo. O que podamos partir el pan y dar el vino en la santa cena, obedeciendo el mandato del Señor de repartir ambas cosas, o que podamos dirigirnos a Dios a través de Cristo sin necesidad de mediadores humanos. Esto ha costado toneladas de sufrimiento, miles de hermanos que contendieron en el pasado por la fe dada una vez a los santos. Que sintieron y compartieron la misma pasión por la defensa de la verdad que Judas.

Hermanos, termino, la verdad de Cristo nos hace libres, si apreciamos el poder de la Palabra de Dios y las bendiciones que nos trae a nuestra vida, seremos apasionados en defensa de la verdad, jamás toleraremos a los falsos maestros que entran encubiertamente destruyendo la fe. No nos dará igual que sucedan estas cosas, sino que el corazón se nos llenará de la misma indignación santa que a Judas. No seremos tan espiritualmente miopes como para pensar que no ocurre nada, que nadie amenaza el tesoro de la fe, que los falsos maestros, los habrá, si la Biblia dice que los hay, pero desde luego no están entre esa gente tan simpática, tolerante y sensible que forma las iglesias evangélicas, sino que deben estar en alguna secta diabólica. Abramos los ojos. Utilicemos nuestra mente. Desconfiemos con razón de los que quieren adaptar la iglesia al mundo, de los quieren eliminar cualquier motivo de ofensa al mundo, de los que se avergüenzan del evangelio, aferrémonos a la Escritura, y preparémonos para defenderla con ardor  y soportar las consecuencias. Veremos cómo dice Judas que debemos hacerlo, si Dios quiere, el domingo que viene.

Oremos.

Versículo de despedida:

2 Pedro 3:17-18

17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

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© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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