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La Generación que servimos

Posted by OSCAR ESQUIVEL en enero 17, 2009

Gabriel Salcedo

El servicio es la manifestación visible de una superabundante devoción hacia Dios

Oswald Chambers

El servicio que verdaderamente impacta, es aquel donde dejamos de lado el prestigio y la autoridad de nuestra posición, y servimos simplemente por el gozo de servir.

Christopher Shaw

Más allá de tratar de explicar las características del adolescente al que servimos desde el ministerio, quiero ilustrar las tendencias que marcan a esta generación. Como punto de partida explicaré tres actitudes de los adolescentes posmodernos. Luego daré algunas características de su contexto y por último, brevemente, veremos las etapas propias del desarrollo integral del adolescente.

Interiorización

En primer lugar podemos observar una especie de interiorización. Algunos afirman que los chicos de hoy pueden presentar, frente a los adultos, un especie de monaquismo, es decir, encerrarse en su celda interior y no darse a conocer. Esto es resultado de un cansancio de “oír palabras huecas, repetidas, huidizas y muchas veces con doble sentido o hipócritas. Entonces, renuncian al lenguaje hablado y privilegian el movimiento de sus cuerpos y de las imágenes. Para que el lenguaje hablado vuelva a ser utilizado la palabra tendría que recuperar su valor ético, casi de documento, que solía tener” como afirma el autor teatral Carlos Gorostiza.
Los adolescentes no son escuchados y esto da como resultado su silencio. En el caso de ser escuchados su palabra no es tenida en cuenta. Aún cuando tienden a exteriorizar sus sentimientos, pocas veces encuentran el ámbito para hacerlo.
Algunos se preguntan por qué el adolescente se encierra o crea nuevos códigos. La respuesta es que no ha sido escuchado, por esto s interioriza con sus códigos en su ámbito. Como afirma la socióloga Cecilia Barone “los adolescentes han reemplazado la palabra vacía de los significados que le dan los adultos por otro lenguaje de su preferencia, como las imágenes y la música”.
Otro de los factores que ha contribuido a esta interiorización es la incoherencia en los mensajes o las palabras de parte de los adultos. Los adolescentes no creen lo que no ven. Los adultos se esfuerzan en transmitir valores pero aún no han entendido que esta transmisión sólo se logra desde la autoridad que delega la transparencia y coherencia entre lo que se dice y se hace.

Una generación sin padres

En segundo lugar, servimos a una generación sin padres. El sacerdote Henri Nouwen afirmaba que “estamos frente a una generación que tiene personas que los han engendrado, pero no padres, una generación en la que todo el que reclama para sí algún tipo de autoridad, porque tiene más edad, porque tiene mayor madurez, porque es más inteligente o más poderoso, se convierte en sospechoso desde el principio”.
Propio del adolescente es el abrirse a nuevos vínculos sociales por lo que las figuras paternas o de autoridad quedan relegadas. Pero lo que quiero expresar aquí es que esta generación que servimos ve que los adultos no quieren envejecer ni aceptan las diferencias propias de la edad. El referente ha dejado de ser el adulto y hoy lo son los adolescentes. Los adultos se esfuerzan en permanecer jóvenes eternamente. Como dice el psiquiatra y reconocido autor Enrique Rojas estamos frente a una sociedad que le da la espalda a la muerte y todo aquello que signifique acortar el tiempo de vida.
Por un lado vemos a los adultos esforzándose por ser adolescentes y por otro vemos que la sociedad apura a los adolescentes para que pierdan rápidamente su inocencia. Esta contradicción traen como consecuencia la hostilidad de los chicos a toda propuesta de los adultos que hoy “son menores que ellos”. Pero no tanto sólo esto, sino que al ser silenciados por “los niños viejos” se produce una ansiedad que promueve la interiorización y sus consecuencia más tristes, como el suicidio.

El papel de sostén en la formación de la identidad de los chicos se debilita que la vejez es tomada como un insulto al desarrollo humano. Como afirma Cecilia Barone “una sociedad adolescente que sólo vive el presente no marca un rumbo aceptable para la realización de ideales; de allí el desánimo de muchos jóvenes al no poder encontrar su lugar”.
A medida que la autoridad del adulto se desintegra, los adolescentes son más y más cautivos los uno de los otros, según David Riesman. Como contrapartida de este cautiverio se rigen bajo un régimen mantenido por su pequeño círculo de amigos.

Henri J. M. Nouwen afirma:
“No les importa ser considerados por los adultos como descastados o abandonados a su suerte. Pero ser excomulgados por el pequeño círculo de amigos al que quieren pertenecer, resultaría para ellos una experiencia insoportable. Muchos jóvenes pueden incluso convertirse en esclavos de la tiranía de sus compañeros”.
Esto tiene consecuencias serias para el ministerio que llevamos a cabo ya que este desplazamiento de autoridad quita la posibilidad de un regreso a casa. El hijo pródigo ya no está interesado en volver sino en permanecer en el pequeño círculo de amigos. No ven como relevante el núcleo familiar.
Malinowski decía que “es imposible imaginar ninguna forma de organización social sin la familia”. La generación posmoderna pocas veces incluye a la familia en sus planes, evidente en divorcios, uniones civiles homosexuales, que desintegran el modelo clásico de familia para integrar nuevas uniones o círculos de pertenencia.

Ansiedad

En tercer lugar, como resultado de las dos características anteriores vemos una ansiedad en los adolescentes. La ansiedad es una vivencia de temor frente a algo difuso, vago, indefinido. Este temor se centra en la falta de propósito y en la muestra de una vida donde nada importa.
Los chicos de hoy descreen de toda propuesta de cambio de parte de los adultos ya que estos son los que han construido la realidad que los excluye, que los usa como consumidores pero no les da ni voz ni voto.
“La generación futura está buscando desesperadamente una visión, un ideal al que poder entregarse. Para llamarlo de otra manera, una fe. Pero su lenguaje drástico es a menudo incomprendido y considerado más una amenaza o una convicción testaruda que la petición de caminos alternativos de vida” dice Nouwen.
Algunos estudios sobre posmodernidad afirman que los jóvenes de hoy no se juegan por un ideal, como en otras épocas. A mi parecer creo que los adolescentes carecen, no tan sólo de modelos positivos para la formación de su identidad sino también una fe o un objeto de creencia auténtico. Están en la búsqueda de un ideal digno de su confianza, una fe fidedigna y eficaz en otros.

Su contexto

Tener conocimiento de la estructura integral de la vida del adolescente es un paso básico que debemos dar a la hora de involucrarnos en el servicio hacia ellos. Cuando el Señor Jesús se acercaba a las personas conocía sus necesidades y se interesaba, no tan solo por su eternidad, sino también por su actualidad.
Como líderes entre adolescentes debemos ser capaces de ver sus necesidades partiendo del contexto o realidades que los rodean (y forman), y sus características propias de la etapa de desarrollo que viven:

1. Los adolescentes están inmersos en un contexto…

Donde la familia no es valorada: por lo tanto, los adolescentes son víctimas de familias fragmentadas, donde cada uno hace lo que bien le parece, donde no existe la contención sino el abandono.

Donde lo más importante es lo que tenés: el consumismo ha hecho estrago en la vida de todos los seres humanos. Los adolescentes han aprendido el falso mensaje que dice que sos por lo que tenés. Esto, teniendo en cuenta su natural preocupación por ser aceptados trae aparejado ansiedad, soledad, tristeza y estrés. Como lo expresa Enrique Rojas en su conocido libro El Hombre Light: “el consumismo tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos crea falsas necesidades. Objetos cada vez más refinados que invitan a la pendiente del deseo impulsivo de comprar. El hombre que ha entrado por esa vía se va volviendo cada vez más débil”.

Donde se sobredimensiona la belleza corporal: los últimos estudios sobre belleza y estética hablan de una ruptura de la moda convencional y una búsqueda de un estilo personal. Sin embargo, los medios televisivos y gráficos siguen promoviendo un estilo absoluto que trae como consecuencia trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia, no solo en las chicas sino también en los varones.

Donde la diversión es sobrevalorada: hoy muchos traducen como significativo aquello que es divertido, de lo contrario no es importante. Esta forma de pensamiento lleva a que el adolescente no valore las formas e instituciones tradicionales como el colegio o la iglesia ya que hay sido catalogados de aburridos. Como consecuencia se han producido y desarrollado un sin fin de ofertas de entretenimiento como forma de vida, dejando a un lado las responsabilidades. Esta es una forma de hedonismo que se rige por una ley máxima de comportamiento que es el placer por encima de todo, cueste lo que cueste, así como el ir alcanzando progresivamente el mayor bienestar.

Donde la tecnología promueve la individualidad y la falta de atención: los juegos en la computadora, el DVD, el celular y sus juegos, el box del ciber y la televisión promueven que las personas se despersonalicen. Es decir, que desarrollen un rol diferente, que se alienen de la realidad y no desarrollen relaciones o, lo que peor, rompan con ellas de manera agresiva (familias, amigos, novios, etc.). Esto también promueve la falta de imaginación o de los elementos que la desarrollan (lectura, escuchar un sermón, etc.) y la inercia en el momento de atención. El último estudio sobre consumo cultura desarrollado en la Argentina por la Secretaría de Medios de Comunicación del gobierno Nacional reveló que el 52% de los argentinos no han leído un libro en el último año (La Nación 26/12/05). Esto refleja que el compromiso con la imaginación y el desarrollo intelectual está abandonado

Donde los grandes ideales han desaparecido: el proyecto de vida ha desaparecido para esta generación. La lucha por altos ideales ha sido reemplazada por la apatía y la crítica sin fundamentos ni nuevas propuestas. Hoy todos se quejan de todo y no proponen una alternativa coherente. Los adolescentes han aprendido este hábito y los ha llevado a descreer de todas las cosas y a fundamentar sus ideas en sus propios sentimientos y no en convicciones. El hombre de hoy es frío, no cree en casi nada, sus opiniones cambian rápidamente y ha desertado de lo valores trascendentes, como dice Lipovetsky estamos en la era del vacío.

Donde nada es perdurable: las generaciones anteriores permanecían en sus emprendimientos por décadas (ya sea negocios, familias, iglesias, etc.). Hoy todo es “temporario”: desde el empleo por contrato, hasta parejas que se juntan por un tiempo. Esto presenta un desafío para el adolescente ya que los niveles de ansiedad y competitividad son enormes.

Donde la violencia es extrema: violaciones, robos, insultos, abusos de todo tipo, golpes, suicidios son algunos de los ingredientes que existen en los colegios, en las familias, en la iglesias y cada pequeño rincón del planeta. Esto confunde, trae inseguridad, acarrea fobias y trastornos emocionales a todos, incluidos los adolescentes. Como ejemplos de esto vemos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde se están desarrollando grupos de ayuda para “noviazgos violentos”, los institutos de menores no dan abasto y los colegios están abarrotados de adolescentes violentos.

Donde el sexo puro ha sido ultrajado: todos hablan del sexo y lo practican sin pensar en las consecuencias que esta falta de responsabilidad trae. Los embarazos de adolescentes son parte del decorado común en los colegios, en los hospitales públicos y en las iglesias. Los abortos crecen a pasos agigantados y se busca su legalización. Enfermedades de transmisión sexual como la gonorrea, sífilis, H.P.V., Tricomonas, prurito y herpes genital son habituales en los chicos que tienen actividad sexual. Existe promoción sexual pero no educación sexual y moral. La consecuencia en un paisaje de muerte, abandono y angustia.

Donde existe las multicreencias: en pocas palabras las personas buscan lo sagrado no la religiosidad en cada creencia. Una persona puede creer de todo un poco, es decir sus convicciones son frágiles. Esto no es ajeno al adolescente quien, además, percibe una falta de coherencia en las instituciones religiosas tradicionales, como la iglesia, y trae, como consecuencia, la mínima probabilidad de anclaje en una fe en Jesucristo.

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