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II. La Primera Epístola del Apóstol Juan

Posted by OSCAR ESQUIVEL en diciembre 27, 2009

II. La Primera Epístola del Apóstol Juan

Quizás ahora comprendan un poco mejor por qué les indiqué al principio que el final del primer siglo de la era cristiana fue un tiempo muy difícil para la iglesia. Expulsada fuera de la fe judía que la vio nacer y perseguida por las autoridades romanas, la iglesia se veía arrinconada. Los creyentes en Cristo Jesús se convirtieron en «los otros»; en el grupo minoritario al cual era lícito perseguir; en las personas desechables que podían ser exterminadas; en los mártires cuyas muertes a manos de las fieras servían de diversión a los ciudadanos «honorables».

Es precisamente en medio de ese ambiente de persecución y desdicha que Juan, un anciano discípulo de Cristo, escribe su primera epístola. Se cree que la carta fue dirigida originalmente a las comunidades cristianas en Asia Menor, específicamente a la iglesia en Efeso. Sin embargo, el mensaje de este hermosa epístola ha sido «palabra de Dios» para toda la Iglesia de Jesucristo a través de las edades.

El mensaje de 1 Juan se relaciona directamente con la situación histórica que narramos anteriormente. El Apóstol había visto a la iglesia crecer de un puñado de hombres y mujeres que caminaban con Jesús hasta convertirse en el movimiento religioso más importante del siglo. Juan había vivido en carne propia todas las etapas de los conflictos entre la comunidad cristiana, el judaísmo y el gobierno romano. El anciano discípulo comprendía claramente la situación en que se encontraba la iglesia: la comunidad cristiana se había convertido en una subcultura religiosa que predicaba un mensaje contracultural.

Expliquemos brevemente la diferencia entre «cultura», «subcultura» y «contracultura»:

•     La «cultura» es el ambiente social en el cual se desarrolla la vida humana. Se compone de las normas de conducta, las costumbres, las opiniones comunes, la forma de vestir, los ritos, las actitudes y los valores religiosos que hereda y transmite una sociedad a través de sus idioma y sus tradiciones.3 La función fundamental de una cultura es transmitir la historia y los valores que moldean a una sociedad dada.4

•     La «subcultura» es la cultura propia de los grupos pequeños que forman parte de una sociedad.5 Por regla general, estos grupos tienen sus propias creencias, valores y normas de conducta.6 En particular, es común que las minorías étnicas y religiosas tengan sus propias «subculturas». Las relaciones entre la «cultura dominante»—aquella que es compartida por la mayoría de la población—y las subculturas de estos grupos marginales provoca tensión social. Por eso, la cultura dominante tiende a tratar de eliminar las subculturas. Si los grupos minoritarios se someten a los valores de la cultura dominante, pueden asimilarse, integrándose así al grupo dominante. Ahora bien, si los grupos minoritarios intentan separarse de o transformar a la mayoría, pueden surgir confrontaciones violentas que conduzcan hasta la guerra o el genocidio.

•     Cuando una subcultura se declara abiertamente en contra de los valores y las prácticas del grupo dominante se convierte en una «contracultura» o «cultura alternativa».7 Es decir, la «contracultura» cuestiona y desafía las instituciones, los ideales y las creencias de la cultura dominante. Esta confrontación entre la cultura dominante y la subcultura casi siempre implica cierto grado de tensión social y violencia.

Después de haber definido estos conceptos, volvamos a nuestra afirmación inicial sobre la situación de la iglesia cuando se escribió 1 Juan. La comunidad cristiana era un grupo minoritario que estaba desarrollando una «subcultura» distinta a la cultura judía (dominante en Palestina) y a la cultura grecorromana (dominante en Asia Menor, la costa mediterránea de Egipto, Grecia e Italia). Esta «subcultura cristiana» afirmaba valores y prácticas diferentes a las creencias y las normas de conducta aceptadas por los romanos. Por su impulso misional y evangelístico, la iglesia se entendía obligada a predicar el mensaje «contracultural» del evangelio. Quizás ahora podamos comprender por qué los romanos respondieron tan violentamente a la prédica cristiana. Entendieron correctamente que los valores cristianos chocaban con los valores grecorromanos.

¿Cómo expresa 1 Juan este conflicto entre los valores cristianos y los valores de la cultura dominante? La epístola expresa este conflicto por medio de la palabra «mundo» (gr. «kósmos»).8 Este vocablo, del cual se deriva la palabra española «cosmos», se emplea en 1 Juan en dos sentidos distintos.

•     En primer lugar, la epístola usa la palabra para referirse al mundo habitado. Por ejemplo, 1 Juan 4:1 dice que «muchos falsos profetas han salido por el mundo». Del mismo modo, en 1 Juan 2:2 se emplea como sinónimo de «gente» cuando dice que Jesús murió por los pecados de «todo el mundo». En estos versículos, así como en 3:17 y 4:3, 9, 14, 17, el vocablo se emplea sin carga negativa alguna.

•     En segundo lugar, 1 Juan emplea la palabra «mundo» para referirse al orden social dominante. Este orden social está dominado por «el maligno» (5:19), es decir, por Satanás. Ese orden social maligno valora cosas tales como «los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida» (2:16). Por definición, estos valores mundanales se oponen a los valores del reino de Dios. No es posible compartir los valores del «mundo» cultural dominante y los valores «contraculturales» cristianos al mismo tiempo. Es necesario hacer una elección.

Aquí llegamos al corazón de 1 Juan. Hay dos caminos a seguir: la «luz» y las «tinieblas» (1:5–7). Quienes viven en la luz perseveran en la «verdad» y luchan por la «vida». Por eso son llamados «hijos de Dios». Por el contrario, aquellas personas que viven en las tinieblas practican la «mentira» y cooperan con las fuerzas del mal, del pecado y de la «muerte». Quienes viven en las tinieblas son «del mundo» y colaboran con «el maligno», el príncipe del mal que está en el «mundo».

En cierto sentido, el propósito principal de 1 Juan es preparar a la iglesia para una «guerra cultural». Es en este contexto que encontramos un pequeño poema que dice:

[12] Os escribo a vosotros, hijitos,

porque vuestros pecados os han sido

perdonados por su nombre.

[13] Os escribo a vosotros, padres,

porque conocéis al que es desde el principio.

Os escribo a vosotros, jóvenes,

porque habéis vencido al maligno.

Os escribo a vosotros, hijitos,

porque habéis conocido al Padre.

[14] Os he escrito a vosotros, padres,

porque habéis conocido al que es desde el principio.

Os he escrito a vosotros, jóvenes,

porque sois fuertes

y la palabra de Dios permanece en vosotros,

y habéis vencido al maligno.

1 Juan 2:12–14

Sí, 1 Juan busca preparar a la iglesia para predicarle el mensaje del evangelio a un «mundo» que no quería escucharlo. Por eso le advierte que será «odiada» por el «mundo» (3:13). Por eso le recuerda que «mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo» (4:4). Por eso le exhorta a mantenerse firme en la batalla, recordándole que:

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios?

1 Juan 5:5

[1]

 

 


3 David & Julia Jary, editores, Sociology: The Harper Collins Dictionary (New York: Harper Perennial, 1991), s.v. «Culture», p. 101.

4 Helmut Schoeck, Diccionario de Sociología (Barcelona: Editorial Herder, 1985), s.v. «Cultura», pp. 186–191.

5 Ibid, s.v. «Subcultura», p. 695.

6 Jary & Jary, op. cit., s.v. «Subculture», p. 503.

7 Ibid, s.v. «Counter culture», p. 89.

8 En esta sección seguimos los apuntes de Lothar Coenen, et. al., Diccionario teológico del Nuevo Testamento (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1983), s.v. «Mundo» por Joachim Gurht, pp. 141–142. Véase, además, a Wolfgang Schrage, Ética del Nuevo Testamento (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1987), pp. 373–379, passim.

[1]Jiménez, Pablo A.: Introducción a Los Ministerios Juveniles. Decatur, GA : Libros AETH, 1997, S. 13

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