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Buscando la santidad 1 Parte

Posted by OSCAR ESQUIVEL en julio 8, 2009

Buscando la santidad

Introducción [1]

Cuantas veces os ha pasado tras un momento de oración, después de un culto, después de hacer vuestro devocional, cuando os sentíais caminando en las alturas con Dios, y teníais auténticos deseos de ser santos, que de repente todo vuestro gozo, toda vuestra comunión con Dios, se ha visto destruida en un instante, al poneros unos minutos detrás del volante, o al ver que tus hijos o tu cónyuge vuelven a hacer o decir aquello que te molesta tanto, o porque justo después de estar orando llama por teléfono esa persona tan irritante y todos tus buenos sentimientos se van a hacer gárgaras en un momento, o porque vuelves a caer en un hábito pecaminoso del que parece que no puedes librarte. ¿Has tenido esta experiencia? ¿Cómo es posible esto? No se supone que:

Romanos 6:14

14 …el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Sin embargo, con frecuencia somos vencidos tan fácilmente por conductas pecaminosas, a veces incluso pocos minutos después de haber estado orando o leyendo la Biblia, que la sensación es de que aún somos esclavos del pecado. ¿No deberíamos ser más santos?

Análisis del tema

La palabra santo aparece más de 600 veces en la Biblia, y tenemos un libro que está dedicado completamente a las normas de santidad bajo el Antiguo Pacto, Levítico, pero sobre todo tenemos un mandamiento de Dios respecto a la santidad:

Levítico 20:7

7 Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.

Mandamiento repetido bajo el nuevo pacto en 1 Pedro:

1 Pedro 1:14-16

14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Así que tenemos el mandamiento, lo que nos deja aún más preocupados: ¡quiero ser santo! ¿Cómo podemos ser santos? Hay muchas falsas ideas al respecto. Hay quien considera que ser santo equivale a guardar una lista de cosas, a menudo externas, que se deben y que no deben hacer que, a menudo, varían dependiendo del grupo al que se pertenezca (no beber, no fumar, ir al culto, ofrendar, etc.) Quien hace esto a menudo acaba albergando un sentimiento de superioridad respecto a los que no guardan esas reglas del grupo, y suele descuidar la actitud interna del corazón.

Otra visión de la santidad intentaría ir más allá del cumplimiento de una serie de normas externas de comportamiento, pero nos diría, y no sin parte de razón, que ser santo consiste en ser de una perfección moral absoluta, no tener pecado de ningún tipo. Esto es ciertamente así en el caso de Dios, pero en el caso de los cristianos, a día de hoy, esta idea de santidad provoca una gran frustración cada vez que se enfrenta a la evidencia de nuestro pecado diario. Si esta es la única idea de santidad, o los cristianos del Nuevo Testamento, a los que la Biblia llama santos, eran unos seres superiores, muy diferentes a nosotros, o entonces ser santos, para ellos, no podía ser algo del mismo tipo que lo que aplicamos a Dios, cuando decimos que Dios es santo.

Ahora bien, ciertamente ser santo es ser moralmente sin mancha, estar separado del pecado y por tanto consagrado a Dios. Vivir una vida santa es vivir en conformidad con los preceptos morales de la Biblia y en contraste con las maneras pecaminosas del mundo. La diferencia entonces entre la cualidad de santo que expresamos respecto a Dios y la que se expresa para los cristianos, es sencillamente que Dios es santo en términos absolutos, mientras que los cristianos son santos en tanto que han sido llamados a apartarse para Dios y a apartarse de la contaminación del pecado y vivir una vida sin mancha. Somos, por lo tanto santos, como los creyentes a los que escribían los apóstoles, en términos relativos, en tanto que llamados a la santidad, santificados progresivamente mediante nuestro alejamiento, cada vez mayor, del pecado.

Pero entonces, si este alejamiento del pecado es la santidad y si esto debería caracterizar la vida cristiana, hasta el punto de que los cristianos son conocidos como los santos que están en las distintas iglesias locales, entonces ¿por qué no experimentamos más santidad en nuestra vida diaria? ¿Por que hay tantos cristianos que se sienten constantemente derrotados en su lucha diaria con el pecado?

Los próximos domingos, Dios mediante, vamos a hablar del tema de la santidad. Es un tema que como cristianos nos interesa, nos interesa y mucho, no es algo de beatas, ni de gente fanática o ñoña. No, es nuestro deseo, y es nuestro gozo. Yo creo que como cristianos no hay nada que anhelemos más con excepción de al propio Dios: ser santos, sólo querer y sólo hacer perfectamente lo que es la voluntad de Dios. Ahí está la suprema felicidad, el supremo gozo. No tener mayor tesoro que Dios, y por lo tanto no desear otra cosa en este mundo que lo que desea Dios. Hacer nuestras esas palabras del salmista:

Salmos 73:25

25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?

Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

Para empezar, en esta mañana queremos exponer tres razones que están en la base del hecho de que tantos cristianos no sientan que una vida de santidad está formando ya parte de su experiencia diaria como cristianos. Tres malentendidos muy comunes, que hacen que nos estanquemos, que no experimentemos progreso en esa área absolutamente fundamental de nuestra vida cristiana.

Para empezar, tenemos un problema con nuestra actitud frente al pecado. ¿Qué problema es este? Sencillamente que nuestra actitud hacia el pecado en vez de estar centrada en Dios, está centrada en nosotros mismos. Nos preocupa más nuestra propia victoria sobre el pecado que el hecho de que el pecado sea una ofensa a Dios, un insulto a su santidad.

Me explico. Nos molesta el pecado principalmente porque nos produce una sensación de fracaso personal, y todos nosotros, desde primero de primaria, al menos antes de alguna reforma educativa, hemos sido educados pensando en el éxito, en la superación personal. Así que lo que frustra es ver que fallamos en conseguir nuestros objetivos, pero lo que de verdad debería molestarnos del pecado es no tanto que muestre nuestro fracaso, sino que ofende profundamente a Dios.

Debemos comprender que al pecar, son las leyes de Dios las que rompemos, no las nuestras. Es la autoridad de Dios, de nuestro creador, la que despreciamos, no la nuestra. Deberíamos fijarnos menos en lo decepcionados que nos quedamos con nosotros mismos y aprender más de la actitud del hijo pródigo:

Lucas 15:21

21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

O de la actitud de David:

Salmos 51:4

4 Contra ti, contra ti solo he pecado,

Y he hecho lo malo delante de tus ojos;

Sólo cuando aprendemos a despojarnos de nuestra visión egocéntrica de la vida, y empezamos a interiorizar que el problema del pecado no es el disgusto que me provoca, la sensación de derrota con que me deja, sino la ofensa que lanza contra nuestro creador, el menosprecio con que trata la sangre de Cristo derramada en la cruz, sólo entonces, ponemos el foco debe estar, y nos empezamos a preparar para luchar con efectividad contra el pecado.

El segundo problema es que hemos malentendido lo que significa vivir por fe. Como si una vez convertidos, una vez perdonados nuestros pecados y justificados por la gracia de Dios en Cristo Jesús, la santidad viniese sin ningún esfuerzo por nuestra parte.

Hay incluso algunos líderes evangélicos que le explican a la gente que si han fracasado en llevar una vida de santidad, es porque se esforzaban en conseguirlo por sus propios medios, pero lo que tenían que hacer era dejar de esforzarse y entregarle su vida a Dios, y pedir que Dios les diese la victoria en él por fe. Todo esto suena muy espiritual, pero se olvida fácilmente que la victoria es producto de la obediencia.

Dios nos llama a que andemos en obediencia, no en victoria. La victoria viene como resultado de andar en obediencia. Es fácil ver el problema de esta actitud cuando nos damos cuenta de que, una vez más, el foco de la obediencia es Dios, mientras que el foco de la victoria somos nosotros mismos, y esconde una actitud centrada en el yo que puede ser la raíz de nuestra falta de habilidad para derrotar al pecado. Oramos pidiendo a Dios que nos dé victoria sobre el pecado, cuando lo que deberíamos hacer es andar en obediencia.

Es hora ya, si queremos que la santidad sea una experiencia más común en nuestra vida, que nos enfrentemos al hecho de que tenemos una responsabilidad personal en nuestro andar en santidad. Tenemos la responsabilidad de rechazar en nuestra vida diaria aquellos hábitos pecaminosos que nos impiden caminar en la voluntad de Dios.

Un agricultor ara su campo, lo siembra con semilla, le hecha fertilizante y lo cuida, y sin embargo es consciente en todo momento de que, en última instancia, depende por completo de fuerzas ajenas a si mismo para obtener una buena cosecha. No puede hacer que la semilla germine, ni puede hacer que la lluvia caiga, ni puede controlar a las nubes para que permitan que pase la suficiente luz del sol. Para conseguir una buena cosecha tendrá que depender de estas cosas, que están en las manos de Dios.

Sin embargo, el agricultor sabe que, a menos que actúe con diligencia respecto a sus responsabilidades, que are el campo, lo plante, lo fertilice, no obtendrá una cosecha en su debido momento. Tiene que trabajar en colaboración con Dios, y segará ciento por uno siempre que haya cumplido con su propios deberes. El agricultor no puede hacer lo que Dios tiene que hacer, y Dios no va a hacer lo que el agricultor debería hacer para tener éxito.

Lo mismo podemos decir de la búsqueda de santidad, debemos trabajar junto con Dios. Jamás lograremos la santidad si Dios no está obrando en nuestras vidas, pero podéis estar seguros de que no vais a lograr un crecer un centímetro en santidad sin algún esfuerzo de vuestra parte. Dios hace posible en nuestra vida el andar en santidad, pero nos ha dado la responsabilidad de andar a nosotros, no va a caminar el por nosotros.

¿Y la fe, entonces la fe no tiene parte en nuestra vida diaria, en la búsqueda de la santidad? Desde luego que sí, a través de la obediencia, porque la obediencia que impulsa, que capacita al cristiano para hacer la voluntad de Dios es una obediencia de fe: fe en que las promesas de Dios son mucho más satisfactorias que las promesas del pecado, fe en que los tesoros que hay en Dios son mucho más valiosos que cualquier recompensa transitoria del pecado, fe en que el gozo que se encuentra en hacer la voluntad de Dios y tener comunión con él, es mucho más satisfactorio que cualquier placer temporal y engañoso que se obtenga con el pecado. Esa fe nos impulsa con gozo a la obediencia, y la obediencia produce en nosotros victoria en Cristo Jesús.

Así que, en primer lugar, debemos dejar de pensar en términos de fracaso personal, y empezar a pensar más en a quién estamos desobedeciendo y afrentando. En segundo lugar, debemos asumir nuestra propia responsabilidad y esforzarnos por ser santos. Y en tercer lugar, debemos tomarnos seriamente el problema del pecado.  Por lo general, lo que hemos hecho es clasificar los pecados en aquellos que son intolerables y otros que pueden tener una cabida razonable dentro de lo que es una vida cristiana.

Si, adulterar es pecado, pero ver un programa un poco inmoral en la tele, de vez en cuando, y considerando que no ponen otra cosa, y que el resto de la programación es un rollo, pues no tiene importancia. Desde luego, estafar a alguien es inaceptable, pero una pequeña mentira, un silencio que te permite librarte de una situación incómoda, tampoco pasa nada. Robar de la ofrenda sería colmo, pero recibir una cantidad en dinero negro, pero si todo el mundo lo hace. Pero es nuestra falta de compromiso con Dios en las pequeñas cosas, o las cosas aceptadas por la sociedad, la que nos va empujando poco a poco hacia grandes caídas.

Pensemos, por ejemplo, en las leyes sobre alimentos que había bajo el Antiguo Pacto. Yo quiero hacer algo inusual en esta mañana, este no es un texto que se suela comentar, pero quiero que leamos todos un texto, y un texto un poco largo, quiero que sintáis bien el impacto de lo que voy a decir:

Levítico 11:9-24

9 Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis.10 Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación.11 Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos.12 Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación.

13 Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor,14 el gallinazo, el milano según su especie;15 todo cuervo según su especie;16 el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie;17 el búho, el somormujo, el ibis,18 el calamón, el pelícano, el buitre,19 la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago.

20 Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación.21 Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra;22 estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su especie, el argol según su especie, y el hagab según su especie.23 Todo insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en abominación.

24 Y por estas cosas seréis inmundos; cualquiera que tocare sus cuerpos muertos será inmundo hasta la noche,

De este animal puedes comer, de este otro no, si lo comes eres inmundo, pero sólo hasta la noche, ¿pero de verdad tiene importancia todo esto? Un teólogo, comentando estas leyes, escribe:

No es la importancia intrínseca de estas cosas, sino la majestad del legislador, la que debe determinar nuestro estándar de obediencia. Algunos pueden considerar estas reglas minuciosas y arbitrarias como algo trivial e insignificante. Pero en lo que respecta a la obediencia o la desobediencia, hay en juego un principio, un principio que es el mismo que fue puesto a prueba en el jardín del Edén, a la sombra del árbol prohibido. El principio es este: ¿Debemos obedecer al Señor en todas las cosas, no importa lo que nos mande? ¿Es Dios un legislador santo? ¿Tienen sus criaturas el deber de conformarse plenamente a su voluntad?

¿Estamos dispuestos a llamar al pecado “pecado” no porque sea grande o pequeño sino porque es contrario a la voluntad de Dios? Si vamos a vivir una vida santa, no podemos hacer categorías de pecados. Sencillamente, Dios no lo permite.

Otros domingos trataremos, Dios mediante, con más profundidad y desde otros ángulos estos tres tipos de problemas, pero esta semana me gustaría que meditaseis y pusieseis en vuestro corazón estas sencillas tres cosas:  ¿Estoy dispuesto a empezar a ver el pecado como una ofensa contra Dios, en vez de solamente como un fracaso personal?  ¿Estoy dispuesto a asumir toda mi parte de responsabilidad en la lucha contra el pecado, sabiendo que aunque dependo de la gracia de Dios, es necesario mi esfuerzo diligente? ¿Estoy decidido a obedecer a Dios en todas las áreas de mi vida, no importa lo insignificantes que le puedan parecer al mundo o a mí mismo, considerando cada transgresión no por su importancia intrínseca, sino por la importancia de Dios, quien ha prohibido ciertas cosas?

Quisiera lanzaros ese desafío personal, que me lanzo también a mí mismo. Quiero meditar en estas tres cosas durante esta semana. En las próximas semanas vamos a seguir hablando de santidad, y te desafío a asistir fielmente los próximos domingos, y a embarcarte conmigo en un esfuerzo renovado por buscar la santidad, y tener más y mejor comunión con Dios. Si lo aceptas, puedes coger a la salida una de las notas donde están apuntadas las tres preguntas. Ahora vamos a orar.

Lectura de despedida:

Salmos 96:7-9a

7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,

Dad a Jehová la gloria y el poder.

8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre;

Traed ofrendas, y venid a sus atrios.

9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;…

.
.


[1] El contenido de esta serie de sermones esta basado en The Pursuit of Holiness, por Jerry Bridges. NavPress, 2006.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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13 comentarios to “Buscando la santidad 1 Parte”

  1. jackie de puga said

    tal parece que ser santo o buscar la santidad es una ardua tarea de lucha contra nuestros deseos y por momentos me desasociego, pues me parece un tanto impósible alcanzar ese despego del pecado que nos asecha a cada instante. ruego a Dios y a su Santo Espiritu hagan su obre en mi y pueda yo misma descubrir y hacer crecer un logro, por imfimo que sea en ese precioso camino a la santidad

  2. yair said

    me parece un tema muy profundo y que todo aquel que lo trate debe eesyar seguro de lo que en realidad hace

  3. Humberto Ortiz said

    Me encanto este mensaje, en si llevo buscando lo que es la santidad desde hace unas semanas, ya tenia nocion de lo que era pero esto me ha servido mucho. Gracias Dios los retebendiga mucho. que El Señor los siga bendiciendo llenando de su gloria a ustedes y a su familia en el nombre de Jesús.
    Mexico, Mexicali BCN.

  4. roberto padilla said

    temas como estos necesitamos en nuestra vida diaria, que como hijos adoptivos procuremos siempre la santidad, pues sin santidad nadie vera al señor,recordemos que somos una nacion santa ,pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de aquel que nos llamo de las tinieblas a su luz admirable ,para anunciar sus virtudes y este es cristo jesus salvador nuestro. Dios los bendiga.

  5. Edith said

    me gusto este tema,porque nos hacerca mas a dios y su madre maria. aencontrar en ei trajin de cada dia lo espiritual.gracias…..

  6. jose miguel said

    interesante este tema gloria a dios que el fuego de dios nos avive i nos inspire a vivir en santidad

  7. guillermo cervantes said

    la vida de santidad en un compromiso ante los ojos de Dios, pido que él me ilumine en este camino terrenal donde soy humano y caigo facilmente al compromiso que hago pero no logro vencer al pecado, pido que oren por mi para alcanzar la santidad que me tiene prometido.

  8. guillermo cervantes said

    les recomiendo la vida de santa teresa de los andes,muy humana, muy santa, quisiera contactarme con personas que esten ligadas a ete tema.

  9. izatxo santos muci said

    Dios les derrame sobre ustedes sobreneturalmente conocimiento y sabiduria….

  10. es importante guiarnos por la vida de los santos, san pio de pieltrecina ejemplo de santidad muerto en 1968 y santo en vida , nos recomienda fortalecernos, con la confecion y la sagrada eucaristia . sacramentos que debemos tener en cuenta para ayuda y fortalece a nuestra humanidad.

  11. Manuel López said

    Sin santidad no veremos el rostro del Padre.
    Buen sermón.

  12. kanela said

    nesecito saber que significant last palabra santidad gracias.

  13. ORLANDO said

    ME GUSTO MUCHO SUS PALABRAS Y ES VERDAD QUE LO IMPORTANTE ES LA OBEDIENCIA AL DIOS TODO PODEROSO(NO TODO EL QUE DIGA SEÑOR SEÑOR ENTRARA AL REINO DE LOS CIELOS SINO EL QUE CUMPLA LO QUE DICE MI PADRE QUE ESTA EN LOS CIELOS). SOLO DICIENTO EN UNA COSA LA CUAL EL APOSTOL PABLO NOS CORRIGIO EN NOMBRE DE CRISTO JESUS NUESTRO SEÑOR: NADIE LOS VENGA A CRITICAR POR LO QUE COMEN O BEBAN, POR NO REPETAR FIESTAS, LUNAS NUEVAS O DIA SABADO.TALES COSAS NO ERAN MAS QUE SOMBRAS MIENTRAS LO REAL ES LA PERSONA DE CRISTO.( Colosenses 2 :16 al 23). Espero no ofender pero hay que decir la verdad. ¿usted me podria decir en que parte esta el que no entrara al reino de los cielos por comer tales cosas??. espero su respuesta hermano muy querido en CRISTO JESUS NUESTRO SEÑOR. DIOS LO BENDIGA

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