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Tiempos de decisión, tiempos de oración

Posted by OSCAR ESQUIVEL en julio 8, 2009

Tiempos de decisión, tiempos de oración

Introducción

Hoy me dirijo a vosotros con una mezcla de alegría e ilusión por un lado y de tristeza por otro. ¿Cómo es esto? Pues porque hoy siento que debo dirigirme a vosotros para desafiaros a algo bonito, pero también para llevar a cabo la parte más difícil de la tarea de un profeta o un pastor, para señalar defectos y llamar al arrepentimiento, es decir, a un cambio de conducta. Los que hacen esto nunca son populares. Pero como tampoco el Señor me ha llamado a serlo, sino a serle fiel a él y su Palabra, no me va a quedar más remedio que decir algunas cosas duras en esta mañana.

Predicación

Como todos sabéis, nos hallamos en estos momentos en tiempos en los que se plantea un reto crucial a esta congregación. Tenemos la oportunidad de acceder a un terreno propiedad del ayuntamiento en el distrito, y que nos sería cedido con el fin de construir un edificio digno en el que pudiésemos celebrar los cultos, tener un lugar decoroso para las clases de niños y utilizarlo para múltiples actividades evangelísticas que nos hagan más efectivos a la hora de alcanzar nuestros fines como iglesia. En términos de sabiduría o conocimiento puramente humanos parece bastante probable que el ayuntamiento nos acabe cediendo este terreno. Tenemos una promesa reiterada en ese sentido, en muchas ocasiones, ante más de una persona, y han sido ellos los que en más de una ocasión han tomado la iniciativa de ponerse en contacto con nosotros para decirnos que todo marchaba bien y que probablemente en pocos meses se pondría en marcha todo el procedimiento que desemboque en que tengamos que presentar un proyecto arquitectónico para la construcción del local de la iglesia. Si no fuera así, si se tratase de una promesa vaga, difusa, hecha debido a nuestra presión e insistencia pero yo no viera que había un interés real, un compromiso real de satisfacer la petición de la iglesia, yo no me atrevería a ilusionaros con este proyecto, sabiendo que en definitiva aún muchas cosas pueden torcerse y puede que no sea la voluntad del Señor. Pero parece que se nos abren las puertas, que empieza a llegar algún fondo para la construcción, y que desde el distrito de Barajas se nos dan todas las esperanzas que razonablemente se nos pueden dar en esta fase del proyecto de que esto realmente se va a llevar a cabo.

Por lo tanto, se acerca el momento en que esta congregación se va a ver enfrentada a una gran decisión, una decisión que va a condicionar la vida inmediata de la iglesia y su actividad y desarrollo futuro durante muchos años. Una decisión que requiere sabiduría, madurez, y dosis a partes iguales de realismo, y también de visión y capacidad soñar y de ambicionar cosas grandes para el Señor.

Y decir que necesitamos madurez, sabiduría, realismo, visión, es decir sencillamente que necesitamos al Señor, necesitamos estar llenos de Espíritu, necesitamos la sabiduría que viene de lo alto, necesitamos hincarnos de rodillas como pueblo de Dios y clamar al Señor, pedirle primero que ilumine nuestra mente para que sepamos pedir conforme a su voluntad, pedirle después, en segundo lugar, conforme a lo que nuestro deseo de servirle y visión de lo que podemos y queremos hacer para el Señor nos dicte, y pedirle finalmente, que, en cualquier caso, incluso a pesar nuestro, sea hecha su voluntad en la tierra, así como se hace la voluntad del Señor en los cielos.

Orar, buscar al Señor como pueblo, como iglesia, para que el haga cosas maravillosas entre nosotros, para que, no siendo nosotros nada, sino acaso la iglesia más humilde de Madrid, sea él el que se glorifique en nuestro medio, mediante las cosas grandes que haga entre gente y con gente tan insignificante como nosotros.

Cuando abrimos las páginas de la Biblia y vemos la descripción de la iglesia primitiva, de la iglesia que se describe en el libro de los Hechos de los apóstoles, descripción que Dios ha dejado para nuestra edificación y ejemplo, lo que vemos es una iglesia pequeña en tamaño, pequeña en importancia respecto a lo que era entonces la cultura dominante y el imperio romano, pero grande en oración.

Cuando vamos al capítulo 1 de Hechos y echamos un vistazo a ver que hacía la iglesia tras la ascensión del Señor a los cielos, qué es lo que hacían, descubrimos que:

Hechos de los Apóstoles 1:13-14

13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Cuando se tuvieron que enfrentar como iglesia a la sustitución de Judas por otro que fuese testigo con ellos de la vida y de la resurrección de Jesús:

Hechos de los Apóstoles 1:24

24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,

Cuando se nos describe a qué se dedicaban las tres mil personas que en un solo día se convirtieron tras la predicación de Pedro en Pentecostés, se nos dice que:

Hechos de los Apóstoles 2:42

42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Cuando Pedro y Juan fueron apresados y enviados a testificar ante el concilio judío, cuando fueron puestos en libertad se dirigieron a donde estaban reunidos los hermanos, ¿y qué hicieron, todos reunidos, tras escuchar su informe?

Hechos de los Apóstoles 4:24

24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;

¡Se pusieron a orar! Y nos dice la palabra que:

Hechos de los Apóstoles 4:31

31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Y cuando el Rey Herodes mandó de nuevo prender a Pedro y la iglesia se halló ante una encrucijada, ¿qué hicieron?

Hechos de los Apóstoles 12:5

5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.

Y cuando finalmente fue liberado de forma milagrosa y Pedro se dirigió a una de las primitivas casas iglesia donde los hermanos se solían reunir, ¿qué halló allí?

Hechos de los Apóstoles 12:12

12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.

Y cuando Pablo se despidió de los cristianos de Mileto, camino de Jerusalén, donde sabía que podían prenderle, después de escuchar su mensaje de despedida y ante el peligro que les aguardaba, ¿qué hicieron?

Hechos de los Apóstoles 20:36

36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos.

Y en camino a Jerusalén, después de que el barco tuvo que pasar unos días en Tiro para descargar, encontramos una escena preciosa, así vivían nuestros hermanos, este es el ejemplo que nos han dejado:

Hechos de los Apóstoles 21:5

5 Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos.

En definitiva, hermanos, la primera iglesia, el modelo que nos dejó nuestro Señor en la Escritura, era una iglesia que oraba unida, que se reunía para orar, y que alzaba unánime sus plegarias ante el trono de Dios, pidiéndole sabiduría, protección, valor, liberación, denuedo para testificar. Si somos un cuerpo en Cristo, necesitamos levantar una voz, unánime en Cristo, reunidos como dicho cuerpo, así lo hacían nuestros hermanos, así lo debe hacer cualquier cristiano que es consciente de que forma un pueblo unido en Cristo, para aprender juntos, para partir el pan juntos, para tener comunión los unos con los otros, para adorar juntos y también para orar juntos, y juntos presentar nuestras súplicas a Dios, y juntos pedir a Dios sabiduría en estos tiempos de decisión, de encrucijada.

Estamos, una vez más os lo digo por si alguno todavía no es consciente, ante un momento trascendental, muchas iglesias locales en Madrid, en el pasado, durante años y ahora mismo, no se atreven ni a soñar con la posibilidad que a nosotros se nos presenta más que probable. El Señor nos ha bendecido muy por encima de lo que merecemos, nos ha abierto una puerta espectacular, pero también llena de desafíos, de peligros… ¿oraremos? ¿Oraremos como pueblo? ¿Verá el Señor en los próximos meses las sillas de esta iglesia llenas durante el culto de oración de un pueblo que da gracias y que clama con una sola voz pidiendo dirección y sabiduría, pidiendo valor y clamando para que el Señor toque el corazón de las autoridades, rogándole a Dios que levante los fondos necesarios para hacer una gran obra que de gloria a su nombre, importunando, una y otra vez, como la viuda al juez de la parábola, al Señor con nuestro clamor, para que el vea que realmente le buscamos y deseamos mostrarnos dispuestos a servirle y a aprovechar la oportunidad que él nos ofrece de hacer algo que perdure en la historia del pueblo de Dios en España? ¿Mostraremos que estamos dispuestos a correr riesgos y asumir sacrificios por el Señor, o lo único que va a encontrar Dios es conformismo o indiferencia, ilusión acaso, pero sin capacidad de sacrificio? ¡Qué se ocupen otros! ¡Qué otros vayan a orar!

¡Cuántas iglesias, no me cabe duda, pasarían meses con ayunos, cadenas de oración, vigilias de 24 horas, buscando al Señor en cuerpo y alma, y el Señor nos está abriendo una puerta a nosotros, con algún propósito, quizá entre otras cosas para desafiarnos a orar como pueblo, a tomarnos en serio la responsabilidad de buscarle como congregación.

Está muy bien la oración privada, bienvenida sea, pero el Señor no nos enseñó a orar diciendo “Padre mío” sino “Padre nuestro”, y nos prometió su presencia especial para cuando estuviésemos reunidos en su nombre y descorremos el velo de la eternidad y vemos a los santos en el cielo, los vemos como en la tierra, sea en Jerusalén, en Mileto, en Tiro o en Corinto, orando y adorando a Dios juntos, como pueblo, para que cada una de nuestras pequeñas llamas se transforme en un fuego que incendie de amor y pasión por el Señor a los demás. ¡Un cuerpo en Cristo!

Siempre he querido ser justo en este tema, conozco bien las dificultades e inconvenientes que supone para muchos asistir al culto de oración, las experimento en mi propia casa, entre mi familia. Pero si eres de los que haciendo un sacrificio puede venir a orar con la familia de Dios ¿dónde está escrito en la Palabra que la vida cristiana es cómoda, que no exige sacrificios, donde pone que no hay que tomar la cruz, que no hay que negarse a si mismo, que no hay que tomar la decisión de dejar muchas cosas deseables atrás para seguir a Cristo por el camino del discipulado? ¿Dónde lo pone porque yo me he perdido esas páginas en mi Nuevo Testamento? Leo más bien todo lo contrario.

Luego habrá algunos de vosotros que no puedan realmente, que venir les suponga algo quizá en extremo perjudicial para un niño de corta edad, o que realmente les resulte muy, muy sacrificado por alguna razón que a mí se me escapa, o es incompatible con su horario laboral y yo no les juzgo, ni ninguno debe hacerlo, sino más bien que cada uno piense en su corazón: “si no puedo ir todas las semanas, ¿puedo ir una vez cada quince días, cada mes, cada tres meses? ¡No puedo nunca, ni una vez al año puedo reunirme a orar con el pueblo de Dios, ni en vacaciones, ni en los puentes, ni NUNCA! Hermanos, eso no está bien, ahí hay algo que no marcha correctamente, quizá hace mucho tiempo decidimos que darle al Señor una mañana a la semana ya es suficiente y que orar con el resto del pueblo de Dios no sirve para nada o sirve para poco o es aburrido o es cansado o me da vergüenza. Qué el Señor me lo demande y me castigue por ello si yo como vuestro pastor no os digo: eso no está bien hermanos, eso no está bien, reflexionad, preguntadle al Señor, buscad en su Palabra, todos somos pecadores, yo el primero y no es retórica, Dios conoce mi corazón, vosotros no, menos mal, sino tendría que esconderme en algún agujero, estamos entre pecadores redimidos por gracia, no te dé vergüenza admitir que eso no está bien.

Esta iglesia necesita oración y necesita compromiso. En uno de los peores momentos económicos de la historia de la iglesia, cuando teníamos un agujero de –700 euros en la cuenta un mes atrás, cuando el consejo busca desesperado cortar gastos donde sea, resulta que la iglesia tiene más asistencia que nunca en la historia y el Señor nos abre la puerta de una oportunidad extraordinaria ¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué a nosotros? No lo sé, quizá para despertarnos, quizá para que crezcamos en compromiso, en santidad, en madurez espiritual, aunque sea a empujones.

Con excepciones, yo no veo que en esta iglesia la gente esté en paro, esté pasando por una mala situación económica, esté anulando sus vacaciones, dejando de pagar sus hipotecas, con miedo a tener hijos, vendiendo sus casas para mudarse a otras más modestas, y la casa del Señor no tiene con qué hacer frente a sus compromisos que son bien modestos. ¿Qué hacemos? ¿Abrimos la Biblia por los profetas y leemos lo que el Señor le dijo a los israelitas en situación semejante, cuando el templo estaba descuidado? Por misericordia no lo haré en esta mañana, en público pero lo he leído en privado y sé que Diana y yo tenemos que tener una conversación muy seria acerca de nuestras ofrendas y de nuestra responsabilidad ante el Señor.

Pero no quiero terminar en esta mañana con tristeza, sino con ilusión. El Señor disciplina a aquellos que ama y corrige a sus hijos, porque quiere verlos santos, algún día se gloriará en nosotros. Ahora tenemos la oportunidad de hacer algo grande para el Señor, o mejor todavía, de que el Señor haga algo grande con nosotros, para su gloria. Me pregunto si nuestro compromiso estará a la altura de las circunstancias, en capacidad de sacrificio, en espíritu de oración y comunión con el Señor y entre nosotros.

Todavía no hay nada seguro. ¿Qué haremos nosotros? ¿Pediremos de rodillas como pueblo de Dios? ¿Ofrendaremos para la gloria de Dios? ¿Qué hará el Señor? No lo sé, pero si finalmente su respuesta es NO, aunque todo apunta al SÍ, aunque se abren puertas que parecían cerradas, aunque ya hay hermanos de fuera de la iglesia empezando a reunir fondos para hacerlo realidad, si su respuesta es NO, espero que no sea porque fuimos una congregación indigna aún de recibir lo que en cualquier caso serán bendiciones inmerecidas de parte del Señor.

Oremos.

Lectura de despedida:

El Señor nos examina como iglesia, veo el libro de Apocalipsis y oro, pidiéndole al Señor que pueda mirarnos algún día y decir cosas como estas:

Apocalipsis 2:18-19

18 Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto: 19 Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.

O también:

Apocalipsis 3:8

8 Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

Oh sí, que algún día podamos oír benditas palabra de aprobación de Dios como iglesia.


© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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