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CUANDO NUESTRAVIDA LLEGA A SU FIN PARTE 7

Posted by OSCAR ESQUIVEL en agosto 16, 2009

cuando nuestra vida llega a su finUsted puede ser cristiano ahora mismo

Espero que Dios le haya convencido de que necesita a Jesucristo como su Salvador personal. Si es así, puede nacer de nuevo ahora mismo, simplemente pidiendo a Dios que le salve:

Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (Romanos 10:13).

Ore a Dios en sus propias palabras. Háblele como si conversara con un buen amigo. A Dios no le impresionan las oraciones ceremoniosas y formales. El desea que usted le hable con sinceridad. La clave es creer en el corazón lo que le dice con la boca:

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación (Romanos 10:9-10).

Por favor, no lo posponga. Jesús le está esperando:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).

Si desea ser un hijo o hija de Dios, diga de todo corazón una oración similar a la siguiente:

“Señor Jesús, reconozco que soy pecador y me arrepiento de todos mis pecados. Sé que mis buenas obras nunca podrán llevarme al cielo. Ahora comprendo que el único camino al cielo es por medio de la fe en Jesucristo. Gracias por morir en la cruz por mí. Perdona mis pecados, ven a mi corazón y sálvame. Ahora mismo confío sólo en Ti para ser salvo. En el nombre de Jesús, amén”.

Si elevó a Dios una oración como la anterior, de todo corazón, acaba de hacer la decisión más importante de su vida. Usted ha llegado a ser una nueva persona:

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).

Ahora usted es hijo de Dios. Ha recibido el regalo de Dios de la vida eterna, y su nombre ha sido escrito en el cielo, en el libro de la vida del Cordero. Los ángeles en el cielo se regocijan por su salvación:

… hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente (Lucas 5:10).

Usted tiene ahora una herencia reservada en los cielos (1 Pedro 1:4) y es coheredero con Jesucristo (Romanos 8:17). Una morada está siendo preparada para usted en los cielos (Juan 14:2). Ahora Jesucristo vive en su corazón (Efesios 3:17) y el Espíritu Santo le guiará en su vida (Juan 16:13). A medida que continúe creciendo como cristiano, aprenderá mucho más del milagro que ha experimentado.

Si usted acaba de poner su confianza en Cristo, vaya a la página 61 y continúe leyendo. Encontrará allí algunos pasos básicos que le ayudarán al empezar su nueva vida cristiana.

Si rechazó a Cristo, sin duda tuvo una razón para hacerlo. A continuación encontrará algunas de las razones más comunes por las que la gente no recibe la salvación. Continúe leyendo para ver si aparece alguna de sus razones.

¿Puedo esperar hasta ser mayor para confiar en Cristo?

Por supuesto que sí, pero estará pasando por alto una verdad vital. No hay ninguna garantía de que llegará a ser mayor. Es posible aun que usted no esté aquí mañana. Lo único que tiene es hoy. Cada día muere gente instantáneamente en accidentes automovilísticos, algún avión se estrella, hay tiroteos, alguien se ahoga, etc. ¿Cuántas de esas personas despertaron en ese día fatal pensando: “De seguro hoy me matará un conductor ebrio”? Nadie tiene la garantía de que vivirá mañana. Por eso la Biblia dice:

En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido (2 Corintios 6:2).

Además, ¿por qué desearía esperar? ¿Por qué continuar sirviendo a un cruel tirano como Satanás, cuando puede ser hijo del Rey de reyes que desea bendecirle?

¿Y qué de los cristianos hipócritas?

Sí, hay hipócritas, pero no deje que lo alejen de Cristo. Algún día todos tendremos que comparecer delante de Dios:

De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio (Hebreos 9:27).

Cuando usted muera, dará cuenta por su vida a Dios, así como lo harán los hipócritas por la de ellos. Imagine esto. Usted acaba de morir y es llevado a la presencia de Dios para ser juzgado. Mientras tiembla delante de Su trono, la estremecedora voz de Dios se deja escuchar: “¿Confiaste en mi Hijo como tu Salvador?”

¿Realmente querrá usted decirle: “No, Dios. Rechacé a Tu Hijo y el regalo de la vida eterna porque frente a mi casa vivía un cristiano hipócrita”?

No. Ese día usted sabrá que debería haber creído en Cristo. Pero será demasiado tarde.

¿No me perderé toda la diversión si me hago cristiano?

Eso depende de cómo define la palabra “diversión”. Si lo que quiere decir es: “¿Tendré que abandonar mis pecados?”, entonces necesita comprender la verdad acerca del pecado. Aunque el pecado generalmente provee placer pasajero, al final, el precio que se paga por él es siempre muy alto.

David tenía una esposa cariñosa, tres hijos pequeños y un buen trabajo. Pero, él deseaba “divertirse”. Eso es lo que hizo por más de un año con una secretaria de la oficina. Una noche, después de una consulta con su médico, él se vio obligado a ir a la casa y confesarle su infidelidad a la esposa. Ella comenzó a gritar llena de ira, pero él la interrumpió para decirle: “El problema es aún peor”.

“Me acaban de decir que tengo SIDA. Probablemente moriré… y tú también. Quizá nuestros tres hijos queden huérfanos”.

David estaba viendo el precio de su “diversión”. También supo por qué la Biblia dice:

… el camino de los transgresores es duro (Proverbios 13:15).

Por varios años un alto ejecutivo se “divirtió” mucho en los bares. El alcohol había sido su mayor entretención. Pero, cuando murió al estrellarse contra un camión en la carretera después de haber tomado demasiados tragos, comprendió que el precio por su “diversión” era mucho más alto de lo que deseaba pagar. Pero, entonces era demasiado tarde.

La “diversión” de Jason eran las drogas, hasta que una mala mezcla de LSD destruyó su cerebro. Ahora no tiene consciencia de la realidad y sólo está vegetando. Si estuviese consciente, sabría que su “diversión” le costó mucho más de lo que imaginó jamás.

En estos momentos tal vez se esté divirtiendo con su pecado, pero recuerde, llegará el día cuando tendrá que pagar. Y no le gustará el precio.

Entonces, ¿se perderá toda la diversión si es cristiano? No, esa es una mentira del diablo. La verdad es que mientras no sea cristiano, no sabrá lo que es la verdadera diversión.

¿No es el cristianismo sólo para los débiles?

Muchos escépticos afirman que el cristianismo es una muleta para las personas que tienen una mente demasiado débil como para pensar por sí solas. En realidad, es todo lo opuesto. Aquellos que hacen el esfuerzo intelectual para buscar la verdad, por lo general llegan a ser cristianos. Los que usan el pretexto de que “el cristianismo es sólo para los débiles” son en realidad los débiles. Son demasiado débiles o perezosos para pensar por sí mismos. Cuando está en juego la eternidad en el cielo o en el infierno, no permita que alguien más piense por usted.

No tengo tiempo para Dios porque quiero ganar dinero

Supongamos que usted acaba de morir. Los ángeles lo acompañan hasta el trono de Dios. Usted se postra ante El en reverencia, y Dios le pregunta: “¿Confiaste en mi Hijo como tu Señor y Salvador?”

Imagínese cómo se sentiría al responderle: “No, Dios, pero tuve éxito en la empresa que dirigí y, en un período de diez años, tripliqué mi salario anual”.

Su éxito financiero no será importante cuando esté delante de Dios. Ese día deseará haber memorizado:

Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Marcos 8:36).

Lucas 12 registra la historia de un hombre que rehusó seguir a Cristo porque quería ganar dinero. Dios le dijo:

Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? (Lucas 12:20).

Todas sus posesiones terrenales no tendrán ningún valor cuando esté delante de Dios. Dos hombres estaban en el funeral de un amigo muy rico. Uno de ellos le susurró al otro: “¿Oíste cuánto dinero dejó Héctor?” El otro respondió: “Sí, dejó todo lo que tenía”.

Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar (1 Timoteo 6:7).

Después que muera, se dará cuenta de que su relación con Jesús era más importante que ganar dinero. Si usted es sabio, no esperará hasta que sea demasiado tarde.

Nunca podría amar a Dios después de lo que me hizo

Mucha gente está resentida con Dios por alguna tragedia que sufrió en el pasado. Debe saber que tal vez Satanás esté usando la tragedia que usted vivió para condenarle al infierno. Quizá constantemente hace que recuerde esa experiencia para endurecer su corazón contra Dios. El quiere mantener viva la amargura porque, mientras siga amargado contra Dios, no será salvo.

No permita que el diablo use su tragedia para condenarle al infierno. Comprenda que su enemigo es Satanás, no Dios. Satanás es el destructor (Juan 10:10), pero Dios es amor (1 Juan 4:16). Dios le ama y quiere salvarlo para sanar su corazón.

Imagine que un hombre sigue una vida de crímenes. Aunque su madre odia lo que hace su hijo, continúa amándolo. Un día él mata a un policía, lo declaran culpable y es condenado a la pena de muerte. Cuando llega el día de la ejecución, el reo escucha los temidos pasos que se acercan a su celda. Se abre la puerta, pero en lugar de llevarlo a la izquierda, hacia la cámara de muerte, lo guían a la derecha. El asombrado criminal es acompañado hasta la salida y le dicen que está libre.

“¿Qué pasa?”, pegunta.

Un guardia le responde: “La pena de muerte fue pagada”.

“Anoche tu madre fue ejecutada en tu lugar. Ella voluntariamente murió por ti, para que pudieras salir libre”.

Eso es lo que Jesús hizo por usted. Aunque usted merecía la muerte eterna, Dios envió a Su Hijo, Jesucristo, a morir en su lugar para que usted sea libre. No permanezca amargado contra Dios. Ahora mismo decídase a creer en Cristo para que Dios cambie su corazón y vida.

Si el cristianismo es lo correcto,
¿por qué hay tan pocos cristianos?

La mayoría de las personas rechazan a Cristo porque su padre, el diablo, les ha cegado la mente:

En los cuales el dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios (2 Corintios 4:4).

Ya sea que usted esté consciente de ello o no, está en una guerra espiritual, y tiene un poderoso enemigo espiritual que desea destruirlo:

El ladrón [Satanás] no viene sino para hurtar y matar y destruir (Juan 10:10).

En su clásico himno cristiano, “Sublime Gracia”, John Newton habla de su ceguera espiritual: “Fui ciego mas hoy miro yo, perdido y El me halló”.

¿Está usted espiritualmente ciego?

Hay una forma de saberlo. Usted tiene dos opciones: confiar en Jesucristo por fe y recibir el regalo de la vida eterna, o rechazarlo y arder para siempre en las llamas del infierno. Si elije lo último, usted está espiritualmente ciego. Está bajo el poder de Satanás y vive de acuerdo a la voluntad de él:

En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire [Satanás], el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efesios 2:2).

Dios envió al apóstol Pablo para que predicara a los gentiles:

Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hechos 26:18).

Mi oración es que sean abiertos sus ojos y retorne del poder de Satanás a Dios, por medio de la fe en Jesucristo. Para impedir que usted sea salvo, Satanás intentará quitarle las palabras de este libro:

Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven (Lucas 8:12).

Pida a Dios que le quite la ceguera espiritual para que vea la condición en que vive, perdido y engañado. Todavía puede pedirle a Jesús que le salve. Dios desea que usted confíe en El. Jesús dijo:

… y al que a mí viene, no le echo fuera (Juan 6:37).

¿No es su creencia demasiado intolerante?

Muchas personas religiosas que realmente no conocen a Dios dicen que este mensaje es intolerante hacia otras religiones. Incluso algunos lo llaman “odio”. Usted tiene que decidir. Imagine el siguiente caso hipotético:

Hay un doctor que tiene vasta experiencia en el tratamiento de cierta enfermedad. Sabe que si receta cierto tipo de medicamento, el paciente morirá. En una conferencia de médicos, oye que tres colegas van a prescribir esa medicina a pacientes que padecen esa enfermedad.

¿Qué debe hacer él?

¿Debe permanecer en silencio por temor a ofender a otros médicos? ¿Debe quedar callado por miedo a que lo califiquen de “intolerante”? Por supuesto que no. A pesar de las consecuencias, debe hablar para salvar a esos pacientes.

Ese es también el propósito de este libro. Compartir con usted estas verdades tomadas de la Palabra de Dios, no es intolerancia ni odio. Tenemos que advertirle que le espera el cielo o el infierno. Nuestro deseo de que usted vaya al cielo no es intolerancia, sino amor. Si pertenece a una religión que le está guiando al infierno, el amor nos pide que se lo advirtamos.

¿Por qué no deja que la gente decida por sí misma?

Suponga que mientras escala una montaña, ve a un hombre ciego que está a punto de dar un paso al precipicio, hacia una muerte segura. ¿Dejaría que él tomara la decisión por sí mismo? No, usted correría hacia él para sujetarlo. Haría todo lo posible para que no diera ese paso.

Sin Cristo en su vida, usted está ciego espiritualmente. No ve que se está acercando a un precipicio que lo llevará a la condenación eterna. Si alguien le dio este libro, es porque se preocupan por usted. Saben que usted no ve lo que le espera más adelante, por tanto, porque se interesan en su alma, sienten que deben advertirle, tal como lo haría usted por aquel que está físicamente ciego.

¿Y qué pasará si está equivocado?

Usted puede apostar que estoy equivocado, pero, ¿está dispuesto a arriesgarse? Suponga que un apostador pierde todo su dinero en Las Vegas. El casino le ofrece una última oportunidad para apostar:

“Si gana, le devolveremos todo su dinero. Si pierde, entonces dos de nuestros guardias de seguridad lo llevarán al sótano y lo echarán en el fuego de la calefacción”.

Obviamente, nadie que esté en sus cinco sentidos se arriesgaría a sufrir esas consecuencias. Sin embargo, a ese riesgo se somete usted cada día cuando rechaza a Cristo. Si muere, tiene garantizada la eternidad en las llamas del infierno.

Esta no es una táctica para asustarle, sino una advertencia sincera. Cuando una madre le dice a su hijo: “No toques la hornilla”, ¿acaso ella sólo intenta asustarlo? No. Ella le advierte porque lo ama, y no desea que él sufra. Muchos niños ignoran esta advertencia, y aprenden la verdad cuando se queman la mano, pero es demasiado tarde.

Después de la muerte, será muy tarde para que se arrepienta. Su destino eterno estará establecido. El profeta Isaías planteó esta importante pregunta:

¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? (Isaías 33:14).

Hay sólo un camino para escapar de las llamas del infierno eterno. ¿Lo aceptará?

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3).

¿Se arrepentirá de sus pecados y confiará en Cristo como su Salvador? Con El, tiene todas las de ganar, y nada que perder. Dios desea salvarle ahora mismo:

Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:3-4).

Si continúa rechazando a Cristo como su Salvador, el resto de este libro no será de ayuda para usted.

Pero, le advertimos por última vez: no importa cuál sea su excusa, si muere sin Cristo, el infierno será su morada eterna.

Permita que Cristo Jesús sea su Salvador hoy, antes que sea demasiado tarde eternamente.
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