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Luchando por la unidad

Posted by OSCAR ESQUIVEL en julio 8, 2009

Luchando por la unidad

Introducción

Hermanos, sin duda mi gran pasión como pastor de esta iglesia, es que esta congregación pueda llegar a ser algo realmente significativo, bonito, útil en las manos del Señor para sus propósitos aquí en la tierra. Me gustaría que las personas que se reúnen aquí, que han escogido esta pequeña familia, este pequeño trocito del cuerpo universal de Cristo, para tener comunión y vivir la vida cristiana, pudiesen sentir que están participando en algo trascendente, algo que tendrá un impacto positivo en sus vidas, y en las vidas de los demás, especialmente en las vidas de personas que ahora mismo no conocen a Jesús. Me gustaría que todos sintiéramos que nuestra condición de miembros de la Iglesia Bautista de Alameda de Osuna, que nuestra condición de Hijos de Dios es algo enriquecedor, y emocionante.

A la gente por lo general no le gusta pensar en la vejez, ni el fin de sus vidas, pero yo considero importante y motivador hacerlo, y tengo la ilusión de poder mirar un día hacia atrás y pensar que mi vida, pero también que nuestras vidas, se han desgastado y usado, en un servicio ilusionante y fructífero para la gloria de Dios. Nuestras vidas. No puedo separar mi vida de las vuestras, no podré mirar atrás y sentirme satisfecho de mi vida si no me siento satisfecho de las vuestras. Y a vosotros os debería suceder lo mismo. Jesús no nos enseño a orar “Padre mío” sino “Padre nuestro”.

Y cuando nos acercamos a la Biblia, y encontramos que si queremos aprovechar nuestras vidas y sentirnos satisfechos cuando acabemos la carrera en esta tierra, si queremos que nuestras vidas hayan traído fruto de gloria a nuestro Señor, primero tenemos que trabajar como cuerpo, como congregación, como familia, y dentro de esta labor como cuerpo, deben preocuparnos especialmente dos cosas: la unidad y la santidad.

Análisis del pasaje

El pasaje que hemos leído esta mañana empieza con un pues, también podría traducirse como “por tanto”. Pablo ha explicado en la primera parte de la carta los propósitos eternos de Dios a través de la historia, en nuestra elección, en el derramamiento de su gracia sobre nosotros, en la reconciliación por medio de la cruz, en la reunión de gentiles y judíos en un solo pueblo por medio de la iglesia, y todo lo que ha expuesto le lleva a decir: “por tanto, yo preso por causa de Cristo, con toda la autoridad moral que ello me da, tengo un ruego que haceros”:

Efesios 4:1

1 …que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,

Es decir, el conocimiento de la doctrina bíblica, nos hace conscientes de los privilegios y también de los deberes y responsabilidades de nuestro llamamiento. Hay personas que dicen: “No me hables de doctrinas, déjame vivir la vida cristiana a mi manera” o “lo que se cree no es tan importante, sino vivir sin hacer mal a nadie, ayudando al prójimo”. Pero no es esto lo que piensa el Señor, lo que nos transmitió a través de sus apóstoles. Lo que creemos, lo que conocemos de Dios y de nosotros mismos, moldea nuestros pensamientos, condiciona nuestras decisiones y nuestros actos, al final decide lo que somos.

Pues bien, lo que debería ser nuestra vida en comunidad, que no es algo distinto a lo que somos como individuos porque nuestra vida tiene una dimensión comunitaria que es inseparable de nosotros mismos, viene determinado por la naturaleza del llamamiento divino que hemos recibido, y conforme a ese llamamiento, es como decía al principio que descubrimos que nuestra vida de iglesia debería caracterizarse por la unidad y la santidad.

Dejaremos la santidad para dentro de dos domingos, Dios mediante, pero ahora sigamos leyendo porque si es verdad que queremos hacer con nuestras vidas algo bonito para el Señor a través de esta iglesia, tenemos que empezar por aprender a preservar la unidad del cuerpo de Cristo:

Efesios 4:1-6

1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;5 un Señor, una fe, un bautismo,6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

La clave de este pasaje, en el que se repiten hasta siete veces los determinativos un y una, está en el versículo 3:

Efesios 4:3

3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

Fijaos en que debemos guardar exteriormente algo que ya tenemos interiormente, la unidad del Espíritu. Nuestra unidad tiene un fundamento teológico, una realidad profunda anterior a nuestros esfuerzos por demostrarla en nuestro comportamiento exterior, se basa, versículo 4, en que aunque seamos de culturas, idiomas, temperamentos, y gustos diferentes todos somos un cuerpo en Cristo, todos hemos recibido un mismo Espíritu Santo que mora dentro de nosotros. El Espíritu que mora en mí, que me hablaba a mí a través de las Escrituras mientras estudiaba este pasaje, que me consuela en oración y se entristece y me reprende cuando peco, es el mismo que tenéis vosotros, y eso nos proporciona un grado de unidad que no puede darse ni se da en ninguna institución simplemente humana.

Además, mi esperanza, es la vuestra. Todos hemos sido llamados a esa esperanza, todos tenemos al mismo Señor en nuestras vidas, todos compartimos la misma fe, el mismo bautismo y tenemos un mismo Dios y aquel a quién tu llamas Padre, resulta que es mi Padre también. Esto lo tenemos, es así, y debemos estar solícitos en guardarlo exteriormente en el vínculo de la paz, manteniendo la paz entre nosotros, haciendo que no existan discordias exteriores que pongan en entredicho frente al mundo, la esencial unidad interior que existe entre nosotros. Solícitos. La solicitud, hermanos, es la antitesis de la indiferencia, de la actitud del “que se ocupen otros”, del pasotismo. La solicitud es un estado de alerta en el que estamos buscando activamente formas de conservar y promover la unidad pacífica entre nosotros. Pablo nos dice en que consiste esa solicitud: debemos comportarnos…

Efesios 4:2

2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,

El Espíritu Santo tiene un concepto, faltaría más, muy adecuado y realista de nosotros cuando nos advierte de que tendremos que soportarnos con paciencia los unos a los otros. Estas palabras soportarnos y paciencia, nos hablan de nuestra capacidad de resistir los roces, la falta de tacto, las ofensas más o menos inadvertidas, que en toda comunidad humana, con el paso del tiempo, y el contacto, debido a nuestro temperamento diferente, a nuestros gustos, sobre todo a nuestro pecado, se van a producir inevitablemente. La palabra que aquí aparece como paciencia, se puede traducir también como longanimidad, el espíritu paciente, lento para el enojo que Cristo mostró hacia personas como nosotros, ingratas y a menudo difíciles de sufrir. No nos engañemos, esto es lo que somos en mayor o menor medida, y nuestro Señor nos llama a preservar nuestra unidad en Cristo como un tesoro a pesar de ello, para su gloria.

La forma de hacerlo es a través de la humildad, y la mansedumbre. ¿Sabéis una cosa? La palabra que se utiliza aquí y que traducimos humildad es una palabra que los griegos nunca usaban en un contexto positivo. Es decir, para ellos describía una cualidad negativa, no algo digno de elogio. La humildad era algo abyecto, servil, algo propio de esclavos. Tuvo que venir Jesucristo para poner el mundo boca abajo:

Filipenses 2:5-8

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Más aún, la humildad de la que habla aquí Pablo es una palabra compuesta, es humildad de mente. Es ese no tener más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener, sino pensar acerca de nosotros mismos con cordura, del que nos habla el apóstol en Romanos. Es ese estimar cada uno a los demás como superiores a si mismo, del que nos habla en Filipenses. Es reconocer humildemente tanto nuestra propia pecaminosidad y condición de siervos de Jesucristo como también la dignidad y el valor de las demás personas.

Jesús no tenía pecado y era infinitamente digno de todo honor y toda gloria, pero se vació así mismo, y se hizo nuestro siervo. Si nuestro Señor de gloria hizo esto, que derecho tenemos nosotros que somos menos que nada, de ir por la vida arrogantes, exigiendo nuestros derechos, sirviéndonos de los demás, y sintiéndonos superiores. A veces podemos ser tan patéticos.

La mansedumbre, en cambio, sí era aplaudida por el mundo clásico, y esto es muy significativo. ¿Cómo es posible que los orgullosos griegos que despreciaban la humildad en cambio aplaudiesen la mansedumbre? A veces podemos tener un concepto de la mansedumbre como algo propio de personas débiles, incapaces de reaccionar, pero la mansedumbre es el autocontrol de la persona fuerte, de aquel que es dueño de sí mismo y en vez de vindicar sus propios derechos busca servir a Dios y a los hombres. Del tremendo Moisés se dice que era el hombre más manso de la tierra, y Jesús dice que aprendamos de si mismo, que es manso y humilde de corazón. ¡Jesucristo! ¿Y nosotros, que somos menos que nada, vamos a ser en la iglesia altaneros e intransigentes?

La humildad y la mansedumbre son esenciales para la unidad. Las actitudes de orgullo y de falta de dominio propio están detrás de una enorme parte de los problemas entre las personas en la iglesia. ¿No es verdad que instintivamente nos sentimos mucho más cómodos y relajados en presencia de personas humildes, y que sentimos que nos valoran y  respetan, mientras que tendemos a sentirnos incómodos en presencia de personas orgullosas, y que pensamos que nos estiman como mereceríamos? La vanidad personal es un elemento clave en nuestras relaciones con los demás. Pero nuestro llamamiento es a olvidarnos, TODOS, de nuestra vanidad personal, y en vez de buscar cada uno que los demás nos tengan respeto y reconocimiento, dedicarnos en cambio nosotros a respetar, reconocer y valorar a los hermanos que tenemos a nuestro alrededor.

¿Y no es verdad que nos sentimos mucho más relajados en presencia de personas mansas, que en presencia de aquellos que sabemos que pueden saltar y enojarse fácilmente si les hacemos una crítica o decimos algo que no les guste? Y sin embargo nuestra tendencia es a dar un valor muy importante a la defensa de nuestros derechos en nuestras relaciones con los demás. Pero nuestro llamamiento en Cristo es a olvidarnos TODOS de nuestros derechos, poner nuestro temperamento bajo control y dedicarnos en cambio a servir a los demás y buscar el bien de nuestra familia en Cristo, a imagen de lo que hizo el Señor. Y todo esto se resume en una palabra que encontramos al final del versículo 2, amor.

Efesios 4:2

2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,

Amarnos los unos a los otros, esto tenemos que hacer para guardar el tesoro de la unidad que tenemos en Cristo, si nos amamos seremos humildes y mansos, de tal forma que la dignidad de nuestra vocación, de nuestro llamamiento, no sea deshonrada ante el mundo por la forma que tenemos de comportarnos entre nosotros, sino que al contrario, que nuestra unidad como cuerpo traiga gloria a nuestro…

Efesios 4:6

6 …Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Esto tenemos en común, y sin embargo el siguiente versículo nos llama la atención a un contraste, por un lado Dios nuestro Padre es de todos, sobre todos, por todos y en todos…

Efesios 4:7

7 Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.

Nuestra unidad, no es algo monótono y aburrido, nuestra unidad no es uniformidad, sino diversidad con un mismo propósito. La unidad del cuerpo es maravillosa en su diversidad y cada uno de nosotros ha recibido gracia, no sólo gracia salvadora, sino gracia para servir, es decir, habilidades y capacidades para colaborar en el cuerpo conforme al don, al regalo que cada uno ha recibido de Cristo.

Se trata de dones que Cristo ha distribuido para que tengamos todos los recursos para crecer y madurar como cuerpo espiritual. Y Pablo ilustra esto en los versículos 8 al 10 aludiendo a un pasaje que se encuentra en el Salmo 68, y que presenta a Jehová ascendiendo al monte del templo, tras haber hecho cautivos a los enemigos de Israel y tomando botín para repartirlo con su pueblo. Además, el Salmo 68 era también un salmo que precisamente se solía leer en la liturgia de la sinagoga en relación con la fiesta de Pentecostés, en la que, entre otras cosas, se daba las gracias por los primeros frutos de la cosecha recibidos como bendición de Dios.

Entonces Pablo considera el contenido del Salmo, y también seguramente su uso en la liturgia de la sinagoga en relación con Pentecostés, que nos habla de los dones recibidos de Dios, y pensando también como Dios repartió el don del Espíritu también coincidiendo con la fiesta de Pentecostés, y entonces nos dice: Cristo es el que realmente subió al lugar santo tras haber derrotado al enemigo, y desde allí reparte dones entre su iglesia mediante el Espíritu Santo. Y en los versículos 9 y 10, al fijarse en la palabra subió, piensa en Cristo porque él fue el que descendió haciéndose hombre para, habiendo triunfado, subir por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

Esto es muy de Pablo, cuando su pensamiento se va hacia Cristo se inflama, se emociona y empieza a adorar, ¡qué bonita combinación entre la inspiración divina de la Escritura y el amor de Pablo por Cristo, que hace que de repente, se nos de esta información acerca de Cristo y se nos enseñe a interpretar el Antiguo Pacto en clave cristológica.

El caso es que Cristo reparte dones entre su iglesia, pero atención, porque al empezar a mencionar los dones, Pablo se centra en aquellos relacionados con la proclamación de la verdad. ¿Por qué? Veámoslo:

Efesios 4:11-15

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,

De todas las listas de dones que hay en el Nuevo Testamento, y que hay buenas razones para pensar que no son ni mucho menos exhaustivas, esta es la más peculiar, porque se nos habla para empezar de apóstoles y profetas, en quien por dos veces nos ha dicho antes en 2:20 y 3:5, está el fundamento de la iglesia por medio de la revelación. Estos dones por sus especiales características ya no están presentes en la iglesia, sino que tuvieron como objetivo darnos la revelación perfecta de la Escritura. Por lo que también Pedro (2 Pedro 3:2) nos exhorta a tener memoria de lo dicho, en pasado, por los profetas y él mismo aunque es apóstol nos habla humildemente de los mandamientos del Señor entregados (en pasado) por los apóstoles. Es algo que ya ha sido hecho y aunque ahora uno puede ejercer un servicio de enviado entre las iglesias, que es lo que significa la palabra apóstol, ellos ocupaban un lugar único por ser testigos de la resurrección de Jesús, y aunque alguien ahora pueda proclamar la Palabra de Dios, ya no hay nadie que pueda decir: “Así dice el Señor” como hacían los profetas, para a continuación proclamar algo novedoso respecto a lo ya contenido en la Escritura, o de lo contrario estaríamos añadiendo nuevas páginas a la Biblia cada día.

Entonces, por un lado tenemos la proclamación definitiva de la verdad mediante apóstoles y profetas, y luego por un lado evangelistas, que enseñan la verdad del evangelio especialmente a los que todavía no creen, y luego los pastores y maestros, expresión que por compartir el mismo artículo en griego parece referirse a la misma persona, pastor-maestro, que proclama la verdad pero en este caso especialmente a los que ya han creído.

Entonces fijaos sobre todo aquellos que pensáis que quizá en esta congregación se hace demasiado énfasis en la enseñanza, cuando quizá menos lo esperábamos, al hablarnos de la diversidad de dones que hay en el cuerpo de Cristo, Pablo se concentra en hablarnos de aquellos que enseñan la verdad de la revelación. Y nos dice que esto es necesario para perfeccionar a los santos para el servicio, para que el cuerpo de Cristo sea construido, para que lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, siguiendo la imagen del cuerpo, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. E insiste en algo que de nuevo quizá no nos esperábamos en el contexto:

Efesios 4:14

14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,

La razón de todo esto es sencillísima, aunque por desgracia muchos la olvidan actualmente, y es que para guardar la unidad no basta el amor, demostrado en humildad y mansedumbre, para guardar la unidad son imprescindibles los dones de enseñanza, porque nuestra unidad debe ser una unidad en la verdad, mediante la verdad, siguiendo la verdad en amor, dice el apóstol. Como dijimos al principio, nuestro caminar diario como cristianos, se funda en el conocimiento, en la revelación. Ella nos muestra las características del llamamiento que hemos recibido, ella nos revela a Cristo, y sobre ese fundamento, siguiendo la verdad, nos ponemos nosotros a andar como es digno de la vocación recibida. Si no conocemos la verdad acerca de Cristo, tampoco conocemos que debemos imitarle en su humildad y su mansedumbre, en su amor por nosotros. Nuestro crecimiento, dice Pablo, es en la cabeza, en Cristo, la palabra viva. Los cristianos somos el pueblo de la Palabra o no somos nada:

Efesios 4:15

15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,

Así que, finalmente, cuando tenemos en cuenta tanto el amor como la verdad, cuando nuestro trato y nuestras actitudes están fundadas e inspiradas en lo que conocemos de Dios, empezamos a andar como es digno de nuestra vocación, es entonces cuando:

Efesios 4:16

16 …todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

¿Eres una coyuntura del cuerpo que recibe y da a ayuda a los demás, según la actividad propia de cada uno, para que todos nos edifiquemos y crezcamos, y lleguemos a ser el varón perfecto que Dios quiere? ¿O vienes aquí solamente para recibir algo y no pensando también en qué vas a dar a los demás? ¿Te das cuenta de que si te guardas tus dones para ti, nos dificultas el crecimiento también a nosotros? Somos un cuerpo, tenemos un Padre al que nos dirigimos como Padre nuestro, tenemos una responsabilidad los unos para con los otros, no puede estar plenamente satisfecho con tu vida, si no estás poniendo de tu parte para la vida de todos en la iglesia crezca hacia la madurez que quiere nuestro Señor.

Conclusión

En conclusión: ¿Estamos siendo solícitos en guardar la unidad del cuerpo? ¿Venimos aquí con un espíritu de mansedumbre, y humildad, deseando conocer la verdad, a fin de utilizar nuestros propios dones en beneficio y servicio a los demás? ¿Qué ocurre cuando hay diferencias, roces, conflictos? ¿Olvidamos nuestra unidad esencial, interior, como pueblo de Dios y nos abandonamos a nuestro orgullo, corremos a defender nuestros derechos, o mostramos mediante nuestra actitud humilde y controlada, que somos siervos de Dios y de los hermanos, y que pensamos antes en ellos que en nosotros mismos?

Como somos un conjunto de personas muy imperfectas, muy limitadas, aunque haga tabla rasa a partir de hoy, no va a pasar mucho tiempo hasta que tengas que poner a prueba tu humildad, tu paciencia, tu mansedumbre tu amor, ¿qué harás?, ¿te apartarás?, ¿dejarás de buscar la unidad? A veces, como vuestro pastor, tengo que oír cosas como: “no vuelvo a ayudar”, “yo en esto no participo”, y cosas parecidas. No hemos aprendido así a Cristo, ese no es su Espíritu. Todos podemos tener una actitud egoísta u orgullosa en un momento dado, pero luego debe venir el arrepentimiento, y el esfuerzo por ser humildes, mansos y siervos amorosos de los demás. No juguéis a ser cristianos, eso no sirve para nada. Sedlo de verdad, andemos como es digno de nuestra vocación, solícitos en guardar la unidad del espíritu en el vinculo de la paz, que el Señor nos ayude. Oremos.

Versículo de despedida:

Colosenses 3:12-15

12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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