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Ve, y haz tú lo mismo

Posted by OSCAR ESQUIVEL en julio 8, 2009

Ve, y haz tú lo mismo

Introducción

Esta mañana nos introducimos en un pasaje de los evangelios que todos hemos escuchado muchas veces, de hecho quizá tantas veces que ha dejado de hacer en nosotros el impacto que originalmente causó en sus primeros receptores. Se trata ni más ni menos de cómo respondió Jesús a un hombre que intentó mediante una pregunta, provocarle, dejarle en una mala situación. Veremos que la respuesta de Jesús fue de una sutileza impresionante y cuando su contrincante no se dio por vencido, entonces Jesús le enfrenta con sus tabúes y sus prejuicios religiosos más arraigados, exponiéndole también a su propia responsabilidad moral y reduciendo a nada sus excusas mentales para no hacer lo que debía.

Estoy seguro de que si volvemos a escuchar hoy, con un corazón receptivo, las palabras del Señor, nos vamos a encontrar con que, de la misma manera, reduce a polvo nuestras excusas y nos enfrenta directamente con nuestra responsabilidad ante Dios y ante nuestros semejantes. Se trata de un pasaje, pues, peligroso, no apto para conformistas, pero precioso para aquellos que buscan conocer la verdad acerca de Dios y acerca de sí mismos, por mucho que nos disguste darnos cuenta de ciertas cosas. Empecemos.

Análisis del pasaje

Como hemos dicho, nuestro pasaje empieza con la interpelación de un profesional de la interpretación teológica, que bajo la excusa de una pregunta aparentemente llena de buena intención e interés, sin embargo, lo que intentaba era “probar” a Jesús:

Lucas 10:25

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

La intención del intérprete es que Jesús, que para él es un sectario que está agitando a la gente y haciendo que de la espalda a sus maestros habituales, quede en mal lugar mediante una respuesta que muestre claramente su heterodoxia. Pero Jesús, hábilmente, remite al intérprete a sus propios conocimientos:

Lucas 10:26

26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

Vaya, ahora se encuentra con que tiene que responder su propia pregunta tonta, obviamente es un experto en la ley y sabe qué es lo que esta dice:

Lucas 10:27

27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

La conclusión de Jesús no se hace esperar y deja al intérprete primero como un tonto, pero luego enfrentado a la tremenda realidad:

Lucas 10:28

28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

¿En qué ha quedado el ataque del intérprete? Primero en la constatación un tanto ridícula delante de todo el mundo de que estaba haciendo una pregunta tonta. Esto sin duda debió picarle en su orgullo, pero por la reacción del intérprete vemos que hay más que eso. Inmediatamente fue enfrentado con su propia incapacidad moral. Esto es muy importante, porque si no interpretaremos incorrectamente la intención de Jesús. Al fin y al cabo, el intérprete había hecho una pregunta muy poco “evangélica”: ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Nosotros nos apresuraríamos a responder: ¡Ninguna! Incluso la pregunta contiene una contradicción en su planteamiento, uno no hereda las cosas por hacer algo, sino por ser quien es. La vida eterna se hereda naciendo en la familia de Dios, uno no se gana la vida eterna haciendo nada, habríamos dicho nosotros. A primera vista parece que Jesús ha desperdiciado una oportunidad excelente de anunciar el evangelio.

¿Pero de que sirve anunciar el regalo del evangelio si la persona no ha comprendido primero su propia bancarrota espiritual? De nada. Nosotros a veces no nos damos cuenta, vamos demasiado rápido en nuestra presentación del evangelio, pero Jesús no, Él sigue los pasos correctos.

La respuesta del intérprete no es incorrecta, la ley de Dios pide ese amor de todo corazón, alma, fuerzas y mente a Dios y al prójimo amor como a uno mismo. De hecho si fuéramos capaces de hacerlo nos justificaríamos mediante la ley. Pero como dice el apóstol Pablo, mediante la ley no viene la justificación, sino  el conocimiento del pecado. Así que el haz esto y vivirás de Jesús al intérprete fue, quizá por la conciencia de pecado que en ese momento le dio el Espíritu Santo, como una bofetada en la cara del que le preguntaba, sus palabras a continuación lo dejan muy claro, trató de justificarse a sí mismo, es decir, de excusarse:

Lucas 10:29

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

Esto es lo que nos pasa cuando la Palabra de Dios nos pega en el rostro: ¡Excusas! Siempre se dice que para los judíos su prójimo eran los otros judíos, pero era incluso peor, para los fariseos el prójimo eran los otros fariseos. Sin embargo el hecho de que él sienta el peso del pecado y por tanto la necesidad e justificarse muestra que en el fondo muchas veces sabemos que nuestros argumentos son excusas, solamente excusas, arraigadas quizá, puede que compartidas con otros muchos, pero en el fondo sabemos que no valen nada. Su respuesta a Jesús, en forma de pregunta, es la respuesta de un hombre que sabe que no ama a su prójimo como debería. Le han pillado in fraganti, pero aún tiene una oportunidad de devolverle el golpe a Jesús. Preguntándole acerca de quién es el prójimo quizá aún pueda librarse del mal lugar en que ha quedado y qué responderá Jesús, igual dice que el prójimo es también el ocupador romano, o los gentiles en general, o un grupo específico de sus discípulos, así que ¡a ver si dice algo con lo que podamos desacreditarle!

La respuesta de Jesús es la parábola del buen samaritano, estamos tan acostumbrados a oír esa expresión, buen samaritano, que no nos damos cuenta de que a un judío debía sonarle algo así como a nosotros “el buen terrorista”, o “el buen asesino en serie”.  Veamos:

Lucas 10:30

30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

Fijaos en el hecho de que no se nos dice quién era ese hombre. Por descender de Jerusalén podía ser un judío, pero eso es lo de menos, era un ser humano necesitado, eso es lo importante.

Lucas 10:31-32

31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

¿Qué pensaron estas personas? ¿Por qué pasaron de largo? No se nos dice, pero sí sabemos lo que el intérprete acababa de hacer, plantear una excusa para justificarse a sí mismo en su incumplimiento de la ley. Así que deducimos que es esto mismo lo que hicieron tanto el sacerdote como el levita. ¿Qué excusas utilizarían? Tradicionalmente se han dicho muchas cosas: que si podían tener miedo de tocar a alguien que quizá había muerto, contaminándose ritualmente, que si tendrían miedo de ser ellos mismos asaltados, de que fuese una trampa y qué sé yo que otras cosas. Pero lo importante es qué pensarías tú. Vaya pobre, pero tengo prisa, mejor no involucrarme. Sé que podría tener caridad con él, pero la caridad bien entendida empieza por uno mismo, debo cuidar de mí, es mejor que pase de largo no sea que me atraquen a mí también, tengo que pensar en mi protección. ¿Cuáles son nuestras excusas cuando nos enfrentamos con los mandamientos claros de Dios, en este caso amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, para no hacerlo.

Qué ocurre cuando, enfrentados a las demandas de Dios, a la Palabra del Espíritu susurrándonos tras una lectura de la Palabra, tras un sermón sentimos que debemos emprender un determinado curso de acción, o dejar de hacer algo, o entregarle a Dios una zona oscura de nuestras vidas,… y luego no lo hacemos. ¡Excusas! Somos expertos en plantear excusas. Pero esto es lo que pasa cuando Jesús escucha nuestras excusas, no se las cree. De hecho Dios las aborrece, le parecen patéticas, y nos ve como al sacerdote y al levita, pasando de largo ante una situación que demanda obediencia.

Así que la mayoría de nosotros racionalizamos los mandamientos de Dios y nos protegemos con un buen montón de excusas para no tener que obedecer, pero Jesús nos enfrenta a propósito con un acto de amor exagerado, provocativo, impresionante:

Lucas 10:33-35

33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

Es una obra completa de restauración hecha por alguien que era un enemigo declarado del pueblo de Israel. Los judíos pronunciaban maldiciones contra los samaritanos como parte de la liturgia de la sinagoga. Pero con esta historia Jesús le dice al intérprete: esto es lo que Dios espera de ti cuando te enfrentas a un mandamiento, entrega total, generosa, absoluta, sin racanería sin medias tintas, con capacidad de sacrificio, en este caso por encima de prejuicios o barreras sociales, es decir, sin excusas que valgan. Y Jesús le pregunta al intérprete:

Lucas 10:36

36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

Fijaos, Jesús no dice “quién amó al prójimo” sino quién lo fue. ¿Por qué? Tenemos la sensación de que los papeles están trastocados. Se trataba de identificar a quién debíamos amar, y no quién ejercía la acción de amar. Qué hábil es Jesús, al desviar la condición de prójimo del necesitado al ayudador Jesús ha tendido una trampa al intérprete de la ley.

Al darle la vuelta a la perspectiva Jesús ha cambiado tanto la pregunta como la respuesta: ya no se trata de investigar acerca de una categoría determinada de gente a ver si pueden ser mis prójimos, sino de repente, de lo que se trata es de ser yo mismo un tipo determinado de persona, un prójimo de los demás. No se trata de juzgar a los demás a ver si son aptos, sino de ver si soy apto yo, si yo soy quien debo ser. Las excusas quedan reducidas a polvo. Sé tú un prójimo, y en el momento en que lo seas reconocerás a tus iguales en cualquiera que esté pasando necesidad, y los amarás como a ti mismo, como te ordena la ley de Dios. Ante esta nueva perspectiva, la única respuesta razonable que puede dar el intérprete, forzado por la historia es la que de hecho da, aunque parece reticente a pronunciar la palabra “samaritano”:

Lucas 10:37

37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Podemos en este punto pensar, como se ha hecho tantas veces, que realmente si todos fuésemos así, si practicásemos el tipo de amor al prójimo del buen samaritano, el mundo sería transformado. Podemos centrarnos en la hermosa lección de amor que dio este hombre, y tomar ejemplo, podemos decir: “yo iré y haré lo mismo, ayudaré a todos los necesitados” etc. Muchos lo han hecho así, el mundo entiende así esta historia, con este tipo de mensaje de caridad y amor ha pasado al acervo moral de muchas personas, aún de no cristianos. Pero, sabéis una cosa, si lo hacemos, si nos quedamos en una lección sobre la ayuda al necesitado nos estaremos perdiéndonos el verdadero punto de la historia. No lo olvidemos: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El propósito central de toda esta historia, es desnudarnos moralmente, ponernos ante la evidencia de que sabemos lo que debemos hacer, y no lo hacemos, ni somos capaces. Jesús nos dice: haz esto y vivirás. Pero entonces salen a flote nuestro pretextos, intentamos justificarnos a nosotros mismos. Sin embargo, Jesús nos desbarata todas nuestras objeciones, y nos vuelve a decir: id y haced como el personaje de esta historia. Y entonces ya no nos quedan excusas, nuestra miseria moral queda expuesta, y entonces, sólo entonces, si nos quebrantamos, estamos preparados para recibir la gracia de Dios.

Conclusión

¿Con qué pregunta te acercas en tu mente a la lectura de las Escrituras? ¿Con qué pregunta te preparas para escuchar un sermón? Quizá dices, ¿a ver qué tiene para mí el Señor esta mañana, veamos qué quiere que aprenda en esta mañana? Si no te haces esa pregunta o similar, deberías, pues esa es la actitud con la que debemos ir a nuestro estudio de las Escrituras o a escuchar una predicación.

Y si te haces esta pregunta: “¿Señor, qué tienes hoy para mí, enséñame tu voluntad?” ¿La haces en serio o para probar al Señor, como el intérprete de la Ley? En serio, supongo, y cuando el Señor te dice claramente: ESTO ES LO QUE QUIERO DE TI. VE Y HAZ ESTO. ¿Cómo le respondes? Con la exuberante extravagancia cumplidora del Samaritano, o con las excusas y el pasar de largo de todos los demás, intérprete, sacerdote, levita.

Piensa en el domingo anterior, en la predicación que escuchaste, o en el otro, o en tu última lectura de la Palabra ¿te habló el Señor, hubo algo para ti, sentiste que el Espíritu te llamaba a la acción? ¿Qué pasó? ¿Interpusiste una barrera de excusas entre la voz del Espíritu y tu cambio de vida? Abandónalas, Dios no puede ser engañado, por muy sutil que seas, no le vengas con historietas a Dios, no se trata del tiempo, o de la economía, o del clima, o del sueño, o de los demás, o del pastor que es un pesado, se trata de ti, se trata de que tú seas quien debes ser, lo demás son excusas. Reconoce tu bancarrota moral, y busca la gracia de Dios. Si lo haces, de él recibirás perdón, y nuevas fuerzas y gozo para hacer la voluntad de Dios con alegría. Si sigues negándote a reconocer que no haces lo que debes, parapetado detrás de tus excusas, si eres creyente te perderás la gracia del crecimiento, si no eres creyente te perderás la gracia de la salvación, y en cualquier caso, te perderás el gozo, el gozo auténtico, el gozo duradero, cambiarás el gozo verdadero y permanente por una satisfacción o una comodidad engañosa y de corta duración.

¡Qué tontería! ¡Qué tontería protegerse de la voluntad de Dios para ti con excusas, cuando en Dios se encuentra la verdadera felicidad y el bien supremo, cuando Dios sólo desea tu bien y tu crecimiento, cuando Dios desea precisamente darte por gracia la capacidad de obedecerle! Qué el Señor nos abra los ojos y nos de un corazón verdaderamente tierno y dispuesto a hacer su voluntad. Sí, oremos. Amén.

Lectura de despedida:

Salmos 143:1-2,8,10

1 Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos;

Respóndeme por tu verdad, por tu justicia.

2 Y no entres en juicio con tu siervo;

Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.

8 Hazme oír por la mañana tu misericordia,

Porque en ti he confiado;

Hazme saber el camino por donde ande,

Porque a ti he elevado mi alma.

10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios;

Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

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© Iñaki Colera Bernal – Puedes utilizar este sermón para tu uso personal y reproducirlo, citando su procedencia y autor, siempre que no lo alteres ni busques ningún beneficio económico con ello. “…de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b – Si el sermón te ha sido útil, me gustaría saberlo, envíame una nota a

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Una respuesta to “Ve, y haz tú lo mismo”

  1. Jacobo said

    Gracias por el esfuerzo y dedicacion a lo espiritual.. Dios los siga bendiciendo.

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