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CUANDO NUESTRA VIDA LLEGA A SU FIN PARTE 6

Posted by OSCAR ESQUIVEL en agosto 15, 2009

cuando nuestra vida llega a su finEsto es lo que me sucedió

Cuando estaba en el ejército, un amigo me invitó a su iglesia. Inmediatamente le respondí: “¡No gracias! Ya he tenido suficiente religión para el resto de mi vida”.

El sabía que yo había crecido en un hogar católico y sabiamente dijo: “No dejes a Dios sólo porque dejaste la iglesia católica”.

Unos amigos míos ya habían visitado esa iglesia y sus informes eran positivos. Por tanto, a pesar mío, acepté ir con ellos.

Ese domingo por la mañana habían por lo menos mil personas en la iglesia. Después que la congregación cantó algunos himnos, el pastor predicó su sermón. Explicó que Jesucristo había venido a la tierra y había muerto en la cruz para pagar por nuestros pecados. Dijo que por el sacrificio de Cristo, el regalo de la vida eterna estaba a disposición de todos los presentes.

Casi al final del servicio, el pastor pidió que los que deseaban confiar en Cristo, pasaran adelante. En ese momento sentí que el corazón me palpitaba fuertemente. No podía explicar el porqué. Sólo sabía que era algo extraño… pero muy real.

Mientras el pastor continuaba haciendo la invitación, los latidos eran cada vez más fuertes. No podía quitarme la idea de que debía pasar al frente. Pero, pensé: “¡De ninguna manera! No delante de toda esta gente”.

Después terminaron de cantar y, esos latidos en mi pecho desaparecieron tan repentinamente como habían comenzado. ¡Estaba sorprendido!

El pastor se acercó al micrófono y comenzó a hablar. Aunque yo estaba sentado cerca de la última fila, estaba convencido de que él me estaba señalando con el dedo. Y, las palabras que dijo, quedaron grabadas permanentemente en mi memoria: “Esta mañana muchas personas han venido al frente y recibieron a Cristo, pero siento que todavía hay alguien que le está diciendo ‘no’ a Jesucristo”.

Yo estaba seguro de que me hablaba a mí. Era como si no hubiera habido nadie más en la iglesia. Yo ya estaba sudando, pero lo que dijo después me dejó pasmado:

“Quienquiera que sea, pido a Dios que usted no muera antes de tener otra oportunidad de creer en Jesucristo. Si muere, arderá para siempre en el lago de fuego”.

¡Me sentía realmente asustado! Sus palabras ardían dentro de mí, y me di cuenta de que no era sólo un hombre el que me hablaba, sino Dios. Sabía que realmente iba camino al infierno. Salí de la iglesia sudando frío y con esas palabras resonando en mis oídos.

Tres días después, asistí a otro culto similar en esa iglesia. Predicó el pastor, y tal como sucedió anteriormente, comenzaron esos latidos en mi pecho. Pero, esta vez, cuando comenzó la invitación, fui hacia adelante.

Me recibió un joven que tenía una Biblia; él me explicó el plan de salvación de Dios, y me preguntó si quería confiar en Cristo. Lo hice, y en ese momento nací en la familia de Dios (Gálatas 3:26). Mi nombre fue escrito en el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 21:27). Había llegado a ser hijo de Dios (Juan 1:12).

¿Qué le dirá usted a Dios?

Algún día usted y yo estaremos delante de Dios. Cuando nos pregunte por qué debería permitirnos entrar al cielo, habrá sólo dos posibles respuestas. Una estará relacionada con las buenas obras: “Debes dejarme entrar porque fui una persona bastante buena. No pequé mucho. Era religioso y me esforcé al máximo”. Como ya sabe muy bien, este acercamiento no resultará.

La única respuesta válida será: “Debes dejarme entrar en el cielo porque confié en Jesucristo como mi Salvador, y Su sangre preciosa limpió todos mis pecados:

En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos (Tito 1:2).

¿Qué quiere decir nacer de nuevo?

Una noche, Jesús le dijo a un líder religioso llamado Nicodemo:

De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo (Juan 3:1-7).

En este pasaje fascinante Jesucristo nos dice que, para entrar al cielo, tenemos que “nacer de nuevo”. Al no comprender esto, Nicodemo le preguntó si acaso debía volver al vientre de su madre, y nacer por segunda vez.

Jesús le explicó que al salir del vientre de nuestra madre, nacimos físicamente. El lo llama nacer “de agua” o “de la carne”. Pero, para entrar al cielo, Jesús dice que debemos nacer por segunda vez… espiritualmente.

Esto sucede en un instante, cuando usted pone su confianza sólo en Cristo para recibir salvación y nace en la familia de Dios:

Mas a todos los que le recibieron [Jesús], a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).

Tome en cuenta que Jesús nunca dijo: “El que no hiciere buenas obras, no puede ver el reino de Dios”. Tampoco dijo: “El que no cumpliere los Diez Mandamientos, no puede ver el reino de Dios”. Jesús dijo que debemos “nacer de nuevo”.

La Biblia también se refiere a esto como ser “salvo”. Un carcelero les preguntó a Pablo y a Silas:

Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa (Hechos 16:30-31).

Hechos 2:21 nos da la misma enseñanza:

Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Como vimos antes, las buenas obras no le ayudarán a entrar al cielo; sólo lo hará si es salvo. Por tanto, hay una lucha espiritual. Dios quiere que usted sea salvo, pero el diablo no quiere.

Entonces, ¿debo elegir entre Dios o Satanás?

¡No! La Biblia dice:

Por la transgresión de uno [Adán] vino la condenación a todos los hombres (Romanos 5:18).

Debido al pecado de Adán, usted y yo nacimos como pecadores condenados. Por tanto, no tiene que elegir al diablo. El ya es su dueño. Usted es su hijo y va camino al infierno. Y, si no hace nada, seguirá siendo su hijo:

El que en él [Jesús] cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios (Juan 3:18).

Si usted dice: “Voy a esperar y otro día decidiré”, lo que realmente está diciendo es: “Seguiré siendo hijo de Satanás, perdido y en camino al infierno, y espero vivir por lo menos un día más”.
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