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III. El evangelio y la adolescencia

Publicado por fielcristiano en diciembre 27, 2009

III. El evangelio y la adolescencia

Uno de los desafios más grandes que enfrenta la iglesia contemporánea es predicar el evangelio a la juventud actual. La adolescencia es una etapa muy importante en el desarrollo humano. En cada sociedad, la juventud forma un segmento importante de la cultura dominante. Hay sociólogos que llegan a decir que la juventud tiene su propia subcultura.12 Esta subcultura incluye sus preferencias y gustos en la moda, la música y la forma de vestir. También se caracteriza por la importancia que se les otorga a las amistades y a los grupos de «pares» (en inglés, «peer groups», que pueden llegar a ser más importantes que los propios familiares. Otra característica es el desafío hacia los valores y las actitudes de las personas adultas y la apertura a experimentar nuevos estilos de vida.

Ahora bien, si queremos predicarle el evangelio a la generación joven, debemos ir mucho más allá de esta breve definición. Por esta razón, vamos a dedicar el resto de este capítulo a examinar tres sub-temas: qué es la adolescencia, la cultura de la adolescencia actual, y un breve apunte sobre el papel de la iglesia ante la cultura de la adolescencia.

A. ¿Qué es la adolescencia?

Como indicamos anteriormente, la adolescencia es una etapa particular en el desarrollo del individuo. La misma comienza con la llegada de la pubertad y se extiende hasta la temprana adultez.13 Es común subdividir la adolescencia en tres etapas:

1.     La adolescencia temprana: Por lo regular, esta etapa comienza a los 12 años y se extiende hasta los 15. Durante esta etapa se llega a la pubertad, alcanzando así la madurez sexual.

2.     La adolescencia mediana: Se extiende desde los 15 a los 18 años. Durante esta etapa se termina la educación escolar (la llamada «escuela superior» en el sistema estadounidense; la «preparatoria» o el «bachillerato» en los sistemas educativos latinoamericanos).

3.     La adolescencia tardía: Esta etapa puede extenderse hasta los 24 años. Incluye los años universitarios (de los 18 a los 22) de quienes alcanzan la educación superior. Durante esta etapa la persona escoge su oficio o carrera; se independiza económica y emocionalmente de los padres; y establece sus primeras relaciones amorosas duraderas.

Durante la adolescencia ocurren toda una serie de cambios físicos, intelectuales, y sociales. Podemos afirmar que el propósito principal de la adolescencia es formar la identidad de la persona. Para lograr esto, es necesario que la persona enfrente en forma positiva los cambios que experimentará durante la adolescencia, que llegue a conocerse a sí misma, y que determine sus creencias y valores.

La iglesia puede jugar un papel muy importante en el desarrollo juvenil. Por un lado, puede ofrecerle a la juventud el sistema de creencias religiosas y valores humanos que necesita desarrollar para encontrarle sentido a la vida. Por otro lado, puede ofrecer una comunidad de apoyo que ayude a la persona joven a desarrollar su sentido de identidad.

B. La cultura de la adolescencia

Existe una gran diferencia cultural entre las personas jóvenes y las adultas. El mundo contemporáneo ha cambiado significativamente en los últimos diez años. Los aparatos electrónicos profetizados por las tirillas cómicas de Flash Gordon y Dick Tracy hoy son una realidad. Hasta las cosas que muchos de nosotros recibimos recientemente como avances tecnológicos significativos—como los discos de pasta flexible de 33 revoluciones y las cintas de ocho canales («eight tracks»)—han quedado en el olvido. Pasemos, pues, a examinar brevemente las características de la cultura de la adolescencia.14

1.     Es individualista y privatizante: En nuestra cultura individualista la mayor parte de los jóvenes—así como la mayor parte de los adultos—piensan primeramente en su mundo personal. Sus preocupaciones giran en torno a su propia vida amorosa, familia, amistades, estudios, trabajo, y futuro económico.15 Estas preocupaciones se han agudizado por diversos factores. Entre otros, podemos indicar que el período de escolaridad necesario para alcanzar una profesión rentable ha aumentado en forma considerable. La educación universitaria prácticamente se ha convertido en una necesidad. Esto aumenta el período de tiempo que la persona debe depender de sus padres. También limita la entrada de la persona al mundo del trabajo, limitando a su vez sus recursos económicos. Es necesario que la juventud aprenda a manejar efectivamente las tensiones que conlleva la adolescencia. Quienes sucumben ante la presión corren el peligro de caer en el abuso de bebidas alcohólicas, el uso de drogas ilegales, los desórdenes en el consumo de comida, la conducta sexual autodestructiva, y hasta el suicidio.16

2.     Es solitaria: Vivimos en un tiempo donde las relaciones familiares están en crisis. Se estima que el 50% de los matrimonios que comenzaron a mediados de los años setenta en los Estados Unidos terminarán en divorcios. Para segundos matrimonios el estimado es aún más alto, llegando a casi 60%. Se estima que hay cerca de 1.2 millones de divorcios cada año. Casi 3,000 niños ven a sus padres divorciarse cada día. Se cree que la tercera parte de los adolescentes estadounidenses han visto a sus padres divorciarse. Se estima que casi el 60% de los niños nacidos en la década de los noventa vivirán sólo con uno de sus padres durante parte de su niñez.17 La mayor parte de estos jóvenes terminarán viviendo en familias no-tradicionales, ya sea viviendo sólo con uno de sus padres o participando de una nueva familia «reconstituida».18 El problema mayor radica en que la mera compañía no cura los sentimientos de soledad. Del mismo modo, el estar físicamente solo no la aumenta. Este tipo de «soledad» es mucho más que la separación física de otras personas. Es pariente del temor a la futilidad, del miedo al «no-ser», y de la falta de sentido que caracteriza nuestra sociedad.19

     Quizás todo esto explique el aumento de los espacios que Marc Augé, un antropólogo francés, llama los «no lugares».20 Estos son los espacios sociales anónimos donde una persona puede estar completamente «sola» en medio de una multitud. El «no lugar» por excelencia es el centro comercial (en inglés, «shopping center» o «mall»). Los centros comerciales son como refugios para los jóvenes, ya que encuentran en ellos lugares a los cual pueden entrar sin que nadie les pregunte quienes son y donde pueden estar sin supervisión alguna. Por lo regular, las personas que trabajan en un «mall» son perfectas extrañas que no se molestarán en llamar a los padres de un adolescente para informarles sobre su conducta. Además, en el «mall» el dinero es ley; siempre y cuando se tenga el dinero suficiente para pagar lo que se compra o se consume, el adolescente puede presuponer que será tratado como si fuera un adulto. Ejemplo de esto es el acceso que tienen los adolescentes a películas restringidas (identificadas por una «R» en el sistema estadounidense). Gracias al fenómeno de los «cineplex» (los teatros que presentan simultáneamente varias películas en diferentes salas), una adolescente puede comprar una taquilla para ver una película y entrar a ver cualquiera de las otras. Por lo regular, después que se pasa la boletería la supervisión adulta en estos «cineplex» es mínima.

3.     Es «pluralista»: Gracias a los adelantos tecnológicos, la juventud actual tiene mucho más acceso a personas de diversas culturas y religiones que las generaciones anteriores.21 La televisión nos trae «en vivo y en directo» eventos que ocurren en rincones distantes del mundo. Las comunicaciones telefónicas—incluyendo la transmisión de facsímiles—facilitan la comunicación con el resto del mundo. Las redes de computadoras («Internet») nos permiten comunicarnos con personas de otros países por el precio de una llamada local. El transporte aéreo facilita el intercambio y la migración de ideas. La afluencia económica nos permite viajar con mayor frecuencia. Este contacto con culturas, filosofías y creencias que hace 30 años parecían «exóticas» puede contribuir a la confusión que caracteriza la adolescencia.

4.     Es «electrónica»: Nuestros jóvenes han crecido en un mundo dominado por los estímulos audiovisuales. Vivimos rodeados por la radio, la televisión, el cine, las computadoras, los juegos electrónicos, y los aparatos reproductores de música.22 El problema es que los programas, las películas, los juegos, y la música que transmiten y venden los medios de comunicación no son moralmente «neutrales». Por el contrario, cada cual presenta una o más filosofías, creencias, valores y estilos de vida. Como bien dijera Daniel S. Schipani en su magnífico libro Comunicación con la juventud, los medios de comunicación masiva presentan una gran variedad de «currículos» en nuestra cultura. Estos «planes educativos» compiten por cautivar la atención y asegurarse la lealtad de la juventud.23 Permítanme llamarles la atención a ciertas características de algunos medios de comunicación masiva:

•     La televisión: La mayor parte de los personajes de televisión no participan de la religión organizada.24 Fuera de la lujosa misa de bodas en las novelas mexicanas, la religión brilla por su ausencia. En la mayor parte de las series dramáticas y cómicas nadie va a la iglesia; no hay ministros protestantes; y las pocas personas religiosas que puedan aparecer casi siempre son débiles de carácter o corruptas. Fuera de algunos programas que fomentan algún tipo de ideología «new age»—particularmente las series dramáticas sobre ángeles cómo «Highway to Heaven» y «Touched by an Angel»—la única «religión» que predica la televisión es el ateísmo práctico.25

•     El cine: Las películas de cine son uno de los vehículos más importantes que emplea la cultura estadounidense para transmitir sus valores. Por ejemplo, casi todas las películas de dibujos animados producidas por la compañía Disney afirman que el valor de una mujer depende del hombre con quien se casa. La «pequeña sirenita» abandona a su padre y hace un pacto con una bruja para ir tras su galán. La «bella» se somete al abuso verbal y emocional de la «bestia» hasta conquistarlo. La Pocahontas de Disney tiene un romance con el capitán Smith cuando en la «vida real» Smith fue su padrino de bodas. Otro ejemplo es la búsqueda del éxito a toda costa. En la década de los 80 surgió la tendencia a «ganar» en el cine las guerras que se perdieron en los campos de batalla. Chuck Norris hizo una tríada de películas tituladas «Missing in Action» donde el personaje central regresaba a Vietnam a rescatar soldados norteamericanos que habían quedado atrás. El mismo Norris protagonizó la película «Delta Force», donde rescató a los rehenes norteamericanos que fueron raptados en el Líbano. Lo interesante es que en «la vida real» esos prisioneros de guerra murieron en Vietnam y la libertad de los rehenes fue adquirida por medio de la venta de armas a Irán.

•     La música: Este tema es tan amplio que merece un libro aparte. Nos limitaremos a enumerar los géneros principales de la música popular. En inglés los géneros musicales principales son el «rock»; la balada «pop»; la balada afro-americana, mejor conocida como «R&B» (la abreviatura de «rhythm & blues»); la música bailable («dance», conocida antes como «disco»); la música alternativa («alternative» o «new age»); el «rock pesado» («heavy metal»); y el «rap». Cada uno de estos géneros tiene diversas subdivisiones. Quizás la música en inglés menos apropiada para nuestra juventud sean la variante del «heavy metal» conocida como «black metal», «hardcore» o «Satan metal»; y el «gansta rap». El «black metal» toca temas satánicos y el «gansta rap» glorifica la conducta criminal.

•     En español encontramos dos grandes divisiones en los géneros musicales populares: los «adaptados» y los autóctonos. Los géneros «adaptados» son las versiones en español de los géneros norteamericanos, es decir, el rock en español, la balada «pop» en español, etc. Entre los autóctonos podemos enumerar el bolero, la música folklórica, la «Nueva Trova» y la música tropical (la «salsa» y el merengue, entre otros). También hay algunos géneros híbridos, como el rap en español. Mientras el rap estadounidense se basa en patrones de rock y de «rhythm & blues», el rap en español emplea patrones de «reggae» y de calipso «soca» (el llamado «meren-rap» no se basa en el merengue tradicional sino en el moderno, que es más calipso que otra cosa). Quizás la música menos apropiada para nuestra juventud sean la balada erótica, algunas manifestaciones del Rock en español, la «salsa sex» y el merengue de «doble sentido».26

•     No podemos terminar esta sección sin mencionar cómo las agencias de publicidad explotan los problemas personales de la farándula. Es común que los cantantes graben temas que aluden a su agitada vida amorosa. Podríamos citar literalmente docenas de ejemplos.27 Es preocupante cómo estas personalidades públicas—muchas de las cuales son admiradas por la juventud—permiten que sus publicistas ventilen sus problemas en revistas de farándula y en programas de televisión.

     Nuestra juventud está tan acostumbrada a los estímulos electrónicos constantes que la soledad y el silencio se les hacen insoportables.28 Por eso caminan constantemente con equipos de sonido portátiles (los «walkman») o con juegos electrónicos de bolsillo (como el «Game Boy» o los «Giga Pets», entre otros).

5.     Es consumista: Otra función de los medios de comunicación masiva es transmitir anuncios y exhortar al consumo. La televisión es la fuente principal de exposición a la publicidad. Se estima que los anuncios ocupan el 20% del tiempo televisado por las estaciones comerciales. Esto implica que un niño promedio ve cerca de cinco horas de anuncios cada semana. Esto se traduce en poco más de 1,000 anuncios semanales.29 Los anuncios pueden ser muy efectivos. Por ejemplo, en 1988 la compañía RJR Nabisco estrenó el personaje de «Joe Camel», una dibujo animado inspirado por espías de cine y detectives de televisión. En los años subsiguientes el promedio de fumadores adolescentes menores de 18 años subió de 0.5 a 32.8%. Se estima que para el 1991 la venta ilegal de cigarrillos marca «Camel» a jóvenes menores de 18 años subió de 6 a 476 millones de dólares; la cuarta parte de las ventas totales de la compañía durante ese año.30 El personaje fue retirado del mercado a mediados del 1997 por la presión ejercida por el gobierno federal sobre la compañía tabacalera.

     ¿Por qué los medios de comunicación masiva orientan tantas campañas publicitarias a la niñez y a la juventud? Porque la juventud posee mucho dinero para uso personal. Se estima que los niños estadounidenses entre 4 y 12 años cuentan con 9 millones de dólares anuales en dinero para uso discrecional («spending money»). Además, por su habilidad de persuadir a sus familiares para que compren tal o cual cosa, se cree que influencian un total de $130,000 millones anuales. En el caso de los adolescentes, se estima que influencian el gasto de $248,700 millones.31

     Otro aspecto que alienta el consumo es la presión que siente la juventud de tener la ropa, los zapatos, el auto, y el trabajo «correctos» para ser aceptados por sus «pares». Estas cosas cuestan dinero. Por lo tanto, la juventud de hoy vive bajo una gran presión económica.32

C. El papel de la iglesia

Aunque toda persona joven está inmersa en esta cultura de la adolescencia—quiéralo o no—no todas responden de la misma manera a las presiones sociales. Varios estudios sociológicos entre la juventud norteamericana han demostrado que existe un marcado contraste entre las personas jóvenes que asisten regularmente a la iglesia y aquellas que carecen de formación religiosa alguna. La juventud cristiana difiere tajantemente en su sentido de responsabilidad moral; su deseo de una vida llena de sentido; la participación religiosa; la acción social; la forma de verse a sí mismos; sus sentimientos por la gente; su certeza de la presencia de Dios: y una orientación positiva hacia la congregación, la sociedad de jóvenes, y la familia.33 Del mismo modo, la incidencia de sexo prematrimonial, el consumo de bebidas alcohólicas y el uso de substancias controladas es mucho menor entre la juventud cristiana.

¿A qué se debe esta diferencia? Jesucristo es la diferencia. La juventud cristiana ve la vida en forma distinta, ya que su perspectiva está informada por los valores del reino de Dios. La juventud de la iglesia tiene en alguna manera una subcultura única.

IV. Conclusión

Para terminar, volvamos a 1 Juan. La epístola afirma que la comunidad cristiana es una «subcultura» que está predicando un mensaje «contracultural» a la cultura dominante. Es decir, 1 Juan afirma que los creyentes somos los hijos y las hijas de la «luz», que predicamos el mensaje salvífico de Cristo a aquellas personas que están perdidas en el «mundo». Esa predicación implica una batalla espiritual. La juventud cristiana tiene que tomar parte en esa batalla. Dios la llama a enfrentar la presiones culturales de la adolescencia y a ser instrumentos de Dios para rescatar a otras personas jóvenes que todavía están en el «mundo». Y podrán hacerlo «porque son fuertes y han vencido al maligno».

[1]

 

 


12 Jira & Jira, op. cit, s.v. «Youth culture», pp. 559.

13 Rodney J. Hunter, Dictionary of Pastoral Care and Counseling (Nashville: Abingdon Press, 1990), s.v. «Adolescents», por Steven F. Shoemaker, pp. 8–10, passim.

14 En esta sección seguimos de cerca las observaciones de Roland D. Martinson, Effective Youth Ministry: A Congregational Approach (Minneapolis: Augsburg Publishing House, 1988), pp. 57–64, passim. Otra fuente importante para esta sección ha sido Walt Mueller, Understanding Today’s Culture: A Complete Guide for Parents, Teachers and Youth Leaders (Wheaton, Illinois: Tyndale House Publishers, 1994).

15 Martinson, op. cit, p. 58.

16 Ibid, p. 61.

17 Mueller, op. cit, p. 40.

18 Martinson, p. 59.

19 Merton P. Strommen, Five Cries of Youth: Issues That Trouble Young People Today, Second Revised Edition (New York: Harper San Francisco, 1993), p. 25.

20 Marc Augé, Los “no lugares” espacios del anonimato: Una antropología de la sobremodernidad (Barcelona: Editorial Gedisa, 1996).

21 Martinson, op. cit., p. 58.

22 Ibid, p. 60.

23 Daniel S. Schipani, et. al, Comunicación con la juventud: Diseño para una nueva pastoral (San Juan: Seminario Evangélico de Puerto Rico, 1994), p. 23.

24 Para un análisis del lugar que ocupa la fe en la vida pública norteamericana véase a Stephen L. Carter, The Culture of Disbelief: How American Law and Politics Trivialize Religious Devotion (New York: Harper Basic Books, 1993.

25 Debemos indicar que en 1997 se estrenaron varias series con temas religiosos en los Estados Unidos. Algunas, como «Teen Angel» siguen la fórmula de los programas sobre ángeles. Otras, como «Soul Man», «7th Heaven» y «Nothing Sacred» tienen como protagonistas a ministros o sacerdotes. Este auge de programas con temas religiosos se debe al éxito de la serie «Touched by an Angel», que terminó entre los primeros 10 programas más populares durante el 1996.

26 El contenido sexual de estos géneros puede ser muy directo. Por ejemplo, la canción «Débil», una balada «pop» cantada por Yolandita Monge, describe cómo una mujer se masturba pensando en su enamorado. Del mismo modo, «Flor de papel», una balada «pop» de Alejandra Guzmán, presenta la situación de una mujer que sostiene relaciones sexuales durante su período mentrual. Alejandra Guzmán también canta «Míralo, mírala», ejemplo del rock en español, que describe cómo una mujer observa con fascinación a su compañero mientras éste sostiene relaciones sexuales con otra mujer. Por su parte, la «salsa-sex» o salsa erótica—que ha bajado mucho en popularidad—popularizó canciones como «Ven, devórame otra vez» de Lalo Rodríguez y «Desnúdate mujer», de Franky Ruiz. Finalmente, hay un sinnúmero de bandas que incluyen merengue de «doble sentido» en su repertorio.

27 Las cantantes mencionadas en la nota anterior dan ejemplos muy tristes de esto. El lanzamiento al mercado de la canción «Qué pena de este amor que hay que callar», interpretada por Yolandita Monga, coincidió con su romance y eventual matrimonio con «manager». Del mismo modo, Alejandra Guzmán lanzó al mercado un discompacto titulado «Libre» después de una sonada separación. En ambos casos, la publicidad generada por los escándalos aumentaron las ventas de las grabaciones.

28 Martinson, op, cit, p. 60.

29 Mueller, op. cit., p. 145.

30 Ibid, p. 149.

31 Ibid, p. 145.

32 Martinson, p. 61.

33 Strommen, op. cit., p. 13.

[1]Jiménez, Pablo A.: Introducción a Los Ministerios Juveniles. Decatur, GA : Libros AETH, 1997, S. 19

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3 comentarios hacia “III. El evangelio y la adolescencia”

  1. Satuyee Toussaint escribió

    Que podemos hacer para ganar jovenes para el reaino de Dios apesar del gran ofrecimiento del mundo tan llamativo para ellos

  2. walle escribió

    Estan exelentes todas los articulos gracias a quien se tomo el timepo de prepararlos y que Dios derreme bendiocnes sobre el!!!!

  3. Carlos Estrada escribió

    Es un trabajo muy bien realizado que nos ayuda a entender la problemática de los adolescentes, por la forma de como son influenciados por los famosos de ahí su comportamiento rebelde en sus flias. y la sociedad en donde viven, gracias a Dios que hay tambien adolescentes que han sido alcanzados por el avangelio que se constituyen en el pequeño remanente que esta y estará al servisio de Nuestro marabilloso Dios.

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