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Buscando la Santidaed 3 Parte Razones y hábitos de santidad

Posted by OSCAR ESQUIVEL en julio 8, 2009

Razones y hábitos de santidad

Introducción

Esta semana tuve que acercarme a la oficina de correos de aquí, del barrio, a echar una carta. Mientras esperaba en la habitual cola a que pudieran atenderme, me llamó la atención un enorme cartel de propaganda de Correos que ocupaba toda una puerta, con un mensaje en letras grandes que decía: “En el futuro te aguardan grandes cosas”. Vaya, que mensaje tan esperanzador, despierta tu ilusión y tu curiosidad por saber que cosas maravillosas serán esas. Pero el mensaje no terminaba ahí, sino que debajo, en letra un poco más pequeña venía algo todavía más impactante: “Disfrútalas ahora”. ¡Bueno, eso si que es estupendo, no tengo ni que esperar! ¿Qué serán, qué serán? En fin, las cosas maravillosas que me traería el futuro y que yo podía empezar a disfrutar ya mismo eran, entre otras, una cafetera eléctrica, un decodificador de TDT, un dvd portátil y otros artilugios. ¡Qué chasco!

Pobres paganos que se tienen que conformar con esperar del futuro una cafetera eléctrica, a nosotros sí que nos esperan para el futuro grandes cosas, cosas maravillosas, tan maravillosas que se resisten a nuestra descripción, como dice el apóstol Pablo en otro contexto:

1 Corintios 2:9

9…Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero lo más maravilloso de todo, es que efectivamente podemos empezar a disfrutarlas hoy. Ya sé que suena muy grandilocuente, pero es posible, incluso necesario, empezar a vivir el cielo en la tierra, y esto sólo se puede conseguir de una manera, anhelando y viviendo la santidad. Si el cielo es la presencia de Dios, como decían los teólogos antiguos, la visión beatífica, ver y conocer a Dios en persona, entonces la única manera de anticipar el cielo y disfrutarlo aquí y ahora es intentando vivir en una comunión lo más estrecha posible con nuestro padre celestial, y esta comunión sólo se consigue viviendo en su voluntad, o lo que es lo mismo, a través de la santidad de vida. ¿Anhelas el conocimiento de Dios, anhelas por tanto la santidad? Dice el salmista:

Salmos 42:1-2

1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

¿Te haces esa pregunta? ¿Anhelas entrar en la presencia de Dios, por medio de la Escritura, de la oración, de la adoración, de la vida de santidad? Estas son formas de disfrutar ahora de las cosas maravillosas que nos va a traer el futuro. Hay otras cosas que también disfrutamos ahora. Dice Pablo en la Epístola a los Colosenses:

Colosenses 1:12-14

12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

No es extraño que Pablo hable de dar gracias con gozo. En estos tres versículos se despliega la obra maravillosa de gracia que Dios ya ha realizado con sus escogidos. Nos hizo aptos para recibir la herencia de los santos en luz; nos ha librado de la potestad de las tinieblas; nos ha trasladado al reino de Jesucristo; nos redimió por su sangre y nos dio perdón de pecados.

Ahora bien ¿no es inconcebible que se te perdonen los pecados, ser trasladado espiritualmente al reino de los santos, que se te haya hecho apto para recibir la herencia de los santos en luz, sólo para poder continuar pecando, andando en tinieblas, adorando a Satanás pero sin temor al castigo? No, esto es inconcebible, esto es imposible. El que ha recibido la gracia de parte de Dios no la ha recibido para continuar practicando las tinieblas, sino para ¡disfrutar del cielo ahora! Para poder andar de ahí en adelante en comunión con Dios, buscando la santidad y un mayor conocimiento de las glorias del cielo. Si este no es tu anhelo, si tu anhelo y tu deseo sólo es continuar pecando pero como si tuvieses un seguro de vida, entonces no te engañes, no tienes a Cristo ni has recibido gracia alguna.

Pero además de que es un contrasentido no querer disfrutar ahora de nuestra herencia celestial en santidad, hay al menos cuatro razones muy obvias para animarnos a buscarla, veámoslas rápidamente:

1º Empeñarte en buscar la santidad es necesario para tu seguridad de salvación. Si te relajas, empezarán a avergonzarte tus frecuentes pecados, tu falta de gozo, empezarás a dudar de tu relación con el Señor y acabarás viviendo una vida misérrima en vez de la vida abundante prometida por el Señor. Por querer reservarte más comodidad, más prosperidad, más seguridad, más diversión, acabarás menos cómodo, menos próspero, menos seguro y más aburrido de ti mismo. Recuerda que Satanás no quiere tu bien, sino arrastrarte a la misma desesperación en que él se encuentra, dar oídos al que no te quiere bien, no es sensato, aunque te ofrezca un camino cómodo en lugar del camino arriesgado de fe que te propone el que te amó sin escatimar ni a su propio amado Hijo por ti. Recuerda:

Juan 3:3

3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

2. Empeñarte en buscar la santidad es necesario para la comunión con Dios. Dios es luz, y el que dice que anda con él no puede caminar en tinieblas. Tener comunión con Dios, sentir al Espíritu de Dios guiándote y animándote, reconocerle en tus caminos, en las circunstancias de la vida, hasta en los imprevisto, ver como te guía, como te enseña, como te reprende con suavidad. Sentir que se te inflama el corazón con el gozo de la salvación, al ver a Jesús en las Escrituras, sentir que el Dios del cielo te escucha y te responde, a veces de formas misteriosas, a veces de manera tan obvia que sientes un estremecimiento por la presencia de lo sobrenatural al lado tuyo, es maravilloso, pero está reservado al busca sinceramente la santidad en su vida.  Dice el Salmo 15:1-2

1 Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?

¿Quién morará en tu monte santo?

2 El que anda en integridad y hace justicia,

Y habla verdad en su corazón.

Y advierte el salmo 66:18

18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,

El Señor no me habría escuchado.

Si quieres tener el gozo de la comunión con Dios busca la santidad.

3º Empeñarte en buscar la santidad es necesario para tu propio bienestar. Si has nacido de nuevo, Dios es tu Padre, y un padre amoroso no puede permanecer impasible viendo como su hijo desperdicia su vida o hace el mal, sino que intentará corregirte. No puedo explicarlo mejor de lo que lo hace Hebreos:

Hebreos 12:6-11

6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

4º Finalmente, busca la santidad porque es la única manera de ser provechoso para el Señor. A veces tenemos la tentación de vivir en pecado pero justificarnos a nosotros mismos y acallar nuestros miedos apelando a la memoria de las muchas cosas religiosas que hemos hecho para el Señor. Pero ser el primero en actividades de la iglesia, o en testificar, o incluso en hacer milagros, no sustituye la vida de santidad. Lejos de servir al Señor mediante obras religiosas, tenemos el recuerdo terrible de las duras palabras del Señor:

Mateo 7:22-23

22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Si de verdad quieres serle útil al Señor, si de verdad quieres servirle, lo imprescindible, lo insustituible es apartarse del pecado y buscar la santidad:

2 Timoteo 2:21

21 Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.

La santidad y la utilidad están vinculadas entre sí. A Dios de nada le sirve un vaso impuro. Si no hay santidad en nosotros, nuestro testimonio y servicio es incluso contraproducente, sólo sirve para crear rechazo y que nuestro anuncio del evangelio quede manchado con la sombra de la hipocresía.

Pero entonces, si tenemos tantos motivos, si además hemos sido sacados del reino de tinieblas y trasladado al reino de Cristo, ¿por qué pecamos?, ¿por qué no hemos dejado definitivamente atrás todo lo que pertenece al viejo hombre? Sencillamente porque, si bien hemos cambiado de reinos, hemos pasado del reino de las tinieblas al de la luz, no hemos cambiado los hábitos del viejo reino.

Un autor ha comparado este proceso al que sufrieron los negros en Estados Unidos después de la abolición de la Esclavitud. Somos como un esclavo, hijo de esclavos, nieto de esclavos, al que de repente se le da la libertad, es convertido en un hombre nuevo, libre, pero la mentalidad de esclavo sigue tan absolutamente arraigada en su mente, que le resulta difícil dejar de obedecer a sus viejos señores, le resulta difícil tomar decisiones, hacer algo por si mismo, disfrutar plenamente de su libertad, está demasiado acostumbrado a ser esclavo, las huellas de las cadenas puede que desaparezcan de su piel en poco tiempo, pero tardan mucho en desaparecer de su mente.

Así somos nosotros respecto a ese viejo hombre esclavo del pecado, acostumbrado a obedecerle, nos cuesta liberar nuestra mente, por eso también Pablo ora por los Colosenses y les dice:

Colosenses 1:9-10

9 …no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;

En esto precisamente consiste el “disfrutar ahora” las cosas grandiosas que nos depara el futuro: en iniciar este círculo virtuoso, ser llenos del conocimiento de la voluntad del Señor para romper con los viejos hábitos y andar a partir de ahora agradando en todo a Dios y llevando abundante fruto, lo que nos llevará a crecer aún más en conocimiento de Dios.

Imagina que nunca has probado el chocolate, yo puedo describirte su dulzura, hablarte de su aroma a cacao, de las notas amargas del chocolate negro, pero tras leer la descripción, debes pasar a la práctica, meterte una onza en la boca y dejar que su funda, entonces te darás cuenta de que antes conocías la dulzura del chocolate en tu mente, ahora con la práctica tienes un conocimiento directo y mucho más intenso. Pues esto es lo que implica el pasaje que acabamos de leer, debemos llenarnos del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría espiritual, y cuando llevemos su voluntad a la práctica en todo buen fruto, entonces creceremos aún más en conocimiento de Dios, aprenderemos a saborear a Dios realmente, y no sólo en teoría. Esta es una aventura maravillosa, que se prolonga por toda una vida. Pero que implica pasar de las palabras a los hechos, implica esfuerzo.

A veces os he oído decir a alguno: “estoy estancado en mi vida espiritual”, “no crezco”, “me doy cuenta de que estoy frío, no anhelo a Dios, leo en las Escrituras que la vida cristiana es gozo, es paz, aún en medio de la tribulación, es como un soplo de aire fresco, pero yo no siento nada de eso, todo se me hace cuesta arriba”.

Es como si te invitan a hacer una excursión, prometiéndote sensaciones maravillosas. Yo disfruté mucho cuando fui con GBU a Jaca y visitamos el parque natural de Ordesa, en el pirineo aragonés y caminamos por senderos de montaña, y bebimos agua fresca de los arroyos, y sentimos el aire helado de las alturas y contemplamos majestuosa en el horizonte la cumbre del Monte Perdido. Toda aquella aventura realmente refrescaba el alma y los sentidos. Pero podrían haberme dicho: “vente, sentirás el aire puro y fresco, se te llenará el alma de gozo”, y yo hubiera podido responder “de acuerdo, iré con vosotros”, pero luego en vez de ir quedarme en casa, sentado en el sillón, porque lo cierto es que hay que hacer un incómodo viaje en autobús, y dormir allí en una casa un poco destartalada compartiendo baño con 20 personas, en fin, como en casita en ningún sitio. Pero lo absurdo sería que más tarde yo dijese: “pues que raro, no siento nada, no huelo los pinos ni el aire de la montaña, no me siento refrescado ni en cuerpo ni en alma, esto de las excursiones es un timo, no funcionan”. Y tú me dirías: “Iñaki, no seas tarugo, si no te has levantado del sillón, si no has llegado hasta allí, no te has desprendido de nada, ni has dado los pasos necesarios para llegar allí, ¿cómo puedes quejarte de que no te sientes refrescado por el agua pura de los arroyos de montaña? ¡tienes que poner de tu parte!”

Pero queremos vivir nuestra vida, queremos arriesgar poco, queremos realizar nuestra vida a nuestro gusto, queremos disfrutar de la excursión pero sin movernos de casa, y claro, no funciona, no experimentamos nada, hasta tenemos la desfachatez de dudar de las promesas, pero caminar con Cristo exige fe, tienes que dejar algunas cosas de lado, para obtener cosas mejores, pero antes tienes que tener valor para dejar de lado lo que te estorba, eso implica esfuerzo, eso nos da miedo.

¿Y si no funciona? ¿Y si dejo lo que tengo y no obtengo nada a cambio? ¿Y si estos cambios en mi vida, en mis prioridades, en la organización de mi tiempo, sólo hacen mi vida más árida, más sin gracia, más cuesta arriba, y cuando vengan problemas, que vendrán, y si no viene el gozo prometido? Te aseguro que el enemigo te está susurrando al oído que es eso lo que va a suceder, que el Señor te va a defraudar. Esto es sencillamente una cuestión de fe, decimos que la tenemos, pero la fe se demuestra arriesgándonos.

Hebreos 11:6

6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

¿Crees que Dios será galardonador de tu fe? ¿O que te dejará tirado? Y no hablo en este momento de salvación, hablo de tener fe para intentar vivir una vida de santidad, para buscar y encontrar el gozo, para comprobar si esto funciona de verdad, pero no mediante el método absurdo de esperar a que te venga, sino levantándote a buscarlo? Si el Señor te ha animado un poco en esta mañana a quitarle el papel de plata al chocolate, y empezar a disfrutar ahora de la herencia prometida, de la vida en contacto con el Señor, entonces acompañame mientras termino en esta mañana con cuatro consejos muy prácticos para ayudarnos a buscar la santidad.

Hay una cosa que es importante que tengamos clara: La mayoría de nosotros sufre para dejar de pecar porque, como ya dije, estamos habituados a hacerlo, y siempre cuesta romper con un hábito, sea fumar, sea mentir, sea disimular, sea tener pensamientos impuros. Un hábito solo se corrige consiguiendo otro hábito. Por eso es necesario que disciplinemos y estructuremos nuestra vida hasta conseguir establecer nuevos hábitos: hábitos de santidad que nos permitan hacer realidad el consejo del apóstol:

Colosenses 3:5

5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…

Cuatro consejos prácticos a este respecto:

1º Practica la repetición frecuente. Los hábitos se forman mediante la repetición frecuente. Precisamente por eso cuanto más pecamos, más inclinados estamos a pecar. Por lo tanto debemos esforzarnos sistemáticamente, en negativo, por adquirir el hábito de decirle no al pecado. Sabiendo que cuantas más veces le digamos no al pecado tanto más quebrantaremos nuestra vieja naturaleza y tanto más inclinados nos sentiremos a decirle no al pecado.

En positivo, necesitas adquirir el hábito de leer y meditar en las Escrituras. Quizá lo has intentado muchas veces y luego lo dejas al ver que no tienes mucho éxito. Ese es el error, ten fe en que cada vez te costará menos, hasta que no te cueste nada, hasta que necesites, anheles el momento de hacerlo, como ahora anhelas el momento de sentarte a ver la tele o a leer una revista.

Necesitas adquirir el hábito de orar. Busca un lugar silencioso, busca una hora del día, busca unos minutos del día, no tienen que ser muchos al principio, pero avisa a tu cónyuge, díselo a los niños, descuelga el teléfono: esos minutos son tuyos y de Dios, de nadie más. Repasa el día anterior, pídele a Dios que te ilumine las cosas que debes mejorar, repasa tu próximo día, entrega cada cosa al Señor, canta un himno en tu interior. Llegarás a anhelar, a suspirar por ese momento del día. Ahora no encuentras tiempo de hacerlo, cuando crees el hábito te encontrarás, en medio del ajetreo del día, diciendo:

Salmos 63:1-8

1 Dios, Dios mío eres tú;

De madrugada te buscaré;

Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,

En tierra seca y árida donde no hay aguas,

2 Para ver tu poder y tu gloria,

Así como te he mirado en el santuario.

3 Porque mejor es tu misericordia que la vida;

Mis labios te alabarán.

4 Así te bendeciré en mi vida;

En tu nombre alzaré mis manos.

5 Como de meollo y de grosura será saciada mi alma,

Y con labios de júbilo te alabará mi boca,

6 Cuando me acuerde de ti en mi lecho,

Cuando medite en ti en las vigilias de la noche.

7 Porque has sido mi socorro,

Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

8 Está mi alma apegada a ti;

Tu diestra me ha sostenido.

2º El segundo principio para quebrantar tus hábitos pecaminosos y crearte nuevos hábitos santos es de Perogrullo: No a las excepciones. Cada vez que permites una excepción, dejando de respetar tu lectura o tu oración, volviendo a caer en un hábito pecaminoso, refuerzas tus hábitos viejos y das varios pasos hacia atrás. El argumento de que esta será la última vez es un argumento engañoso y peligroso. Si hoy no eres capaz de cambiar, ¿por qué mañana, cuando hayas reforzado tu hábito pecaminoso, te será más fácil hacerlo? En el fondo sabemos que mañana nos resultará más difícil decir que no pero nos cuesta admitirlo.

Así que cuando sientas esa vocecilla dentro de ti diciéndote “sólo esta vez” responde con firmeza ¡es mentira! ¡mañana será más difícil, no más fácil! En cambio, si refuerzo un hábito santo, mañana será más fácil, no más difícil. Así que nada de excepciones.

3º El tercer principio es el siguiente: diligencia en todo. Es necesario ser diligente en todos los aspectos para poder tener éxito en cualquiera de ellos. No puedes decir esto se lo entrego al Señor, pero esto me lo reservo para mí. ¿Por qué? Porque si cedemos en un área de nuestra vida, no afectaremos solamente a esa área, sino también a todas las demás. Porque habrás debilitado tu voluntad de combatir el pecado, porque no habrás reforzado el hábito de la obediencia al Señor, sino que habrás reforzado tu costumbre de obedecer a tu viejo yo. La fe no se puede dividir en compartimentos estancos.

No te engañes, si estás oyendo la voz del Señor decirte: “esto, esto es lo que quiero para tu vida, esto es lo que quiero que hagas, este es el camino de la comunión conmigo y del descubrimiento del gozo”, y le dices al Señor: “no, eso me cuesta demasiado esfuerzo, esto no lo haré, ya hago otras cosas”, estás reforzando tu hábito de pensar y actuar sin fe, y esto afectará a todas las demás áreas de tu vida.

4º En cuarto y último lugar, si quieres destruir tu hábito de pecar y crearte hábitos santos, si quieres ser un buscador eficaz de santidad y de gozo, por paradójico que te parezca es importante que seas consciente de algo: fallarás, por lo tanto no te desanimes. Tendrás fracasos, pero la clave es no desalentarte ante los fracasos, porque eso es lo que quiere el enemigo. El enemigo te dirá, has fracasado, eres un fracaso, deja de intentarlo. Pero el Señor te dirá, has fracasado, pero no eres fracaso, sino un santo en proceso de formación, sólo fracasarás realmente si dejas de intentarlo, así que ponte en pie, y di a tu viejo yo una vez más: voy a repetir con frecuencia el decir no a los malos hábitos y sí a los buenos, no voy a permitir excepciones a esta regla y no voy a dejar ningún área de mi vida sin entregar al Señor. Si no me desaliento, mañana será más fácil, tendré más gozo, conoceré más a Dios y así lo anhelaré cada día un poco más.

Repetición frecuente, no a las excepciones, diligencia en todo y no al desánimo. ¡Vamos a disfrutar ahora! ¡No nos conformemos! ¡Seamos consecuentes con el cambio de reinos que se ha producido en nuestras vidas, vivamos con seguridad de salvación, en comunión con Dios, sin temer la correción y limpios y preparados para ser útiles a Dios. Que el Señor nos ayude, oremos.

Lectura de despedida:

Empezamos la predicación de hoy recordando que nosotros sí que tenemos grandes cosas esperándonos para el futuro, no cosas absurdas y perecederas como las que espera el mundo, sino la herencia gloriosa de los santos en luz, por eso terminemos recordando la exhortación del apóstol Pablo:

2 Corintios 7:1

1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

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© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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Una respuesta to “Buscando la Santidaed 3 Parte Razones y hábitos de santidad”

  1. juan manuel said

    necesito saber si mi perfeccion esta en CRISTO o la alcanzare y sere igual a EL es una doctrina aqui en mi pais q ha causado gran lio pq quienes pensamos q lo somos en EL somo vistos como carnales agradeceriamos su respuesta DIOS les bendiga mucho

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