PREDICAS PARA JOVENES

Una Web Del Ministerio Un Toquede Su Gloria UTG

CUANDO NUESTRA VIDA LLEGA A SU FIN PARTE 2

Posted by OSCAR ESQUIVEL en agosto 15, 2009

¿Existe Dios?

cuando nuestra vida llega a su finPor supuesto que sí. Las primeras palabras de la Biblia son: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Dios no intenta probar Su existencia, sencillamente la declara como un hecho dado.

¿Existe Dios? Salga una noche y mire el cielo lleno de estrellas. Tome en cuenta los cientos de millones de estrellas que están a millones de kilómetros de distancia. Piense en los otros planetas, galaxias y sistemas solares. La Biblia nos hace recordar:

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1).

¿Existe Dios? Considere el cuerpo humano. Salmos 139:14 dice: “Formidables y maravillosas son tus obras”. Examinemos una pequeña parte del cuerpo humano: el ojo. Por su extrema complejidad, los científicos todavía no comprenden totalmente cómo funciona. Adivine quién dijo:

“Suponer que el ojo, con su inimitable mecanismo para enfocar a diferentes distancias, para dejar pasar distintas intensidades de luz, y para corregir las aberraciones esféricas y cromáticas, pudiera haberse formado por selección natural, parece -lo confieso abiertamente- una idea absurda del más alto grado posible… Creer que un órgano tan perfecto como el ojo pudiera haberse formado por selección natural es más que suficiente para desconcertar a cualquiera”.1

¿Quién declaró esta gran verdad? Ningún otro sino el famoso evolucionista Carlos Darwin. Incluso él reconoció que un órgano tan intrincado y fascinante como el ojo, requería un Creador.

Sir Isaac Newton dijo: “Este elegante sistema de soles y planetas podía surgir sólo del propósito de un Ser inteligente y poderoso”.

Albert Einstein declaró: “La armonía de la ley natural revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el pensamiento sistemático de los seres humanos es absolutamente insignificante”.

Sí, existe Dios. Las pruebas son contundentes. Y, algún día estaremos delante de El:

De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí (Romanos 14:12).

¿Estará usted preparado? Cuando termine de leer este libro, su respuesta puede ser “sí”.

¿Existe el diablo?

Así como existe Dios, existe también el diablo. Ezequiel 28 nos da información acerca de este personaje malévolo. Fue creado por Dios y vivía en el cielo (v. 13). Dios lo puso como un querubín ungido (v. 14). Era perfecto y hermoso (v. 12), por lo cual se enalteció (v. 17). Se rebeló contra Dios (vv. 15-16), y fue echado del cielo (v. 16). Lucero, que fue su nombre original, fue echado a la tierra (v. 18), donde llegó a ser conocido como Satanás:

¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones (Isaías 14:12). Fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él (Apocalipsis 12:9).

Satanás es ahora el dios de este mundo (2 Corintios 4:4), pero algún día será echado en las llamas del infierno (Isaías 14:15, donde arderá por la eternidad:

Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos (Apocalipsis 20:10).

Hoy camina por la tierra como su enemigo espiritual invisible, para engañarlo a usted y destruirlo:

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).

El principal propósito de Satanás es verlo a usted en el lago de fuego. En este momento, él está furioso porque usted está leyendo este libro. El odia las verdades que usted está aprendiendo. No permita que le impida terminar de leer este libro.

¿Existe el cielo?

La santa Palabra de Dios nos asegura en repetidas ocasiones que existe un lugar de eterna belleza y esplendor llamado cielo:

… porque Dios está en el cielo (Eclesiastés 5:2). ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra? (Jeremías 23:24).

Las calles del cielo están cubiertas con oro puro (Apocalipsis 21:21), y allí nada se corrompe (Mateo 6:20). Los que lleguen allí, compartirán con los ángeles ese lugar de eterna paz y gozo (Mateo 18:10) y recibirán el eterno galardón (Mateo 5:12). Lo mejor de todo es que Dios desea que vivamos allí para siempre. Jesús dijo:

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14:2-3).

Muchos escépticos afirman que no existe el cielo, pero la incredulidad de ellos no cambia la realidad. Durante una tormenta de nieve en una fría noche de diciembre, un agricultor de Minnesota estaba viendo las noticias por la TV. Cuando vio allí a personas que se asoleaban bajo las cálidas temperaturas de Hawai, le dijo a su esposa: “Realmente no creo que exista un lugar tan bello”. Bueno, ya sea que lo crea él o no, Hawai existe. Así también el cielo.

¿Existe el infierno?

Así como existe un lugar de eterna felicidad llamado cielo, también existe un lugar de castigo eterno llamado infierno. No es un tema popular, pero usted debe estar advertido. La Biblia nos habla de un hombre que fue allí:

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama (Lucas 16:22-24).

Nuestra mente no puede imaginar un lugar tan siniestro como ese. Se describe el infierno como “fuego eterno” (Mateo 25:41; Judas 7) y “horno de fuego” (Mateo 13:42). Apocalipsis 20:10 se refiere a él como “lago de fuego y azufre”. Todo aquel que es condenado a ese lugar “será atormentado con fuego y azufre” (Apocalipsis 14:10).

El infierno es mencionado también como las “tinieblas de afuera” (Mateo 8:12), un lugar donde reina “la oscuridad de las tinieblas” (Judas 13), donde sus habitantes sufren “prisiones de oscuridad” (2 Pedro 2:4) en un “abismo” (Apocalipsis 20:3).

Los habitantes del infierno experimentan el “lloro y crujir de dientes” (Mateo 8:12), “eterna perdición” (2 Tesalonicenses 1:9), y “el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 14:11). Lo peor es que la población del infierno aumenta cada día, pero nunca se llena (Proverbios 27:20).

Ese horrible lugar de tormento eterno fue preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41). Satanás sabe que finalmente será condenado a ese lugar (Isaías 14:15; Apocalipsis 20:10). Lo mismo pasará con todos los que rechacen el único medio que Dios ha provisto para entrar al cielo (2 Tesalonicenses 1:8).

Es imposible tratar de comprender el dolor eterno que se sufrirá en el infierno. Para tener una mínima idea, imagine que pone su mano sobre una hornilla encendida de la cocina. Aunque su mano la tocara sólo por una fracción de segundo, usted gritaría de dolor. Ahora imagine qué pasaría si no pudiera retirar la mano de la hornilla. Peor aún, imagine todo su cuerpo dentro de un horno ardiente, sin posibilidad de escape… para siempre.

Aunque nuestra mente finita no puede comprender lo terrible del infierno, no hay duda de que es un lugar que usted debe evitar. Y, gracias a la misericordia de Dios, puede lograrlo. Pronto sabrá cómo hacerlo.

¿Acaso un Dios amoroso enviaría gente al infierno?

Según la infalible Palabra de Dios, la respuesta es sí. Esta pregunta que muchos hacen da a entender que Dios es injusto porque mucha gente va al infierno. El no es injusto. La verdad es que Dios no envía a las personas al infierno en forma arbitraria. Ellas eligen ir allá. Y, nadie sufre más que Dios por esto:

El Señor… es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

Dios le ama y no quiere que usted vaya al infierno:

Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío (Ezequiel 33:11).

Dios nos ama tanto que pagó el precio máximo para librarnos del infierno. Envió a Jesucristo, Su único Hijo, para sufrir una muerte terrible en la cruz a fin de que pudiéramos escapar de las llamas del infierno.

Sin embargo, en Su amor perfecto, Dios también nos da libre albedrío. Podemos aceptar o rechazar el medio de salvación que El nos dio. Si lo rechazamos y ardemos en el infierno, es culpa nuestra y no de Dios.

Imagine a un preso que espera la pena de muerte. Está a punto de ser ejecutado, cuando el carcelero se presenta en su celda con un documento de perdón firmado por el gobernador. Lo único que debe hacer esta persona condenada es aceptar el perdón y salir de la prisión como un hombre libre. Pero, supongamos que rechaza el perdón y es ejecutado. ¿Es culpa del gobernador? No. El hizo todo lo que pudo, pero rechazaron su oferta.

Sucede lo mismo con nuestro destino eterno. Podemos aceptar la oferta de Dios, o rechazarla y sufrir las consecuencias. La decisión es nuestra. ¿Qué podría ser más justo? Pronto usted tendrá la oportunidad de elegir el cielo como su eterno hogar. Si deja de leer y no hace nada, el infierno es el lugar a donde irá.

¿Puedo saber si iré al cielo cuando muera?

Permitamos que la Palabra de Dios responda esta pegunta:

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna (1 Juan 5:13).

vida2Reflexione en lo siguiente. Sabiendo que existe un cielo y un infierno, ¿cree que un Dios que le ama desearía que usted pase toda la vida con el temor de terminar en el infierno? Por supuesto que no. Si El no le permitiera saber a dónde irá después de la muerte, esa sería la tortura más cruel.

Imagine esta situación hipotética. Una mujer que está sufriendo de fuertes dolores de estómago, va a consultar a su médico. Después de hacerle varios exámenes, el doctor llama a la señora y le dice: “Sé que mañana usted y su esposo se irán de vacaciones por tres semanas. Tengo los resultados de los exámenes y sé cuál es su problema, pero no se los daré sino hasta que regrese. Pero, le diré lo siguiente: es una enfermedad leve, o una enfermedad fatal que le causará una muerte lenta y agonizante”.

¿Gozaría esta mujer de sus vacaciones? ¡Imposible! Estaría atormentada día y noche. Se sentiría desesperada por conocer su suerte. Es cierto que esta ilustración es algo exagerada, pero usted comprende lo que queremos decir. Sería increíblemente cruel que Dios dijera en Su Palabra que algunas personas se quemarán en el infierno para siempre, pero que se negara a decirnos cómo podríamos evitar esas llamas. Es por eso que la Palabra de Dios dice que podemos tener:

una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros (1 Pedro 1:4).

¿Desea reservar su lugar en el cielo? Continúe leyendo.

¿Acaso no hay muchos caminos al cielo, como los radios
de la rueda de la bicicleta?

Aunque esta difundida creencia suene poética, sencillamente no es bíblica. Según la Palabra de Dios, hay sólo un camino al cielo. Jesucristo dijo:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6).

Refiriéndose a Jesús, la Biblia declara:

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).

Jesús dice que la salvación es sólo por medio de El:

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo (Juan 10:9).

Si hubiera muchos caminos para ir al cielo, entonces la mayoría de las personas irían allí. Lea las siguientes palabras que Jesús dirigió a las multitudes en Su sermón del monte:

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan (Mateo 7:13-14).

Vea lo que dice. Muchos van a la perdición Pocos hallan la vida eterna. Usted puede ser uno de los pocos. Depende de usted.

¿Iré al cielo si me esfuerzo por hacer el bien?

Millones de personas esperan ganar el cielo si se esfuerzan al máximo por hacer el bien. Sin embargo, la Biblia dice que aun lo mejor en nosotros nunca será suficiente:

Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia(Isaías 64:6).

Salomón, el rey sabio, dijo:

Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7:20).

El apóstol Pablo, que escribió gran parte del Nuevo Testamento, dijo lo siguiente:

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien (Romanos 7:18).

Pablo también afirmó:

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno (Romanos 3:10).

La Biblia dice que nadie irá al cielo por buenas obras:

Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Romanos 3:20).

Si cree que irá al cielo si se esfuerza para hacer el bien, sufrirá una enorme decepción.

¿Iré al cielo si soy sinceramente religioso?

La Palabra de Dios dice que personas religiosas muy bien intencionadas arderán en el infierno. Jesús mismo dijo que muchas personas religiosas comparecerán ante El en el día del juicio, creyendo que por sus buenas obras entrarán al cielo:

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? (Mateo 7:22).

¿Se imagina la situación de esas personas? Ellos predicaron en el nombre de Jesús. En Su nombre echaron fuera demonios e hicieron milagros. Por eso quedan sorprendidos al saber que no pueden entrar al cielo. Desesperadamente claman a Dios: “Pero, Señor, mi religión me prometió que entraría al cielo. Me dijeron que mis buenas obras me ayudarían”.

Sin embargo, Jesús los mirará directamente y declarará:

Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo 7:23).

Amigo, esté advertido. Según Jesucristo, la gente religiosa será enviada al infierno. No se deje engañar por una religión. Cuando Jesús estaba en la tierra, aborrecía la religión. Los que más se oponían a El eran los religiosos. A los líderes religiosos los llamó “hipócritas” y “guías ciegos”. Dijo que estaban “llenos de robo y de injusticia” y “llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”. También estaban llenos de “hipocresía e iniquidad”, y eran “hijos de aquellos que mataron a los profetas”. Jesús también los llamó “serpientes” y “generación de víboras” (Mateo 23:23-33). Después de estas severas acusaciones, Jesús preguntó a los líderes religiosos:

¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? (Mateo 23:33).

¿Comprendió? Esos sinceros líderes religiosos estaban camino al infierno. Muchas personas son sinceras, pero se necesita más que sinceridad para entrar al cielo. Usted debe estar sinceramente correcto. Lo trágico es que millones de personas religiosas están sinceramente equivocadas.

Una noche, una enfermera le dio a un joven paciente la medicina equivocada. El paciente murió antes que se descubriera el error. ¿Fue el problema falta de sinceridad? No. El paciente murió porque la enfermera se equivocó, aunque sinceramente quería ayudarlo.

En su carta a los Romanos, el apóstol Pablo dijo lo siguiente a la gente religiosa honesta:

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia (Romanos 10:1-2).

Eran religiosos y muy sinceros, pero estaban perdidos.

Millones de hombres y mujeres irán al infierno porque obedecieron una religión. Si está confiando en una religión para que lo lleve al cielo, ¡cuidado! Jesús dice que eso no resultará.

¿Acaso no iré al cielo si soy una buena persona?

Eso parece lógico, ¿no es cierto? Desde la niñez se nos enseña: “Los que hacen el bien, son premiados, mientras que los que hacen el mal, son castigados”. Pero, ser bueno nunca le llevará al cielo. En primer lugar, según la Biblia, no hay “gente buena”:

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Romanos 3:12).

De acuerdo a sus propias normas, quizá usted se considere una persona bastante buena. Pero, según las normas de Dios, está muy lejos de ser bueno. Cuando crucificaron a Jesús, dos criminales también fueron crucificados, uno a cada lado del Señor. Y, antes de morir, Jesús le prometió a uno de ellos: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

¡Un momento! Este hombre cometió un crimen que merecía la pena de muerte. Sin embargo, Jesús le prometió que iría al cielo. Obviamente no se debió a que era un buen hombre. Pronto sabrá por qué él fue al cielo, y cómo puede lograrlo usted también.

¿Iré al cielo si hago lo que mi corazón siente que es correcto?

La peor equivocación que puede cometer es hacer lo que en su corazón parece correcto. Por esta razón, millones de personas no están en el cielo. Escuche la advertencia de Dios: “El que confía en su propio corazón es necio” (Proverbios 28:26). He aquí otra advertencia:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9).

Cuando tenga que hacer decisiones para la eternidad, ignore lo que siente en su corazón. Este le engañará constantemente. Más bien, crea en la única fuente confiable, la Santa Biblia de Dios.

¿No somos todos hijos de Dios?

Este concepto equivocado, y tan difundido, no se encuentra en la Biblia. Todas las personas son creación de Dios, pero sólo algunos son hijos de Dios. Cuando Jesús hablaba con un grupo de judíos, ellos se enfurecieron cuando les dijo:

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer (Juan 8:44).

El apóstol Pablo le dijo a un adivino:

¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo…! (Hechos 13:10).

Todos nacemos como hijos del diablo, y si usted no ha hecho lo que es necesario para ser hijo de Dios, entonces todavía es hijo de Satanás. Pero, usted puede hacer la decisión para nacer de nuevo y ser parte de la familia de Dios.

.
.

Anuncios

Una respuesta to “CUANDO NUESTRA VIDA LLEGA A SU FIN PARTE 2”

  1. dagoberto said

    quisiera descargar libros que debo hacer estan muy,interesantes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: