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CUANDO NUESTRA VIDA LLEGA A SU FIN PARTE 4

Posted by OSCAR ESQUIVEL en agosto 15, 2009

cuando nuestra vida llega a su finEl plan supremo de Dios

Es obvio que los sacrificios de animales no podían continuar para siempre. Por tanto, para solucionar definitivamente el problema del pecado, Dios el Padre envió a Dios el Hijo (Jesucristo) para que naciera en la tierra.

Después de vivir 33 años y libre de pecado en este planeta, Jesucristo fue crucificado. El nunca había pecado, así que no tenía que morir. Por tanto, cuando derramó Su sangre en la cruz, no fue por Sus pecados, sino por los pecados de la humanidad. Jesucristo fue el sacrificio final por los pecados, y fue para siempre:

Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos (Hebreos 9:28). Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

La siguiente historia de la vida real ilustra en forma hermosa lo que hizo Cristo al morir por nosotros:

“Durante la Guerra Civil de Estados Unidos, un hombre llamado George Wyatt fue escogido al azar para ir al campo de batalla. El tenía esposa y seis hijos. Un joven llamado Richard Pratt se ofreció para ir en su lugar. Fue aceptado y se unió a las filas del ejército con el nombre de George Wyatt. Poco después Pratt murió en combate. Las autoridades más tarde vieron la necesidad de reclutar otra vez a George Wyatt. Este protestó, arguyendo que él había muerto en la persona de Pratt. Insistió en que las autoridades estudiaran sus archivos para comprobar que él había muerto identificado con Pratt, su sustituto”.1

Como pecadores, merecemos sufrir y morir en el infierno. Pero, puesto que Jesucristo, nuestro sustituto, murió en nuestro lugar, podemos quedar libres del castigo por nuestros pecados y recibir el regalo de Dios: la vida eterna.

La Biblia nos dice que Jesús gustó la muerte por nosotros: .

.. para que [Jesús] por la gracia de Dios gustase la muerte por todos (Hebreos 2:9).

Lo que los corderos del Antiguo Testamento nunca pudieron hacer, Jesús lo hizo por medio de Su muerte:

No por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención (Hebreos 9:12).

El sumo sacerdote ofrecía animales como sacrificio temporal por los pecados, pero Jesucristo (Dios encarnado) se ofreció a Sí mismo como sacrificio vivo para comprar nuestra redención, pagando el precio total por todos los pecados cometidos:

Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios (Hebreos 10:12). … pero ahora, en la consumación de los siglos, [Jesús] se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado (Hebreos 9:26).

El trabajo del sumo sacerdote era una figura de la obra que Cristo realizaría en la cruz:

Que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo [Jesús] una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo (Hebreos 7:27).

¿Recuerda cómo el sumo sacerdote, en el día de la expiación, cubría el propiciatorio con sangre para que Dios viera la sangre en lugar de la ley? Esto era otra figura de lo que Cristo haría por nosotros. Hoy, cuando Dios ve a los que han creído en Su Hijo, Jesucristo, no ve los pecados de ellos, sino la sangre de Su Hijo.

No se trata de cuán bueno o cuán malo haya sido usted. La pregunta es: “¿Han sido pagados sus pecados por la sangre de Jesucristo?”

La pascua fue otra figura previa de la obra que Cristo haría en la cruz:

Porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros (1 Corintios 5:7).

Sólo Jesús, el cordero de Dios que no tenía pecado, podía redimirnos de nuestros pecados:

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira (Romanos 5:9).

Pablo recalcó este punto en su carta a los colosenses:

En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (Colosenses 1:14).

Como el cordero del sacrificio en el Antiguo Testamento, sin mancha o defecto (Levítico 9:2), así fue Jesús: … fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin manchay sin contaminación (1 Pedro 1:18-19).

El apóstol Pablo describe la muerte de Cristo de la siguiente manera:

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición… (Gálatas 3:13).

Nunca más se tendría que derramar sangre por pecados. Nunca más se tendrían que hacer buenas obras para obtener el perdón. La obra ya fue hecha. Por eso, mientras estaba en la cruz, Jesús exclamó: “Consumado es” (Juan 19:30).

El plan de salvación se realizó. ¡Parece increíble! Dios encarnado llevó sobre Sí los pecados del mundo. ¿Se da cuenta por qué ser “bueno” no puede salvarlo? Siendo pecadores, todos necesitamos un Salvador, y Jesucristo es el único Salvador:

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más (Isaías 45:22).

Jesús vino a la tierra por una sola razón: para morir por nosotros:

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10).

¿Acaso todos necesitan a Jesús?

Sí. Jesús es la única esperanza y el único camino al cielo:

Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Corintios 15:22).

Cuando realmente comprenda lo que Cristo hizo por usted, estará preparado para recibir el regalo de amor de Dios. Imagine que usted está en un barco que se hunde en las heladas aguas del océano infestado de tiburones. A medida que pasan las horas, pierde toda esperanza. De pronto, a la distancia, ve que se acerca un barco. Cuando está cerca de usted, un marinero le tira una soga. ¿Tendría que rogarle él para que usted se asiera de la soga? Por supuesto que no, porque sin ella, sin duda usted moriría.

Amigo, sin Jesús como su Salvador, usted está perdido y a la deriva en un mar de pecado. Nadie puede ayudarlo, sino Jesús. El es el único que puede lanzarle la soga de la vida eterna. ¿Se asirá de ella para ser llevado a un lugar seguro, o la rechazará y se ahogará en su pecado?

Un video mostraba dos autos de carrera que chocaron el uno contra el otro. El primero se estrelló contra un muro y se incendió. Los equipos de rescate corrieron para ayudar al conductor, pero no podían extinguir el fuego. Al conductor le era imposible salir del auto debido a los cinturones de seguridad y el equipo de protección que tenía alrededor de él. Las llamas impedían que el equipo de rescate se acercara al auto. El conductor estaba atrapado en medio de las llamas, sin posibilidad de salir. Entonces, una persona valiente se lanzó de cabeza a las llamas, desabrochó rápidamente los cinturones de seguridad y liberó al aterrado conductor.

Esta historia también representa la condición en que se encuentra usted. Está atrapado en sus pecados y las llamas ardientes del infierno le esperan. Sin Jesús, no hay escapatoria. Pero, gracias a Dios, Jesús quiere rescatarle y puede hacerlo… si usted se lo permite.

Finalmente, imagine que padece de una extraña enfermedad mortal. Ha agotado todos los recursos posibles para encontrar una cura, pero se está muriendo. Entonces escucha de un médico que tiene un nuevo tratamiento revolucionario. Todos sus pacientes han sanado completamente. Usted tiene que decidir: recibir el tratamiento del médico y vivir, o rechazar su ayuda y vivir. La elección es sencilla.

Sin Cristo, le espera con seguridad la condenación eterna en el lago de fuego. Quizá haya probado varias religiones, pero nunca ha recibido la sanidad espiritual. Eso es porque la religión mata, y sólo Jesús, el Médico divino, puede sanarlo espiritualmente. Y, El nunca le ha fallado a ninguno de Sus pacientes.

Comprenda que este libro no fue escrito para rogarle que usted se haga cristiano. El propósito es mostrarle la condición en que se encuentra: perdido en sus pecados. Lea la advertencia de Dios:

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:15).

Una vez que comprenda plenamente su condición, clamará a Jesús para que le salve. No querrá arriesgarse a vivir otro segundo sin El.
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