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Cuando la gloria de Dios se va

Posted by OSCAR ESQUIVEL en mayo 21, 2009

Cuando la gloria de Dios se va

La pérdida de la gloria de Dios es la peor desgracia que podía ocurrirle a Israel, y es la peor desgracia que puede ocurrirle también a la Iglesia.

1 Samuel 4:17-22: “Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años. Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida. Y llamó al niño Icabod (*esto es, “sin gloria”), diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. 22 Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios”.

Este pasaje que hemos leído se ambienta al final del período de los jueces, un período oscuro en que juzgaron a Israel jueces como Sansón, que no tuvieron la suficiente revelación de Dios para conducir al pueblo por el camino recto.

Al final de este oscuro período encontramos a un hombre que se llama Elí, que a esta sazón -en la lectura que hemos hecho- era ya un hombre viejo. Poco más arriba nos dice que tenía noventa y ocho años. Este era el juez, la máxima autoridad de Israel. Pero en su vejez, sus dos hijos, Ofni y Finees, se habían corrompido, habían corrompido el sacerdocio, habían llegado a un estado tal que Dios estaba cansado de soportarlos. Y en ese instante Dios llama a Samuel, siendo todavía un niño.

Quitada es la gloria de Israel

Nosotros conocemos toda esa historia. Sin embargo, antes que Samuel comenzara su ministerio, encontramos es-te episodio. Los filisteos han capturado el arca y esta noticia provoca una serie de descalabros, entre ellos la muerte del propio Elí. En la batalla habían muerto sus dos hijos y he aquí la mujer de uno de ellos -que estaba embarazada- da a luz. La mujer alcanza a exclamar una palabra, que fue finalmente el nombre que llevó este niño. Esta exclamación: “Icabod”, refleja muy bien lo que significaba para ellos la pérdida del arca.

El arca era el mueble en el cual estaba contenido el testimonio de Dios. Había maná, estaba la vara de Aarón y estaban las tablas de la Ley. Pero en realidad lo más importante del arca no eran esos objetos que contenía, sino que era que la gloria de Dios. La presencia de Dios descendía sobre ese mueble, sobre el propiciatorio que era la cubierta, porque en ese lugar cada vez que eran sacrificados los animales una vez al año, Dios descendía, miraba la sangre y se producía en ese momento, por esa sangre, el perdón de los pecados del pueblo.

El arca era el lugar donde Dios habitaba. Esa arca estaba en un lugar en un ambiente muy santo, santísimo, construido según las especificaciones que Dios había dado a Moisés en la Ley. El arca era el símbolo de la presencia de Dios y de la gloria de Dios.

Cada vez que el pueblo tenía problemas, teniendo el arca, ellos se sentían seguros, porque Dios estaba con ellos. Cuando ellos tuvieron que atravesar el Jordán, las instrucciones de Dios fueron precisas: el arca debía estar sobre los hombros de los sacerdotes para que el pueblo pasara en seco. Si el arca estaba allí, las aguas se iban a detener. Fue el primer gran milagro que presenció el pueblo de Israel con el arca.

Sin embargo, los días habían pasado, los tiempos habían cambiado. Israel comenzó a alejarse de Dios, se empezó a llenar de pecados, de idolatría. Y aquí, cuando se produce esta batalla contra los filisteos, ellos dijeron: “Traigamos el arca. Si el arca está con nosotros en el campo de batalla, los enemigos tendrán que huir. Es una victoria asegurada para nosotros”. Lo hicieron así. Sin embargo, no ocurrió como ellos esperaban.

Aunque cuando llegó el arca hubo una gran algarabía, tanto, que la tierra tembló, y los filisteos se desconcertaron, los filisteos derrotaron a los israelitas, tomaron el arca y se la llevaron.

Esa era la peor noticia que podía darse a un israelita, y esa fue la noticia que provocó la muerte de Elí, y el parto apresurado de esa mujer que dio a luz. No les preocupaba tanto la muerte de Ofni y Finees, ni a Elí ni a la mujer. El mayor impacto lo produjo la pérdida del arca. ¡Quitada es la gloria de Israel!

¿Qué puede hacer el pueblo de Dios cuando la presencia de Dios le es quitada? Si Dios está en el centro, si él es el motivo por el cual ese pueblo existe; si ese Dios es el que lo guía, el que lo conduce, el que lo defiende, el que lo asiste, ¿qué es de ese pueblo sin su Dios?

Por causa de su pecado, de su apostasía, Israel perdió el arca. Sin embargo, nosotros al leer los capítulos siguientes encontramos que Dios mismo, en su gracia, en su misericordia, él defendió su propio testimonio, y él atacó a los filisteos con tumores cancerosos, con una intranquilidad muy grande en su corazón, de tal manera que ellos se vieron obligados a devolver el arca. Ninguna mano humana pudo recuperarla: Dios mismo la hizo retornar. Eran los días en que Dios todavía tenía misericordia de su pueblo y él mismo sale en defensa de su testimonio. Él considera que aún el pueblo de Israel todavía es digno de tener su testimonio y su gloria en medio de ellos.

Otra época, pero la misma pérdida

Sin embargo, avanzamos más en las Escrituras, y llegamos hasta el libro de Ezequiel. Les invito para que vayamos a Ezequiel capítulo 10. Aquí encontramos al pueblo de Israel en otra época, en otra circunstancia histórica. Y aquí tenemos que el pueblo de Dios de nuevo ha perdido la gloria, ha perdido la presencia de Dios.

El título que aparece en este versión de la Biblia (la Reina-Valera) dice: “La gloria de Dios abandona el templo”.

¿Qué puede ocurrir, qué puede haber ocurrido para que la gloria de Dios abandonase el templo, el lugar de su habitación, ese lugar santo donde él había hecho morada, en ese templo ubicado en medio de Jerusalén, la ciudad santa? ¿Qué habrá ocurrido para que la gloria de Dios abandonara el templo? Después de este capítulo 10 nosotros encontramos sólo desolación y destrucción. Vinieron los babilonios, Nabucodonosor y sus ejércitos, y luego que la gloria de Dios abandonó el templo, el templo fue destruido y quemado. Llegó a ser una ruina, el templo y la ciudad entera. Aquella que en otro tiempo había sido alabada por todas las naciones, la ciudad admirada llegó a ser un lugar de oprobio y de vergüenza.

Las causas de la pérdida

Las causas de esto las encontramos en el capítulo 8. Ezequiel recibió, estando cautivo en Babilonia, en el sexto año de estar allí… Dice que estaba en su casa, con los ancianos de Judá, también cautivos, y entonces el Señor lo tomó y lo llevó en visión a Jerusalén para mostrarle cuál era la razón, la causa de por qué Dios había decidido retirar su gloria, de ese lugar; por qué causa Dios había decidido traer juicio sobre Jerusalén y sobre Israel -sobre Judá, específicamente-. Dice que tomó a Ezequiel y lo trajo, como dice en el versículo 3, a Jerusalén, “a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a celos”.

Un ídolo en la entrada

Aquí encontramos la primera razón de la molestia del Señor, de la ira, de su desagrado: a la entrada misma, por el norte, había un ídolo. ¡Un ídolo a la propia entrada del templo en Jerusalén! Una imagen, y que, naturalmente, provocaba a celos al Señor. ¿No les había dicho él en la Ley, en Éxodo 20 que no se debían ni crear imágenes de cosa alguna bajo el cielo, ni menos inclinarse ante ellas y adorarlas? Era el mandamiento tal vez más importante porque era la mayor ofensa que se podía hacer hacia el Dios invisible, crear un ídolo y ponerlo en el propio lugar donde Dios había querido habitar.

El verso 4 dice: “Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo”. Todavía está la gloria aquí. A pesar de que está esa imagen, todavía la paciencia de Dios ha esperado hasta este momento. Continuamos leyendo en el verso 5, y dice: “Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada. Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario?”

Le pregunta el Señor a Ezequiel: “¿No ves lo que ellos han hecho? Han construido esa abominación para alejarme de mi santuario”. No es Dios que se quiere ir. Es que ellos le están alejando, es que ellos le están provocando a celos, le están ofendiendo en lo más íntimo.

El pecado de los ancianos

“Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores. Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un agujero. Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta. Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí. Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor. Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Safán en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y subía una nube espesa de incienso. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra”.

He aquí la segunda causa de por qué Dios había decidido alejarse de su santuario y quitar de allí su gloria. Setenta ancianos… Los ancianos representaban la autoridad en Israel, eran los hombres respetables, los más sabios. Ellos, en un número de setenta, estaban contemplando esa pared llena de imágenes de ídolos, de figuras de repti-les y bestias abominables.

A Ezequiel le sorprende mucho que entre esos setenta estuviera uno llamado Jaazanías hijo de Safán. Safán, treinta años antes, aproximadamente, había sido uno de los que había participado del hallazgo del libro de la Ley. Cuando se produjo ese hallazgo en la casa de Dios, le llevaron el libro al rey Josías, y Josías, al leer el libro, se humilla, se arrepiente, y se produce una restauración del culto y de la gloria de Dios en Israel. Ese había sido Safán.

Y ahora está su propio hijo aquí, Jaazanías, dirigiendo esa visión idolátrica de esos ídolos pintados en las paredes. ¿Se puede entender cómo, después de treinta años apenas, de que Israel había vivido todo un avivamiento de la fe, una recuperación de la Palabra, ahora estaban en esta apostasía? Parece difícil de aceptar y de creer. Ellos estaban en tinieblas, en lo oscuro, cada uno en sus cámaras secretas pintadas de imágenes. Noten ustedes lo que ellos decían: “No nos ve Jehová, Jehová ha abandonado la tierra”.

Cuando el pueblo de Dios llega a esa condición de decir: “No nos ve Jehová, Jehová se ha ido, no está; podemos hacer lo que nosotros queramos, estamos aquí escondidos en esta cámara, nadie nos ve, Jehová tampoco nos ve”… Cuando se ha llegado a ese estado de inconsciencia de la presencia de Dios, cuando se niega que él pueda contemplarlo todo y juzgarlo todo, se pierde el temor. “Dios está lejos, nosotros estamos acá. Nadie nos observa.” Esta es una de las señales de la apostasía.

El pecado de las mujeres

Sin embargo, no era todo, era el comienzo. Porque el Señor le dice en el versículo 13: “Me dijo después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos. Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz”.

Tamuz era un ídolo procedente de Babilonia. Tamuz aparecía representado en las figuras de los babilonios como un niño en brazos de su madre. Según las fábulas paganas de Babilonia, Nimrod – el creador de la torre de Babel y de esas ciudades babilónicas allá en Génesis – fue constituido en dios; y cuando Nimrod murió, renació o se manifestó de nuevo en un hijo suyo, y ese hijo se llamaba precisamente Tamuz. La madre de ese niño se llamaba Astarot. En realidad, ese nombre, Astarot o Astarté, es uno de los muchos nombres que esa mujer adoptó. En casi todas las culturas, en casi todos los pueblos del mundo, se encuentran vestigios de este ídolo Tamuz, de su madre y del padre, Nimrod, cuyo nombre después fue transformado en Baal.

Según Astarot, ese niño había nacido en forma sobrenatural, era como una personificación de Nimrod. Pero en realidad más allá de eso, los babilonios creían que ese Tamuz era el salvador del mundo, conforme a la promesa que Dios había hecho en Génesis capítulo 3 a Eva, y que de ella saldría el Salvador, de su descendencia, de su simiente. Entonces, el diablo, que siembra la mentira, que corrompe la verdad, que trata siempre de imitar las cosas de Dios para engañar a los hombres, habían creado toda una teología pagana en la cual Tamuz era el hijo supuestamente inmortal nacido en forma milagrosa y que él merecía por tanto la adoración de su pueblo.

Esta teología pagana que surgió en Babilonia se había infiltrado también en Israel. En muchos pueblos antiguos también aparecen estas figuras bajo otros nombres. Esa Diana de los efesios que aparece en Hechos, y que los efesios defendían en los tiempos de Pablo, era una personificación también de esta mujer, la supuesta esposa de Baal, Astarot.

Y aquí están estas mujeres judías, israelitas, estas mujeres santas, estas mujeres llamadas, convocadas a adorar al único Dios vivo y verdadero, están aquí endechando a Tamuz dentro de la propia área del templo santo. Las mujeres de Israel estaban endechando a Tamuz, estaban llorando por él. ¿Qué historias se contarían respecto de él que producían en estas mujeres el dolor, la misericordia, la emoción? ¿Qué historias se habrían inventado para ganar el favor, el corazón de las mujeres en el mundo entero?

El cristianismo hoy también ha sido infiltrado con esta teología diabólica. Hoy también está la figura de una mujer con un niño en brazos en los altares de un vasto sector de la cristiandad.

El pecado de los ministros

“Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente”.

Veinticinco varones… En las Escrituras nosotros encontramos que cuando se ordenó el servicio levítico en la casa de Dios, se determinó veinticuatro turnos para que los levitas sirvieran en la casa. Por lo tanto, aquí encontramos en estos veinticinco varones un representante de cada uno de esos turnos levíticos, más el sumo sacerdote. Estos veinticinco varones son representativos entonces de aquellos varones santos que tenían que acercarse para ministrar delante de Dios. Pero, ¿en qué condiciones están aquí? Ellos están vueltos de espaldas hacia el templo y mirando hacia el sol, postrándose ante el oriente.

Adorando al sol… ¡Qué estupidez! Cuando nosotros miramos un poco la historia de los incas aquí, en el Perú, encontramos que una de sus deidades era el sol. Pero, sin duda, el pecado de los incas era mucho más pequeño que el pecado de los israelitas, que conociendo al Dios vivo y verdadero, adoraban al sol. Habiendo recibido la Ley, una Ley para un pueblo santo, apartado, ellos habían caído en la adoración idolátrica del sol, un objeto de la creación del Dios vivo y verdadero. Es una aberración, es algo que no lo podemos entender.

“Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme… Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré”.

Una aplicación

Permítanme hacer una aplicación de estas tres abominaciones que vio Ezequiel en el templo de Jerusalén a nuestra realidad. Por supuesto, lo que voy a decir es una aplicación. Usted recíbalo, o déjelo. Pero creo que hay un mensaje aquí para nosotros, para esta generación.

La primera visión que tuvo Ezequiel cuando atravesó esa pared fue la de esos hombres, esos setenta ancianos, contemplando la pared pintada con imágenes diversas, formas de animales, bestias abominables, ídolos pintados en la pared.

Quisiera aplicarlo de esta manera: Hasta el siglo XX, es decir, desde la historia pasada, desde lo más recóndito de la historia hasta el siglo XX de nuestra era, la civilización, las civilizaciones se habían desarrollado en torno a la palabra, como dicen los estudiosos. Sin embargo, desde el siglo XX en adelante, la civilización (y nosotros también estamos en ella) es una civilización centrada más y más en torno a la imagen. Desde los días en que el cine se inventó, a fines del XIX, la forma de comunicación más influyente ya no se produce tanto con el vehículo de la palabra, sino con el de la imagen. “Una buena imagen -dicen los publicistas- habla más que mil palabras”.

Aquí tenemos hombres contemplando imágenes. ¿Qué cosas habría allí dibujadas? No se nos especifica, pero dice que eran abominables, ídolos. Sin duda esos ídolos, esas figuras, estaban tomadas de los pueblos que habitaban en los alrededores de Israel. ¿Qué formas de depravaciones, qué pecados estarían figurados allí?

Cuando nosotros leemos en Levítico dice por ejemplo y nos llama la atención que lo diga: “No te ayuntarás con animal”. ¿Qué significa eso? ¿Qué clase de pecado es ése? Si Dios le da el mandamiento, por algo era, porque ellos iban a llegar a tomar la tierra y a ser vecinos de pueblos que tenían las peores costumbres, que practicaban las mayores aberraciones de todo tipo.

Cuando se habla en las Escrituras de culto idolátrico, de fornicación, de idolatría, la idolatría no era solamente tener un ídolo ahí e inclinarse ante él: era desarrollar ciertas conductas orgiásticas, depravadas, en honor de ese ídolo. No entraré en mayores detalles, porque ustedes entienden. Es la prostitución llevada al extremo. Los ídolos tenían sus sacerdotisas. ¿Creen ustedes que ellas sólo atendían los lugares ‘santos’ para limpiar y ordenar? Las sacerdotisas estaban allí para realizar, con los que acudían a postrarse ante esos ídolos, una forma de culto con toda forma de depravaciones sexuales.

Nosotros estamos inmersos en la cultura de la imagen. Imaginémonos un niño de hace trescientos años atrás. ¿Cuándo él podía ver una escena de subido tono? ¿Cuándo podía ver la imagen de una mujer desnuda en actitudes poco decentes? Hace trescientos años atrás, nunca hubiera sido posible eso. En ese tiempo, lo único que había eran esas novelas románticas.

Hoy día, ¿se dan cuenta la diferencia? Hoy día es al revés: sin que nadie haya leído jamás una novela romántica, ya lo sabe todo respecto a las relaciones sexuales. ¿Cuándo comenzó eso? ¿Cómo comenzó todo eso? Comenzó con el cine, y luego con la televisión se masificó. Por tanto, esta forma de abominación nos habla a nosotros, a mi modo de ver -y esto es una aplicación, es una interpretación que estoy haciendo-, del moderno culto a la imagen a través del cine y le televisión.

El bestialismo, por ejemplo, es un pecado que está siendo divulgado ahora mismo por algunas cadenas privadas de televisión en Europa. A las tres, cuatro de la mañana, cualquier persona que tenga TV cable puede encender su televisor y ver las peores escenas. “Toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor”.

La depravación, se sabe cómo comienza, pero no se sabe dónde termina. Cuando el corazón del hombre se ha depravado, no le basta tener relación sexual un hombre con una mujer o con muchas mujeres, porque ya se pue-de cansar de las muchas mujeres. Entonces, en su hastío, en su cansancio, buscará hombres a ver si se sacia, y no hallándose satisfecho, a lo mejor llegará hasta los animales.

Es fuerte lo que estoy diciendo. No debiera decirse desde un púlpito. Pero aquí encontramos en las Escrituras una advertencia para los hombres y mujeres de este día. A nosotros nos da la impresión de que este Libro santo no debería contaminarse haciendo alusión a estas depravaciones. Sin embargo, lo que aquí aparece es un reflejo del pecado del hombre, de la apostasía del hombre. Y esto que estamos diciendo no ocurría en un pueblo pagano, sino que estaba ocurriendo en Israel, el pueblo escogido.

Creo que esto es una advertencia para los cristianos que hoy les gusta mirar en la pared este tipo de imágenes. El cumplimiento de estas cosas será literal cuando, dentro de pocos años, seguramente, usted va a poder colgar su televisor. Ya no va a necesitar ponerlo sobre un mueble, va a poner un clavo bien firme y lo va a colgar en la pared como un cuadro. Y si tiene dinero podrá comprar uno gigantesco que cubra toda la pared. Lo único que faltará será traerlo y ponerlo en medio de los ambientes cristianos.

Segunda aplicación

Luego, permítanme avanzar con la segunda de estas abominaciones. Las mujeres que lloran a Tamuz. Esto tiene que ver con la idolatría.

Discúlpenme los católicos que pudiera haber aquí, pero cuando el catolicismo por allá por el siglo IV quiso recibir a todo el mundo, entonces adaptó su teología a las teologías paganas y permitió que muchas de las cosas que provenían de las tradiciones y de las religiones de los pueblos paganos se introdujeran en el cristianismo. La figura de María con el niño Jesús en brazos no está tomada de las Escrituras, sino que es herencia del paganismo babilónico.

Aunque no lo quieran reconocer, los católicos tienen en María y el niño en brazos, un ídolo al cual no sólo veneran, como dicen, sino también adoran. Yo he visto imágenes -y usted también las ha visto- con muchas velas encendidas, y muchas flores. He visto la gente que se acerca y se arrodilla frente a ellas. ¿Qué es eso? ¿Es veneración solamente? ¡Eso es idolatría! Idolatría es la palabra; ese es el nombre, es el pecado.

“Mujeres sentadas… endechando a Tamuz”. ¿Cuánto de la cultura del mundo, cuánto de Babilonia, se ha infiltrado allí? ¿Cuántas de sus tradiciones?

Hay un libro que se llama “Babilonia, misterio religioso”, de Ralph Woodrow. En este libro se muestra cómo Babilonia está presente en todas las falsas religiones y también en algunos sectores de la cristiandad, introduciendo figuras, símbolos, celebraciones. Incluso las vestimentas de algunos personeros de esta ‘Babilonia la grande’ de hoy están también tipificados, dibujados, elementos del paganismo babilónico. En la forma como hacen sus templos…

Por ejemplo, que alguien explique el significado que tiene el obelisco que hay en la plaza de Roma. ¿Qué significa el obelisco, así como el que hay en la Plaza de Mayo en Argentina? Un obelisco, que es un monumento así recto, de veinte o treinta metros de alto que va disminuyendo hacia arriba. ¡Lo que eso significa, hermanos, es aberrante! Es un signo de la masculinidad. Porque los paganos acostumbraban idolatrar a la mujer por su fertilidad y al hombre también por la capacidad de engendrar.

“La reina del cielo”

En cierta ocasión, cuando se produjo el cautiverio del pueblo de Israel, hubo un remanente que huyó a Egipto para escapar de los castigos de Nabucodonosor, y el profeta Jeremías fue obligado a ir con ese remanente a Egipto. Y Jeremías, como hombre de Dios, llamó al pueblo allí en Egipto a volverse a Dios.

Y vean la respuesta que le dieron en aquella ocasión las mujeres: “La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová no la oiremos de ti, si-no que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo -‘la reina del cielo’, noten esa expresión-, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan y estuvimos alegres y no vimos mal alguno; mas, desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramar libaciones, nos falta todo y de espada y de hambre somos consumidos. Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo -están hablando las mujeres- y derramamos libación, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto y le derramamos libaciones sin consentimiento de nuestros maridos?” (Jeremías 45:16-19).

Hay un ídolo hoy día en el mundo cristiano a la cual le dicen ‘reina del cielo’. Es el nombre que tenía, es uno de los muchos títulos que tenía Astarot, esta deidad babilónica, la madre de Tamuz. ¡Qué descaro, decirle a Jeremías: “Estos males que nos han venido, nos han venido porque hemos dejado de ofrecerle incienso a la reina del cielo. Cuando lo hacíamos, estábamos bien. ¡No nos vengas tú a hablar del Señor Dios!”.

Puede llegar a tal extremo la desfachatez, la dureza de corazón, el extravío, la locura, que se puede defender un ídolo en contra de Dios. Yo creo que si a una mujer católica (piadosa según su forma de piedad), tú le tocas su ídolo que tiene ese niño en brazos, lo más probable es que se haga enemiga de ti, y que defienda su ídolo diciendo: “Gracias a él (o ella en este caso) yo estoy bien”. La idolatría es terrible, porque se va metiendo en forma disi-mulada, hasta que atrapa el corazón y lo encadena.

La tercera aplicación

Veamos ahora la tercera abominación, y a hacer la aplicación a nuestros días.

Esos veinticinco varones estaban vueltos hacia el oriente, postrados ante el sol, adorándolo. Cuando nosotros leemos a Ezequiel, encontramos que, de los cuatro puntos cardinales, el oriente era el lugar desde donde el cual Dios se manifestaba. Por eso, por ejemplo, la entrada al tabernáculo en el desierto quedaba vuelto hacia el oriente. Sin embargo, aquí ellos estaban vueltos hacia el oriente no para adorar a Dios o para recibir algo de Dios, sino para adorar al sol.

Permítame aplicarlo de esta manera: Hoy, el mundo entero está siendo invadido desde el oriente por filosofías vanas, sutilezas huecas. Las filosofías de oriente están atrapando al mundo occidental. Por ejemplo, la Nueva Era está teñida por las filosofías orientales.

¿En qué consisten las filosofías orientales? Las muchas filosofías tienen algo en común. ¿Qué es eso? Ellos sostienen que el hombre puede llegar a ser dios. Si se perfecciona a sí mismo, si se somete a ciertas prácticas y disciplinas, el hombre puede llegar a ser dios. Sostienen que el hombre puede llegar a conocer por sí mismo la verdad, puede llegar a perfeccionarse tanto que llegue a ser una deidad. Ese es en el fondo el resumen de las filosofías orientales.

Y, ¿saben, amados hermanos?, esta filosofía se está infiltrando también en la cristiandad apóstata. A través de Internet, uno puede enterarse de los cientos y miles de mensajes que los cristianos se mandan unos a otros a través de los correos electrónicos. Algunos de esos mensajes están bien, se centran en el Señor Jesucristo, pero la gran mayoría de ellos son mensajes de auto-perfeccionamiento, son mensajes que apelan a los cristianos para que ellos se miren a sí mismos y vean que pueden ser mejores: “Mira lo que está en ti, dentro de ti está todo el potencial, déjalo fluir, déjalo salir. No busques fuera, busca dentro de ti”. No como diciendo “Dentro de ti está el Señor”, sino “Mírate a ti y ve que tú eres capaz si te perfeccionas, si te disciplinas”.

Creo que esto va a ir en aumento.

Hace poco tiempo atrás, salió una noticia (y parece que está en la revista “Aguas Vivas” Nº 15), en que se decía que los religiosos, y entre ellos los católicos, están preocupados porque las Naciones Unidas están intentando formar una nueva religión, una religión que tiene elementos de ecología, de humanismo y, sobre todo, de filosofías orientales. Hay preocupación en el mundo cristiano, sobre todo en aquellos que tienen el poder, porque esto amenaza su posición. Creo que los cristianos en los días que vienen van a ser tentados más y más por estas filosofías.

Hay muchos libros en el velador de muchos cristianos. Libros sobre autoayuda, libros de personajes tan aparentemente inofensivos como Lobsang Rampa, Og Mandino, como Pablo Coelho, y toda esa generación de escritores que escriben tan bonito, que parece que a uno lo elevan. Pero, ¡cuidado, es una víbora! ¡Esa es una víbora que muerde fuerte!

Los juicios caen

Cuando esto ocurre, entonces Dios decide retirar su gloria. Después del capítulo 8 de Ezequiel está el capítulo 9. Mire lo que dice:

“Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.

“Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario”.

“Comenzad a matar por mi santuario…” ¡Cuánto le habrá dolido al Señor decir esa frase!: “El santuario, el lugar santo donde yo habito, ¡empiecen por ahí, maten desde allí!”.

“Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo. Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad”.

Noten ustedes la fuerza que tiene este capítulo 9 de Ezequiel. Ese varón que iba con el tintero de escribano iba marcando. Él sabía a quiénes debía marcar: iba marcando a todos aquellos que no habían participado de los pecados, a todos aquellos que gemían y clamaban, que buscaban a Dios por las abominaciones que se hacían en medio de Jerusalén. Esos que estaban con la señal, ésos no podían ser tocados. Ellos constituían el remanente.

Y en el verso 8 Ezequiel dice: “Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?

“Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve. Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas”.

Los juicios de Dios van a caer sobre esta humanidad, y no sobre la humanidad incrédula, que ya tiene su castigo preparado, sino también sobre la cristiandad apóstata, sobre los cristianos acomodados al mundo, los cristianos que alguna vez oyeron hablar del Señor, levantaron su mano, recibieron la salvación y pensaron que eso era todo, que ahora ellos podían hacer su propia vida, y se han entregado a los placeres y a la concupiscencia. Ellos no están marcados. Son marcados solamente los que gimen, los que claman al ver el pecado que los rodea.

En estos días, en nuestro país, han entrado señales de que la perversión viene. Una mujer se pasea desnuda por la calle. “Arte”, dicen. Los canales de televisión han dedicado sus espacios a hablar de eso. ¿No hay nada más importante que hablar en Chile? Una hora en televisión, treinta minutos… ¿Cuánto costaría para tener un programa en que se predique el evangelio? ¡No podríamos pagar eso! ¡Pero hay horas y horas dedicadas al pecado y a la exacerbación de la maldad y a la justificación de lo injustificable!

Un país vecino que está caído en la ruina nos está compartiendo su inmundicia. Creo que la ruina de los pueblos no viene sólo porque los gobernantes no saben gobernar o porque hay corrupción a nivel de políticos. Creo que la ruina de los pueblos también viene por la conducta de toda la nación. Hay conductas perversas, abominables. Dios tenga misericordia de los hijos de Dios que están en esa nación hermana.

El Señor nos haga a nosotros verdadera sal de la tierra, que podamos interceder, orar, gemir, como aquí se dice, para que estas abominaciones no caigan sobre nosotros en nuestros días, para que el Señor cuide de los hombres de este país, de las mujeres, para que nos evite caer en pecados abominables.

La gloria del Señor abandona el templo

El capítulo 10 de Ezequiel muestra cómo el Señor se va. Tal vez el arca todavía estaba allí. Tal vez todavía estaba allí el propiciatorio, todavía estaban adentro del arca los objetos sagrados; sin embargo, el Señor se va. Dice que sobre unos querubines preciosos se posó la gloria de Dios y se fue moviendo y alejándose, hasta posarse en un cerro cercano a Jerusalén. Y dice Ezequiel: “Desde allí, desapareció”. No sólo abandonó el templo, sino también ¡abandonó la ciudad! Es que ya no había ningún lugar que mereciera tener su gloria.

¿Saben?, esto también me trae al corazón lo siguiente: Cuando el arca fue robada en los días de Elí, Dios se vindicó a sí mismo y trajo él de vuelta el arca. Sin embargo, aquí encontramos algo tal vez peor que eso: el arca está ahí, pero Dios no está allí. La gloria se fue.

Ved lo que hay hoy en la cristiandad: el arca está allí, pero la gloria no está. Porque el arca nos habla de Cristo. Para los judíos el arca era su gloria; para nosotros, Cristo es nuestra gloria. Él es nuestra arca. Hay algunos que perdieron el arca. Otros que la tienen, perdieron la gloria.

Oh, amados hermanos, ¡no dejemos que la gloria de Dios nos abandone nunca! Como dice aquí, él no quiere irse. “Son ellos que hacen estas abominaciones para alejarme de mi santuario”, dice el Señor. (8:6). ¡Nosotros le podemos alejar! ¡No lo alejemos! Guardemos la santidad en el temor de Dios, librémonos de estas contaminaciones y abominaciones, guardemos nuestra conducta pública y privada, tengamos paz en nuestras casas, tengamos paz unos con otros, amémonos, bendigámonos, no nos juzguemos, no nos condenemos unos a otros. Bendigámonos, estemos juntos para tener comunión.

Dios muestra su plan futuro

Ezequiel capítulo 40: “En el año veinticinco de nuestro cautiverio…” Habían pasado como veinte años desde las visiones anteriores que tuvo Ezequiel. Aquí estamos como veinte años más adelante, y de nuevo Ezequiel tiene una visión. Versículo 2: “En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran ciudad, hacia la parte sur”.

Es una visión. No es que esto esté en la realidad. En la realidad lo que hay a esa altura es una ciudad destruida, es un templo quemado. De esa ciudad no queda nada, pero en la visión Ezequiel ve una ciudad en otro monte, al sur, no en donde estaba Jerusalén. Es una visión gloriosa de un nuevo templo. Esa visión está en los capítulos 40, 41 y 42.

Y miremos el primer versículo del capítulo 43: “Me llevó luego a la puerta, a la puerta que mira hacia el oriente; y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria. Y el aspecto de lo que vi era como una visión, como aquella visión que vi cuando vine para destruir la ciudad; y las visiones eran como la visión que vi junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente. Y me alzó el Espíritu y me llevó al atrio interior; y he aquí que la gloria de Jehová llenó la casa”.

Dios tuvo que desechar una ciudad contaminada y corrupta. Dios tuvo que aceptar que el templo sagrado lo quemaran, pero Dios no se quedó así. Él le mostró a Ezequiel lo que habría de ocurrir en los tiempos futuros: él se habría de conseguir una nueva ciudad, él iba a tener un nuevo templo, un nuevo santuario. ¿Cuál creen ustedes que es ese santuario? ¿Cuál creen ustedes? Creyentes, cristianos, ¿cuál es ese santuario? ¡Es la iglesia!

Versículos 6 y 7: “Y oí uno que me hablaba desde la casa; y un varón estaba junto a mí, y me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre”.

¿Cuánto tiempo…? ¡Para… siempre!. ¡Hay un lugar donde Dios habitará para siempre! ¡Hay un lugar del cual Dios no se irá nunca! ¡Hay un lugar santo, que es santo como Dios es santo!

“¡No me iré nunca de allí!”… La primera Jerusalén fracasó, aquel santuario terrenal fracasó. Pero, he aquí, ¡hay un santuario celestial que no fracasará! ¡Dios habitará en ella para siempre! Yo no sé si lo creen o no. Parece que no lo están creyendo mucho, porque esto es para alegrarse. Los judíos pueden pensar que este templo descrito aquí en Ezequiel es un templo que hay que construir ahora. De hecho así lo creen. Ellos han tomado estas indicaciones para hacer los planos y van a levantar un nuevo templo en Jerusalén. ¡Puede tener esa aplicación, ya, puede tenerlo, lo otorgamos! Pero nosotros hablamos de una Jerusalén celestial, hablamos de un santuario celestial, no hecho de manos.

¡Aleluya, bendito es el Señor! ¡La gloria nunca más se irá de nosotros! ¡Él habitará en medio nuestro para siempre! ¡Pueblo santo, Dios habita en su santuario, Dios habita en vuestro medio! ¡Aleluya, bendito es su nombre! ¡Aleluya, aleluya! (En Apocalipsis 21:22 dice que en la eternidad no habrá templo alguno).

Las aguas vivas

¿Cómo podemos saber que la iglesia es este santuario, este nuevo templo no hecho de manos? Ezequiel capítulo 47 dice: “Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente”. Aguas desde el umbral de la casa… esas aguas se transforman en un río. Ezequiel es introducido en ese río, hasta los tobillos primero, hasta las rodillas después, hasta los lomos. Finalmente, perdió pie y tuvo que nadar en ese río. El versículo 8 dice: “Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río”.

¿Cuál es el templo del cual fluyen las aguas vivas? ¿Cuál es el lugar donde hallan saciedad, reposo y paz todo hombre? Recibe sanidad el que entrare en este río. Este no es un edificio hecho de manos, este es un edificio espiritual. Nosotros hemos sido saciados con esta agua. Estas son las aguas salutíferas. ¿Ha sido saciada tu sed en esta agua? Esta es la iglesia del Dios Viviente, columna y baluarte de la verdad.

Nuestra honra presente

En este día nos limpiamos, aborrecemos toda contaminación, todas esas abominables idolatrías. Nos declaramos un pueblo santo, un pueblo justo, un pueblo piadoso, un pueblo que teme a Dios, que sabe que Dios está.

Nunca podremos decir. “Él ya no está, él se ha ido”. No, no se ha ido, él está, ¡y la gloria de Dios está aquí! ¿En qué consiste la gloria de Dios? ¿Consistirá en luces, en llamarazos? ¿Consistirá en una humareda grande? Oh, la gloria de Dios, a veces, hermanos, es como un viento suave y apacible, es como una cosa delicada que se va transmitiendo cuando uno da testimonio, cuando otro ora, cuando adoramos, cuando alabamos. No es algo visible. La gloria es sentir que Dios está. Cuando Dios está, allí está la gloria de Dios.

Hermano, ¿crees tú que la gloria de Dios está entre nosotros? ¿o se fue? Hoy día hemos adorado al Señor, hoy día hemos tocado al Señor. ¡La gloria de Dios está! ¡Aleluya! ¡Bendito es el Señor!

La gloria de Dios es algo sencillo, que nos cautiva por dentro, es una atracción, es un gozo, es un deseo de estar ante su presencia, es sentir sus caricias, es saber que él está cuidándonos, que su mano nos protege, de saber que nada nos falta, porque estamos en él y porque él está en nosotros, de saber que sus cuidados no se han apartado. ¡Esa es la gloria de Jehová!

No la alejemos nunca. No pretendamos imitarla tampoco. No es necesario que hagamos esfuerzos: la gloria está, simplemente, porque Dios ha decidido que ésta sea su habitación. ¡Aleluya!

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Dando la gloria a Dios

Posted by OSCAR ESQUIVEL en mayo 21, 2009

Dando la gloria a Dios

“No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad” (Salmo 115:1)

Probablemente lo más dramático en el juego final del mundial de fútbol, no fueron los dos goles marcados por Brasil contra Alemania, ni fue tampoco la entrega de la copa a los ahora penta campeones del mundo, sino la manera humilde en que la escuadra sur americana se proclamaba una vez más como campeona del mundo. Me impactó como algunos jugadores inmediatamente el árbitro dio por finalizado el partido, se postraron en la cancha para alabar y glorificar el nombre de Dios. Con asombro vi al guarda meta regresar a los travesaños para arrodillarse, alzar sus manos y gesticular que la gloria era para Dios. Me emocionó verlos a todos tomados de la mano y de rodillas en el engramado dando a Dios el primer lugar. Sorprendente fue también ver que debajo de sus camisolas no llevaban otra con el nombre de campeones, como usualmente lo hacen los que llegan al final, sino una que decía “amamos a Jesús”.

Pienso que no se trata de que Dios estaba con Brasil, pero si fue evidente ante el mundo entero que Brasil es un pueblo con un alto índice de cristianos que no se avergüenzan del evangelio. Pensé en la actitud que hubieran tenido otros equipos, si ellos hubieran sido los campeones, seguramente se hubieran jactado de ser inigualables y lo que menos se les hubiera ocurrido es darle la honra a quien da la salud, las destrezas y las oportunidades para alcanzar ciertos logros, aún los de carácter olímpico.

Por supuesto que nunca faltan las serpientes sordas que no se dejan encantar con nada, nada les impresiona, mucho menos los triunfos de otros. Ya los medios se encargaron de que se hiciera escuchar la voz altanera del que una vez fuera la gloria de un pueblo y que ahora es un adicto a las sustancias alucinantes, menospreciar a los ahora campeones y no solo triunfadores, sino en cinco ocasiones han sabido llevarse dignamente la copa del torneo mundial.

Dios participa de nuestras victorias y también de nuestras derrotas, El también sabe celebrar al invicto sin oponerse a nadie. En más de una ocasión leí este sencillo relato que hoy quiero compartir: Se cuenta de que una tarde Jesús fue invitado por unos amigos para ir al estadio a presenciar un partido de fútbol, el encuentro iba a ser muy reñido porque se enfrentarían los “Ponchers” protestantes y los “Cruzaders” católicos. Marcaron el primer gol los cruzades. Jesús aplaudió alborozadamente y lanzó al aire su gorra. Después marcaron los ponchers, y Jesús nuevamente aplaudió y lanzó su gorra por el aire. Esto pareció desconcertar a un hombre que se encontraba en la fila de atrás, y dándole una palmadita a Jesús le preguntó: ¿A qué equipo va usted? ¿Yo? Respondió Jesús, ¡Ah! Yo animo a los dos equipos, aunque no apoyo a ninguno, sencillamente disfruto el juego y participo de los triunfos de las personas. Y por si no me conoces yo soy Jesús, a quien una vez fanáticos religiosos me crucificaron.

La copa está donde debe estar, salud para el pueblo brasileño, y aunque salieron para Corea con pronósticos no muy alentadores, nadie les pudo ganar. Quizás se debió a que pudo más la humildad y la sencillez, que los alardes de grandeza. Me gustó mucho países que nunca habían figurado, ni tan siquiera asistido a un mundial, esta vez estuvieron presentes y algunos sorprendieron llegando a las semifinales .

Que diferente sería nuestro mundo y nuestras comunidades si tuviéramos como parte de la cultura y de las costumbres darle la honra y gloria a Dios por los logros alcanzados. Si fuéramos capaces de fomentar la humildad y la gratitud, reconociendo que Dios es el autor y dador de toda buena dádiva. Si pudiéramos enseñar a las nuevas generaciones que ninguna sociedad engreída permanece para siempre y que solamente de Dios el reino eterno es inconmovible. Darle la gloria a Dios es beneficiarnos a nosotros mismos, pues en ese reconocimiento que alcanzamos altura y dignidad. No pudieron ser mas apropiadas las palabras del salmista cuando solía decir: “Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, sana tus dolencias, rescata del hoyo tu vida y te corona de favores y misericordia” Fomentar el agradecimiento y la humildad en nuestra vida siempre traerá grandes dividendos.

¡Honor al que honor se merece! ¡Que gane el mejor! Son expresiones comunes y bien acertadas, sin embargo debemos siempre recordar que cualquier gloria humana es carácter transitorio, y que solamente Dios es Digno de toda honra, alabanza y adoración. Necesitamos acondicionar intencionalmente nuestras mentes para permitir que la grandeza de Dios y sus maravillosos atributos morales y naturales nos impresionen para siempre, a fin de que continuamente demos a Dios alabanza, gloria y honor.

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La importancia de la música

Posted by OSCAR ESQUIVEL en mayo 21, 2009

La importancia de la música

1 Samuel 16:14-23

El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta.

Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio.

Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo.

Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.

Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas.

Y tomó Isaí un asno cargado de pan, un vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo.

Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas. Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.

Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.

INTRODUCCIÓN

Musica1Siempre tratamos de encontrar aquellas cosas que puedan dañar al rebaño. Dios, Su Palabra, Sus siervos, buscarán aquellas cosas que puedan ayudar a enderezar cada día más nuestras vidas. A veces, ustedes pensarán: (déjenme hablar algo de mi propio corazón como persona) “¿Cómo el pastor puede predicar cosas así, que en un momento dado parecen ser atinadas; en otro momento parecen ser un poco duras a los corazones?”

Mi corazón se entristece por la reacción que muchas veces mis propias predicaciones causan; la mayoría de las veces, mi corazón se alegra. Y aunque sé que la Palabra de Dios lastima, no me arrepiento, porque la Palabra de Dios es fuerte; es dura.

Yo sé que muchas veces el azote duele, y sería tal vez, conveniente, humanamente hablando, no lastimar tan duro a las ovejas, pero ustedes y yo sabemos que necesitamos un fuerte empujón para hacer lo correcto muchas veces. No somos muy dóciles. No porque tengamos un corazón duro, sino porque tenemos un grande peso de influencia detrás de nosotros que nos empuja constantemente al mal.

Y cuando veo mi pueblo que Dios me ha dado, la congregación; veo mi familia, mis familiares, veo mi propia persona; tratamos de encontrar cuáles son aquellas cosas que pueden estar minando la vida espiritual; afectando la vida espiritual.

Hay hermanos fervientes en espíritu, sirviéndole al Señor. Salen a testificar, a ganar almas para Cristo, cantan con todo su corazón; pero de pronto, los miramos -si me permiten la expresión-: “alicaídos”, raros, con un semblante de tristeza. En otros casos, con actitudes rebeldes, en otros casos con ausencia entre nosotros. Y digo yo: “¿Qué será lo que está robando de esas hermanas, de esos hermanos, de esas ovejas; qué es lo que está robando el gozo del Señor? ¿Qué es lo que roba de mí la disposición, la entrega, el ánimo, el entusiasmo? ¡¿Qué es lo que nos roba muchas veces la sincera fidelidad al Señor Jesucristo?!” Y hermano, créame, es triste mirar cómo muchos hermanos se desaniman; ora unos, ora otros; y queremos correr y animar a uno, y a veces lo logramos, a veces no. A veces estamos terminando con uno, y hay que correr a animar al otro, y al otro, y al otro; y a veces son tantos que decimos: “Señor es tu obra, ¡Hazla Tú; yo no puedo!”

Yo no estoy preparándoles aquí…, yo sé que ustedes estarán diciendo: “Van a venir duras las pedradas.” ¡No, no! Sencillamente que esta semana yo me sentí muy mal porque hermanos fueron dolidos por la predicación; y no me arrepiento de haber predicado, y si es menester lo voy a predicar toda mi vida.

Pero yo quiero hablarles de algo que puede estarles robando de sus vidas la bendición. Un elemento muy importante. Usted no se va a imaginar de lo que yo estoy hablando. Un elemento que le puede a usted estar robando la disposición de su corazón, el fervor, el amor de Dios, la compasión por las almas perdidas. Algo que se pudo haber metido a su vida y usted no se ha dado cuenta, y por ignorancia usted le está faltando a Dios. Algo que roba a nuestras vidas la devoción, la sinceridad, la fidelidad, hermanos.

Quiero hablar de la importancia de la música. No precisamente en la iglesia. Nosotros tenemos buena música en la iglesia, así lo creemos, y nos esforzamos por hacerlo mejor cada día. Sino la importancia de la música en nuestras vidas, en nuestras personas.

Hemos estado hablando de cosas importantes. Todo lo que de la Palabra de Dios se dirá es importante, pero hemos estado hablando de temas como: “Lo Más Importante”, ¿Se acuerdan? Luego dijimos: “La Familia, es lo Más Importante” ¿Se acuerdan? Hace dos o tres domingos, o algo así. Y aprovechando ese rumbo, esa línea, yo quisiera decirle a usted: “¡La música es muy importante!” Ese magnífico elemento que Dios nos ha dado. ¡Ese precioso instrumento que Dios ha creado, que nos ha dado para su uso, la música!

Es el tema que nos va a ocupar en los siguientes minutos. Será imposible decir todo lo que la Biblia dice acerca de la música. Hablaré generalmente. Hablaré de generalidades para tratar de llegar a un punto en el cual su vida puede estar siendo afectada. Yo no puedo lograr de todos ustedes unos músicos; yo mismo no lo soy. Estoy muy lejos de llegar a ser. Lo único que yo conozco, hermanos, son las Escrituras; yo conozco la Biblia, y conozco mi congregación. Y sé que muchos de ustedes, empezando tal vez conmigo, somos afectados por ignorancia, o por desidia, o por falta de información, o por rebelión, o por lo que sea; en este terreno tan importante.

Dios y la Música

Dios Creo la Música

¿Sabía usted que Dios creó la música? No la crearon los Beatles. No la creó el diablo. No la creó el hombre. Dios creó la música. Desde tiempos muy remotos encontramos la música relatada en las Escrituras.

Génesis 4:21 dice:

Y el hombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta.

Estamos en Génesis capítulo cuatro. Estamos hablando de cuando Caín mató a Abel. Estamos hablando de los mismos inicios de la creación de Dios al hombre. ¡Y unas de las cosas primeras que Dios le dio al hombre fue el sentir, el conocimiento, el uso de la música!

Allá tenemos a un hombre que se llamaba Jubal que era padre de todos los que tocaban flauta y arpa.

A través de todas las Escrituras vamos a encontrar a un Dios tremendamente enamorado de la música. ¡Hasta podemos decir que Dios es músico, fíjese! En el cielo habrá coros celestiales. En el cielo se escuchan antemas celestiales.

La Música ha sido Parte Integral en la Vida del Hombre.

Cuando sucede algo importante en la tierra es acompañado de ángeles que denotan coros. Dios es el Creador de la música. De ahí tan completa y tan perfecta, tan elaborada y tan compleja la música. Todos los humanos traemos la música por dentro. Los niños escuchan una musiquita y se mueven. Los padres queremos compartir algo con el niño y le cantamos. Les inventamos nuestra propia cancioncita a los niños, ¿No? Alguna cosa que queremos dar en forma expresiva la decimos cantando, ¿Verdad que sí? ¿Se ha puesto usted a pensar la importancia de la música?

Ahora, hay quiénes cantan muy bien, hay quiénes no cantamos bien. Pero eso no deja de lado que en nosotros no haya un sentir, un gusto, una respuesta, una capacidad de respuesta por la música. Este mundo se ha vuelto loco en derredor de la música, porque el hombre responde a las notas musicales; para bien o para mal, pero el hombre responde a la música. Unos más, otros menos, pero todos tenemos identificación con la música.

En el Cielo hay Música.

Dios creó la música. Dice la Biblia en Ezequiel 28:13 que Dios usó la música cuando estaba creando a Luzbel, el que llegó a ser el demonio. Se tocaron instrumentos musicales cuando Dios estaba creando a ese ángel maravilloso, poderoso, hermoso. Y allí la Biblia menciona los instrumentos que se tocaron allá en el cielo. Eso quiere decir que allá en el cielo hay reuniones de coros. Hay congregaciones corales.

Una de las cosas que será insoportable presenciar, a no ser que tengamos un cuerpo transformado, será un coro angelical. ¿No? ¿Usted se puede imaginar en una reunión repleta de santos donde un coro celestial, angelical está entonando alabanzas al Señor? ¿Usted se puede imaginar eso? Una de las cosas gloriosas del cielo será la música, y Dios se agrada con la música.

La Música y el Pueblo de Dios.

En todo el tiempo, el pueblo de Dios ha cantado; ha tocado instrumentos. Todo el tiempo. Dios capacitó a los hombres para entonar y para interpretar y para crear los instrumentos, e interpretarlos. En todas las épocas. Allá en el tiempo de Caín y Abel ya había quiénes habían inventado el arpa, y por lo menos la flauta ya la tocaban. ¡Hermann no es el primero que toca la flauta, fíjense qué noticia! Ya la tocaban. Ya Dios le había puesto al hombre ese sentido.

En Efesios 5:19 y en Colosenses 3:16 encontramos estas palabras; Efesios 5:19:

Hablando entre vosotros con Salmos, con himnos y cánticos espirituales; cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.

Y Colosenses 3:16 dice:

La Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor; con Salmos e himnos y cánticos espirituales.

Dos veces se mencionan tres tipos de alabanza: Salmos e himnos y cánticos espirituales. Todo el tiempo, el pueblo de Dios le ha cantado a su Señor. Así que usted no se debe de sentir mal, ni sentirse relegado, ni aislarse cuando la congregación está cantando. Usted debe cantar también. Involucrarse en el canto. Alabar a Dios lo mejor que pueda, porque a Él le agrada la música. La Biblia dice que debíamos de cantar a Dios salmos, e himnos, y cánticos espirituales.

Hay por lo menos, o básicamente tres tipos de alabanza que a Dios le agradan, y la Biblia las regula:

1. Salmos. Los salmos son los himnos que cantaban los hebreos. Nosotros ya no tenemos la música de los salmos; pero todos los salmos eran himnos. Los Salmos era el himnario que usaban los hebreos. ¡Qué tremenda enseñanza doctrinal tenían! ¡Qué tremenda enseñanza de los atributos divinos! ¡Qué tremendas plegarias que tienen los salmos, ¿no le parece?!

2. Y también dice la Biblia que además de salmos (nosotros ya no podemos cantar los salmos, ya no tenemos la música; nada más los leemos, los repetimos, los memorizamos, los aprendemos), pero también dice que debemos cantar al Señor con himnos. Los himnos son aquellas melodías que hablan de las características, de los atributos divinos. Un himno es aquél que, entonado por el pueblo de Dios, exalta alguno o algunos de los atributos de Dios. Dígame uno, por ejemplo:

“¡Cuán Grande es Él!” Dígame otro, “¡Oh, Tu Fidelidad!”, “Santo, Santo, Santo, Señor Omnipotente.” ¿Cuál otro? “Maravillosa Gracia”. Esos son himnos; himnos que exaltan el poder de Dios, la gracia de Dios, los atributos de Dios.

3. Los cánticos espirituales son aquellas alabanzas que hablan del testimonio del creyente. Por ejemplo: “Yo quisiera hablarte del amor de Cristo”, “Me hirió el Pecado, fui a Jesús”, “La Fuente Sin igual Hallé” “Años mi Alma en Vanidad Vivió” ¡Cánticos Espirituales!

No quiero decir aquí que unos eran largos y otros cortos. Que unos estaban en himnarios y otros estaban en la memoria, o en los coritarios. Aquí está diciendo de las diferentes alabanzas que el pueblo de Dios le ha tributado al Señor en todo el tiempo: Salmos, himnos y cánticos espirituales. Y también eso está concretando, y normando, regulando, metiendo en un molde la clase de música que a Dios le gusta. Alabanza, adoración, exaltación a Su Nombre y testimonio personal. Esas son las cosas que a Dios le agradan.

Pero hermanos amados, nosotros hemos fallado mucho en nuestra alabanza al Señor -nosotros los cristianos de todas las iglesias, de todas las épocas- hemos faltado mucho en nuestra alabanza al Señor por ignorancia. El pasaje que nos tiene ocupados en 1 Samuel 16; encontramos unas características muy particulares acerca de la música. Quisiera tener todo el conocimiento necesario para poder predicarles lo que quiero predicarles. Pero me limitaré al escaso conocimiento que yo tengo, en cuanto a la música se refiere.

El Poder de la Música.

En 1 Samuel 16 encontramos a David tocando para Saúl. ¿Qué le había pasado a Saúl? Un espíritu malo venía y lo atormentaba. Lo ponía incómodo, lo ponía celoso, lo ponía irritable, insoportable; y los siervos de Saúl le notaban que Saúl estaba de un genio, ahora sí que del demonio, ¿verdad? Irritable, enojón, grosero, todo lo malo; porque ese espíritu era un espíritu malo que venía y lo cogía. Los siervos de él le dijeron: “¿Por qué no te consigues alguien que sepa tocar el arpa, para cuando esté sobre ti el espíritu malo -permitido por Dios para venir a atormentarte [recuerde usted que Saúl había sido desechado de Dios; y ese espíritu malo había recibido permiso de Dios para atormentar a Saúl]- ese individuo toque con su malo, se aleje de ti; que tengas alivio.” Fíjese que la gente ya sabía las características de la música, el poder de la música; la influencia que la música ejerce sobre las personas. “Consíguete a alguien que toque [dice, je. je] bien. ¡Qué toque bien! ¡Qué afine bien el arpa! Y que toque melodías que estén en perfecto equilibrio.” Y a Saúl le pareció buena la idea, y le dijeron: “Nosotros conocemos a un muchacho vigoroso, valiente, que sabe tocar, es hombre de guerra, además es prudente y es hermoso. Se llama David, el hijo de Isaí.” Y Saúl le manda un recado a Isaí y le dice: “Préstame a tu hijo.” Y dice la Biblia que David llegó y halló gracia delante de Saúl. Él era prudente, cuidadoso en sus palabras; gracia tenía en su presencia. Y no tardó el espíritu malo para llegar con Saúl y empezar a ponerlo irritado, usted puede imaginarse cómo aquél hombre se sentía; tomaba decisiones arrebatadas, no toleraba la presencia de nadie, aventaba las cosas, irritable. Igualito como usted y yo nos ponemos a veces. (Bueno, estoy conjeturando).

Y de pronto, David sabía que ese espíritu había venido sobre Saúl por las actitudes, y se ponía a tocar el arpa. Y dice: “Tomaba el arpa y tocaba con su mano.” ¿Y qué dice?: “Saúl tenía alivio, y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.”

¿Cómo?, hermano, ¿cómo? Con la música. Por la música. Usted dirá: “Bueno, es un caso especial, en el cual…” No, no, no, no. No es un caso especial. Esto nos está hablando del tremendo poder que tiene la música. La música tiene poder para afectar nuestro cuerpo, nuestra alma, o nuestro espíritu; depende de la música. Hay música que todo lo que logra es poner nuestro cuerpo en movimiento, ¿verdad? Hay una música que nos invita al ritmo. Nosotros como mexicanos, pues tenemos el ritmo en la sangre, casi casi como la raza morena. Casi, casi, casi, ¿verdad? Nos gustan las rancheras, nos gusta la marimba, nos gusta el “chun ta ta”, nos gusta esas cosas con las que rápidamente empieza uno a zapatear – y depende también de dónde sea uno: el norteño, el sureño, el que sea – y tenemos más nosotros el énfasis del ritmo. Nos mueve la carne. Hay música que afecta, no solamente al cuerpo, sino al alma, el sentimiento. El alma es el asiento de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, de nuestra voluntad. El alma es la oficina de donde salen todos nuestros sentimientos y decisiones.

La música que afecta el alma es aquella música que a veces nos hace llorar. Es aquella música, ¿verdad? – ahora hablando como mundanos – que se usaba para llevar una serenata a las muchachas. ¡Uh…, lloraba aquél! ¡Se ponía romántico el asunto! Un tanto, no tan rítmicas, sino más bien sensuales.

Y la música que afecta al espíritu es aquella música que tiene su énfasis en las palabras, en las doctrinas, sencillamente aquel elemento que nos convoca a buscar a Dios.

Los Elementos de la Música

La música está compuesta de tres elementos principales: Ritmo, armonía y melodía. La melodía enfatiza el espíritu, la armonía al alma, y el ritmo al cuerpo. Y una música que le agrade a Dios será una música que tenga predominantemente melodía. No tanta armonía, y no tanto ritmo, porque el ritmo nos mueve. Nos recuerda de aquellas andadas que nosotros teníamos, y por esa razón, amados hermanos, por esa razón se buscó a un hombre que tocara bien. No le trajeron una batería. ¿Usted cree que si a Saúl le hubieran traído una batería se le hubiera ido el espíritu malo de ahí? Más de malas se ponía ¿Usted cree que si le hubieran traído una guitarra eléctrica de esas con sus ruidos estridentes, hubiera puesto a Saúl de buenas? Si le hubieran traído un banjo (ese instrumento de cuatro cuerdas), ¿usted cree que eso le hubiera traído…? O si lo hubieran puesto a tocar el pandero: “pra ta ta ta ta…, tra ta ta ta ta” ¿usted cree que a Saúl le hubiera ido bien? ¿Qué le trajo? Un instrumento de cuerdas, tocado por un hombre consagrado. Un hombre valiente, valeroso, prudente, sabio, lleno de gracia que tocaba bien; que tenía una perfecta relación y equilibrio entre ritmo, armonía y melodía.

Nosotros, consiente o inconscientemente estamos recibiendo influencia por medio de la música que escuchamos. Quiera o no aceptarlo, usted va a ser la calidad de persona, la calidad de carácter, dependiendo de la clase de música que usted oiga. Usted va a tener la personalidad, dependiendo en gran parte de la clase de música que usted está acostumbrado a escuchar. La Biblia dice que Saúl tenía alivio, y el espíritu malo se apartaba de él cuando David tocaba. Primero tenía alivio, parece que este espíritu atormentaba su cuerpo. También estaba mejor, su alma se relajaba, y el espíritu malo se apartaba de él. Su espíritu recibía bendición; recibía beneficio por la música. Nosotros como cristianos, hermano, debemos tener cuidado con la clase de música que nosotros estamos oyendo. En 1 Tesalonicenses 5:23 dice:

Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible

Es decir, cualquier cosa que afecte nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu debiéramos de prestar atención y mantener cuidado. Y debiéramos nosotros tener cuidado de aquellas cosas que van a alentar nuestra alma, nuestro cuerpo y nuestro espíritu. La música, hermanos, es creada por Dios, usada por Dios, agradable a los oídos de Dios. El creyente tiene que saber, como creyente en Cristo Jesús, que no solamente como humano va a escuchar música, sino como creyente va a escuchar música. Y esa música a la cual va a estar expuesto, debe saber el creyente que le va a afectar, para bien, o para mal.

La Música en las Congregaciones.

Hay una música, hermanos, en la misma congregación, en el mismo pueblo de Dios, que nunca debiera ser usada. En primero, porque quizá está el ritmo demasiado fuerte; en otra porque las palabras invitan a una doctrina equivocada. La otra, no solamente por deficiencia doctrinal, sino porque lejos está del espíritu, sino más bien ensalzar el alma, los sentimientos.

Ustedes saben, hermanos, muchas veces, la mayoría de las veces las congregaciones se deleitan cantando porque les gusta a sus oídos, y cantan prácticamente canciones del mundo con letra cristiana. Nosotros, por ejemplo, no cantamos aquel himno que dice: “Cuán gloriosa será la mañana…” No cantamos eso. ¿Por qué? Porque nos acordamos de aquella que dice: “Que si Adelita se fuera con otro, que si Adelita fuera mi mujer” Imagínese usted a Vicente Fernández o a cualquier otro cantante.

Con una intención ignorante, muchos le han puesto la música de una canción, a un himno, a una letra cristiana, y lo bautizan como himno; pero ¡no es agradable al Señor, porque a Dios se le adora con exclusividad! Dios no le vino a pedir información o consejo al hombre para ver qué clase de música a Él le iba a gustar; Él creó la música para sí mismo. Y le puso al hombre un sentido musical, y orientación musical, y la sabiduría musical para dar gloria a Su nombre; y el diablo, sabiendo eso, la ha querido robar. Y la ha robado, y la ha metido al mundo, y le ha dado un tremendo auge, un tremendo uso a la música en el mundo, que usted ya sabe. Y nosotros los cristianos estamos siendo afectados también. ¡En muy pocas iglesias se canta buena música a Dios! Ya se han quitado los púlpitos para poner una batería, ya se han tolerado panderetas y cosas que lo único que despiertan son los sentimientos carnales, sensuales y rítmicos de la persona.

Yo no tengo nada en contra de los instrumentos. Todo instrumento puede ser usado por Dios, siempre y cuando reúna los requisitos de la música que a Dios le agrada, y definitivamente hay instrumentos que nunca lo van a lograr. Coger un bote y darle de patadas, no va a sacar un solo sonido que le agrade al Señor. Y me refiero a bote, aunque vengan muy sofisticados, porque una batería no es más que un bote con que le dan de patadas, de palos. Y todo lo que tiene es ritmo. Usted ha estado en una orquesta sinfónica, seguramente; y por allá atrás están unos tambores del tamaño del mundo, y unos platillos. Dígame usted, ¿los están tocando todo el tiempo? ¿Quién estaría en un auditorio de una orquesta sinfónica donde todo lo que se oye es un “pum pum pum; pum pun pum pun” ¿Usted cree? Nos volvemos locos. De vez en cuando, el ritmo del tamborazo se oye por allá, y los platillos: “plaaaa…”, ¿verdad?; en su momento, en su lugar, a su nivel. Todo lo demás lo llevan los violines, el chelo, los instrumentos de cuerda, trompetas y todo lo demás. ¿Usted se da cuenta por qué la sinfonía logra la calidad de música que se tiene? Por el equilibrio que la música tiene. Y los creyentes en Cristo Jesús debemos tener cuidado con eso.

La Música en Nuestra Iglesia

Ahora, vamos a llegar a un punto importante. La música en nuestra iglesia. La música en la iglesia debe tener un sentido de adoración. Yo creo que el pueblo de Dios se reúne para oír la Palabra de Dios, para ser edificados en la Palabra de Dios, para contribuir en la salvación de las almas perdidas, y para adorar. El pueblo de Dios debe adorar. Es cierto que debemos adorar a Dios en cualquier parte, pero si no lo hacemos en la iglesia, menos lo van a hacer en cualquier parte. Una de las razones por las cuales la iglesia primitiva se reunía era para alabar a Dios. Dice: “Alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo, y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

La Música en la Iglesia es para Adorar.

Uno de los propósitos primordiales de la iglesia al reunirse es adorar a Dios, alabar a Dios. Con nuestra alabanza mucha gente es convencida de nuestra verdad. Pero hermanos, se ha ausentado muchísimo el sentido de adoración, el espíritu de adoración en las iglesias. Jesucristo dijo: “La hora viene, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.” Y dice, y agrega: “A tales adoradores busca Dios que le adoren.” ¿A quiénes? A los que le adoran en espíritu y en verdad. Una de las razones por las cuales nosotros estamos reunidos aquí es: para dar testimonio, para invocar, o para exaltar los atributos de Dios en nuestra música, en nuestros cantos.

Hay hermanos que me han dicho: “Ustedes cantan en esa iglesia los himnos que a ustedes les gustan nada más.” No, no creo que es así. Estamos buscando lo que a Dios le gusta, lo que a Dios le gusta. ¿Usted cree que a Dios le gusta aquella melodía que le pusieron… , muy conocida, usted la va a reconocer, que suena así, dice: “Si te arrepientes, si te arrepientes; Dios te puede perdonar. Tus culpas todas, tus culpas todas, Él te las perdonará.” Y lo cantan en la congregación. Usted sabe cuál es. “La Cucaracha” “La cucaracha, la cucaracha; ya no puede caminar…” Y los hermanos lo cantan porque tiene un sentido un tanto espiritual. Y a veces nosotros hacemos el error de poner concursos a los jóvenes, y decirles: “A ver, pónganle una canción, una melodía a este corito.” ¿Y qué le va a poner? Pues la canción que tenía allá en su pueblo, la canción que le gusta más; y el pone la melodía que más le acomode, la que más… No, no, no, no. La música es creada exclusivamente para Dios, y nuestros himnos deben ser música que se creó para adorar a Dios; exclusivamente, sin pedirle permiso ni favor a nadie. Por hombres de Dios, mujeres de Dios, consagrados a Dios, santos a Dios, útiles a Dios, escogidos por Dios, dotados por Dios, para crear música para alabar a Dios.

A Dios no le vamos a llevar una ofrenda en la charola del diablo. Dios es singular, Él es único, no hay otro como Él. Entonces, cuando nosotros cantamos, vamos a cantar himnos, cánticos espirituales que han sido creados por gente llena del espíritu de Dios para alabar Su nombre. Por esa razón nosotros no hacemos concursos de a ver quién se inventa un himno. Si hay alguien entre nosotros, dotado por Dios; es decir, con don especial de Dios para componer música para Dios, y música para Dios, venga y enséñenos. Pero mientras no, seguiremos usando los que Dios ha usado por tanto tiempo.

Estaba visitando la cárcel de Cananea – yo soy de Cananea. ¡Hum, hum! Pobre pueblo no aparece ni en el mapa, pero en fin. Es famoso porque la cárcel, dice la canción, está situada en una mesa, y allí tuvieron a Pancho Villa- Mi hermano y yo de jóvenes íbamos a visitar a la cárcel, todos los domingos, a predicarle a los presos. Nos ganamos a varios para Cristo. Yo tendría como unos quince años, catorce. Y una vez llegamos allí, y las dos personas principales, las que más nos importaban a nosotros, las que más muestra habían dado de su conversión; habían tratado de escapar junto con un grande grupo ahí. Le quitaron una piedra (las paredes son grandes; ahora ya no se usa, es un museo; las paredes son inmensas, anchas), por allí había una capilla, como siempre. Empezaron a carcomer tierra de una de las rocas, de las piedras del muro, en el día. Cuando ellos sabían que había algún peligro de que los descubrieran, le ponían una virgen de papel y allí tapaban el hoyo, y la tierra la desparramaban por todos los lugares. Estaban a punto de descubrirlos, cuando el guardia pasó y los descubrió. Dos de nuestros discípulos fueron a dar al cuarto de castigo, la celda fría, el cuarto frío, le llamaban. Aislados totalmente, oscuro, húmedo, frío, horrible ese lugar; nadie podía llegar allí. Pero a nosotros nos permitieron llegar a visitar a nuestros dos discípulos; estaban en una de las celdas frías. ¡Un lugar espantoso! Ceballos, era uno, Dávalos, era el otro. Están en las Islas Marías, si no es que se han muerto ya. Fuimos hasta ellos y les dijimos: “¿Por qué hicieron esto? ¿Por qué trataron de escapar? Ustedes ya son de Cristo?”

– Sí, hermano, pero usted sabe, yo quería la libertad, y quiero salir de aquí algún día.

Empezaron a decir eso. Tratando de consolarlos, uno de ellos nos dice:

– ¿Por qué ustedes no cantan?

-Nosotros sí cantamos.

– ¿Por qué no me cantan una de esas canciones que ustedes cantan

Dice el muchacho. Ceballos había sido acusado de violación; el otro era avigeo. Y le dijimos:

-¿Usted tiene idea de algunos de los himnos que nosotros cantamos?

-Cuando yo estaba chiquito mi abuelita me llevaba de la mano, y pasábamos por una iglesia de hermanos.

(Cuando él estaba chiquito era un muchacho ya grande. Escuchó que iba pasando por enfrente de una iglesia y dice: )

-Yo escuché algo que se me ha quedado en los oídos, y dice algo así como: “En la cruz, en la cruz…” Dice: ¿Se saben algo así?”

– Y le dije, claro que sí

Y empezamos a cantar: “Me hirió el pecado, fui a Jesús…” Y esos hombres lloraban al escuchar la música que le iba a llegar a sus corazones. Ese himno, hermano, Dios lo ha usado por siglos, por años. Pero se ha olvidado en las iglesias; se ha olvidado. Ahora se canta “La Cucaracha”, ahora se canta “La Adelita”, ahora se cantan: “A que tú no sabes lo que en Damasco pasó; lo que pasó, lo que pasó.” Que no dice nada. “A que tú no sabes lo que en Damasco pasó…, fue el Espíritu Santo, fue el Espíritu Santo, el que tarán, tarán tarán, tarán, tan tan, tarán, tarán…” Y ahí andan con los audífonos aquí; y sus almas están siendo… Yo le dije a usted: “Yo le voy a hablar de algo que le está robando a usted el gozo de Dios.” Algo que le está robando la comunión con Dios. El espíritu correcto que el creyente debe tener con Dios.”

Yo me pongo a pensar: “¿Por qué iglesias donde se predica doctrina sana y pura, se cometen, en esas mismas iglesias, en esas mismas congregaciones, toda clase de inmoralidad, de mentiras, de envidias. ¿Por qué? Porque hay un elemento que significa un tremendo hueco para que el diablo se meta. ¿Sabe cuál es? ¡Música!

Un hermano dijo, vamos a cantar un himno: “Cuando la Trompa te Suene” Estaba dirigiendo. Y yo digo: “¿Qué espíritu de adoración es ese, Dios mío?” El himno es: “Cuando la Trompeta Suene en aquel día final” Es un himno bueno, y sí da gracia. Pero usted tiene celo del Señor, usted siente lo mismo que yo sentí. ¿Cómo que “cuando la trompa te suene”? Es estar burlándose de la presencia de Dios ahí. Si se ha reunido el pueblo de Dios para alabar al Señor, que le cante en espíritu de adoración.

“Vamos a cantar un himno para que terminen de entrar.” Como que van a cantar un himno para que terminen de entrar. Vamos a cantar para alabar a Dios. “Vamos a cantar un himno mientras el director de música va al baño”. Hay quienes hacen eso. “Vamos a cantar un himno para que ya sepan que empezamos.” ¡No, no, no, no, no! La adoración, la música, son de los elementos fundamentales de la congregación del creyente; y debe ser un espíritu de adoración, de comunión, de preparación, de anticipación correcta para la predicación del evangelio. Dice la Biblia en 1 Crónicas 25, (David está organizando), versículo 1:

Asimismo David y los jefes del ejércitos apartaban para el ministerio los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos.

Salterio, no “salteríos”; ¿oyeron hermanos pentecosteses? Salterios, no “salteríos”

Para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos. [Salterio es un instrumento tremendo, netamente musical]

Y el número de ellos, hombres idóneos para la obra de su ministerio fue: Asaf, y todo lo demás, todo lo demás, todo lo demás…

Desde el versículo cinco (estoy en 1 Crónicas 25:5):

Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en las cosas de Dios, para exaltar su poder; y Dios dio a Hemán catorce hijos y tres hijas.

Y todos éstos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios. Asaf, Jedutún y Hemán estaban por disposición del rey. Y el número de ellos, con sus hermanos, instruidos en el canto para Jehová, todos aptos, fue doscientos ochenta y ocho.

¡Imagínese un coro de 288! ¿Qué dice? “Todos los aptos” ¿Usted entiende lo que quiere decir apto? Capaz, diestro, educado, preparado. Había gente de tiempo completo, preparando, inventando, escribiendo, arreglando, coros para la congregación. Toda esa gente, 288; todos ellos, de familias escogidas por Dios, dotadas por Dios, para crear música. ¡Oiga, eso debe de haber sido un corazón! Y cada quien tenía sus turnos, y cuando el coro se juntaba aquello debía ser una cosa hermosa. Cuando Salmón dedicó el templo la gloria de Dios se llenó. Gente ahí estaba… Por eso hermanos, el hermano que dirige, el hermano o la hermana que toca los instrumentos debe ser gente consagrada a Dios. ¿No cree usted? Que sepan, que conozcan. Ahora yo sé que hay quienes no tenemos esa capacidad (gracias a Dios por los hermanos capaces que tenemos aquí, y los instrumentos que Dios nos ha dado). ¿Sabe por qué a muchas iglesias Dios no les da un piano? Dios nos ha dado a nosotros un hermoso piano, valiosísimo piano. ¿Sabe por qué? Porque le damos énfasis a la música. ¿Sabe por qué los hermanos nunca salen de las guitarras, (y no menosprecio a las guitarras)? ¿Saben por qué? Porque no le dan el énfasis necesario a la música. Cuando tú te preocupes por dar buena música, Dios te va a dar un piano y una pianista a tu iglesia, si alguien de otra iglesia escuchándome. Pero, hermano, nosotros no debemos sentirnos minimizados; usted cante al Señor, y Dios le va a dar los instrumentos y la herramienta en su iglesia para alabar al Señor. Nosotros debemos tener un sentido de adoración.

Dice aquí que el número de los hermanos era instruido para el canto. Instruidos para el canto; ellos se pasaban horas, horas y horas y horas y horas y horas y horas; instruyéndose, instruyéndose, instruyéndose, aprendiendo, aprendiendo; para que a la hora de cantar, hacerlo bien, como expertos. Importante ¿no? La música en la iglesia. Eso nos hablará de nuestra adoración, de nuestra comunión, de nuestra relación con Dios.

La música en nuestra vida personal

La Influencia de la Música en la Vida Personal.

Ahora, tomando en cuenta todos esos elementos, paso al siguiente punto importante. El clímax de mi predicación, el grano a donde yo quiero llegar. ¿Qué clase de música escucha usted? ¿Qué clase de música escucha usted, o permite usted que su familia esté escuchando? La música destruirá o edificará su familia. La música hará de sus hijos gente noble o gente rebelde. La música hará riqueza o hará pobreza moral y espiritual de una persona.

¿Sabe usted cuándo los jóvenes se empiezan a apartar del Señor? ¡Cuando empiezan a escuchar música del mundo! Ahí está, ahí está, ahí está.

Una de las primeras cosas que las malas amistades le meten a nuestros hijos, ¿sabe usted qué es? Música. El diablo sabe que la música le llega al hombre o mujer, hasta el alma y el corazón. Hasta el mismo espíritu, hasta muy adentro, y cuando la música se mete adentro, hermano…

El diablo ha usado tremendamente la música, ¿sí o no? El diablo ha usado poderosamente la música. Si el diablo quiere que la juventud sea rebelde, se lo mete por la música. ¡Fácil! Han llegado a hacer las cosas más terribles, los seres humanos, influenciados por la droga de la mala música. Rock & Roll. Los jóvenes se ven de lo más ridículos, si usted me permite la expresión, no parecen seres humanos, cuando están poseídos por la música del diablo. ¿Sí o no?

El otro día nosotros veníamos de un funeral hace tres días. Nos paramos en un alto, y junto a nosotros estaba un fenómeno que parecía un joven; o un joven que parecía fenómeno, escuchando Rap: “Ra, ta ta, ra ta ta ta ta, ta ta ta da da da da ta ta …” ¡Qué tremenda música digo yo! ¡Qué melodía…, y las palabras! ¡Uf! Ni se les entiende. Hay que ver la clase de vida que lleva. De seguro no es una persona muy productiva en la sociedad. De seguro, un joven así es un dolor de cabeza a sus padres. ¡La vergüenza a su familia! Uh, pero es un orgullo para la sociedad.

La juventud de hoy en día…, quiénes más producen efectivo para los centros nocturnos, los centros de baile. Y el pueblo de Dios no debe permitir que sus hijos escuchen la música del mundo. No le debe permitir, hermano. ¡No lo debe permitir! Ni por video, ni por cassette auditivo. ¡No!

¿Por qué ya no tienes compasión por las almas perdidas? Porque empezaste a escuchar música del mundo. ¿Por qué ya no tienes el mismo fervor por las cosas de Dios, por qué los himnos ya no te gustan, te parecen así como tristes, eh? Porque empezaste a escuchar la música del mundo. Porque Vicente Fernández te trae de cabeza, o porque todos esos (ya ni sé ni cuáles son los músicos de hoy en día); cada rato cambian. Porque “Los Zapatos Rotos”, y “El Pelo Despeinado”. Vendrán, y que cuando Juan Gabriel va a venir, que no sé qué. ¡Pura gente perversa, sucia, prostitutas caras, y los oídos santos de los hijos de Dios, oyendo esa basura!

“Ay no, yo no escucho a la Gloria; yo escucho a la Libertad LaMarque, de esos del año de la cachucha.” No deja de ser del mundo. No deja de ser del diablo. “No, yo oigo los Panchos, el trío Los Panchos.” ¿Qué negocio tiene un hijo de Dios, prestando su oído…? Hermano, la música te está afectando.

Mire los cristianos y los predicadores le damos duro al rock, como si el rock fuera la única música mundana y diabólica. ¡Toda la música que no ha sido creado para Dios no es de los cristianos! ¡Se acabó! La música que ha sido creada para Dios, esa es la clase de música que debe formar parte de la personalidad del cristiano! ¿Sabe de qué estoy hablando, hermano? ¿Sabe de qué estoy hablando? Que usted apague su radio, ¿Mmm? Y si lo va a poner en Family Radio, pregunte primero, porque Family Radio es una estación de música cristiana; tiene una música pésima muchas veces; sobre todo en español. ¡Sobre todo en español! Se avientan cada salsa, cada “rola”. Mire, hasta Rap “cristiano”, rock “cristiano”, salsa “cristiana”. No, eso no. O es de Dios, o no es de Dios.

Hermano, joven, señorita. Joven y señorita. Tienes que deshacerte de todo disco cassette, (¿cómo se llaman esos?) “compacts” discos compactos; toda esa cosa que te está afectando tu persona y consagrarte al Señor. Y usted dirá: “Pastor, pero hay tan poca música buena…” Y yo le digo a usted: “Hermano, es algo que yo lamento también junto con usted.” Pero recuerde, estamos en un mundo donde siempre vamos a ser la minoría, y nos estamos esforzando por hacer música nosotros, y poderla llevar hasta sus oídos, y que escuchen, aunque sean nuestros congregacionales, y sea edificado. El hecho de que sea grabado profesionalmente, un grupo, no quiere decir que sea de Dios. Hay muchísimos, que yo pienso, yo quiero creer, que es por ignorancia. Que antes le cantaban al mundo, eran músicos, eran roqueros, o eran de conjunto, y ahora dicen: “Ahora yo le canto al Señor, y ahí les va…” Le ponen exactamente la misma música, exactamente la misma forma de tocar, exactamente las mismas fachas, solamente con letra cristiana. Y en tal caso está el Marino, y el otro (¿cómo se llama?) Los Hermanos Medina, (hay otro muy famoso, Bernabé, ¿o cómo se llama? ayúdeme). No, Manuel Bonilla tocaba muy bien, cantaba…, ahora ya, desde que grabó con el Mariachi Vargas, ese hombre se echó a perder. Yo lo miré un día en la librería, y me dice: (él es paisano mío, también es de Sonora):

-“Hermano, cuando necesites alguna música en tu iglesia me avisas.”

-¡Mmm! Mejor que cante Luis Soberanes. Por lo menos canta buena música.

Yo prefiero tener a un hombre consagrado, un joven consagrado, dedicado su vida al Señor, que aunque no tenga la voz privilegiada que tienen muchos artistas, pero tienen un corazón que le agrada al Señor y canta bien. ¿Verdad?

La Música que Uno Permite en su Casa.

¿Qué clase de música está usted oyendo en su casa? Usted dirá: “Pastor, y ¿cómo sabe?” Y yo le digo a usted: “¿Dónde cree usted que yo vivo? Vivo en este mundo”. Y escucho y hablo con la gente, y observo, y oro al Señor. Y yo sé que muchos hermanos aquí están oyendo el radio todo el santo día. Que para escuchar que las noticias, y que para escuchar la… y ahí se va…, y ahí se va…, y ahí se va. Así se mete primero que para escuchar la Radio Tribuna del Pueblo. Y ahí se va…, y ahí se va… Usted aprenda a manejar los instrumentos que tiene. El momento que usted empieza a ser afectado es el momento que el cristiano dice: “¡Ya, se acabó!” Cuando usted vea a sus hijos con esos audífonos, de esos chiquitos, que se ponen aquí, usted vaya con ellos y dígales: “Préstamelo pa’cá”

– ¿Qué estás oyendo?

– No, nada, nada. (y lo apagan).

– Préstamelo para acá, yo quiero oír lo que tú estás oyendo.

Porque si tú no lo haces, padre de familia, tu hijo se te está envenenando, y Dios lo demandará de ti.

Estaba un par de muchachos sentados en unas aquí en la iglesia, allí afuerita, oyendo eso. Y llegué:

-“Quiero oír qué estás oyendo”.

– No, nada, no nada.

– Préstamelo pa’cá, yo quiero oírlo.

– No nada, nada, no tiene nada, no tiene nada, verá.

– A ver échamelo para acá.

Y le aplastaba allí a la cosa esa y no se oía nada, no se oía nada; y aquellos nerviosos a que yo le fuera atinar a tantos botones. Y en una de esas le atiné. Estaban oyendo música del mundo. Estaban oyendo música del mundo. Tantito yo los dejo, se suben al balcón, y mientras yo estoy predicando están oyendo esos cassettes. ¿Verdad?

La Mala Música Afecta Espiritualmente.

¿Por qué ya no hay fervor? ¿Sabes por qué tu carácter es tan duro, hermano? ¿Sabes por qué tu carácter es tan feo? Por la música que oyes. Porque la música afecta el carácter; afecta la personalidad. ¿Por qué el creyente es capaz de hacer tantas cosas, de quien menos se espera? Por la música que oye, entre otras cosas. La música, la música, la música. Que Dios nos ayude a vencer la tentación de tanta, tanta, tantas basuras que se meten a nuestros oídos. A la iglesia, a la familia y a la persona.

La música destruye o edifica. Ennoblece o endurece. Enriquece o empobrece. Dios quiere bendecirnos con Su música, y el diablo nos quiere maldecir con la suya. Usted y yo escogemos qué clase de música vamos a escuchar. El diablo siempre ha reclamado lo que Dios quiere. El diablo es un perfecto, tremendo (no perfecto) imitador de Dios. Dios quiere adoración, el diablo también. Y sabe ¿qué? la mayoría de la gente se la da al diablo. Y ¿sabe qué? muchos cristianos, deliberadamente, y otros por ignorancia, pero todo lo que hacen es exaltar las pasiones que desencadena Satanás en los corazones con su música.

Yo no tengo nada contra la guitarra (yo creo que una guitarra bien tocada puede ser una bendición). Mi papá era mariachi cuando se convirtió al Señor; pero cuando él se convirtió su guitarra no se convirtió con él. ¡Y cómo queríamos nosotros que la tocara porque la tocaba muy bien! Y él decía: “La guitarra me conecta con todo lo que yo era antes de conocer a Cristo; yo no quiero nada, yo quiero una vida nueva.” Esa es una conversión. La persona que dice: “Yo tocaba la guitarra eléctrica, ahora la toco para el Señor: Ding, ding, ding, ding, ding” Nunca ganan almas, nunca leen la Biblia, pero ahí están: “Ding, ding, ding, ding, ding, ta, tan tan tan, tran, tarán tarán tarán” y se arrancan, dos tres horas; diez minutos de predicación, y una hora de puro rock en las iglesias. Y están los hermanos encantados, pues claro allí no les dicen predican nada en contra de nada. ¡Qué triste! ¿No es cierto, hermano? ¡Qué triste la condición en la que vive el mundo hoy en día! ¡Y qué triste la condición en las que las iglesias cristianas están viviendo hoy en día!

La Música que Tú escucha Testifica contra Ti

La música hablará de tu estado espiritual. La música que tú oyes hablará, te revelará, te descubrirá, de tu relación con Dios. La música hablará de tu nobleza o de tu rebeldía en tu corazón. ¿¡Mmm?!

¿Se acuerda usted cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel? ¿Sabe qué hacían? ¿Sabe qué hacían? Cantaban. ¿Y qué cantaban? Himnos. ¿Qué quiere decir que qué clase de música estaban cantando? Himnos. ¿De qué hablan los himnos? Atributos de Dios.

Ellos cantaban himnos como estos: “Señor mi Dios, al contemplar los cielos…” Y los presos los oían…: “Mi corazón entona la canción, cuán grande es Él…” Y tenían el cepo en las manos y en los pies.

“Oh tu Fidelidad, Oh tu Fidelidad…” Y les dolía la espalda, y les dolía la cabeza, y les dolían las piernas, pero ellos exaltaban el poder de Dios, y la gracia de Dios, y la grandeza de Dios. El Espíritu de Dios estaba dominando sus vidas.

La Biblia dice en Efesios 5:

No os embraguéis con vino en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del espíritu, cantando entre vosotros con Salmos himnos y cánticos espirituales.

La música vendrá a dominar nuestras vidas, y revelarnos lo que nosotros en verdad somos, o queremos ser delante del Señor.

Conclusión

Yo le dije al principio (y estoy terminando): “Les voy a decir de algo que puede estarle minando su vida espiritual.” ¿Qué clase de música está usted oyendo? Eso, eso, eso revela el porqué de muchas cosas. De su carácter, de sus actitudes, de su rebeldía. Usted le da mucho auge a la música mundana. Usted va a ser resistente a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios se le va a resbalar, como al pato se le resbala el agua. Porque la música lo tiene cautivo, lo tiene preso. La música que no es de Dios.

Si Dios creó la música, ¿no debiéramos nosotros usarla para Él? Dígale al Señor: “Señor, dame buena música; yo quiero tener buena música.” Y mi hermano, si usted no tiene el suficiente discernimiento espiritual, usted es bien sincero, yo lo voy a pedir una cosa. Cuando usted compre un cassette, vaya con su pastor y pregúntele si ese cassette está bueno. Yo le voy a decir a usted. Yo le voy a decir a usted, y por qué también. Pero las librerías cristianas están llenas de basura de música que no le agrada al Señor y no lo edifican a usted.

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¿Qué pasa contigo? Aviva el fuego del don de Dios

Posted by OSCAR ESQUIVEL en mayo 16, 2009

Tema: “interrogacion

Texto: 2 Timoteo 1: 6

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.”

¿Qué pasa contigo?, hace días que vienes con un animo distinto al que sueles tener, el ir a la Iglesia ya no te es motivo de alegría, ¿Por qué? las alabanzas ya no son tan gozadas como antes, la adoración no es la misma y se a perdido el gusto de las predicaciones.

¿Cuántas excusas pondrás?, ¿Quién tiene la culpa hoy?, Si, yo se que reconoces quien realmente tiene la culpa, se muy bien que sabes lo que esta pasando, aun cuando lo quieras disimular tu ritmo espiritual ha bajado, ¿Qué pasa?, no me digas que oras como antes, no te engañes pensando que leer la Biblia el poco tiempo que lo haces es suficiente, cuando antes pasabas horas completas leyéndola, no me vengas con que en la oración lo que ahora importa es la calidad y no la cantidad de tiempo, ¿A quien pretendes engañar con tanta excusa?

¿Qué pasa ahora con el servicio que realizas?, no que antes te preparabas lo mas que podías para ir y desarrollar tu servicio lo mejor que podías, antes orabas mucho para que Dios te respaldara, no soportabas a que llegara la hora para ir a servir, hacías todo por amor.

Te recuerdas el día que estabas en tu casa preguntándote: ¿Por qué hago esto? Y Dios vino y te dijo, “Hijo lo haces por amor a mi” tu lloraste en la presencia del Señor porque sabias que lo hacías para El, cada día te levantas con las ganas de servir a Dios, de hacer algo para El, venias a las personas en la calle sin Cristo y querías detenerte a hablarle de Cristo, ¿Qué pasa ahora contigo?

Tu primer privilegio fue el que mas amaste, no lo podías creer por primera vez ibas a hacer algo para Dios, era lo mejor que te podía pasar en la vida cristiana, te sentías tan feliz que querías contárselo a todos, no te importaba que en el privilegio tu labor era de lo mas sencillo posible, tu tenias un corazón tan agradecido que te sentías como que era el privilegio mas grande sobre la faz de la tierra, ¿Qué pasa ahora?

¿Cuánto tiempo esperaras para mejorar tu relación personal con el Señor?, ¿Qué estas esperando que pase en tu vida para cambiar tu ritmo?, ¿Por qué permites que el fuego de Dios se apague en tu vida?

Reconócelo, ya no puedes mas, estas cansando, sientes que no tienes fuerza, no quieres reconocerlo porque siempre tuviste una imagen excelente delante de todos, pero se sincero contigo mismo, necesitas de Dios, necesitas encontrarte con El, necesitas alimentarte, estas vacío, no hay agua en el pozo de tu vida, necesitas un respiro, necesitas a Cristo en tu vida.

No me digas que eres cristiano, yo lo se y tu también, pero mas allá de eso es hora de volver a la senda antigua, a gozar de lo que antes te gozabas, de volver a orar con las ganas que antes lo hacías, de volver a leer la Palabra como antes lo hacías, Dios quiere de ti eso y mucho mas, El anhela estar contigo, El te quiere usar, tienes planes muy hermosos para tu vida, pero necesita de ti que avives el fuego en tu vida.

Ya no puedes mas seguir así, es hora de levantarte, es hora de olvidar los errores del pasado, es momento de no ver lo que el hombre ha hecho con tu vida, es momento de perdonar a los que han interferido en tu caminar con Cristo y es hora de perdonarte a ti mismo por todos los errores que has cometido, es momento de pararte firme y decir: “Señor, aquí esto nuevamente”.

Se que será difícil, pero en este camino no estas solo, tienes a Jesús de tu lado, tienes al TODOPODEROSO, nadie te podrá hacer frente, porque Dios estará contigo, el peleara las batallas por ti e ira delante de ti como Poderoso Gigante, te pondrá como cabeza y no por cola, hará de ti una nación grande y bendecirá a los que te bendigan.

Hermano no te des por vencido, no te quedes ahí sentado, no pienses que ya no puedes volver al mismo nivel de antes, ¿Quién te dijo eso?, Dios puede hacer que vuelvas al mismo nivel de antes y superarlo, lo único que necesita de ti es: DISPOSICION.

Te hago una pregunta:

¿Quieres seguir como estas? ó ¿Quieres avivar el fuego de Dios en tu vida?

La respuesta depende de tu DISPOSICION, Dios estará ahí SIEMPRE esperando tu sabia decisión.

Con amor de parte del Señor

Enrique Monterroza

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