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Materiales que se usan en la formación de la actitud

Posted by OSCAR ESQUIVEL en noviembre 11, 2009

Materiales que se usan en la formación de la actitud

A la gente no le importa cuánto usted sabe, hasta que sabe cuánto a usted le importa.

John Maxwell

actitud2Como habrá notado, las actitudes no se dan automáticamente, ni son formadas en el vacío. Este capítulo trata de las principales influencias que hacen de nuestra actitud lo que es. Aunque estos «materiales», enumerados a continuación en orden cronológico, se superponen, su influencia es mayor unas veces que otras.

Personalidad/Temperamento

NACIMIENTO: Medio ambiente
EDADES 1-6: Expresión verbal

Aceptación de los adultos/estímulo

EDADES 6-10: Autoimagen

Receptivo a experiencias nuevas

EDADES 11-21: Asociación con los compañeros
EDADES 21-61: Apariencia física

Matrimonio, familia, trabajo

Éxito

Ajustes

Afirmación de la vida

Todos estos factores juegan un papel importante en nuestras vidas y no podemos realmente «encajonarlos» en edades. Sin embargo, como indicamos arriba, hay ciertas edades en las que estos factores tienen más influencia.

Aplicación de actitud:

Piense en los materiales con los que ha construido su actitud. Escriba sus respuestas.

PERSONALIDAD/TEMPERAMENTO: LLegué a este mundo con una personalidad__________? Esto afectó mi actitud cuando____________.

AMBIENTE: Cuando niño, mi ambiente era por lo general: (a) seguro, (b) inestable, (c) intimidante.

EXPRESION VERBAL: Recuerdo una ocasión cuando alguien me dijo algo positivo o negativo que afectó mi actitud. Coméntelo y explique las circunstancias.

_____________________________________

_____________________________________

ACEPTACIÓN DE LOS ADULTOS/ESTÍMULO: Desde que recuerdo me sentí: (a) aceptado, (b) rechazado por mis padres.

AUTOIMAGEN: Pobre Destacada
Mi autoimagen como niño era: 1 2 3 4 5
Mi autoimagen como adulto es: 1 2 3 4 5

RECEPTIVIDAD A NUEVAS EXPERIENCIAS: Una experiencia positiva y una negativa que me ayudaron a formar mi actitud:

_____________________________________

_____________________________________

ASOCIACIÓN CON LOS COMPAÑEROS:______________________ fue la primera persona que tuvo una fuerte influencia en mi vida. Ahora ________________________ es la persona más importante y afecta mayormente mi actitud.

APARIENCIA FÍSICA: ¿Qué es lo que más me gusta de mi apariencia? ¿Qué debo cambiar? ¿Por qué?

_____________________________________

_____________________________________

MATRIMONIO, FAMILIA, TRABAJO: (Estas son las tres áreas de su vida que pueden determinar grandemente su actitud.) ¿Qué área me afecta positivamente? ¿Hay alguna que me afecta negativamente? ¿Qué voy a hacer con las influencias negativas?

ÉXITO: (Complete esta oración.) El éxito es:

_____________________________________

¿Soy una persona con éxito a la vista de quienes más amo?

AJUSTES FÍSICOS Y EMOCIONALES: Tres ajustes difíciles que he tenido que hacer en los últimos cinco años son:

_____________________________________

_____________________________________

_____________________________________

¿Cómo ha cambiado mi actitud debido a eso?

EVALUACIÓN DE SU VIDA: Hasta ahora, mi vida ha sido: (a) realizada, (b) irrealizada. La vida comienza en _____________________.

Ahora que ha evaluado cómo su perspectiva fue afectada en varias fases de su vida, observemos los materiales específicos que forman su actitud.

Personalidad: Quién soy

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien (Salmos 139.13, 14).

Nacemos como individuos diferentes. Aun dos hijos de los mismos padres, con el mismo ambiente y la misma preparación, son totalmente diferentes el uno del otro. Estas diferencias son el «condimento de la vida» que a todos nos gusta. Como las casas rodantes, que parecen todas iguales, si todas las personas tuvieran iguales personalidades, nuestro viaje por la vida sería ciertamente aburrido.

Me encanta la historia de dos hombres que, mientras pescaban juntos, hablaban de sus esposas. Uno dijo: «Si todos los hombres fueran como yo, todos quisieran casarse con mi esposa». El otro replicó inmediatamente: «Si todos los hombres fueran como yo, ninguno de ellos quisiera casarse con ella».

Un conjunto de actitudes acompaña a cada personalidad. Por lo general la gente con cierto temperamento desarrolla actitudes comunes a ese temperamento. Hace unos pocos años, el pastor y consejero Tim LaHaye nos hizo reconocer nuestros cuatro temperamentos básicos. Por medio de la observación he notado que una persona con lo que se llama un temperamento colérico demuestra casi siempre actitudes de perseverancia y agresividad. Una persona con temperamento sanguíneo será por lo general positiva y verá siempre el lado optimista de la vida. Los que tienen temperamento introspectivo melancólico serán a veces negativos, mientras que el flemático dirá: «Fácilmente viene, fácilmente va». La personalidad de un individuo se compone de una mezcla de estos temperamentos, aunque hay excepciones. Sin embargo, un temperamento deja un rastro que puede ser identificado analizando las actitudes de una persona.

Medio ambiente: Lo que me rodea

Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5.12).

Creo que nuestro medio ambiente es un factor de control mayor en el desarrollo de nuestra actitud, más que nuestra personalidad u otros rasgos heredados.

Antes que Margaret y yo formáramos nuestra familia, decidimos adoptar nuestros hijos. Quisimos dar a un niño que no pudiera normalmente tener el beneficio de un hogar cristiano, una oportunidad de vivir en ese ambiente. Aunque nuestros hijos no se parezcan físicamente a nosotros, ciertamente se han moldeado por el ambiente en el que les hemos criado.

Es el ambiente de los primeros años de la infancia el que desarrolla el «sistema de creencias». El niño toma continuamente prioridades, actitudes, intereses y filosofías de ese ambiente. Es verdad que lo que yo creo afecta mi actitud. Pero lo que creo puede ser falso. Lo que creo puede no ser saludable. Puede herir a otros y destruirme. Sin embargo, la actitud es reforzada por las creencias, correctas o incorrectas.

El ambiente es el primer factor de influencia en nuestro sistema de creencias. Por eso el fundamento de la actitud está en el ambiente en el que nacimos. El ambiente llega a ser aun más importante cuando nos damos cuenta que las actitudes iniciales son las más difíciles de cambiar.

Debido a esto, cuando miramos a la sociedad tendemos a sentir pánico ante el solo pensamiento de traer un hijo a este mundo. Una persona dijo, con pesimismo:

La basura es insoportable;
las botellas no son reciclables;
las latas no son inflamables;
el estruendo es increíble;
el atún no es comestible;
las torres petroleras marítimas son filtrables;
las carteleras son incalificables;
los barrios bajos son irremediables;
la contaminación es inaguantable;
los fosfatos no son solubles;
los problemas parecen insolubles;
la gente imperdonable;
y la vida ha llegado a ser intolerable.

Autor desconocido.

Un cristiano no debe ver la sociedad tan negativamente. Con Jesús la vida es maravillosa. Saber esto nos da esperanza en cualquier ambiente. El apóstol Pedro dijo que la misericordia de Cristo nos hizo renacer para «una esperanza viva» (1 Pedro 1.3).

Sin embargo, la edad y el cristianismo no nos hacen inmunes a las influencias de nuestro medio ambiente. Fui pastor de la Faith Memorial Church en Lancaster, Ohio, por más de siete años. Recuerdo 1978 como el año en que el centro de Ohio recibió muchos chubascos de nieve y agua helada. Noté que la mayoría de los meteorólogos tienen una mala actitud, dan no solamente la temperatura sino también las condiciones del viento helado. Por más de treinta días la temperatura jamás subió por encima del punto de congelamiento. Las cuentas de gas y electricidad fueron altas todo el tiempo. La gente se volvió claustrofóbica mientras permanecía «congelada» en su encierro por días. Resultado: depresión. Pasé un promedio de treinta horas a la semana aconsejando a la gente que luchaba con problemas de actitud debido al mal tiempo. En efecto, había veces en que yo mismo cerraba mis ojos en oración, esperando escuchar a Dios decirme: «Hijo, vete a Hawai». Hasta el tiempo inclemente puede «depositar nieve en nuestras alas» haciéndonos perder altitud en nuestra actitud.

Expresión verbal: Lo que oigo

La fe viene por el oír (Romanos 10.17).

Palos y piedras pueden romper mis huesos
pero las personas nunca me herirán.

¡No crea eso! Después que desaparecen las heridas y el dolor físico, el dolor interno producido por las palabras hirientes todavía permanece. Durante una de nuestras reuniones de personal pedí a los pastores, secretarias y guardianes que levantaran su mano si recordaban alguna experiencia de la infancia en la que las palabras de alguien les hiriera profundamente. Todos levantaron su mano.

Un pastor recordó la ocasión cuando estaba sentado en un círculo de lectura en la escuela. (¿Recuerdan cuán intimidantes eran esas sesiones?) Cuando le llegó su turno para leer, pronunció mal la palabra «fotografía». El profesor le corrigió y toda la clase rió. Todavía lo recuerda… cuarenta años más tarde. Un resultado positivo de esa experiencia fue su deseo, desde ese momento, de pronunciar las palabras correctamente. Ahora se destaca como un orador debido a esa determinación.

Otro pastor contó al grupo acerca de sus primeros días en el seminario. Se sentía abrumado e intimidado por esa nueva experiencia. El peso del trabajo le parecía imposible de soportar. Había que leer miles de páginas, palabras griegas que aprender, versículos bíblicos que memorizar y papeles que escribir. Aunque no había contado a nadie la presión que sentía, era obvio que lo notaban.

Uno de los estudiantes se levantó, puso su brazo sobre su hombro, y le dijo: «Amigo, quiero decirte algo. No importa cuán grande sea la roca. Si sólo te preocupas por golpearla, el momento menos pensado se hará pedazos». El pastor dijo: «De pronto, la inmensa roca me pareció controlable y comencé a golpearla firme y constantemente, poco a poco. Y en efecto, tal como había sido programado —tres años más tarde— la roca “se hizo pedazos” y eso se llamó “graduación”. Las palabras que oí aquella ocasión fueron reconfortantes en vez de hirientes».

Las palabras son poderosas… sin embargo, no tienen sentido hasta que se añaden a un contexto. Las mismas palabras, viniendo de dos diferentes personas, rara vez se reciben de la misma manera. Las mismas palabras en frases diferentes rara vez causan el mismo impacto. Las mismas palabras, viniendo de la misma persona, se interpretan a la luz de la actitud del que las pronuncia. Un padre trataba de enseñar a su hijo esta verdad. Un día, el muchacho vino a casa y le dijo: «Papá, creo que fracasé en mi examen de aritmética». Su padre le dijo: «Hijo, no digas eso; eso es negativo. Sé positivo». Así que el muchacho dijo: «Papá, fracasé positivamente en mi examen de aritmética».

Las palabras pueden influir aun en la prolongación o acortamiento de nuestras vidas. Si la mayoría de nuestras conversaciones tienen una tendencia negativa, estoy seguro que es mejor no decir nada. Hace algunos años, a los nuevos ingenieros de la división de lámparas de la General Electric, les encargaron, como una broma, la tarea imposible de congelar las bombillas por adentro. Un novato nada tímido llamado Marvin Papkin, no solo encontró una manera de congelar las bombillas por adentro, sino que inventó un ácido para grabar que dejaba diminutos hoyuelos redondeados en la superficie en vez de agudas depresiones. Esto fortalecía cada bombilla. ¡Nadie le había dicho que no podía hacerse, así que lo hizo!

Aceptación adulta/Afirmación: Lo que siento

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5.8).

Cuando hablo a líderes, les menciono la importancia de la aceptación/afirmación de quienes dirigen. Es cierto que a la gente no le importa mucho lo que usted sabe, hasta que sabe lo mucho que a usted le importa.

Recuerde sus días escolares. ¿Cuál era su profesor favorito? ¿Por qué? Probablemente recuerde con más gratitud al que le aceptó y afirmó. Rara vez recordamos lo que el profesor nos dijo, pero sí recordamos cuánto nos amó. Antes de buscar enseñanza, buscamos entendimiento. Después que hemos olvidado las enseñanzas, recordamos el sentimiento de aceptación o rechazo.

Muchas veces he preguntado a las personas si les gustó el sermón de su pastor de la semana anterior. Luego que responden afirmativamente, les pregunto: «¿Cuál fue el tema?» El setenta y cinco por ciento de las veces no pueden darme el título del sermón. No recuerdan el tema exacto, pero recuerdan la atmósfera que había y la actitud con que se predicó.

Mis tres maestros favoritos de Escuela Dominical son lindos ejemplos de esta verdad. Primero vino Katie, mi maestra de segundo grado. Cuando estaba enfermo y faltaba a su clase, venía a visitarme el siguiente lunes. Me preguntaba cómo me sentía y me daba una chuchería de cinco centavos que para mí valía un millón de dólares. Me decía: «Johnny, siempre enseño mejor cuando tú estás en clase. Cuando vengas el próximo domingo por la mañana, ¿querrías levantar la mano para que yo sepa que estás entre los alumnos? Entonces enseñaré mejor».

Cuando amanecía el siguiente domingo por la mañana, me levantaba y me preparaba para ir a la Escuela Dominical. ¡Ni la rubiola, ni la gripe asiática, ni la fiebre de heno del Mediterráneo combinadas, me impedirían obtener esa clase de afirmación y aceptación de parte de Katie! Todavía puedo verme levantando mi mano y contemplando la sonrisa que me dirigía Katie desde el frente de la sala de clases.

También recuerdo a otros chicos levantando sus manos cuando comenzaba su lección. Su clase creció rápidamente y el superintendente de la Escuela Dominical quiso dividirla para formar una nueva al otro lado del pasillo. Para ello pidió voluntarios, pero ninguno levantó su mano. Ese día, el segundo grado tuvo la primera «huelga de sentados» de la iglesia. Nuestro lema era: «No nos moveremos» ¿Por qué? Ninguno de los muchachos quería ir al otro lado del pasillo con una nueva maestra y perderse las continuas demostraciones de amor de Katie.

Mi segundo maestro favorito era Roy Rogers (no el artista). Fue mi maestro en el cuarto grado. Asimismo, no recuerdo mucho lo que decía, pero sí lo que hacía. Daba amor y aceptación a un grupo de muchachos de cuarto grado, junto con su tiempo. Nos llevaba al Ted Lewis Park y nos enseñaba a jugar béisbol. Aprendíamos mucho con él, nos reíamos. Sudábamos y nos ensuciábamos juntos. Después, luego de una tarde en el diamante, Roy nos llevaba en su camioneta al Dairy Queen para comer un «perro caliente» de un pie de largo y tomar una leche con chocolate batida. Me encantaba Roy Rogers.

Glen, que enseñaba a los muchachos de primer año, era mi tercer maestro favorito. ¿Enseñó usted alguna vez a un grupo de muchachos terriblemente inquietos? Esos maestros pasan al frente de la clase para recibir una recompensa del cielo. Cualquier maestro de esta clase que leyera sobre Daniel y el pozo de los leones, diría: «Gran cosa… si querían en verdad probar la fe de Daniel, ¡debían haberlo metido en una clase de muchachos de primer año!»

Bueno, Glen estaba metido con nosotros. Mejor dicho, estaba metido en nosotros. Enseñó a esta clase por veinte años. Todo muchacho difícil, flojo, distraído, sentía el amor de Glen. A veces las lágrimas rodaban por sus mejillas viendo cómo el amor de Dios podía transformar a esos muchachos de primer año.

Un día se detuvo en medio de su lección y dijo: «Muchachos, oro por ustedes todos los días. Apenas se termine la clase necesito ver a Steve Banner, Phil Conrad, Junior Fowler y John Maxwell». Después de clase, los cuatro nos reunimos con Glen afuera, y nos dijo: «Anoche, cuando oraba por ustedes, sentí que el Señor iba a llamarles a cada uno al servicio cristiano a tiempo completo. Quiero ser el primero en animarles a ser obedientes al llamamiento de Dios». Luego lloró mientras oraba pidiéndole al Señor que nos usara para su gloria.

Hoy en día, todos somos pastores de iglesias: Steve Banner en Ohio, Phil Conrad en Arizona, Junior Fowler en Oklahoma y yo en California. Estos maestros de Escuela Dominical dejaron una marca indeleble en mi vida por la aceptación y afirmación que me dieron.

Recientemente conversé con Mary Vaughn, que fue una vez jefe de consejería en el sistema de escuelas elementales de Cincinnati. Le pedí que me indicara cuál era el principal problema que notaba en los casos de consejería. «John», dijo de inmediato, «la mayoría de los problemas sicológicos de los muchachos se originan en la falta de afirmación y aceptación de parte de sus padres y compañeros». Continuamente hizo énfasis en que el nivel económico, el estrato profesional o social u otros factores en los que la sociedad pone toda su atención eran insignificantes.

Entonces me contó una historia sobre Dennis, un niño de diez años de edad. Este alumno de tercer grado siempre peleaba, mentía y causaba muchos problemas entre sus compañeros. Creía que «nadie me quiere, el maestro siempre me llama la atención». No respondía a las personas a quienes él realmente les importaba y que trataban de ayudarle al máximo. ¿Cuál era su problema? Quería la afirmación y el amor de su madre, tanto, que vivía en un mundo de fantasía hablando siempre del amor (inexistente) de su madre. En realidad su madre no hizo nada por concederle esa afirmación. La necesidad de atención que Dennis tenía era tan grande, que soñaba con el amor de su madre y dirigía su mala actitud hacia otros.

A diferencia de Dennis, fui privilegiado al crecer en una familia muy sólida. Nunca cuestioné el amor y la aceptación de mis padres. Constantemente afirmaban su amor a través de sus acciones y palabras. Ahora, Margaret y yo hemos procurado crear este mismo ambiente para nuestros hijos. El otro día hablábamos acerca de la importancia de mostrar amor a nuestros hijos. Concluimos que ellos ven o sienten nuestra aceptación y afirmación por lo menos tres veces al día. ¡Eso no es demasiado! ¿Le han dicho alguna vez que es importante, amado y apreciado? Recuerde, a la gente no le importa lo mucho que usted sabe, hasta que saben lo mucho que a usted le importa.

Autoimagen: Cómo me veo a mí mismo

Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él (Proverbios 23.7).

Es imposible desempeñarse de una manera que no esté de acuerdo con la forma en que nos vemos a nosotros mismos. En otras palabras, actuamos como una respuesta directa a nuestra autoimagen. Nada es más difícil de lograr que cambiar la manera de ser exterior sin cambiar los sentimientos internos. A medida que nos demos cuenta que nuestra manera de actuar se basa en nuestra percepción de nosotros mismos, debemos también recordar el amor y la aceptación incondicional de Dios. Él piensa más en nosotros que nosotros mismos. Puede ser que los discípulos no hayan sido grandes realizadores a los ojos del mundo, pero el llamamiento de Cristo transformó sus vidas.

Una de las mejores maneras de aprovechar esos sentimientos internos es poner algo de «éxito» bajo su cinturón. Mi hija Elizabeth tiende a ser asustadiza y rehuye las experiencias nuevas. Pero una vez que se ha familiarizado con una situación, «marcha a todo vapor hacia adelante». Cuando estaba en primer grado, su escuela hizo una venta de dulces para ayudar a financiar su presupuesto. A cada muchacho le dieron treinta barras de dulce y le pidieron venderlas todas. Cuando recogí a Elizabeth de la escuela, tenía este «reto» entre sus manos y necesitaba estímulo. Era el momento para una reunión de ventas con mi nueva vendedora.

Camino a casa le enseñé cómo vender los dulces. Adorné enseñanza con media docena de frases «Puedes hacerlo, tu sonrisa les animará, creo en ti». Al final de nuestro viaje de quince minutos, la jovencita que iba a mi lado se había convertido en una encantadora y convencida vendedora. Fue a todo el vecindario con su pequeño hermano Joel comiendo uno de los dulces y diciendo que en verdad era lo mejor que había comido.

Al final del día, las treinta barras se habían vendido y Elizabeth se sentía en la gloria. Nunca olvidaré las palabras que dijo en su oración esa noche cuando la llevé a su cama: «Oh Dios, gracias por la venta de dulces de la escuela. Fue algo muy lindo. Oh, Señor, ayúdame a ser una ganadora. Amén»

Esta oración está en los deseos del corazón de todas las personas. Todos queremos ser ganadores. Naturalmente, Elizabeth vino a casa al siguiente día con otra caja de dulces. ¡Ahora venía la gran prueba! Agotó toda la existencia de vecinos amistosos y se lanzó al cruel mundo de los compradores desconocidos. Reconoció que tenía miedo cuando fue a un centro comercial para vender nuestros artículos. Nuevamente le ofrecí estímulo, unas cuantas instrucciones de ventas más, más valor, el lugar correcto, más valor. Y lo logró. La experiencia sumaba dos días de venta, dos trabajos de ventas afuera, dos personas felices, y una autoimagen muy en alto.

Me gusta la autoestima que demostró el pequeño que emocionadamente arrancó una planta de maíz de raíz. Cuando su padre lo felicitó, estaba radiante. «Solamente piensa», dijo, «¡el mundo entero lo tenía sostenido por el otro lado!»

Compárelo con Shauna, una alumna de sexto grado. Era muy despierta y se mantenía erguida aun cuando fue encontrada robando. Cuando la confrontaban con el robo decía que lo hacía para vengarse de sus padres. No sentía remordimiento.

Las sesiones de consejería revelaron que Shauna rara vez veía a su padre, y que él no la amaba. Cuando estaban juntos, rara vez recibía aceptación o algún sentimiento de importancia. Se veía a sí misma como pensaba que su padre la veía. Su consejero le brindaba constantemente sinceros cumplidos y pedía de sus padres los ingredientes necesarios para crear una autoimagen adecuada. Con el tiempo, su autoestima mejoró.

El principio obra en reversa también. La manera como nos vemos refleja cómo nos ven los demás. Si nos gustamos, esto aumenta las probabilidades que gustaremos a otros. La autoimagen es el parámetro para la construcción de nuestra actitud. Actuamos en respuesta a cómo nos vemos. Nunca iremos más allá de los límites que marcan nuestros verdaderos sentimientos acerca de nosotros mismos. Esos «otros países» solamente pueden ser explorados cuando nuestra autoimagen es lo suficientemente fuerte para darnos permiso.

Receptividad a nuevas experiencias: Oportunidades para crecer

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3.13, 14).

Voltaire comparaba a la vida con un juego de cartas. Cada jugador debe aceptar las cartas que le entregan. Pero una vez que esas cartas están en sus manos, él es el único que decide cómo usarlas para ganar el juego.

Siempre tenemos un número de oportunidades en nuestra mano. Debemos decidir si corremos el riesgo y actuar de acuerdo a ellas. Nada en la vida causa más tensión y, sin embargo, al mismo tiempo, provee más oportunidades de crecimiento, que las experiencias nuevas. Este conocido poema:

Mi vida puede tocar muchas vidas
antes que el día termine;
dejar muchas marcas buena o malas
antes del ocaso.

habla del poder de la influencia.

La primera línea, con una palabra cambiada, puede ilustrar el efecto que tienen las experiencias nuevas en la vida:

Mi vida puede experimentar muchas vidas
antes que el día termine;
dejar muchas marcas buenas o malas
antes del ocaso.

Mis padres reconocieron el valor de las nuevas experiencias e hicieron lo mejor para abrir ante cada hijo las positivas. Algunos de mis más tiernos recuerdos son de los tiempos cuando viajaba con mi padre. Muchas veces le diría a mi maestro: «Usted está enseñando muy bien a mi hijo, pero la próxima semana voy a llevarlo conmigo para abrir algunas experiencias nuevas para él». Iríamos a otro estado y mi conocimiento de la gente, su naturaleza y cultura mejoraría.

Siempre estaré agradecido por aquellas experiencias previamente arregladas. Nunca olvidaré la ocasión en que conocí al gran misionero y estadista E. Stanley Jones. Después de escuchar hablar a este gigante espiritual, mi padre me llevó a su oficina para presentármelo. Todavía recuerdo el cuarto, su actitud y, lo más importante, sus palabras de aliento para mí.

Como padre, es imposible que pueda proteger a sus hijos de las experiencias que podrían ser negativas. Por lo tanto es esencial preparar encuentros positivos que fortalecerán su autoimagen y su confianza. Tanto las experiencias positivas como las negativas deben usarse como herramientas para preparar a los hijos para la vida.

La historia de Elizabeth no terminó después de dos días con éxito en las ventas. Poco después fue de puerta en puerta, otra vez, pidiendo que la gente comprara la «barra de chocolate más deliciosa del mundo». La seguí en el automóvil. Muchas veces sonreía, contaba su historia y no tenía suerte. Otras, le sonreía y la animaba a no desmayar. Tenía mucho cuidado en insistirle que ganar es tratar. Nos pusimos una meta (el final de una cuadra muy larga) y determinamos no retirarnos hasta que alcanzáramos la meta.

Con cada visita en la que no se vendía, sus pasos se hacían más lentos y mi entusiasmo más grande. Finalmente hizo una venta en la casa próxima a la última. Vino corriendo hacia el automóvil, agitando el dinero y queriendo ir una cuadra más. Le dije: «Perfecto», y ella se fue corriendo.

La lección es obvia. Los hijos necesitan continuo apoyo y estímulo cuando sus nuevas experiencias son menos que positivas. En efecto, mientras peor es la experiencia, más valor necesitan. Pero a veces nos desanimamos cuando ellos se desaniman.

Esta es una buena fórmula para practicar:

Experiencias nuevas + enseñanzas prácticas x amor = Crecimiento.

Asociación con los compañeros:
Quiénes influyen en mí

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano (Proverbios 18.24).

Lo que dicen otros acerca de su percepción respecto a nosotros afecta cómo nos percibimos a nosotros mismos. Por lo general, respondemos a las expectaciones de otros. Esta verdad es evidente para el padre cuando su hijo va a la escuela. Nunca más podrá el padre controlar el ambiente de su hijo. Cualquier profesor de escuela elemental entiende que los muchachos desarrollan muy rápidamente una «jerarquía» en la clase. Los estudiantes se ponen etiquetas y se relacionan entre ellos a veces con cruel sinceridad. La presión de los compañeros llega a ser un problema.

Mary Vaughn, en uno de sus casos de estudio que involucraba a un alumno de primer grado, escribió: «Un ambiente físico muy pobre (poca ropa, alojamiento o comida) no produce necesariamente actitudes negativas en el niño. Es la falta de aceptación de parte de los compañeros lo que deja profundas cicatrices dentro del niño». Nos da un ejemplo: un alumno de primer grado que robaba.

Terry estaba pálido y tenía cara de enfermo. El maestro sabía de su robo. Las cosas perdidas se encontraban casi siempre en su escritorio. Luego de una reunión de consejería con Terry, se arregló una visita a sus padres. Su morada consistía en cuatro cuartos que albergaban a nueve personas. Estaban escasamente amueblados y la pobreza era evidente. Los padres agradecieron la oferta de ayuda y ropa. También querían ayudar a Terry. Evaluación del problema: Terry robaba únicamente debido a que la presión de sus compañeros le hacía sentir su pobreza. Quería los mismos borradores finos y los útiles que sus compañeros tenían.

Sin duda, esta experiencia ayudó a los padres de Terry a observar que otros ejercían un considerable control sobre la conducta de su hijo. Mis padres entendieron este hecho también y determinaron observar y controlar nuestras relaciones con los compañeros tanto como era posible.

Su estrategia: proveer un ambiente en el hogar de los Maxwell que fuera atractivo para los amigos de sus dos hijos. Esto significó sacrificar sus finanzas y tiempo. Nos proveyeron de juegos, mesa de ping-pong, cancha de básketbol y todos los equipos de deportes que se habían inventado. También teníamos una madre que era espectadora, árbitro, consejera y fanática.

Y venían los muchachos, a menudo veinte o veinticinco a la vez. De todos los tamaños, formas y colores. Cada uno tenía algo especial y mis padres los observaban. A veces, después que se había ido la pandilla, me preguntaban sobre alguno en particular. Se referían abiertamente a su lenguaje o actitudes y nos aconsejaban que no actuáramos o pensáramos de esa manera. Ahora comprendo que la mayoría de mis principales decisiones como joven, recibieron la influencia de las enseñanzas de mis padres y las observaciones que hacían de mis amigos.

No limitaron sus observaciones a mi juventud. Cuando mi padre se dio cuenta que Margaret y yo seguíamos viéndonos en forma constante, empleó todo un día para ir a su casa y hablar con sus padres, su pastor y sus maestros de la escuela, para conocer mejor qué clase de muchacha era aquella con la que estaba saliendo. Aunque nunca me contó esto hasta después que nos casamos, sé que los informes que recibió fueron muy favorables. Me apoyó para que me casara con ella. No recomiendo tan minuciosa observación a todos los padres, pero el interés que el mío demostró hacia mí, me encantó.

Casey Stengel, una «manager» con éxito de los New York Yankees, comprendió este poder de asociación en la actitud de un jugador. Billy Martin recuerda el consejo de Stengel cuando era un manager novato. Casey me dijo: «Habrá quince jugadores en tu equipo que serán capaces de atravesar una pared por ti, cinco que te odiarán y cinco indecisos; cuando hagas tu lista de jugadores, coloca a tus perdedores juntos. No coloques nunca a un buen tipo con un perdedor. Los perdedores que están juntos culparán al manager por todo, pero esa opinión no se extenderá a los demás si los mantienes aislados».

Un hombre vino a mí en una reunión en la que había disertado sobre la actitud y los compañeros. Quería que le aclarara el concepto de aislarnos de aquellos que pueden deprimirnos. Su pregunta era: «¿Cómo podemos ayudar a los que tienen un problema de actitud, si permanecemos lejos de ellos?» Mi respuesta fue: «Hay una diferencia entre ayudar a los que tienen permanentes problemas de actitud y el hecho de ponerlos en la lista de nuestros amigos íntimos. Mientras más estrecha sea nuestra relación, más influencia tendrán las actitudes y filosofías de nuestros amigos sobre nosotros».

Charles «Tremendous» Jones, autor de The Life is Tremendous [La vida es estupenda], dijo: «Lo que usted sea en cinco años será determinado por lo que lee y por aquellos con quienes se asocia».

Apariencia física: Cómo lucimos ante los demás

El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16.7).

Nuestra apariencia juega un papel importante en la formación de nuestra actitud. Se pone increíble presión en las personas que poseen esa «apariencia» que es el patrón de aceptación. Dedique un día a ver televisión y note en qué hacen énfasis los anuncios comerciales. Observe el porcentaje de anuncios que destacan el vestido, la dieta, el ejercicio y sobre todo el atractivo físico. Hollywood dice: «La fealdad se descarta y la simpatía se acepta». Esto influye en la percepción de los valores basada en la apariencia física. Lo que hace esto aun más difícil es darnos cuenta que otros juzgan también nuestro valor por nuestra apariencia. Recientemente leí un artículo de negocios que decía: «Nuestro atractivo físico ayuda a determinar nuestros ingresos». El informe de ese artículo mostraba las discrepancias entre los salarios de los hombres de 6.2 pies de altura y los de 5.10. Los más altos frecuentemente recibían salarios más altos.

Matrimonio, familia y trabajo:
Nuestra seguridad y posición

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmos 46.1).

Las nuevas influencias afectan nuestra actitud cuando estamos por la mitad de nuestra tercera década. Es durante este tiempo de nuestras vidas que la mayoría nos casamos. Eso significa que otra persona influye en nuestra perspectiva.

Cuando hablo de actitudes, siempre destaco la necesidad de rodearnos de gente positiva. Una de las quejas más tristes que escucho viene de un cónyuge que me dice que el otro es negativo y no quiere cambiar. En cierta medida, cuando el cónyuge negativo no quiere cambiar, el positivo está impresionado de negativismo. En tales situaciones, aconsejo a la pareja recordar y regresar a los patrones que seguían durante los días de enamoramiento.

Observe a una pareja durante el enamoramiento. Ilustran dos hermosas ideas. Edifican sobre las virtudes y esperan lo mejor.

Es la época cuando la muchacha ve a su novio como un caballero con refulgente armadura. Ve lo mejor. Espera lo mejor. Ignora cualquier cosa que parezca debilidad. Él ve en ella a una hermosa muchacha con nobles sentimientos y excelentes cualidades. Luego se casan y cada uno ve la realidad del otro, tanto debilidades como virtudes. El matrimonio será bueno y se fortalecerá si no se destacan las debilidades. Pero puede terminar en divorcio cuando se desconocen las virtudes.

En vez de esperar lo mejor, los cónyuges esperan lo peor. En vez de ver las virtudes, ven las debilidades.

Ya sea que usted tenga once, cuarenta y dos o sesenta y cinco años, su actitud hacia la vida todavía está en construcción. Al entender cuáles son los materiales con los que se forma la estructura de su actitud, usted y aquellos en quienes influye pueden mantener una perspectiva más saludable.

[1]

 

 


[1]Maxwell, John C.: Actitud De Vencedor; The Winning Attitute. Thomas Nelson, Inc., 1997; 2003, S. 65

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