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CUANDO NUESTRA VIDA LLEGA A SU FIN PARTE 5

Posted by OSCAR ESQUIVEL en agosto 15, 2009

cuando nuestra vida llega a su finEstoy listo. ¿Qué es lo que tengo que hacer?Primero, debe reconocer y confesar que usted es un pecador que necesita al Salvador. Luego, debe estar dispuesto a arrepentirse de sus pecados:

… si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Lucas 13:5).

El Diccionario de la Lengua Española (RAE) dice que arrepentimiento significa “pesar de haber hecho alguna cosa”. Y el Diccionario Ilustrado de la Biblia (Caribe) lo define como “un cambio de parecer, o un repudio del pecado para regresar a Dios”.

Arrepentirse no es hacer buenas obras. Más bien, es el pesar del corazón por los pecados pasados y el deseo de que Dios transforme nuestra vida.

Luego, debe comprender que la salvación no la recibirá por hacer buenas obras, sino al creer en Jesucristo y poner su confianza total en la obra que El consumó en la cruz. Mientras conversaba con un hombre religioso llamado Nicodemo, el Señor Jesucristo dijo: “Para que todo aquel que en él cree [Jesús], no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15). En el siguiente versículo, Jesús dijo:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).

Para recalcar esta verdad, el Señor la repite casi de inmediato:

El que en él cree [Jesús], no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios (Juan 3:18).

Juan el Bautista también declaró:

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36).

A unos judíos incrédulos, Jesús les enseñó lo siguiente:

El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida (Juan 5:24).

Cuando Jesús estaba en Capernaúm, algunas personas le preguntaron qué debían hacer para ganar la vida eterna. El respondió:

Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado (Juan 6:29).

Cuando un grupo de judíos incrédulos cuestionaron esta respuesta de Jesús, sencillamente El dijo:

El que cree en mí, tiene vida eterna (Juan 6:47).

Jesús consoló a una mujer llamada Marta con las siguientes palabras:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (Juan 11:25).

Mientras predicaba a los gentiles en Cesarea, el apóstol Pedro dijo de Jesús:

De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre (Hechos 10:43).

En Hechos 16, un atemorizado carcelero les preguntó a Pablo y a Silas: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Ellos respondieron:

Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa (Hechos 16:30-31).

El apóstol Pablo escribió a los creyentes en Roma:

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1:16).

Mientras enseñaba en Capernaúm, Jesús dijo:

Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás (Juan 6:35).

Jesús advirtió a los fariseos:

… si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis (Juan 8:24).

¿Sólo tengo que creer en Jesús para ir al cielo?No, para entrar al cielo se requiere algo más que decir: “yo creo”. Primero, debe comprender lo que significa la palabra “creer”. Según el Diccionario Ilustrado de la Biblia, creer o tener fe se refiere a la “confianza que una persona deposita en otra”,1 como confiarle a Cristo nuestro bienestar espiritual.

Es importante entender esto porque Satanás y sus demonios creen que Jesucristo murió por los pecados de la humanidad. Creen que El resucitó de los muertos. Creen que la salvación es por medio de la fe en Jesucristo. Pero, ellos no son salvos porque se niegan a poner su confianza en El. Para ser salvo, usted debe ir más allá de la simple creencia intelectual (con el cerebro) en Cristo, debe confiar en El con el corazón.

Un osado equilibrista estaba a punto de caminar por un cable que cruzaba el Gran Cañón de Colorado, E.U.A. Un pequeño error significaría su muerte sobre las rocas al fondo del cañón. Mientras un público numeroso presenciaba el espectáculo, el anunciador preguntó cuántos creían que este valiente equilibrista lograría su objetivo. Todos gritaron con confianza diciendo que sí lo haría.

Luego, amarraron una silla en la espalda del equilibrista. Y el que anunciaba preguntó: “¿Quién cree que él puede caminar sobre el cable llevando a alguien en la espalda?” Otra vez, la multitud dio gritos de aprobación. Después de un momento, el anunciador preguntó: “¿Quién desea sentarse en la silla?” Hubo un silencio sepulcral.

¿Ve la diferencia? Una cosa es decir: “Yo creo que él puede hacerlo”, pero otra es poner toda la confianza en él.

Lo mismo sucede con la salvación. Para ser verdaderamente salvo, no basta con creer en algunos datos. Debe estar dispuesto a poner su confianza sólo en Jesucristo. ¿Cómo? Por la fe:

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús (Gálatas 3:26). Justificados pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1).

La salvación se recibe por la fe, no por buenas obras:

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley (Romanos 3:28). De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe (Gálatas 3:24).

Una vez que comprenda que la salvación se obtiene por fe y no por obras, será más fácil entender que es un regalo de Dios:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9). … la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6:23).

Dios nos concede gratuitamente la vida eterna. No la ganamos:

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24). Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo (1 Juan 5:11).

Así que, como por la transgresión de uno [Adán] vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno [Jesús] vino a todos los hombres la justificación de vida (Romanos 5:18).

¿No tengo que hacer buenas obras para ser salvo?No. Aunque parecería lógico que se necesiten buenas obras para obtener la salvación, la Palabra de Dios nos advierte que no nos engañemos con lo que a nosotros nos parece correcto:

Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte (Proverbios 16:25).

La verdad es que las buenas obras nunca le salvarán:

Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia (Tito 3:5). Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo… por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado (Gálatas 2:16).

Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (Romanos 3:20).

Esta importante doctrina se repite muchas veces en la Biblia:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9).

Si las buenas obras pudieran salvarnos, entonces Cristo hubiera muerto en vano:

No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo (Gálatas 2:21).

Si pretende ganar el cielo por medio de sus buenas obras, realmente está diciendo: “Jesús, no creo que tu muerte haya sido suficiente para pagar por todos mis pecados; así que te ayudaré a pagar el precio con algunas de mis buenas obras”. ¡Qué arrogancia!

El único camino para ir al cielo es la fe en Cristo:

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida (1 Juan 5:12).

Hace muchos años se llevaba a cabo un remate de esclavos cerca de la orilla del río Misisipi. Todos sabían que un hacendado cruel y rico compraría al esclavo más grande y fuerte, y lo forzaría a trabajar sin descanso por el resto de su vida.

Sin embargo, un rico comerciante, que navegaba por el río en ese momento, notó la actividad desde su barco y se acercó a la orilla para observar. Cuando pusieron al frente al esclavo mencionado, un hombre que estaba en la última fila le explicó al comerciante lo que iba a suceder.

Cuando comenzó el remate, el hacendado ofreció una suma de dinero que, él pensó, nadie podría superar. Pero, de inmediato el comerciante ofreció una suma mayor. Los dos continuaron haciendo ofertas, hasta que el hacendado llegó a su límite y se fue derrotado. El comerciante se acercó al esclavo, le dio las llaves de las cadenas y le dijo: “Ahora es un hombre libre. No creo en la esclavitud; sencillamente no quería que él fuera su dueño”.

Amigo, eso es lo que Jesús hizo por usted y por mí. Pero, en lugar de comprarnos con dinero, El pagó con Su sangre:

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo… y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio… (1 Corintios 6:19-20).

En el libro de Hechos, Pablo dice que Cristo nos compró con “su propia sangre” (Hechos 20:28).

Todos nacimos como esclavos al pecado. En consecuencia, merecemos el infierno, pero Jesucristo murió para pagar el precio por nuestros pecados. Por Su muerte y resurrección, podemos ser libres.

El esclavo sólo tuvo que recibir las llaves para ser libre físicamente. Si nosotros, por fe, recibimos el regalo de la vida eterna que nos da Dios por medio de Jesucristo, podemos ser libres espiritualmente:

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32).

¿Debo poner mi fe sólo en Cristo?Sí. Un pastor viajó a un país lejano donde la gente adora a millones de dioses. Después de predicar a una multitud, preguntó quiénes querían confiar en Jesucristo como su Salvador. Todos levantaron la mano. Dándose cuenta de que no habían entendido, explicó nuevamente su mensaje y repitió la pregunta. Todos levantaron la mano otra vez. Finalmente preguntó: “¿Quiénes desean confiar en Jesucristo como su Salvador y rechazar a todos los otros dioses?” Nadie levantó la mano.

Es muy fácil añadir a Jesús a una lista de personas y cosas de las que uno depende para obtener salvación. Pero, para realmente nacer de nuevo, uno tiene que poner su fe sólo en Jesucristo y rechazar todo lo demás.

Muchas personas confían en Cristo y en las buenas obras que hacen… o en Jesús y en la religión que siguen… o en Jesús y en el bautismo, etc. Pero si usted confía en algo además de Jesús, entonces en realidad no confía en Jesús.

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